Están la tardes esta semana tan agradables cuando salgo de trabajar (de sol, no de temperatura...) que ayer terminé remoloneando algo antes de subir al tranvía, entretenido con los colores de los árboles; ya la semana que viene, con el cambio de hora, me temo que empezaré a vivir más de noche que de día... Se está portando bien el otoño: llueve y hace sol cuando le da; pero, al revés que en primavera, suele llover entre semana y hacer bueno el finde. Y aprovecharé éste de puente, que también pinta soleado, para ir a Berlín a ver a Andrea. La vida del postdoc: p'aquí p'allá, en pos de los amigos y coleccionando recuerdos... a la vuelta nos vemos. Acordaos de rezar por los difuntos, que ¡benditos ellos!, ellos no nos olvidan.
sábado, 29 de octubre de 2016
viernes, 28 de octubre de 2016
Les Laumes - Alésia
"Les Laumes - Alésia", que así se llamaba la estación de tren desde la que Cefe y yo nos dimos una buena caminata el pasado domingo, disfrutando del campo y el monte, vestidos de otoño.
La primera mitad del nombre le viene a la estación del pueblo de Venarey-Les Laumes. En las calles, vacías de gente, como todos estos contorno los domingos por la mañana, eran los pitos reales Picus viridis los únicos que con sus risotadas animaban algo el ambiente. El pito real europeo se distingue fácilmente del ibérico P. sharpei, ése que tanto abunda en los parques madrileños, porque el negro le cubre todo el contorno del ojo.
Paralelo a grandes rasgos al curso del Brenne en esta zona de Côte d'Or, el canal de Borgoña atravesaba también el pueblo, permitiéndole hacer lo propio a unas cuantas pequeñas gabarras de movimientos perezosos. Buena parte del interior francés tiene un relieve muy suave, lo que permite que estos canales, como pequeñas carreteras acuáticas, tracen una red a lo largo y ancho del país.
Cruzado el canal, enseguida empezamos a subir algo en altura (sólo algo: la "montagne" tenía apenas 400 m snm), entre retazos de bosque y prados llenos de vacas charolesas, la especialidad de la región.
Y haciendo compañía a las vacas, e intuyo que cazando topillos unas y otros, contamos un buen número de garzas reales y busardos ratoneros.
Y en subir y bajar la colina, se nos fue media mañana. Eso, por lo que toca a Les Laumes; tirando hacia el otro lado, y encaramado en otra elevación, está el pueblo de Alise-Sainte-Reine. Alise, Alésia... costó mucho dar con el emplazamiento del lugar concreto, por largos años olvidado...
... pero finalmente parece que las excavaciones arqueológicas vinieron a confirmar que sobre el cerro de la foto se hallaba el antiguo fuerte de Alesia, último foco de resistencia galo frente a los invasores romanos. Sobre el mismo una estatua de Vercingétorix, de modestas dimensiones, vigila eternamente el emplazamiento del campamento enemigo...
... donde (al fondo en la foto) una serie de reconstrucciones históricas y un centro de interpretación instruyen al visitante, no sé yo si con mucha parcialidad, sobre los hechos aquí sucedidos.
Y despedimos a la vez, día y entrada, tomando la misma ruta que según Cefe (en la foto) tomó en su momento Julio César para volver a casa, pues bien sabido es que cualquier camino que siguiera habría de llevarle allí.... y hay que ver, ¡cómo me chincha que los chistes buenos se le ocurran a los demás!
jueves, 27 de octubre de 2016
El octavo pasajero
Vuelven con el otoño las aves migradoras a visitarnos, y ya sabéis que cuanto más exótico sea su origen y más escasas sean, más gusto da verlas. Y aunque no entren estrictamente dentro de la categoría de rarezas, los escribanos nivales son de mis pájaros preferidos: un contraste emplumado entre las embravecidas condiciones polares y su carácter confiado y cara de buena gente.
![]() |
| © Ricardo Hevia, vía Galiciaves |
Comienzan a llegar, como digo, para pasar como suelen en escaso número el invierno entre nosotros. El de la foto de arriba llegó hace un par de días a cabo Ortegal, seguramente tras volar directamente desde las Islas Británicas, proveniente a su vez quién sabe de dónde más al norte. Pero no vino solo...
... sino acompañado por al menos tres pequeñas garrapatas; seguramente en algún estadio juvenil. Garrapatas que tras alimentarse durante algunos días de la sangre del escribano, se dejarán caer, entrarán en diapausa y en primavera se metamorfosearán en la siguiente fase de su ciclo vital. Conservando en su interior las bacterias que posiblemente viviesen en la sangre del buen escribano de la foto. Y volverán a engancharse a otro pájaro, a un despistado pajarillo gallego que picaba por allí; y los patógenos groenlandeses se multiplicarán en este nuevo hospedador. Y continuarán sus andanzas por el mundo, quién sabe si para, subidos a otra garrapata, subida a una golondrina, llegar dentro de unos meses al África tropical... Y esta es sólo una de las maneras en que una enfermedad emergente aparece donde menos se la espera. Y estar ojo avizor para intentar explicar el comportamiento de estos sistemas es lo que, financiación mediante, nos da de comer a unos cuantos.
miércoles, 26 de octubre de 2016
Pues ya somos tres
Tres españoles, digo. Apenas dos semanas después de que llegase Cefe, se ha incorporado al departamento Miguel, que también viene por un año, desde Madrid. Un tío con suerte, que sólo ha tenido que esperar seis meses y un poco de Decathlon entre la defensa y la postdoc... Un dato: comentando ayer cómo habíamos conseguido nuestros respectivos contratos, resultó que los tres compartíamos una historia muy similar: nuestros jefes actuales nos conocían de oídas a través de terceras personas o de congresos, y vinieron a buscarnos para ofrecernos el puesto. Y al final uno se mata a preparar cartas de presentación y echar solicitudes... ¿para qué? Las vueltas que da la vida, ya ves, y ya veis lo importante que es ser majo con todos, que el mundo es un pañuelo.
Y con la llegada de ambos, en lo que va de octubre he hablado más que en los ocho meses anteriores. Y no era precisamente por no saber francés...
domingo, 23 de octubre de 2016
Desde Rusia con... ganas de revolucionar
Hace apenas un año que me taché mi última rareza, una además buscada durante tanto tiempo, pues era de las menos raras (tanto que me la sacaron ya de la lista de rarezas) y, además, bonita: el mosquitero bilistado. Octubre es el "mes del bilistado" por excelencia, y este año en España está la cosa movidita, con decenas de citas por Levante y muchas también en el interior. Y muchos de los que veo en fotos están, como el que yo vi, posados en álamos, comiendo pulgones. Y yo que vivo en Francia, más al noreste que vosotros, debería tenerlo incluso más fácil para verlos aquí; lo pensaba este día mientras de propio intento iba buscando por las calles de Dijon, no mosquiteros, sino álamos, y comprobando con pena los pocos que hay por donde me suelo mover...
A ver si mi localización más nororiental me ayuda al menos a encontrarme con el que, de verdad, está siendo el ave de año en Europa: el acentor siberiano Prunella montanella:
![]() |
| El protagonista de tanto alboroto. Wikifoto |
No es que sea el pájaro más colorido del mundo, pero tampoco es feo; al menos es fácil de reconocer, ¿no? Ya os lo digo yo, para los que no tengáis el contenido de las guías de Europa en la cabeza. ¿Y qué tiene de especial este pajarillo? Lo raro que es por nuestros lares, básicamente: al igual que el bilistado, es un pájaro que cría en Siberia, de los Urales hacia el este, y que migra en invierno hacia el lado contrario a donde estamos. Pero al igual que el bilistado, de vez en cuando también se pierde, y le da una alegría a los pajareros occidentales con los que se topa. ¿Y cuál es la diferencia? Pues que mientras las citas de bilistados se cuentan cada otoño en Europa por centenas, para recopilar todas las de acentor siberiano llegaban hasta este año los dedos de las manos.
![]() |
| Mapa de aquí, de la web del grupo pajarero de Borgoña |
¿Qué está pasando pues en 2016? Pues que, por las causas que sean, estos acentores están llegando a Europa por decenas, como veis en el mapa de arriba, originando primeras citas en cinco países hasta la fecha.
Hoy, que salgo al campo, ya veremos si veo alguno; supongo que más posibilidades que vosotros tendré. Lo malo con los pajaretes es que no son tan fáciles de buscar como las aves acuáticas por ejemplo, que se juntan en lugares concretos y despejados, fácilmente escrutables con un telescopio; sino que pueden aparecer un poco en cualquier parte. Este acentor, en concreto, se ve que se comporta como cualquier acentor, y en esta foto podéis ver uno de los tres que han aparecido en el Reino Unido, en amor y compañía con un acentor común, en un jardincillo cualquiera. Y ¿qué es lo que pasa cuando en esa tierra de pajareros aparece un bicho tan rematadamente raro? Pues que la multitud que se congrega para verlo es descomunal. Aquí, más.
sábado, 22 de octubre de 2016
La muda
La muda que dejó muda a la señora. La muda... de la culebra, se entiende. Cuando ya dábamos este verano por enterrado y amortizado, todavía La Voz nos sorprende con los últimos coletazos de una serpiente del ídem. Y a juzgar por las pieles que calza, deben de ser coletazos de categoría.
Pero una cosa es encontrar la señal de La Bestia, y otra muy distinta darse de bruces con ella, como les sucedió hace unos días a Ermitas y Voli (si no sale el nombre de la mascota no es una noticia de LaVoz TM). Pero mejor que os lo cuente ella que, de verdad, no tiene desperdicio...
![]() |
| Terrible, apocalíptico... |
Muertos os habéis quedado, normal. Muerta se habría quedado la señora también, de no ser porque a su edad ya no se espanta de nada, y menos con el historial de trato con serpientes que tienen en su familia... en fin, dejo ya el tono irónico, que la buena mujer no lo merece; y vamos a darle un par de vueltas a lo que cuenta, ya en serio. Tras pensarlo un rato, se me ocurre que han podido pasar tres cosas:
- Que lo que relata doña Ermitas sucedió así, punto por punto.
- Que lo que cuenta es el recuerdo de lo que vio y no el reflejo fidedigno de la realidad: que ni la culebra era tan pavorosa, ni el lagarto tan grande, ni la lucha entre ambos tan enconada. Esto me parece un poco más probable que lo anterior.
- Y una tercera opción, que la verdad me parece la más plausible: que doña Ermitas, sugestionada por los relatos anteriores sobre culebras gigantescas en el parque, identificó mal lo que vio; y que lo que vio fue en realidad no una culebra, sino un visón o una nutria saliendo del agua en pos de una rata. Esto explicaría detalles tan extraños como que la pelea estuviese ya desarrollándose en el agua, pasase después a tierra y de vuelta al agua luego, que el "lagarto" chillase, o que la "culebra" fuese "bastante gruesa y con una cabeza muy grande"; pues casi todas las serpientes, por grandes que sean, son bastante "tubulares" y la cabeza suele ser muy pequeña. El pelo mojado, pegado al cuerpo, puede dar fácilmente una impresión de suavidad reptiliana, y más en una nutria, que es un bicho muy alargado. Ya lo del color "verdoso"... bueno, a saber a lo que llama la señora "verdoso", pero si es éste el único detalle difícil de explicar de mi historia, creo que gana por goleada a todas las demás.
En fin... mientras no desemboque esto en una caza de brujas-culebras y en una "limpieza" masiva del pobre arroyo, al menos nos habremos reído un rato. Pero no las tengo yo todas conmigo...
jueves, 20 de octubre de 2016
El mentón de la leona
![]() |
| Leones de la cueva de Chauvet |
El secreto de los fósiles, un libro en el que Mauricio Antón (paleontólogo experto en felinos fósiles, y gran artista) explica cómo se las apaña para recrear el aspecto externo de las criaturas extintas a partir de los restos disponibles, es uno de los libros más entretenidos e instructivos que haya leído. Entre otras muchas cosas intereresantes, menciona el autor que, de no ser porque nuestros ancestros nos dejaron una "guía de campo del Pleistoceno" en forma de pinturas rupestres, no tendríamos forma de saber, sólo por los huesos, que los leones de las cavernas tenían la misma "barbilla" de pelo característica de parientes actuales y que no tienen otros felinos de cráneo por lo demás muy similar, como los leopardos. O que, en cambio, los machos apenas sí tenían melena... Es ciertamente un tema que te hace pensar un poquillo, el de las inevitables limitaciones inherentes a imaginar cómo eran de verdad los animales extintos.
Y me acordé inmediatamente del mentón de los leones al leer ayer un artículo que acaba de aparecer en Nature Communications. Os resumo la parte del contenido que me interesa comentar: a lo largo de los últimos cientos de miles de años, durante la sucesión reciente de periodos glaciales e interglaciales, los hábitats europeos han ido cambiando con el clima, y la fauna, lógicamente, con ellos. A partir de una serie de fósiles muy bien preservados y datados con precisión, los autores han podido demostrar cómo en el registro fósil europeo se van alternando, en función del clima, dos especies de bisonte: el bisonte europeo moderno y una especie extinta, el bisonte de estepa, precursora del bisonte americano. Lo gracioso vino cuando se dieron cuenta de que en realidad semejante resultado lo habíamos tenido desde hace bastante tiempo delante de los ojos: resulta que las diferencias en el estilo de pintar bisontes de las pinturas rupestres...
![]() |
| Del artículo que comento |
... no eran, como se creía en Arqueología, fruto de distintas "escuelas pictóricas", por así decir, sino en realidad pinturas muy precisas, del natural, de la especie de bisonte que en aquel momento rondaba por fuera de la cueva: la datación de los distintos estilos de pinturas de bisonte, y de los restos reales de los mismos, concuerda a la perfección. Bien curioso, ¿no? Cada vez me admira más cómo, con apenas cuatro líneas, los "atrasados trogloditas" eran capaces de conseguir unos niveles de expresividad que para sí los quisieran muchos...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








