domingo, 7 de octubre de 2018

Reflexión dominical religioso-musical

Mt XXV, 37-40. "... Entonces los justos le responderán diciendo: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te acogimos, o desnudo, y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a visitarte?' Y respondiendo el Rey, les dirá: 'En verdad os digo que cuanto hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis'..."

viernes, 5 de octubre de 2018

Y un viejo anochecer

Tras un día de viaje sin nada reseñable ayer noche, cenando con Andrea y Álex en su casa, que fue el último lugar donde comí antes de subirme al avión a Israel el 2 de septiembre; no es que me resultase difícil de creer el estar de nuevo allí, sino que lo que resultaba increíble era de hecho todo el mes anterior, como si hubiese sido solo un sueño bastante raro... en fin, ya lo digeriré mejor. Por de pronto, y tras deshacer la maleta y dejar mi habitación en un estado similar al que tenía hace tres años, me fui a decir "hola" a la facultad. Con algo de aprensión, la verdad, por ver cómo me miraría la gente; pero no tenía por qué preocuparme, pues es precisamente la gente que también está en esto la que mejor me puede comprender (como resulta evidente, por otra parte). Y nada, tras "reconciliarme con mi pasado", tocó darse un largo paseo junto al río, para reencontrarme con una de las vistas que más me gustan de esta ciudad. Y ea, a coger fuerzas para volver a subir de Madrid al Cielo...


miércoles, 3 de octubre de 2018

Un nuevo amanecer

Uno de los últimos en este país, vaya. Pues mañana vuelvo a España.

Suena raro, claro, que llevo aquí apenas un mes justo; pero no es una decisión basada en mi breve experiencia en Israel, sino en todos los años anteriores. Esta carrera de fondo de conseguir un puesto algo más permanente en la universidad me está gastando bastante. Es una carrera donde hay muchos factores que uno no puede controlar y que se cruzan de por medio, y donde por lo demás la competencia es muy dura y "acumulativa": uno no puede "aprender", y así subir peldaños más deprisa; si no se es de los mejores en términos de producción científica desde el principio, uno queda tocado, y remontar un CV de "normal" a "excelente", o tener mejor o peor fortuna en las evaluaciones subjetivas de becas y proyectos, no es tanto cuestión de trabajar más como de tener suerte. 
Como el proyecto que tenía que hacer aquí, aunque muy interesante en términos generales, a mí no acababa de convencerme mucho, y por lo demás una vez empezados los experimentos iban a llevar cerca de un año en concluir; tras pensarlo durante bastante tiempo, y tras hablar ayer largo y tendido con mi jefa, hemos decidido que era mejor parar ahora, antes de haber empezado con los jerbillos, que que dentro de unos meses me fuese estando por un lado yo mucho más quemado, y por otro dejando además las cosas a medio hacer.
En otro orden de cosas, en lo personal estar estoy perfectamente, no os preocupéis: con dudas con respecto al futuro, pero contento y relajado tras tomar esta decisión. Puede que solo necesite algo de tiempo; el que no tuve entre Sudáfrica y esto. Tal vez dentro de un par de meses esté otra vez echando postdocs... o haciendo algo completamente distinto, ya Dios dirá.
Como no me quedaban por lo demás otros temas pendientes aquí (no siendo tacharme la cantidad de bichos que no he visto en este país), y encontré un vuelo barato, pues aterrizo en Madrid ya mañana por la tarde. Por allí nos veremos, o por aquí, ya con algo más de calma. Y ya que cerré la primera entrada de esta breve singladura con un hit de la canción peruana, justo es que la termine ahora con otro que también viene al pelo. Que ya mañana amanecerá Dios, y medraremos...

martes, 2 de octubre de 2018

Tres vecinos

 Como por estar nublado todavía no apretaba el calor cuando volví a casa ayer tras la breve visita a la granja, resultó que había bastante movimiento de pajarillos por fuera del patio de mi casa, y mientras atendía al relato de la visita a Madrid de mi madre este fin de semana con el teléfono sujeto con el hombro (¿auriculares? De cobardes), me dediqué a sacar algunas fotos de mis vecinos, que se portaron razonablemente bien.

 Le hice varias a este papamoscas gris Muscicapa striata, especie que está resultando ser de las más abundantes en migración por esta zona (o al menos a lo largo de septiembre). Por España al contrario me da la impresión de que, sin ser escaso, los papamoscas cerrojillos se dejan ver mucho más que este... Al gris de todas maneras le tengo un cariño especial desde el año pasado, porque fue de las especies norteñas que vinieron a ponerme una sonrisa en la cara al "visitarme" en Sudáfrica; de hecho llegamos a anillas uno en el Kruger el pasado noviembre.

 Un colirrojo real Pheonicurus phoenicurus; un macho recién mudado y con el plumaje aún muy nuevo, de modo que luce mucho menos de lo que lo hará en primavera. Os decía ayer que parte de la gracia de la migración está en que cada día es distinto, en que las especies que ve uno un día pueden tener poco que ver con las de la jornada anterior; justo eso pasó ayer con esta especie, que vi por primera vez en Israel, pero que llegó a lo grande, porque estaba por todas partes...

Y acabo con un machito de suimanga palestino Cinnyris osea, la especie con la que me detuve la semana pasada. Ya veis que no luce mucho, así a parches, mudando en el dorso del irisado nupcial al pardo tipo hembra del invierno; pero aún así luce bastante. O será que me hace especial gracia, más bien... Ea, por hoy vais servidos. Otro día, otros tantos.

lunes, 1 de octubre de 2018

De vuelta a Nafha

 Hoy es Simjat Torá, el último día festivo de toda la larga serie de celebraciones de primeros de otoño. Puntualísimamente, y tal cual me habían dicho ("las lluvias empiezan al acabar Sukot"), esta noche cayó una ligera llovizna, y amanecimos hoy nublados y con un ambiente muy cargado de humedad.

 El amanecer hoy me ha pillado en concreto de vuelta en la granja de Nafha, donde la semana pasada echamos un buen rato viendo polluelas. Volvimos a ver dos polluelas pintojas, rematadamente majas, y sin querer (pero me alegro) levanté de entre los viñedos, al casi mearle encima, mi segundo guion de codornices (y ya llovió desde el primero...), que también cuenta un poco como polluela, pues no deja de ser otro rállido de espesura... Estaba la migración bastante distinta de la del otro día, con mucho menos movimiento de pequeñas aves y bastante recambio de especies; pero esa es la gracia, que todos los días sean distintos del anterior.

 Y aunque no me taché nada nuevo n la categoría "absoluta", sí sumé varias nuevas para el país; que no es tan complicado a estas tiernas alturas, por otra parte. El guion estuvo bien como especie esquiva, pero como specie escasa la palma se la llevó esta águila real Aquila chrysaetos que vimos nada más llegar en una torreta eléctrica, pues aparentemente se cuentan con los dedos de una mano las parejas de esta especie que quedan en Israel.

 Los gorriones morunos Passer hispaniolensis no son muy raros, pero al contrario que en España, donde en invierno solo se mueven de forma errática por el centro del país, aquí son una especie bastante más migradora, y muchos (también provenientes del interior de Asia) abandonan estas tierras tras criar camino de África.

Y otro que no se había ido aún a África era este juvenil de cuco Cuculus canorus. Al contrario que sus padres (que por lo demás se vuelven antes a África, ya que otros se encargan de criarles los hijos), los cucos jóvenes suelen posarse bastante en zonas abiertas como este, en postes y cables y así. Buena ocasión y época para verlos, pues. Pero habrá que ir pensando en dejarse de tanto festivo y migrar de vuelta al curro...

sábado, 29 de septiembre de 2018

El lobo zorruno

 Como adición a los campamentos surgidos al rebufo del Sukot, se ha añadido al paisaje sensorial del pueblo un elemento que me trae muchos recuerdos de Sudáfrica: un omnipresente olor a barbacoas. Y al pensar en la carne, pensé en los carnívoros, y me di cuenta de que ahí había otro nexo con mi anterior destino: en comparación con casi cualquier país europeo, Israel tiene una fauna de carnívoros mucho más variada, y de reminiscencias más africanas. La presencia humana en Oriente Medio ha sido anterior y más intensa que en Europa durante mucho tiempo, pero no así la transformación del ambiente: aquí pocas tierras se pueden cultivar, y el monte ha quedado mucho más "a monte" que en otras regiones. Faltan casi todos los grandes herbívoros que en su día hubo (avestruces, onagros, diversos tipos de antílope...), claro, porque esos sí se comen; pero los carnívoros en cambio no, y cuando no molestan mucho, pues ahí se quedan. Resulta paradójico pensar en que los carnívoros puedan prosperar cuando faltan los herbívoros, pero es un signo de su capacidad de adaptarse: las especies grandes pasan a alimentarse de ganado y basuras, y las medianas y pequeñas de las ratas y ratones cuya abundancia se dispara en torno a los núcleos humanos. De este modo, y aunque en Israel ya no hay leones desde hace mucho, y los leopardos posiblemente se hayan extinguido hace nada, sí sigue habiendo hienas rayadas, lobos, chacales dorados o caracales, amén de otros carnívoros medianos como tres especies de zorro o dos de gato montés...

Wikipedia
... Y todo este rollo para comentar que he visto mi primer chacal dorado Canis aureus, y que me ha hecho mucha ilusión. Oculto en la espesura cercana al parking del parque nacional, atento a las basuras de los excursionistas; haciendo gala a la vez del aprovechamiento y discreción con respecto al hombre que le permiten sobrevivir donde no se le quiere. Er un bicho que tenía ganas de ver, y me preguntaba si sería fácil de distinguir de un lobo, un perro o un zorro. Y sí me lo pareció en directo, pequeñajo y con una especie de "cabeza de lobezno", como muy redondeada; bastante distinto en jizz de los chacales de lomo negro que había visto en Sudáfrica, con los que, a pesar del nombre, está menos emparentado que con los lobos. Ea, a ver quién es el siguiente en subirse a mi lista...

jueves, 27 de septiembre de 2018

Un pequeño diablillo irisado

Esta mañana llegó al wasap de los pajareros locales un mensaje avisando de la presencia en el campus de un carbonero común... "pues vaya", pensaréis tal vez; pero pensadlo dos veces y decidme si tenéis o no claro si hay de forma natural carboneros en Israel... Ya os lo respondo yo: sí los hay. Pero tampoco muchos, la verdad; el mensaje estaba justificado. Hay carboneros comunes en Israel en la mitad norte del país, la que de forma natural está arbolada (y además carboneros lúgubres, una de las especies que espero tacharme aquí); y a medida que el sur del país fue siendo colonizado desde un punto de vista agrícola, el carbonero común es una de las especies que se ha ido expandiendo con el hombre, aunque de forma bastante irregular.

El carbonero me da pie a hablar de otra ave, de la que debe de ser la más abundante de Midreshet BG (entre las sedentarias, pues esto sigue lleno de migrantes), o al menos de las que más se hacen notar: el suimanga palestino Cinnyris oseus:

Click en la foto, para verla en grande en la web original. Cuando desterré mis guías de aves de Europa en favor de mi primera guía de aves de Europa, Norte de África y Próximo Oriente, descubrí que existían los suimangas (este y el del Nilo) y se contaron casi inmediatamente entre mis aves favoritas: una especie de equivalente de los americanos colibríes, también nectarívoros y de brillantes colores metálicos. Tenía muchas ganas de ver suimangas en directo, y en Sudáfrica fueron de las aves que más disfruté; y que más se hacían notar allá donde estaban, por cierto. Y aquí viene el tema del carbonero: a pesar de las diferencias de dieta, los suimangas me hacen pensar todo el rato en los páridos europeos: bonitos, no paran quietos un segundo, todo el rato buscando comida entre las ramas; y son también muy ruidosos y pendencieros. A pesar de haberme tachado ya la familia en Sudáfrica, ver el primer día que llegué aquí suimangas palestinos en directo me hizo especial ilusión, por aquello del encuentro con mi recuerdo de juventud. Y no serán tan bonitos como otras especies de suimanga, pero tener uno cerca y ver cómo el sol descubre los distintos colores de un pajarillo diminuto que a simple vista se ve todo negro es una gozada, y me puedo quedar embobado con facilidad. A falta de salir al campo de forma "seria", tampoco es mal consuelo...