domingo, 26 de marzo de 2017

Bolos verdes y cielos cenicientos

 Tras volver de Francia, subí como supongo es lógico el primer fin de semana a Orense, a decir hola, pero este segundo ya he salido un poco al monte, a visitar el tipo de zona donde, por material rocoso y por verdor, más ubicado me siento.

 Salí con Andrea y Álex a dar una vuelta por Cenicientos, en el extremo oeste de la Comunidad de Madrid, donde más húmedo y suave es el clima. Húmedo de hecho un tanto en demasía, pues tras poder pasear la semana pasada de manga corta, fastidia un poco esta volver al paraguas...

 ... al paraguas y al abrigo, pues aún se veían bajo los árboles restos de la nevada del pasado jueves.

 Viendo lo que les rodeaba, los narcisos Narcissus triandrus amantequillados parecían un tanto mohínos, como preguntándose qué narices hacían asomando ya la cabeza, de las primeras de las flores del sotobosque. Pero bueno: la primavera es siempre un pequeño casino, donde apostar contra la meteorología y jugársela a brotar antes o más tarde, con éxito variable según el año.

 Este la jugada les está saliendo bien a musgos y líquenes, que tapizaban casi todas las piedras. Y en todo caso, estas aguas "tardías" que prolongarán el verdor hasta más tarde, cuando dentro de algunas semanas comience a apretar el sol, son en general beneficiosas para todos los que pululan por el monte mediterráneo, y que de forma más o menos directa dependen de lo que ahora se está produciendo en las hojas.

Y aquí termino la entrada: la crónica de un paseo en una mañana desapacible, con pocas flores y menos bichos, que no dio para mucho más en términos naturalísticos; pero que como de costumbre sí resultará inolvidable desde un punto de vista humano. Y perruno. Y roedor: que hasta los trayectos cortos se acaban prolongando gracias al bendito tráfico madrileño, y la música nos salva más de una vez...

miércoles, 22 de marzo de 2017

- Nota de administración -

Estimados lectores: por un estúpido despiste, en vez de borrar los comentarios en Spam del blog, he borrado todos vuestros comentarios ya publicados. Lo siento.....

Instalado

Trascurrida una semana de mi llegada a Madrid, ya tocaba ponerse a trabajar... aunque con la calma. De entrada esta mañana, llaves en el bolsillo, vine ya a instalarme de forma definitiva en la facultad. Mi antiguo hueco en el despacho de Pepe y Álex estaba ahora ocupado, a mayores de por mi antiguo ordenador, por una Nespresso, que me temo daba menos la lata y más alegrías que yo a mis recuperados compañeros. Puse sin miramientos el ordenador viejo de cara a la pared, y amablemente pedí a la cafetera que me hiciese algo de hueco; y el resultado ya lo veis arriba: vuelvo a tener mi hueco hecho. Con un aire de provisionalidad mayor que antes, pero con todo y con eso con sabor de hogar. Y con una lista muy, muy larga de cosas que hacer a lo largo de las semanas que vienen, así que mejor os dejo ya... que además es la hora del café.

domingo, 19 de marzo de 2017

Val do Gorgua

 Un enlace enviado al wasap por parte de mi hermana mayor, acompañado de una escueta invitación/petición para acompañarla a hacer una ruta guiada por el valle del Gorgua, me pilló en modo "familiar", recién retornado de Francia; y le dije que "sí". Y allí nos fuimos ayer por la mañana, acompañando a otras 25 personas más o menos andarinas y a un guía que perdía bastante el resuello en las cuestas arriba.

Si bien el enlace de la ruta prometía "amplias vistas panorámicas", la niebla de primera hora no parecía darle mucho la razón... pero al menos nos hizo más llevadera la subida inicial, desde el párking donde quedaron todos los coches, escudriñados veladamente desde más de una ventana (que bien me fijé).

 Sin embargo, en estos tremendamente cálidos y soleados días de final de invierno que estamos teniendo, no tardó la niebla en levantar; y al llegar al punto más alto de la ruta sí tuvimos unas vistas bastante decentes del municipio de Padrenda en su conjunto, en Orense, pero a un paso de Pontevedra y a menos aún de Portugal, en plena sierra del Laboreiro. El Gorgua, cuyo valle remontamos por la margen izquierda y descendimos por la opuesta, es afluente del Deva, que a su vez desemboca en el Miño allá abajo, oculto bajo las nubes.

Las vistas, como las de la foto anterior, son siempre bonitas de ver, pero como suelo decirlos ya sabéis, es lo único que deberíamos enseñar de Galicia por el mundo adelante. Que cuando uno empieza a hacer zoom enseguida aparece el hormigón y la uralita, y los acolitos plantados en el medio de los soutos, a costa de los antiguos castaños; y las laderas vestidas de tojos floridos allí donde no lo están de floridas mimosas, amarillos unos y amarillas las otras, señal unas y otros de que antes el amarillo fuego ha ardido allí mil y una veces...

 Pero bueno, haciendo suficiente zoom en el sitio correcto, uno se mete corredoira abajo por la ladera y, rodeado de musgo y carballos, puede incluso olvidarse de lo que hay cinco metros más allá a izquierda o derecha. Padrenda es el primer municipio donde el Miño no actúa de frontera natural con Portugal, y a resultas de eso estos caminos han visto a lo largo de los años pasar milicianos y contrabandistas de un lado a otro con puntual regularidad.

 Y mucho de ese trajín lo habrán visto pasar también el puñado de castaños varias veces centenarios que crecían a los bordes del camino, aguantando mal que bien el envite del fuego, del hacha, de la tiña y de los hongos de la madera...

 ... y de vez en cuando de los pinos que, como este, arraigaron directamente en el interior del árbol original.

 El último tercio de la ruta discurría ya a orillas del Gorgua (de etimología que no he sido capaz de localizar), a ratos remansado y a ratos saltarín, con muchos molinos ruinosos a la vera del cauce.

 Otra cosa no, pero agua había a mansalva a lo largo de toda la ruta: corriendo por arroyuelos, manando de muchas fuentes y rellenando abrevaderos o lavaderos en desuso como este, ocupado ahora por multitud de larvas de salamandra.

 Flores había también unas cuantas, pero, un tanto agobiado por no ser yo el que frenase el ritmo del viaje, no quise pararme a hacerles fotos con calma, y así salieron de mal la mayoría de ellas... conformaos con esta mata de Lithodora prostrata, tan apañada que casi parecía plantada a apropósito en las grietas del muro.

 Curiosamente, y aunque las hice tirando del zoom digital, me salieron bastante mejor las fotos que les hice al par de pajaretes que se pusieron a tiro. Esta es una hembra de escribano soteño Emberiza cirlus, bastante similar a la del escribano cerillo, pero fácil de distinguir así de espaldas por tener el obispillo grisáceo y no herrumbroso.

Este otro petirrojo Erithacus rubecula en cambio no se presta a confusión con nadie.

Y así pasó la mañana: entre petirrojos y musgos, ríos y tojos. Y sin llegar a socializar mucho con el resto del grupo, pero sin padecerlos tampoco. Y disfrutando mucho del sol y de la manga corta... que ¡hay que ver, qué lejos y casi olvidado me pilla ya Dijon! Que no vosotros, los dijoneses: que lejos sí estáis, pero olvidados cada día menos...

viernes, 17 de marzo de 2017

"¿Y qué habrá en...?"

Tren entre Madrid y Orense: uno de mis pasatiempos favoritos. Salimos aún casi de noche, pero al otro lado de la Sierra ya clareaba como para cerrar el libro y contemplar embobado las evoluciones de los chepudos milanos negros sobre el trigo verde. Y como el entorno de Bloemfontein es mayormente castellano: estepario allí donde no hay cultivos o ganado, me dio por pensar en qué me encontraré cuando ande por allá abajo... Milanos habrá también: los que ahora nos visitan estarán también allí en invierno; quiero decir, en verano. Va a ser curioso eso de que sea verano en diciembre... suerte que tengo, por otra parte, de llegar cuando menos aves hay, para irme aprendiendo las residentes poco a poco... Un macho de aguilucho lagunero, tricolor, escudriñaba un lavajo a las puertas de Medina del Campo; y pensé en que allí habrá aguiluchos negros. Vi muchos busardos ratoneros, aquí y allá, y pensé en que allí estarían los (tricolores, estos también) busardos augures. Vi un par de corzos, que se retiraban a descansar al amparo de los pinos; y preferí no pensar en la cantidad de "cabras" todavía indistinguibles para mí con que me voy a encontrar allí abajo. Vi las laderas zamoranas y gallegas cubiertas de brezos rosados, me acordé de que en Sudáfrica las especies de Erica se cuentan por centenares, y me agobió pensar que, si bien apenas sé nada de antílopes y compañía, me temo que mi desconocimiento de la botánica local, del ambiente real con que me voy a encontrar, es vergonzosamente bajo... y luego vi mil tojos, floridos también, y se me quitó la tontería. Y más tarde, en casa, vi un racimo de uvas sudafricanas sobre la mesa. A punto está ya de empezar el otoño...

PD. Y vi también conejos, entrando y saliendo de sus madrigueras, al pie de los terraplenes del tren y de las autovías. Y se me ocurrió que, ellos sí, estaban literalmente socavando los cimientos de la civilización occidental...

jueves, 16 de marzo de 2017

Guías de viaje

Me ha llevado hoy un buen rato, pero por fin, ya he recolocado todos mis enseres por el piso: vuelvo a tener casa. De todas maneras, al mismo tiempo que deshacía las maletas las iba haciendo otra vez, pues mañana por la mañana subo a Orense hasta el martes (el lunes es festivo en Madrid, traslado de san José). Primera visita a casa tras volver de Francia, claro, y también tras enterarse de que, de nuevo en breve, estaré otra vez haciendo las maletas for real, para comenzar mi periplo africano. Y seguro que hay mucha gente que se habría comprado ya una guía del país y se la iría estudiando, preparando y preparándose para el desembarco... yo debería también, la verdad, pero es que materialmente no me queda tiempo para estudiar más cosas: como veis en la foto, los libros de texto de este curso son densos. Y los que me quedan por agenciarme, una vez allá... ea, a hincar los codos se ha dicho.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Sirenas mecánicas

Más de una vez he comentado que, si me viese con una cantidad de dinero importante, subvencionaría un cambio de ventanas y de instalaciones de agua y calefacción en mi facultad, que buena falta le haría... y si eso no es considerar un lugar como 'casa', yo no sé qué es. Y a la facultad fui hoy, no solo a saludar a gente, sino también a buscar un hueco con conexión a Internet donde poder quedarme a trabajar durante el mes y pico que tengo por delante en Madrid. Y a por mis bultos: ropa, libros y demás; que me hice enviar allí, donde siempre hay alguien que pueda recogerlos. Y con mis cosas salí de allí más tarde, llaves de mi nuevo/antiguo despacho incluidas; a seguir disfrutando de manga corta de una ciudad alborozada cual cotorra argentina... y aunque sé que estos días no han de durarme mucho y no me hago grandes ilusiones, también me sirven para darme algo por lo que seguir peleando cuando no salgan adelante los artículos, no se resuelvan las becas, o un león decida merendárseme una pierna... Y como a día quince estamos, cerraré con una canción que hable del tema. Pero este mes de no-aniversario mostacero le daré un descanso a Sabina...

martes, 14 de marzo de 2017

Una catetada de viaje

¡Hola, hola! Desde Madrid os escribo ya. Y aunque no llevo ni 24 horas en suelo patrio, ya se me hacen terriblemente lejanos los recuerdos del último fin de semana enseñando a Marta algunos de los rincones por lo que me he movido este año; o los de ayer mismo, en que pasamos buena parte del día descubriendo Lyon... todo ello dará para algunas entradas, pero empecemos, como a veces es aconsejable, por el final: disfruté esta noche pasada en Barcelona de apenas un suspiro de sueño, y esta madrugada salí camino de la capital dando un pequeño rodeo: en su día al comprar los billetes resultó ser mucho más barato venir vía Valencia, cambiando allí de tren, que bajar directamente de Barcelona a Madrid; y dicho y hecho, me hice los dos catetos en vez de la hipotenusa, disfrutando de paso con el tachamiento de una nueva ruta en tren. Barcelona - Valencia primero, donde escondida tras las cañas duerme la vía, metida casi en la playa muchas veces, y atravesando en otra planas sembradas de hortalizas y de urbanizaciones monstruosas. Y cuanto más al sur, más seco, y quedan hacia el interior las sierras litorales: desiertos pedregosos donde las águilas perdiceras intentan no extinguirse. El segundo de los trenes, dejadas atrás huerta valenciana y viñas de Utiel-Requena, escala y, túnel va, viaducto viene, se interna de nuevo en estas sierras, y a partir de las Hoces del Cabriel comienza a pasar junto a varias de nuestras localidades de muestreo de lagartijas. Y mientras pensaba en si me dará tiempo este año de muestrear más o menos veces con Álex (o siquiera una), el tren se apeó ya a partir de Cuenca del sistema Ibérico, y poco a poco los viñedos y los campos de cereal rabiosamente verde fueron dando paso a ciudades dormitorio, radiales y vertederos de neumáticos. Y tout d'un coup, la gran ciudad: aquella con la que sueño cuando no duermo en ella, y desde la que sueño con todas las demás. Mi casa.

viernes, 10 de marzo de 2017

Sacar un cinco

Perdonad mi ausencia de estas últimas jornadas, pero por una parte he estado ayer hasta ultimísima hora (qué milagro...) acabando cosas en la facultad, y por otra me ha tocado compaginar todo eso con multitud de trámites burocráticos que en su mayoría ha habido que hacer presencialmente: me quejaba la primavera pasada de la cantidad de papeles que había que gestionar para iniciar una vida en un nuevo país, y me quejo ahora de que está siendo un papeleo de ida y vuelta: cerrar la cuenta del banco, arreglar los papeles para que Miguel se quede con el piso (implicando además cambio de titularidad de teléfono, luz, gas...), preparar papeles en la Universidad... y aderezado todo con empezar a preparar la tonelada de papeleo de Sudáfrica. Pero mal que bien he ido rematando todo (aunque, sin culpa mía, me ha quedado por hacer lo que más me interesaba: gestionar el paro francés, que no me hubiese amargado nada cobrar durante el par de meses que vienen...), y tras despedirme ayer, en la facultad y fuera, de todo el que pudo y quiso ser despedido, desde hoy estoy de nuevo parado / de vacaciones / currando gratis; lo típico en Ciencia, vaya. Y mi partida de Dijon, que no de parchís, comienza hoy recibiendo la visita de Marta, que me devuelve la que le hice en mayo en Barcelona. Pasaremos el fin de semana por tierras mostaceras, y el lunes saldremos pronto para Lyon. Tras echar el día , volaremos por la noche a Barcelona. Y desde allí ya iré el martes si Dios quiere a Madrid. A casa :-) Y os emplazo a que en casa nos volvamos a ver...

martes, 7 de marzo de 2017

La ocho

Bueno, como podríais suponer, si os he permitido desesperaros con las dos entradas anteriores, era porque a la tercera va la vencida: tengo ya próximo destino postdoctoral :-) Y no ha sido una búsqueda tan penosa como la anterior, a Dios gracias; pero sí comparte con ella el hecho de originarse en una serie de contactos que refuerzan la idea de que, para esto de encontrar curro, ser majo con la gente con la que te cruzas es una baza importante... La historia comenzó en diciembre, cuando un estudiante de doctorado sudafricano de nombre impronunciable estuvo trabajando durante unos días con el director de tesis de Margot, la francesa que más se ha preocupado por que nos integrásemos y hacer planes con nosotros. Una tarde de esa semana que pasó en Dijon, acompañando a Margot se vino a cenar a casa, a causa de la tarde semanal que dedicamos a ver series rotando entre varios pisos; y después salimos un rato por ahí. Hubo tiempo de hablar, de comentarle a qué me dedico... y unos días más tarde recibí, vía Margot, un correo suyo con una oferta de postdoc distribuida en redes sudafricanas que tal vez podría interesarme. La leí, me interesó, escribí solicitándola... y entrevistas y papeleos (en curso aún, y ¡madre mía la de papeles que son!) mediante, si Dios quiere en torno a primeros de mayo desembarcaré en la UFS, en Bloemfontein, en el centro del país. Durante un año, renovable a dos. Y para trabajar de nuevo con parásitos sanguíneos de pájaros... que ya le vale, que estoy empezando a encasillarme como un mal actor secundario. Pero mientras me dé de comer... Os cuento esta noticia ya trascurridos unos días, y cuando ya voy teniendo más ganas que miedo; yo que de natural soy más bien pausado, y que esto de rotar por el mundo lo veo más como un fastidio requerido y tolerable que como un placer y una oportunidad. Os lo cuento ahora que ya he encargado las primeras guías de aves de Sudáfrica, para que veáis que voy en serio. Supongo que dará para no pocas entradas... ns vamos viendo.

lunes, 6 de marzo de 2017

De cómo rechacé otro trabajo...

¿Qué, espantados por mi revelación de ayer? ¡No se vayan todavía, que aún hay más! Ayer nos quedamos con la idea (espero...) de que, después de todo, no tenía tanto delito decirle que no a un trabajo fuera de la investigación cuando la situación (aún) no era desesperada (de nuevo)... pero hoy os voy a contar cómo le dije que no a una postdoc "de verdad". EvolDir (también disponible en formato de lista de correo, mucho más agradable) es mi principal fuente de información sobre ofertas postdoctorales, cursos, congresos y demás. Y si bien al principio me fijaba solo en las ofertas que más me llamaban la atención, a medida que el 16 de septiembre de 2013 fue quedando atrás empecé a disparar de forma un tanto indiscriminada a todas aquellas ofertas en que pudiese casar mínimamente, de forma que más de una vez, al recibir un correo con el consabido "lamentamos comunicarle que, finalizado el proceso selectivo, no se encuentra usted...", no tenía ya ni idea del tema de la oferta fallida. Y lo mismo me pasó cuando, hace unas semanas, en vez de un "no" recibí un correo con algo mucho más alarmante: un "sí". Pero un "sí" extraño, pues nos ofrecían el trabajo, a mí y a otros cinco, basándose únicamente en nuestro CV, sin entrevistas ni nada; y nos pedían que si podíamos empezar en un par de semanas, pues miel sobre hojuelas. Revisé la oferta original para ver de qué iba, y me encontré con un texto bastante confuso y escueto en que se nos invitaba a investigar en un país tropical aplicando unas técnicas de las que en realidad yo no tengo apenas idea... Y no es que, como bromeaba con Álex, tuviese miedo de llegar allí y despertarme al día siguiente en una cama ensangrentada con un riñón de menos, pero sea como fuere, me dio mala espina; y es una opinión extendida que en esto de las postdocs (tanto desde el lado del candidato, como del del empleador) hay que fiarse del instinto y las primeras impresiones. Así que decliné amablemente la oferta, y me quedé esperando a que otra postdoc me hiciese tilín...

domingo, 5 de marzo de 2017

De cómo rechacé un trabajo...

Puesto ya el pie en el estribo, a apenas una semana de dejar atrás las tierras mostaceras, no sois pocos los que me planteáis con regularidad la natural, a la par que incómoda pregunta de: "Y ahora, ¿qué?" ¿Y ahora qué, señor mercenario...? Bueno, de momento puedo contaros lo que no voy a hacer; os voy a relatar por qué rechacé un trabajo de ¡dos años! ¡En Madrid!, para que podáis echármelo en cara si de aquí en adelante me quejo...: esto sucedió poco antes de Navidad, pero en realidad comenzó hace tres años, cuando al poco de terminar la tesis solicité unas becas de formación (es decir, para trabajar como lo que la mayoría de la gente entiende como "becario": fotocopias, gestionar datos...)  de hasta cuatro años de duración ofertadas en un departamento de sanidad animal del MAPAMA (MAGRAMA, de aquellas). Conseguí pasar por CV a la fase de entrevista, tuvo esta lugar en la sede del departamento (bastante cerca de mi casa, de hecho), salió publicada la resolución de concesión, estaba yo bastante abajo, y me olvidé del asunto... hasta que tres años de penurias económicas primero y contratos postdoctorales después, el pasado diciembre un correo del Ministerio me comunicaba que, por renuncia sucesiva de tooodos los anteriores, me tocaba a mí si quería disfrutar de los dos años que restaban de la ayuda, a contar desde primeros de enero. Toma ya: un trabajo de dos años a unas manzanas de casa. Pero a costa de probablemente sacrificar durante ese periodo la posibilidad de seguir avanzando en mi CV científico; de seguir sacando adelante los artículos pendientes, centrarme en escribir proyectos de postdocs y movidas así. A mayores de renunciar a los dos últimos meses de contrato en Dijon, arriesgándome a quedar a malas con mi jefe de aquí y futuro proporcionador de cartas de referencia. Pero claro, también con el recuerdo todavía muy fresco de lo mal que se pasa trabajando en ciencia... de gratis, viendo cómo menguan los ahorros cada mes y cómo las respuestas negativas a las sucesivas solicitudes de postdoc se van acumulando hasta superar las tres cifras. Tras darle vueltas un par de días (me dejaban una semana para contestar, antes de pasar al siguiente), decidí al final que me convenía más centrarme en darle un empujón gordo a los artículos, a la investigación... al "ahora o nunca", en definitiva. Ahora, a ver si no soy vago y realmente le doy ese empujón...

sábado, 4 de marzo de 2017

Verde premaveral

 ¿Qué tal por "ahí abajo", ya huele a primavera? ¡Qué despacio se me va a pasar esta última semana! Me imagino ya Madrid con sol, con agradables temperaturas de medio día, con yemas abiertas en todas las ramas; y con golondrinas, aviones y los discretos vencejos pálidos celebrando en carruseles interminables la vuelta del buen tiempo... Como ya desde Adán nos mola eso de poner nombres, acabamos compartimentando cosas que en realidad sí existen, pero no como entidades discretas, sino como "tramos": de igual modo que los ejemplares típicos de la especie A y su antecesora pueden distinguirse entre ellos, pero sin embargo no los separa un abismo infranqueable, sino una serie de formas intermedias; el "invierno" es claramente distinto de la "primavera", pero no porque el 21 de marzo el equinoccio troque las nieves en flores, sino merced a toda esta serie de días "premaverales" que muestran ya en esperanza el fruto cierto. Días en que los pajaritos cantan, las nubes se levantan... y las ranitas de bajan de los árboles (!). Espero que os guste mi artículo de marzo en EMNMM.


miércoles, 1 de marzo de 2017

El tocino y la velocidad: una entrada cuaresmal con un poco de todo

Miércoles de Ceniza: arranque de una Cuaresma tardía este año 2017, que nos traerá por consiguiente una Semana Santa bien metida en la primavera, con promesas de largos días libres en que poder ver el campo y recorrer Galicia al encuentro de los amigos alejados, que no olvidados. O no: igual toca un abril de aguas mil y de no moverse de casa. Ya veremos... 
Vine esta mañana a la Facultad pensando en que "ayuno/ayunar" en inglés se dice "fast": pensando en que si Dios quiere en breve escucharé el "fasten your seatbelts" de la locución a bordo del avión. Pensando en que "ayúnense los cinturones me hacía bastante más gracia que "ajústense"... Pensando también en que fast no solo significa "ayuno", sino también "rápido", que debe de ser su significado más conocido. Supongo que la polisemia se debe a que cuanto más fast, pues más fast; y me dio por pensar que para un inglés la relación del tocino con la velocidad debe de estar meridianamente clara...
Y en estos pensamientos estaba cuando, a toda velocidad, se cruzó conmigo por la calle una vieja chocha... en fin, "vieja" no sé si era, pero "chocha" sí: una chocha perdiz (o becada, o sorda) Scolopax rusticola, la segunda que veo y, al igual que la primera, en un sitio bastante atípico. Iba rápido la condenada, casi no me dio tiempo a verla... curioso, me dio por pensar, siendo las becadas las aves que, cuando hacen sus vuelos de cortejo, más despacio vuelan de todas; casi lo justo justo para no caer al suelo.

Y pensando pensando... me planté en la Facultad.