domingo, 29 de abril de 2018

Las "fiestas" de Bloemfontein

 ¿Un mercadillo? Sí, pero mucho más que eso: ayer echamos la tarde en el Bloemskou, lo que a falta de otras con santo y verbenas podríamos llamar "la fiesta" de Bloemfontein.

 El Bloemskou es de lo más variado. A mayores de muchos puestos de comida, tiene en la parte externa la parte de "feria" mensual o semanal: mercadillo de alimentos y productos de baratillo. Tiene además en varias naves cubiertas mercadillos de productos "de diseño", entendiéndose como tales las típicas cosas que se venden en la teletienda. A mí me recordó mucho a Expourense, a la que íbamos cada año siendo yo pequeño, a ver siempre los mismos expositores y a intentar convencer a mis padres de que me comprasen las cosas que todos los años, entre bañeras de hidromasaje y aparatos para cocinar al vapor, más me llamaban la atención: una especie de puzzles de bloques de madera unidos por elásticos para hacer figuras (esto es lo más parecido que he encontrado), y unos geles de colores para plantar en macetas transparentes.

 Pero Bloem no puede ocultar sus orígenes y mentalidad eminentemente agrícola: buena parte de los visitantes son dignos hijos de su tierra, y buena parte de los expositores estaban dedicados a productos agrícolas (o de caza), a maquinaria o directamente a razas de ganado.

 Y había también shows de caballos cuando fuimos, y en otros momentos del día o de la semana los hay también de otros animales. Y no había verbena ayer (aunque sí hay previstas actuaciones musicales de alto copete para otros de los días)...

... pero a cambio echamos también un buen rato en los cochitos. Y si ya da de por si impresión subir al barco vikingo o al saltamontes,mucho más cuando uno piensa en el mantenimiento que deben de tener encima las atracciones en este país donde tantas chapuzas mecánicas y de construcción veo cada día por la calle... pero hemos venido aquí a jugar, ¿no? O al menos, a pasarlo bien. Y a fe que ayer lo hice.

sábado, 28 de abril de 2018

Y Mokala emplumado

Por dar carpetazo a las fotos de Mokala del fin de semana pasado, vamos con algunos pajarillos, que alguno sí se ha puesto a tiro de la cámara...

¿No os aburrís ya de ver azores lagartijeros claros Melierax canorus en este blog? Yo de verlos en el campo un poco sí; me gustaría ver un surtido de rapaces algo más variado, pero invariablemente parece que cuando salgo al campo siempre me vuelvo con la foto de alguno de estos en lo alto de un árbol o un poste. Mucho más acostumbrado a ver busardos en estas poses, estos bichos se me siguen haciendo algo raros, por no decir casi feos, con las patas tan largas y la porción desnuda de piel en la base del pico...

Un nido colonial de tejedor republicano Philetairus socius, una de las especies más características del oeste árido del sur de África, establecido en el tejadillo de las mesas de un merendero. Ya os conté en su día que estos nidos no albergan solo a sus constructores, sino también una panoplia de especies que utilizan los nidos vacíos, o que directamente expulsan a sus ocupantes originales. Os enseñe en su momento uno de estos okupas, el halconcito africano (del que vimos varios ejemplares el fin de semana), que utiliza estos nidos en exclusiva; y os enseño hoy otro:

La estrilda cabecirroja Amadina erythrocephala, especie relativamente común en las zonas templadas de Sudáfrica (incluido Bloemfontein) que, aunque es capaz de construir sus propios nidos, prefiere con mucho utilizar los de tejedor, ya sean de esa especie colonial o de las especies que construyen nidos individuales. Esta especie, hermana del "pinzón degollado" que antes se veía tanto en las pajarerías españolas, es de hábitos bastante nomádicos, como tantas otras especies del Karoo que se mueven siguiendo las lluvias: cuando vinimos en octubre no vimos ni la primera, y el fin de semana pasado eran bastante numerosas.

También propio del Karoo y nomádico es este: el escribano alaudino Emberiza impetuani, mi único bimbo absoluto del viaje. Sé que no es un pájaro especialmente espectacular, pero oye, una especie nueva es una especie nueva. Y ya solo me falta el escribano de El Cabo para tacharme todos los escribanos del país... que por supuesto sí, es la especie que debería ser más sencilla de todas, por "abundante y ampliamente distribuida", según reza la guía...

Estas aves nomádicas van siguiendo el agua, y en este año de lluvias abundantes todos los abrevaderos del Parque estaban a rebosar, no como en mi visita anterior, que venían animales de todo pelo y pluma a dejarse ver en los contados puntos de agua. Me fui con la pena de no disfrutar de nuevo de ese ir y venir constante de especies...

... pero a cambio sí había alguna que otras veces no he visto tan bien. Como las espátulas africanas Platalea alba, por ejemplo. Con el brillo de la foto no se ve muy bien, pero la piel desnuda de la cara es de un bonito (o no, como con el azor de arriba) color rojo.

Cierro ya con un último bicho cuya foto, pese a los cables de la verja electrificada que nos separan, me ha quedado medianamente bien: un alzacola del Kalahari Cercotrichas paena. Y nada, otro año que su primo ibérico se me quedará como la gran espina clavada de la avifauna peninsular por tachar...

viernes, 27 de abril de 2018

Mokala sin plumas

Veintisiete de abril, festivo (Freedom Day): un día más de puente para dormir hasta (un poquito más) tarde y actualizar on calma el blog. Os comentaba antes lo lógico: que yendo con alumnos uno ve menos cosas que por libre. Pero la verdad es que a nivel de mamíferos la cosa no se nos dio tan mal, o al menos lo suficientemente bien como para que los chavales se volviesen contentos: no vimos ningún carnívoro, pero en cambio sí nos cruzamos con un grupo grande de búfalos, y vimos rinocerontes dos veces, la segunda muy cerca del coche.

 En reptiles sí que no estuvo sembrada la cosa, pues al contrario que en octubre nosotros ahora apenas sí vimos galápagos en las charcas y un par de agamas, que no conservaban ya ni trazas de la coloración nupcial de hace unos meses. Aunque en general a los alumnos no les interesa nada que sea más pequeño que una gacela, y no creo que los echasen mucho en falta...

 ... menos aún a los bichos más pequeños todavía. Me gustó esta (creo) chicharra acorazada Acanthoplus discoidalis manca, que suerte tuvo de que los míos no la pisasen al caminar entre las habitaciones y el comedor, pese a su gran tamaño. Me gustan mucho estas chicharras enormes que hay un poco por todo el mundo, con esa pinta de marcianos que tienen.

 A mediodía, estos escarabajos también grandes como un pulgar y muy bonitos alzaban el vuelo y se movían torpemente a baja altura por toda la zona de nuestro alojamiento. Es un Mylabris oculata, un meloido (como las aceiteras) de un género que también tenemos en España, aunque nuestras especies son todas más pequeñas y con pinta de mariquitas alargadas. Llamativas también, en todo caso, pues como sucede con el resto de especies de esta familia son todas muy tóxicas.

Y termino con un bicho que me hizo mucha ilusión ver creo que por vez primera... pues dudo de si en España (que alguna especie hay también) lo he visto alguna vez; en todo caso, me hizo mucha ilusión: es un mantíspido, un grupo de neurópteros (como las hormigas león y las crisopas) que han evolucionado hasta asemejarse mucho a las mantis religiosas, con un par de patas delanteras transformadas en pinzas espinosas con las que capturar criaturas menores. También estaba este en una de las paredes de nuestro alojamiento... si es que a veces uno sale al campo y casi ni de casa llega a salir antes de pararse...

miércoles, 25 de abril de 2018

Mokaleros

Aunque sea una excursión con alumnos en la que uno no puede pararse a bichear, sacar fotos y descansar tanto como le gustaría, cuesta; cuesta volver de un fin de semana en el campo y sentarse a ordenar fotos y demás, así que perdón por el retraso. Estaba Mokala bien bonito; si cuando fuimos en octubre os decía que a pesar de estar la primavera recién empezada os decía que lucía aún todo muy seco, a la inversa os digo ahora que, a pesar de llevar ya un mes de otoño a cuestas, estaba todo aún muy verde, con bastante agua en las pozas temporales y demás.

Y sol, y calor de lo más agradable a mediodía, y no mucho frío de noche. Como íbamos en plan académico nos dejaron quedarnos, a precio casi regalado, en una especie de casa de convivencias que tienen: con habitaciones de cuatro camas con baño (de las que ocupé una en exclusiva), salones grandes con chimenea, una gran cocina en la que los alumnos encargados por turnos de alimentarnos casi consiguen matarnos de indigestión, un pequeño salón de actos, y una piscina que el que esto escribe utilizó a mediodía, mientras los mocosos estaban exponiendo seminarios a mi jefe*.

Pasamos tiempo haciendo cosas en el alojamiento y también por el Parque adelante, claro: conduciendo de un lado a otro para ver bichos, colocando cámaras trampa en algunos abrevaderos (que es la solución que tiene mi jefe para no sabe qué hacer con los alumnos, igual que los chinitos tiran piedras a lo alto), o atendiendo a las explicaciones de los rangers y demás trabajadores de Mokala que nos acompañaron en algunos momentos. Por falta de sitio, acompañé al ranger en su coche mientras íbamos de un lado a otro, y tuvo ocasión de contarme muchas cosas de un trabajo que tiene que ser muy vocacional, pues el sueldo es escaso y el riesgo mucho; más de los furtivos que de los animales (tenía un rifle semiautomático y un chaleco de 20 Kg en el maletero, y un amigo en el hospital).

Los alumnos de tercero la verdad tenían de encantadores lo que les faltaba de coordinación para saltar todos a la vez; se comportaron muy bien a lo largo de todo el fin de semana, les entretuviese más o menos lo que tocara hacer. Está bien poder disfrutar de estas pequeñas islas de alumnismo, aunque me quede ya poquito para volverme... a ver si para conocer a nuevas generaciones futuras de biólogos.

* En mi descargo diré que mi jefe había dicho que había "tiempo libre"; tiempo libre que decidió desconvocar por su cuenta y riesgo mientras yo estaba muy ocupado con una siesta primero y chapoteando luego. Y en cuanto me enteré, corrí directo al salón de actos; que estuviesen ya terminando no es culpa mía...

domingo, 22 de abril de 2018

CreCiente

¡Hay que ver! Casi un año me ha llevado darme cuenta de lo que os voy a contar... supongo que es porque, como algunos ya sabríais, mirar al cielo, las estrellas, la astronomía y todas esas cosas me interesan bastante poco: todo lo que encuentro de interesante en la Tierra me resulta ajeno en esos mundos de Dios que, de tan lejos que están, es como si no estuvieran. Ha hecho falta que el cielo tremendamente despejado y estrellado de Mokala me llamase lo suficiente la atención como para hacerme mirar arriba y darme cuenta de que las formas de la Luna, creciente y decreciente, están aquí invertidas, de modo que aquí de mentirosa no tiene nada... Y ha sido gracias a que los alumnos se pusieron a buscar Orión que caí también en la cuenta de que, al contrario que lo que pensaba, el cielo nocturno que se ve aquí abajo no es por completo diferente del de arriba... cosas que aprende uno, entre el devenir del vuelo bajo de las lechuzas comunes y el resonar de los lloriqueos de los chacales... Este fin de semana, con los de tercero en Mokala, ha sido de lo más agradable; ya en las próximas entradas lo detallo.

jueves, 19 de abril de 2018

Orden del día

Casi no me lo creo, la verdad, pero apenas sí me llevó horas poner en práctica la resolución tomada al final de la entrada anterior y empezar a trastear con las cosas del laboratorio. Haciendo además una de las tareas que más me gusta: ordenar muestras. Pasarlas de las cajas grandes e incómodas que usamos en el campo a cajas más pequeñas, y aprovechando para colocarlas ya según las vayamos a ir usando, y para revisar que los nombres y números de los bichos se corresponden entre el Excel donde se centraliza todo, las hojas de campo y los tubos de muestras. Un trabajo que me gusta porque los resultados "se ven": no es como cuando toca pensar y me paso el día sin que al final pueda realmente enseñar algo tangible; aquí el número de cajas ordenadas es algo bien contante y sonante, y eso me resulta muy satisfactorio. Lo he comentado más de una vez con amigos: tendría que verme puesto en harina, pero creo que trabajar de barrendero, o fregando platos, no sería ni de lejos el peor de los trabajos...

En fin, pero para que no me emocione demasiado con los avances de laboratorio, llega ya el fin de semana a romperme el ritmo. Porque además nos vamos fuera: nos llevamos a los veintipico alumnos de Ecología de la Conservación a Mokala. No sé muy bien aún a hacer qué (no sé si mi jefe lo sabrá, la verdad...); lo que sí sé es qué tengo que hacer yo, que tengo una guía con demasiados nombres que no se van a tachar solos... A ver qué tal se me da. Y si vuelven todos los que van.

martes, 17 de abril de 2018

Cuatro meses

 Hace una semana, las cosas empezaron a ponerse interesantes: me llamó mi jefe para hablar un rato, y tras una larga e innecesaria exposición de cómo habían sido sus casi dos años en la UFS, vendiéndomelo como una especie de lucha entre la Ilustración y el Medievo, me contó por fin lo que yo ya me estaba oliendo: que le habían ofrecido en otra universidad un puesto mejor, y que en tres meses se iba. Y que a ver qué hacíamos conmigo, porque mi contrato (renovado a partir de mayo para un segundo año) me lo paga la UFS para estar de postdoc con él; y rota la asociación, roto todo. Pero cuando empezaba a decirme que a ver si podíamos "transferirme" a otro supervisor, solucioné yo la papeleta diciéndole que no se preocupase: que cuando él se fuese, me iría yo también, y todos contentos.
Porque, no sé si recordáis: la idea original del trabajo que iba a hacer aquí era ocuparme de analizar parásitos sanguíneos de aves (lo de siempre). Pero cuando llegué aún faltaban muestreos por hacerse, y por lo demás no había dinero para analizar las muestras, así que mal podía yo ponerme a trabajar. De modo que, mientras conseguíamos muestras y dinero, me puse a trabajar un poco con lo que iba saliendo: con termorregulación en termiteros, trabajo que hace poco cuajó en mi primera publicación local...

... y con los datos de cámaras trampa y visitas de animales a abrevaderos, con los que sigo liado aún. El caso es que me he ido quemando un poco, a base de meter horas a cosas que no eran las que tenía que hacer (bueno, técnicamente mi trabajo es lo que me mande hacer mi jefe, pero me entendéis), y que por lo demás tampoco es que estén dando resultados espectaculares que agranden mi CV de forma espectacular. Es por eso que, aunque con la baza de la renovación en la recámara, llevo ya tiempo echando cosas para moverme una tercera vez... ¿a dónde? Ya Dios dirá; eso no me preocupa tanto como constatar a la vez el poco tiempo y la cantidad de especies por tacharme que me quedan. En agosto pensaba ir a un congreso a Montpellier, y con estas novedades que os cuento, cuando coja el avión el 17 para subir a Francia, será para a la vez irme de aquí definitivamente. Me quedan cuatro meses y más de media guía por subrayar... y me temo que, ¿por fin?, mucho laboratorio, ahora que ya tengo muestras y dinero. Habrá que ponerse las pilas.