sábado, 30 de junio de 2018

Elanio de tacharse muchas cosas

Pues nada: haya sido más o menos provechosa, que espero que para Maliki sí, terminó ayer con un atracón de laboratorio de última hora mi estancia en tierras pretorianas. Volviendo hoy en el autobús, por la misma ruta que desandaré dentro de cuatro semanas menos un día, iba mirando distraído por la ventana mientras repasaba los bichos que me había ido tachando a lo largo de la postdoc, que podrían haber sido más, pero que no han sido pocos; el examen de conciencia me dejó con buen sabor de boca. En todo caso, de mis ensoñaciones me sacaban a cada rato los elanios comunes Elanus caeruleus, que en España veo todavía lo suficientemente poco como para que me llamen la atención, pero que aquí, y hoy en concreto, son de lo más vulgar. Hay una regla ecológica, cuyo nombre no recuerdo, que dice que en general las especies, en los límites de sus áreas de distribución (como pueda ser España para el elanio), aparecen solo en zonas con hábitats muy propicios y concretos; mientras que en el núcleo de sus áreas se dejan ver con mayor frecuencia en un rango de hábitats más laxo. Así sucedía hoy con estos bichos tan bonitos, que estaban posados a pares en postes de verjas, tendidos eléctricos e incluso en cables entre casas; me arrepiento de no haberlos ido contando, pero fácilmente pasarían de treinta (¿tantos como en toda mi vida hasta hoy, tal vez?)... Y atento a los elanios iba cuando, de repente, un poste "raro" de una verja giró la cabeza para mirarme con sus ojos muy maquillados: fue solo un segundo, pero mi primer búho moro Asio capensis me supo a gloria. Bueno fue, que un sábado de junio más siguiese tachándome bichos, para no romper la tradición. Esta especie, que como su primo el búho campestre vive en zonas abiertas, cría en el suelo y es parcialmente diurna; me gusta especialmente porque, aunque relativamente común en África al sur del Sáhara, tiene una población relicta, de apenas unas decenas, en algunas lagunas contadas del norte de Marruecos (desde donde han llegado incluso divagantes a España). Aparece pues en las guías de aves del Paleártico occidental, pero solo en una esquinita del mapa, volviéndose así una presa codiciada por todos...

Cuando ya al irse poniendo el sol dejé de ver elanios posados para verlos en vuelo (el elanio es bastant crepuscular; uno de los intentos de las rapaces diurnas por comerle la tostada a las nocturnas), los carteles de la autopista empezaron a incluir Ciudad del Cabo, a unos tentadores 999 Km de Bloemfontein, como si estuviese la ciudad de oferta. Me queda una de las tres capitales del país por ver... y casi un mes por delante. A ver.

miércoles, 27 de junio de 2018

El tormento y el éxtasis

 O podría haberlo titulado Los gozos y las sombras. O Con pólvora e magnolias, tirando más pa casa. O dejar a un lado los títulos, y llamarlo "El yin y el yan", "la cara y la cruz", "una de cal y otra de arena", o incluso "Ciudadanos en las encuestas". En fin, lo que tiene el laboratorio: tras una semana de satisfactorias PCR de sexado como la de arriba, una banda: macho, dos: hembra; todas las bandas bien marcadas, el control negativo negativo, y el positivo positivo...

... pues nos da por empezar hoy con las PCRs de parásitos, lo que mola, lo que vine a hacer aquí a fin de cuentas; y el resultado es así como "meh": algunas banditas bien marcadas (bien), muchas que no se sabe ni lo que son y que seguramente al mandarlas a secuenciar no salga nada, el control positivo missing in action... y todo a dos días de irme de Pretoria, y a poco más de un mes de finalizar esta postdoc. En fin, mañana será otro día...

martes, 26 de junio de 2018

... y la otra

Enlazando con el tema de la entrada de ayer, aprovecho para enseñar este folleto que me encontré despistado por el laboratorio adelante...

Bueno, no hay mucho que decir, ¿no? Alguien vio una oportunidad de negocio, y decidió invertir en I+D+I para sacarle provecho. Si por lo demás, acostumbrados a que esta cirugía se realice más bien en niños, os sorprende que esta publicidad vaya dirigida a un público más talludito, os comentaré que Kenny, nuestro compañero de despacho, nos dijo que a los dieciocho años un día su padre entró a su habitación a decirle que "hijo, te voy a llevar al hospital...porque ya sabes, es tradición en nuestro pueblo, ya toca...". Pues eso. Que con Circumfort ©, no toca.

lunes, 25 de junio de 2018

La polluela...

 Aunque a tenor de las entradas de este mes pueda parecer que solo he salido a ver pájaros al Botánico, he ido también a más sitios... bueno, en concreto una vez: hace una semana fui al Austin Roberts Bird Sanctuary (sí, el mismo Austin Roberts). Como la información que encontraba por Internet era un tanto confusa, no sabía muy bien qué esperar del sitio. Resultó ser una zona vallada en torno a una laguna, en uno de los suburbios ricos de la ciudad, con muy buena pinta... pero para visitarla había que concertar cita, en grupos, con antelación. Bueno, qué le vamos a hacer... Había un observatorio de acceso libre, y allí eché un rato antes de irme a comer.

 No se veía mucha cosa, como se aprecia en la foto de arriba. Sobre todo nadaban por allí unos cuantos ánades picolimones y varias parejas de focha moruna Fulica cristata que, como veis, tenían a su cargo unos cuantos pollos pequeños.

 Un grupo de perezosos suiríes caribancos Dendrocigna viduata y un solitario ibis sagrado Threskiornis aethiopicus completaban el elenco, junto con algunas gallinetas y zampullines chicos.

Pero si habéis estado atentos a la entrada de ayer, y a las anteriores, habréis notado que dije que el ánade negro constituía mi décimo bimbo en Pretoria, mientras que según las entradas anteriores sería el noveno... bueno, es que se me había quedado pendiente contaros esta visita. Porque desde una de las esquinas del observatorio, que daba a una zona de vegetación bastante tupida donde por lo demás no vi nada interesante, pude ver nada más llegar cómo se escabullía una pequeña criatura entre las cañas. Y por su causa me quedé en el sitio hora y pico, en vez de diez minutos, intentando hacerle una foto para vosotros. No pudo ser, pues las otras veces que asomó el pico se movió muy deprisa, pero me fui con la satisfacción de haber visto mi segunda especie de polluela. Y aunque la polluela negra Zapornia flavirostris no sea (según la guía) tan esquiva como las polluelas que tenemos en Europa, pues su mérito tiene, digo yo. A ver cuándo cae la tercera especie...

domingo, 24 de junio de 2018

"Unobtrusive, nondescript..."

 Volví ayer sábado por cuarta, e imagino última vez, al Botánico de Pretoria, a que me diese el sol, que lo echo de menos bastante a lo largo de la semana; a ver cómo iba avanzando la floración de las distintas especies de áloe, y a marcarme cómo no un pavís pavós.

 Pero antes ¡mirad! Una cardera Vanessa cardui. Tras dedicarles la entrada anterior, me hizo bastante ilusión encontrarme varias mariposas de esta especie libando entre las flores de las crasuláceas (Crassula ovata, la de la foto), plantas carnosas a las que se ve que también les da por florecer en invierno.

 Un grupo de capuchinos broncíneos Spermestes cucullata, una de las especies agrupadas como "bimbos del Kruger", que no tenemos en Bloemfontein y con los que me he estado reencontrando a lo largo de este mes. Me los encontré bebiendo de una charca, pero además según parece también se alimentan de vez en cuando de esas algas que veis, de cianobacterias. A los que estéis metidos en la moda de los superalimentos seguramente os suene la espirulina, un suplemento fabricado a partir de cianobacterias. A los tarados como yo nos sonaba de antes, pues esas pastillas son el alimento ideal (por ser su alimento real en la naturaleza, vaya) para los cíclidos vegetarianos de los lagos africanos; para los Tropheus en concreto, que son peces de estómago muy delicado. Lo de "broncíneo" le viene por lo demás a los pajarillos estos porque, si os fijáis, cuando les da el sol en cabeza y hombros aparecen reflejos verdosos.

Pero vamos ya con lo que nos interesa, las dos especies nuevas, que intuyo que vais a odiar tanto como me gustaron a mí, porque no son precisamente de las más vistosas de la guía... más bien todo lo contrario. Pero entendedme: el día que vi, qué sé yo, mi primer secretario, me encantó, me preció un bicho espectacular. Pero ¿qué mérito tiene identificar un secretario? La gracia está en identificar, sin ningún género de dudas, las especies pequeñitas, marrones y huidizas; ahí está la divisoria entre aquel al que "le gustan los bichos" y el pro (y perdonad si quedo de sobradete).

 Y como pequeñito y marrón, el primeo de los bimbos, del tamaño de un mosquitero, se llevaba la palma. Para más inri, en la guía no solo destacan lo poca cosa que es, sino que le ponen el bendito adjetivo de unobtrusive, discreto; no solo es que sea imposible de ver, sino que como ni canta (bueno, en época de cría sí) ni se mueve mucho, tampoco hay forma de detectarlo, y toda posibilidad de tachárselo queda a la buen de Dios. Dice el libro, literalmente, que "puede ser común en una zona, y pasar años hasta que alguien lo detecta...". Ea, ¿y cómo no voy a disfrutar yo de tacharme un bicho así? Bicho que además, cuando lo detecté, se quedó bastante tranquilo; si la foto es mala es por culpa de la luz y de las ramas intermedias, no suya. ¿Os habéis fijado aun así en que solo se le ven dos dedos, porque los otros dos están hacia atrás? Es que pese a las pintas no es un paseriforme, sino un indicador (que son Piciformes): un indicador dorsipardo Prodotiscus regulus. Pero este no es de los que buscan la cera de las abejas, sino la de otros insectos: aunque come también otras cosas, se ha especializado, con su pico fino y ligeramente curvo, en consumir cochinillas, y sacarlas de entre las grietas de la corteza.

 Al otro bimbo del día, también nondescript (otro de los adjetivos temidos/estimulantes de las guías), me lo encontré picoteando flores de áloe, cosa que según la guía le gusta hacer. Pero también dice que el serín gris Crithagra gularis es un ave de jardín bastante frecuente allá donde vive, y tras llevar por lo tanto todo el mes intentando verla, y conseguirlo ayer de hecho justo antes de salir del Botánico, la sensación fue más de enfado, de "a buenas horas", que otra cosa.

 Los áloes... ¿quién no se dejará caer por los áloes en invierno en este país, me pregunto? Sigo enseñándoos más especies que disfrutan del néctar de estas plantas generosas: hoy es un bulbul naranjero Pycnonotus barbatus.

E incluso los que no se alimentan de las flores disfrutan tomando el sol encaramados a ellos. En un áloe especialmente cubierto de hojas secas me encontré una colonia floreciente de escincos Trachylepis punctatissima, como veis con pocas intenciones de interrumpir su siesta pese a que estuviese yo sacándoles fotos.

Y con herpetos acabé el día, por lo demás. O mejor dicho, con herpetólogos. Resulta que Gary, al que no contaba yo con volver a ver más, estaba de paso por Pretoria, y un amigo y él me invitaron a acompañarles a buscar Bitis caudalis (horned adder, una de las varias especies de víbora pigmea de este país) en un sitio al norte de la ciudad. Pero íbamos a quedar "por la tarde", y terminó siendo al final tan tarde que no daba tiempo de ir hasta el sitio aquel. Así que a cambio hicimos una cosa que los herpetólogos hacen mucho, y que me gusta mencionar cuando nos acusan a los pajareros de "ser raros": fuimos a un descampado a levantar basura y piedras. Literalmente. Pero oye, es una técnica que a veces da resultados espectaculares, pues muchos herpetos solo necesitan áreas abiertas en las que solearse, cosas bajo las que refugiarse, y comida; y en los vertederos sobran ratas, cucarachas y moscas. No se nos dio bien ayer, de todas maneras, y únicamente encontraron un bicho: una especie de escinco de ojos de serpiente (esto es, sin párpados), el Afroablepharus (o Panaspis) wahlbergi. Pero como para mí era nuevo, pues tan contento. Y como además en un arroyo que atravesaba el descampado levantamos un ánade negro Anas sparsa, también nuevo para mí, décimo pájaro nuevo en este mes pretoriano, pues ¿para qué quiero más? Hay sábados que se disfrutan de lo lindo...

viernes, 22 de junio de 2018

"Mueve esas carderas..."

Wikifoto
Hace unos días, cuando aún estaba en Bloemfontein, vi una mariposa cardera Vanessa cardui. Me gustó mucho reconocerla (de mariposas sé bastante poco), porque además es (creo) la única especie de la región compartida con Europa. Y es que a estas se las encuentra uno un poco por todas partes, porque son unas migradoras natas... Aunque no sea el aspecto de sus vidas más conocido, probablemente si leéis este blog de forma habitual ya seáis que hay muchas especies de insectos migradores, pues alguno ha salido ya. Y puede que recordéis que estas migraciones se desarrollan "por etapas": hay insectos adultos que migran al sur, y allí se reproducen, y mueren. Sus descendientes migran algo más al norte, se reproducen, mueren, sus descendientes migran algo más al norte... y así hasta que los del límite norte del área de distribución, migran de vuelta al sur antes de reproducirse. Esto es lo que sucede por ejemplo en la conocida migración de las mariposas monarca americanas. En Europa también, muchas especies de insectos migran, pero al llegar al sur ¿con qué se encuentran? Con el Sáhara. Y claro, cualquiera cruza eso... de modo que las migraciones de insectos en nuestra parte del mundo se suelen desarrollar entre el Magreb y el norte de Europa. Hasta que hace unos años, unos investigadores descubrieron que algunas mariposas carderas que aparecían al sur del Sáhara en otoño, venían de hecho desde Europa. Y no solo eso, sino que el mismo equipo acaba de descubrir que la siguiente generación se hace el viaje de vuelta a Europa. Lo han hecho a base de analizar la composición química de las alas de mariposas recolectadas en primavera en Europa, descubriendo así que, cuando oruguitas, se habían estado alimentando en torno al ecuador. Cómo se las apaña para cruzar el Sáhara un insecto que no tiene ni el vuelo potente de las aves, ni su capacidad para resistir el calor, ni dónde almacenar tantas reservas (que además muchas flores por el camino no hay); será la próxima pregunta a responder. Está bien eso de que nunca nos quedemos sin preguntas...

miércoles, 20 de junio de 2018

TUT

Este bonito patio tipo corrala no es de una cárcel, no: es la Facultad de Ciencias de la Salud de la TUT. Os diría que está siendo mi segunda casa en las dos semanas largas que llevo en Pretoria, pero sabéis que sería mentira: que debido al postoperatorio de Maliki estoy pasando en realidad más tiempo en casa que fuera de ella. Pero ya esta semana parece que el hombre se encuentra lo suficientemente bien como para que echemos aquí la jornada completa.

 Llegar a un laboratorio nuevo me causa siempre algo de aprensión: es el hábitat idóneo para que, con la razón que les da (supongo...) el tener que evitar peligros derivados de reactivos peligrosos, o que las muestras de unos se mezclen con los de otros; aparezcan talibanes de todo pelo, a los que hay que procurar tener a la vez lejos y contentos. Igual que hay que tener vigilados a los que roan material, o a los que no limpian/reponen su parte después de trabajar... una fauna curiosa. Pero aquí no me he encontrado ese problema: no había laboratorio, sin más. Bueno, sí los hay, muchos, y algunos con una pinta horrible; pero a Maliki le han dejado instalarse de cero en unos almacenes medio vacíos, y allí hemos estado montando nuestra esquinita (no muy distinto de los inicios de nuestro laboratorio en la planta 9, vaya).

Y nos ha costado, vamos lentos,  no sé qué nos dará tiempo de hacer en los días que me quedan. Pero la cara de felicidad de Maliki al ver sus primeras bandas en un gel, tras hacer su primera PCR, es una visión bastante reconfortante. Sumado en mi caso al alivio de ver que sí, que pese a que algunas cosas las he organizado de forma un tanto precaria, con todo y con eso funcionan. Hoy nos hemos vuelto a casa bastante contentos, la verdad. Y que dure...