miércoles, 11 de enero de 2017

En lo alto de los Bajos (¡Belga, hombre!, I)

Hace ya tanto que volví de Bélgica, de visitar por segunda vez a Álex justo antes de que se volviese de su estancia, que seguramente ya ni os acordéis... Pero visitamos sitios bonitos y vimos bichos chulos, así que merece la pena que dedique unas cuantas entradas a comentar lo sucedido en aquel fin de semana...

... y empiezo por el final, por el domingo, en que fuimos a dar una vuelta por el Parc Naturel Hautes Fagnes - Eifel, en la provincia de Lieja, en el extremo SE de Bélgica; que se continúa al otro lado de la frontera alemana en otra reserva de igual nombre. La principal relevancia natural de la zona es su carácter "montañoso"; o al menos todo lo montañosos que llegan a ser los Países Bajos. Tiene así varios bosques medianamente naturales, cortados rocosos y, en una región que no es precisamente árida, es además de las zonas más lluviosas, con lo que hay agua un poco por todas partes: ya sea corriendo por multitud de arroyuelos que se despeñan a veces en cascadas como la de Bayehon, que con sus nueve metros es la segunda más importante de Bélgica...

... ya anegando zonas llanas para formar turberas y otros páramos ("fagnes") donde viven muchas especies que no se encuentran en ningún otro punto de ese pequeño país. Y aunque, la verdad sea dicha, no recuerdo ninguna observación notable de ese paseo...

... no por ello quiero decir que no hubiese muchas cosas bonitas que mirar; sobre todo a nivel del suelo. Últimamente la diversidad de especies y, sobre todo, de texturas que encuentra uno en las alfombras de musgos y otros lechugoides afines me tiene fascinado.

No sé, tal vez acabe incluso comprándome alguna guía de briófitos y de líquenes. Aunque seguro que es únicamente una fase transitoria asociada a mi vida en el norte, que se me pasará en cuanto vuelva al secarral mediterráneo.

Y digo "secarral" no en tono despectivo, ni mucho menos; que me conocéis y sabéis que disfruto con el calor. Pero reconozco que, de vez en cuando, disfrutar un poco del otoño norteño tampoco está tan mal...

lunes, 9 de enero de 2017

Ratones coloraos

¿Estará al otro lado, la próxima postdoc...?
BiólogoyBecario ya ha vuelto a Dijon.
Y como apenas le quedan dos meses
está ya buscando el siguiente escalón...



(Gracias Andrea por la foto ^^)

sábado, 7 de enero de 2017

Más de la fauna urbana

Anda estos días el blog lleno de referencias a la fauna acuática (semi)urbana y, sin pretenderlo, pues escribo los textos bastante antes de que salgan*, mi artículo de enero de EMNMM también trata más o menos del tema. De tres de "las temas", en concreto. Espero que os guste.


* Vale, es cierto, a veces me demoro un poquillo... pero Ramón es la mar de comprensivo.

viernes, 6 de enero de 2017

Una foto sin salamanquesas

Burla burlando, se han pasado ya casi todas mis vacaciones, y mañana de madrugada vuelvo en tren a Madrid, para desde allí volver el lunes a Dijon, donde hoy la temperatura máxima tenía un menos delante... no ha hecho demasiado frío en Orense estos días, pero la mezcla de nubes y nieblas ha hecho que, los días en que he salido a buscarlas, no haya visto salamanquesasMas pese a los fríos irregulares de este último mes, este año, por lo que se intuye al leer los blogs de naturalistas de una y otra parte, no parece ser el mejor para ver aves invernantes, ni en cantidad ni en diversidad. En general no he visto gran cosa al darme paseos junto al río; mucho menos que otros años, desde luego: pocos cormoranes, gaviotas o garzas; ningún bandito de lúganos, reclamando como columpios oxidados desde lo alto de los alisos. Muy pocos porrones moñudos, pero que, como novedad, este año he visto por primera vez dentro de la propia ciudad, junto al puente viejo. Difícil en cualquier caso hacerse ideas globales, que no pasen de meras impresiones, cuando uno sólo tiene fotos fijas, separadas por meses. A ver cuántos quedan, hasta la siguiente instantánea...

jueves, 5 de enero de 2017

De la ría y del río

 Matas una vez un perro... la gente, como me ha visto que un par de veces que he ido a ver a Raúl hemos salido a dar una vuelta en la barca (una y dos), ya se piensa que cada vez que vuelvo por Galicia y me acerco a verlo salimos a navegar poco menos que en el yate de Amancio Ortega, a beber champán y pescar peces espada... ya nos gustaría. O bueno, tal vez no; que el Patarroxa I será modesto, pero salir en él nos pone muy contentos. El caso es que la barca estuvo en dique seco una buena temporada, y ni la pasada Navidad ni en verano habíamos salido a la ría. Pero ayer sí estaba funcional; y aunque al principio amenazaba lluvia, al final el cielo se portó bien, y nos dimos una vuelta la mar de agradable...

 ... viendo desde el mar los mismos paisajes de los que os he estado hablando en el blog durante estas vacaciones: los eucaliptales tasmanos...

 ... y las formaciones de granito. Y una novedad: las palmeras secas, devoradas hasta la médula por las larvas del picudo rojo, especie de gorgojo que se detectó por vez primera cerca de Vigo en 2013 y que se ha llevado ya por delante buena parte de las palmeras de la costa pontevedresa...

 Algo de bichos también tendré que enseñaros, ¿no? Un cormorán moñudo Phalacrocorax aristotelis en vez de un cormorán grande esta vez, muy pintón él en la esquina de una batea, con el moño que ya le empieza a asomar de cara a la estación de cría. No había mucho pájaro, por lo demás, pero ya cuando estaban empezando a sonarnos las tripas y pensábamos en volver...

 ... aparecieron unas cuantas aletas en la superficie: un grupo de delfines mulares Tursiops truncatus, un pequeño adelanto de la noche de Reyes.

 Un grupete majo de ¿siete ejemplares, creo recordar? Como no salían todos del agua a la vez era difícil estar seguros al 100%. Hicieron un poco el mono cerca de nosotros, aunque sin llegar a saltar y sin detenerse tampoco mucho, y continuaron luego singladura hacia la cola de la Ría.

 Remontando el Lérez fuimos también nosotros después de comer (después de perder más tiempo en buscar dónde comer que en comer, mejor dicho), por un sendero que remonta el río aguas arriba de la ciudad de Pontevedra.

 Una zona que no conocía y que me gustó mucho. El río en esta zona todavía sube y baja cada seis horas, al compás de las mareas, pero las orillas estaban cubiertas de un bosque denso y no demasiado estropeado por eucaliptos y mimosas, con el suelo cubierto de musgo y rezumando agua por todas partes, con una pinta tremenda para que hubiese salamandras rabilargas y un sinfín de bichos mas. Tengo ganas de hacer alguna vez una expedición anfibiera en Galicia...

Un anfibio sí vimos, aunque peludo: una simpática nutria paleártica Lutra lutra, con pinta de macho por el tamaño, una especie que, con no ser escasa en Galicia, tampoco es que se deje ver todos los días. Tengo ganas de acostarme ya, la verdad; si pese a haber sido tan malo en 2016 los Reyes ya se han adelantado con los delfines y la nutria, me pica bastante la curiosidad de saber qué me encontraré mañana...

miércoles, 4 de enero de 2017

La lancha de piedra

Junto a Pelayos de la Presa, al monasterio desamortizado de Santa María la Real de Valdeiglesias le están llegando las reformas justo a tiempo de evitar que lo que queda en pie de él se desparrame; de evitar que sus piedras vuelvan a juntarse con el granito madre que las rodea se mire donde se mire...

 Porque, si algo no escasea en buena parte de la Sierra, es el granito: el granito entre cuyas emanaciones radioactivas me crié en Galicia, el granito que ha aparecido de telón de fondo en muchas de mis aventuras naturalísticas a lo largo y ancho de España, el granito que ahora, exiliado en tierra caliza, me alegra volver a ver en todas sus distintas formas erosionadas.

 El pasado jueves 29 lo pasé con Alex y con Andrea. Sus padres de ella nos acogieron amablemente para comer en su casa y, levantados los manteles, dimos un paseo al sol de la tarde por los alrededores de Pelayos. Algún pajarete había, de los pequeños, como este pinzón vulgar Fringilla coelebs; y de los grandes, como los buitres leonados y negros que daban vueltas elevándose en el cielo por aquí y por allá, o el águila imperial que cacareaba oculta desde alguna loma.

 Pero no les presté demasiada atención, ni a ellos ni al mamífero que, de pura alegría de volver a verme, me ha dejado con pelos blancos que sacar del jersey negro seguramente hasta nuestro próximo encuentro. El jueves pasado yo sólo tenía ojos para las piedras: para las enormes lanchas, las láminas horizontales a veces tan homogéneas que parece que han pavimentando el monte...


 ... y para los bolos, piedras caballeras y demás elementos del paisaje granítico. Hay que ver, ¡que hasta a las piedras se les coja cariño...!

Pasamos, claro está, junto al pantano de San Juan, el mar de juguete donde los madrileños que no tienen más posibles pueden ir a bañarse y a navegar entre lanchas de piedra, como la de Santiago. Por Santiago pasé yo hoy, camino y vuelta del mar de verdad, de Marín, donde pasé el día alternando con mi lancha favorita (y con Raúl, su dueño). Ya mañana, cuando descargue las fotos, os comento qué tal se nos dio el día...

martes, 3 de enero de 2017

Sin esclusas que valgan

¡Por fin! la semana pasada, aprovechando mi visita a Madrid, pude cumplir con lo que tantas ganas tenía ya de hacer: bajar a darme una vuelta por Madrid-Río, para ver de primera mano los primeros resultados del proceso de restauración ecológica del Manzanares. Que Raquel me acompañase no entraba necesariamente en el plan original, pero desde luego fue un añadido la mar de satisfactorio.

 En esta foto veis lo simple que de momento está siendo renaturalizar el río: basta con dejar abiertas las compuertas (que no esclusas, pero había que meter el chistecito marca de la casa en el título de la entrada) para que la profundidad del río se mida en decímetros en vez de en metros, como le corresponde. Y una vez baja el nivel y la propia dinámica de la corriente genera canales más profundos e islas arenosas, las semillas arrastradas por el viento o el agua, o que viajan con las aves acuáticas, ponen ya el resto. Comparad la primera foto de la entrada con ésta de hace poco más de un año: en apenas nueve meses, un nuevo Manzanares vaya tomando forma.

 Comparando ambas fotos, y más en concreto los puntitos que se ven en el agua, sí se ve que en mi visita de la semana pasada había menos gaviotas que en la de 2015. Pero oye, una sola comparación entre dos días no sirve para nada; y en todo caso, prefiero con mucho que tener un río más natural, aunque sea a costa de menos gaviotas (y remeros). Que, por lo demás, gaviotas había unas cuantas, tan confiadas y agradecidas como siempre, ya fuesen las reidoras Larus ridibundus...

 ... o las sombrías Larus fuscus, las grandecitas. Entremedias ninguna anillada, y sólo una argéntea y una patiamarilla como especies más raras; pero para una visita de un par de horas bien me llega.

 Que además venía todo el cortejo de otras especies acompañantes; algunas de las cuales, como el martín-pescador europeo Alcedo atthis...

 ... o el cormorán grande Phalacrocorax carbo, ya las pudisteis ver ayer pasando el invierno en un ambiente más afrancesado. Cormoranes por cierto sólo vimos uno (al que ya le estaban empezando a salir las filoplumas blancas de la nuca propias de la época de cría), mientras que lo normal era ver unos cuantos, capturando con regularidad unos peces gato que daba pavor verles tragar, pues con los radios espinosos que tienen en las aletas pectorales y la dorsal parecía que se les iban a quedar atascados a medio camino (les pasa a veces, de hecho). Imagino que los peces gato preferirían las aguas más profundas de antes, al igual que las masivas carpas que también se veían, mientras que ahora deben de quedar sobre todo pececillos pequeños... un ecosistema que tiene que reinventarse a sí mismo, encontrando una nueva situación de equilibrio.

 También había gallinetas comunes Gallinula chloropus en Dijon, aunque no os mostrase ninguna foto de las mismas, pues suelen andar medio ocultas entre la vegetación...

 ... lo que no vimos en cambio Cefe y yo fue garcetas comunes Egretta garzetta, que las pocas que se reproducen en Centroeuropa suelen pasar el invierno más al sur. Como yo, vaya, salvo en lo que toca a la "reproducción".

 Y por último un bicho del sur, un ganso del Nilo Alopochen aegyptiacus, al que sin embargo había visto por última vez bastante más al norte, en Bélgica. Esta especie de pato con sombra de ojos parece irse asentando poco a poco en la Península, sobre todo en los humedales extremeños, donde suman ya varios centenares de ejemplares. En Madrid-Río de hecho, algo más abajo de la zona por la que suelo pasear yo, crió este año una pareja. Esperemos que no les dé por venir acompañados de sus compañeros equinos...

Un paseíllo breve y sin muchas pretensiones, pero la mar de agradable y agradecido en cuanto a bichos. A ver en primavera, cómo va evolucionando la zona...