domingo, 30 de diciembre de 2018

"Un molino, la vida..."

 Es solo ahora que, al perder los grandes robles sus hojas, llega algo de luz al antiguo molino situado junto al arroyuelo que salta entre grandes bloques de granito, teñidos de verde por el paso de los siglos: Galicia. O, al menos, la que la Xunta intenta vender fuera de aquí...

 Galicia: mil aldeas de cien casas, las cien diferentes, las cien horrorosas. Aldeas de bloque de hormigón visto, uralita roñosa y cables de la luz que, como lianas, saltan una y otra vez de un lado a otro de las calles cementadas. Aldeas de perros mestizos que ladran, cobardes y desconfiados, al paso del visitante; perros que como en el resto del mundo se parecen a sus dueños.

 Galicia: fincas en medio del monte, cercadas por somieres, rodeadas por los restos chamuscados de eucaliptos y pinos, entre los que arraigan ahora con alegría las mimosas, animadas por la luz y abonadas por la ceniza.

 Galicia: ahora también, paraíso de la velutina, cuyos nidos como balones de papel destacan mucho ahora en lo alto de los árboles sin hojas. Esta Galicia mayoritaria no la promocionarán, no; ni se preocuparán de ordenarla lo mas mínimo... Pero esta Galicia, mucho más la fea que la idílica, es la que realmente entiendo como mía; aunque sea a través de la queja, sentimiento que por otra parte se nos supone connatural a los nativos...

 Pero bueno, dejemos de triturarnos con dolor por un instante, para volver de nuevo la vista a la Galicia de los anuncios de la tele... Ayer por la mañana fui con JaviP a recorrer una ruta muy prometedora, con sus molinos históricos, espesuras y regatos.

 Nos perdimos por corredoiras solitarias monte arriba del Ribeiro más vitivinícola, en tierras de Carballeda de Avia. Nos perdimos... literalmente, quiero decir: la información que habíamos encontrado por Internet, y la de los escasos carteles indicativos con que nos cruzamos, no casaba nada bien con lo que en realidad nos íbamos cruzando; y para estar de vuelta para comer como pensábamos tuvimos que desandar lo andado cuando apenas llevábamos un tercio de la misma.

 Una segunda consulta a Internet ya después en casa desveló el origen del problema: a alguien se le olvidó poner un 1 delante de los 7 Km que se supone tendría que tener el recorrido completo...

 Siete kilómetros, y aún ocho, son los que finalmente hicimos; y en honor a la verdad, buena parte de los mismos fueron por zonas la mar de bonitas. Nos quedamos con ganas de volver en otra ocasión, mejor pertrechados para acometer el sendero en su totalidad.

Pensativos ante el camino que nos queda por recorrer, y quemados, pero aún con vida, como el castaño de la imagen; una imagen que resume la mañana de ayer, y nuestro devenir vital, en general. Quejar nos quejaremos mucho, pero ¡que se prepare 2019!

sábado, 29 de diciembre de 2018

Lourizán

Sigo aprovechando las vacaciones navideñas para hacer la ronda habitual de visitas a amistades, y de reencuentro con el mar cuando me acerco a Marín a ver a Raúl. Pero como el pobre no se encontraba muy allá, en vez de salir en la barca, visitamos un sitio que, tan cercano a Marín como está, me extrañaba no haber visitado aún.

 El Pazo de Lourizán, antigua casona señorial que alcanzó su época de mayor apogeo cuando se convirtió en la residencia de verano del prócer compostelano Montero Ríos, alberga a día de hoy en sus jardines con vistas a la ría un centro de investigación forestal, donde se desarrollan variedades vegetales y se ensayan tratamientos contra plagas.

 Entre otros, cuenta con un eucaliptario: un bosque de multitud de especies de eucalipto (algunas, la verdad, bastante bellas) donde se evaluaba qué variedades se podrían adaptar mejor a nuestras tierras de improductivos robledales... éxito no les faltó en la empresa, la verdad.

 En fin. Al pazo histórico en sí no se le da uso por parte del centro de investigación, y aparentemente por dentro está en un lamentable estado de abandono. Por fuera, sin embargo, el aire descuidado le sienta muy bien a su arquitectura romántica...

 Las estatuas que jalonan las escalinatas lucen mucho mejor contra el fondo de maleza un poco demasiado crecida y de bruma espesa, como la que estamos teniendo estos días.

 Brumas densas que, aunque cuando levantan no turban el azul pastel del cielo invernal, dejan tras de sí tal cantidad de humedad que no desmerecería de una lluvia de verdad. Y en la finca abundaban los riachuelos, reguerillos de agua y fuentes; fuentes donde buscar salamandras y a las que sacar fotos buscando ideas para futuros proyectos...


jueves, 27 de diciembre de 2018

Tiempo libre

¿Cuánto tiempo pasó cubierta de andamios la fachada del Obradoiro? Ya ni me acuerdo... en todo caso, a obra acabada, uno solo ve lo bonito y no se acuerda de las quejas anteriores... en fin. Hacía ya años que, aunque parase brevemente en Santiago de camino a Pontevedra a ver a Raúl, no me detenía a pasear por la ciudad. Hoy sí, y disfruté mucho de pasear por unas calles que ya tenía medio olvidadas. Vi primero a Jaime, comí y eché un buen rato con Joaquín (bajado desde Coruña, de donde es su familia materna y donde suele estar en vacaciones), comentando sus aventuras y desventuras sudafricanas más recientes; y terminé cerrando el día con Martín, que es ya un niño más padre que la última vez que nos vimos, aunque no pasen los años por él (enlace; y curiosas reflexiones, las que me hacía yo de aquellas...). Y estando como estábamos tomando algo, surgieron en la conversación de forma natural anécdotas de la carrera. Y, por hacer "algo" más que estar sentados, nos acercamos en un momento hasta la facultad(e). No contaba yo con que estuviese abierta, en Navidad a las ocho de la tarde, pero lo estaba (y la biblioteca llena de gente estudiando, de hecho), y me dio una especie de alegría muy tonta entrar y ver, en apenas unos minutos, qué había cambiado y qué parecía seguir igual. Nos quedamos desde luego con ganas de echar un rato más largo...

Cierro con una foto de Martín en el mismo lugar en que lo conocí, el primer día de clase: al salir de la presentación de la primera (¿Citoloxía?), vi que el chaval se arrimaba a una columna con cara aburrida y deduje que, como yo, no debía de conocer a nadie. Me acerqué, y tras las presentaciones y comentarios "de ascensor"" de rigor, le hice la pregunta, la que todavía él recuerda y que repite literalmente con retintín cuando quiere fastidiarme. "Y a ti, ¿qué te gusta hacer en tu tiempo libre?"

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Palomas al vuelo

El tiempo que me ha ido quedando libre entre entradas sobre Francia y reuniones familiares lo he dedicado en buena medida a pasear, como de costumbre. Si el año pasado tocó una Navidad tormentosa, pero de río bajo, este estamos teniendo una muy soleada (una vez despeja la niebla matutina) y templada, aunque con el río paradójicamente bastante alto y con mucha corriente. Total: los muros forrados de salamanquesas, y el Miño prácticamente vacío de porrones dentro, y de lúganos en las márgenes. La principal novedad ornitológica de este año la pone un halcón peregrino (¿o es una pareja?) al que de momento estoy viendo prácticamente a diario, ya sea posado en un edificio, ya volando sobre el espacio abierto del río, normalmente instantes antes o después de capturar una paloma. Intentar verle prepararse su menú de Navidad ya es bastante aliciente como para salir de casa, así que bienvenido sea...

martes, 25 de diciembre de 2018

Navidad de laboratorio

¡Feliz Navidad un año más, escogidos lectores! Subo una imagen del Belén de la clase de Raquel, porque me gusta que la imaginación supla la falta de otros recursos. Y porque me hicieron mucha gracia los cerditos, la verdad.

lunes, 24 de diciembre de 2018

Leones republicanos (Repesca Francesa, y V)

 En la plaza de la República de Arlés, el león del escudo de la villa, esculpido con las mil florituras a las que se presta la blanda piedra caliza, se enseñoreaba sobre el dintel de la entrada del ayuntamiento. Pero no era ni mucho menos el único león de toda la plaza, y en cuanto me di cuenta, me dediqué a retratar toda la manada...

 Como buena iglesia medieval, la portada de la catedral de san Trófimo abundaba en iconografías de lo más variado. A simple vista ya se intuyen varios felinos; el más destacado el del león alado de san Marcos, en el tímpano.

 Si os fijáis arriba en las figuras de las jambas, todas son de estatuas de distintos santos, salvo una pequeña composición que retrataba el martirio de san Esteban, que está ya echando el alma por la boca mientras los demás le cascan duro con las piedras. Lo pongo porque ya pasado mañana es su fiesta, pero volvamos con los leones...

 Aquí vemos a Sansón con uno de los gatos, diciéndole al oído para engatusarlo que pronto tendrá la tripa llena de miel, aunque mal sabe él que no será por comerla... me encanta la historia de este hombre.

 Aquí parece que al profeta Daniel los leones no dejan de pedirle caricias con las patas y no le dejan ver la tele tranquilo, o eso deduzco yo de su expresión...

 Por fin, otros leones no participaban en recreaciones de escenas bíblicas, sino que simplemente hacían aquello que se les da mejor: llenar la panza. En este caso, el gesto de angustia del infortunado cristiano me pareció que estaba especialmente conseguido, a pesar del desgaste de los siglos.

 A estos otros dos leones y al ¿animal? que estaban cazando el tiempo tampoco los había tratado demasiado bien... En comparación con los primeros leones, de aspecto mucho más "tradicional", me resultó curioso ver cómo los de estas últimas dos fotos se dan un aire así como oriental, con sonrisas de rana...

Y finalizo ya con uno de los leones de bronce de la base del obelisco del centro de la plaza, a punto de recibir la visita de una paloma. Y la combinación de leones y aves me recuerda (no lo había olvidado, pero...) que tengo aún pendiente otra repesca: una de fotografías invernales tomadas hace unos pocos meses... en lado inverso del globo, claro. Uno de estos días me pongo...

sábado, 22 de diciembre de 2018

Escenas de Arlés (Repesca Francesa, IV)

Antes de dividirse recurrentemente en los mil canales de su delta, el Ródano discurre aún de una pieza, poderos, atravesando la milenaria villa de Arlés, una ciudad muy bonita en la que me gustará echar alguna vez más tiempo.

Y a pesar del desgaste causado por el mismo, buena parte de los monumentos de la ciudad permanecen aún en uno: "Las arenas", el antiguo anfiteatro romano, es hoy en día la plaza de toros...

... y el teatro, teatro sigue siendo dos mil años más tarde; los carteles de las calles anunciaban una programación de lo más variada. Me resultó curioso ver, en general, cómo la cultura provenzal españoleaba bastante: en verano, cuando fuimos, los principales espadas toreaban en las plazas de la región, y muchos nombres del flamenco nacional actuaban también en teatros y salas de fiestas de hoteles.

Y, más cerca en el tiempo, la típica Place de la République de todos los pueblos franceses; esta con la catedral románica de San Trófimo; y el ayuntamiento, el obelisco y demás elementos necesarios para que una ciudad funcione adecuadamente...

Y con este robado de mis tres compañeros de viaje en el claustro de San Trófimo cierro esta entrada tan insulsa; la siguiente tendrá más bichos y más gracia...