lunes, 12 de marzo de 2018

Clasificado

Tres clases, tres
"Ah, que se me olvidaba. La semana que viene [que fue la semana pasada] me voy al Kruger a un congreso. Das tú mis clases, ¿vale...?"

... pues "vale", claro, qué le vamos a hacer; ni que fuese yo el primer postdoc al que le caen ocho horas de clase sin apenas tiempo para prepararlas... al menos se supone que es algo que me gusta. Y de las ocho horas, dos eran repetir otras dos: es lo que tiene que haya un grupo de inglés y otro de afrikaans. Lo que me dio más dolores de cabeza fue pensar en de qué hablarles durante el seminario de tres horas del jueves por la tarde... tenía que ser algún tema de biología de la conservación que no se tocase en el temario oficial, y a poder ser algo medianamente moderno y entretenido. tras sopesar varias opciones, decidí que "Ciencia ciudadana" era un tema tan bueno como cualquier otro; y además especialmente interesante para los que siempre andamos escasos de dinero y agradecemos especialmente que alguien se preste a echarnos una mano por nuestra cara bonita.

Pero lo que quería comentaros era que, para rellenar mejor el hueco de clases, estuve buscando algún documental que hablase del tema; y me encontré no ya con uno, sino con una serie de cuatro: The Crowd and the Cloud, que se pueden ver gratuitamente por Internet (y con subtítulos incorporados). Me parecieron una buena forma de conocer iniciativas de gente la mar de avispada: desde usar datos de los inhaladores de los asmáticos para medir los niveles de contaminación en tiempo real, hasta instalar sensores en tablas de surf para registrar cambios en el agua de las zonas costeras; pasando por los programas de censos de aves llevados a cabo por voluntarios, que son los proyectos de ciencia ciudadana que más tiempo llevan de forma ininterrumpida. Echadles un ojo una tarde de lluvia que os aburráis...

sábado, 10 de marzo de 2018

Otras criaturas rastreras (CO IV)

 Otro día en una granja cualquiera al norte de Grahamstown. Otro día en que al ver el cielo engañosamente cubierto creemos vernos a salvo del sol, pero en que las quemaduras en la nuca al acabar la jornada nos recuerdan que siempre hay que protegerse, y más en estas latitudes. "Quemaduras en la nuca" porque, como ya intuís, para buscar tortugas hay que echar el rato mirando al suelo...

 ... y mirando, mirando, uno acaba sorprendiendo a otras cuantas criaturas, que desprovistas de concha, y más ligeras, desaparecen en menos que canta un gallo. Fue toda una prueba de paciencia intentar fotografiar lagartos durante el muestreo, pues las más de las veces lo único que llegaba a ver era una centella desapareciendo entre las matas. Pero yo venía ya curtido de trabajar con lagartijas en condiciones similares en Aranjuez, y sé que si uno se aproxima milímetro a milímetro consigue acercarse lo suficiente como para dejar constancia de por ejemplo un encuentro con un Trachylepis variegata; otro escinco más de este género tan rico en especies en Sudáfrica, cuyos componentes parecen cubrir todo el rango de hábitats disponibles.

 Me hizo especial ilusión conseguir fotografiar (como herramienta imprescindible para poder identificarlas, pues mi exigua experiencia local no me da como para poner nombre a un lagarto de solo un vistazo) esta lagartija "de verdad", el primer lacértido que me tacho en Sudáfrica: un Pedioplanis (lineoocellata) pulchella. Hay en Sudáfrica muchas lagartijas como esta que de un primer vistazo recuerdan a nuestras (je, "nuestras" ¿de quién? ¿De dónde?) lagartijas colirrojas, con las que comparten querencia por los terrenos muy abiertos, todas muy parecidas. Y todas muy pequeñajas: me refiero a que todos los lagartitos que vi a lo largo de esos días eran bien pequeños, no creo que ninguno pesase lo suficiente como para pillarlos con un lazo, y por lo demás eran todos endiabladamente rápidos y desconfiados; ni hablar de cogerlos a mano. Supongo que de querer muestrearlos habría que hacerlo con trampas de caída, que otra no se me ocurre...

 ... bueno, claro, o si acaso con ametralladoras. Pues junto a las sabandijas diminutas de antes, nos encontramos también con varios varanos, leguaan por su nombre local, tanto del Nilo (que ya había visto) como de roca Varanus albigularisel mayor lagarto del continente; como la mala bestia de arriba, que con facilidad sobrepasaba el metro y medio.

 Para calmar un poco los calores de la jornada, nada mejor que dar una vuelta tras la puesta del sol, pues Grahamstown es una ciudad bastante segura. Convenientemente duchados y avituallados en el Rat and Parrot, que parecía ser el lugar de referencia de toda la juventud local, nos fuimos una noche a recorrer el jardín botánico, situado junto a la universidad y de acceso libre. Nos cruzamos con varios sapos como este, que tras dudar de si no serían Sclerophrys pardalis los di al final por S. rangeri, la especie que también tenemos más al norte.

 Este pequeñín al menos sí era nuevo: un bebé de geco, un Pachydactylus maculatus (otro género con muchas -demasiadas- especies en este país) que se asustó tanto al vernos que soltó la cola sin que lo tocásemos siquiera.

Mas lo que en realidad íbamos buscando en el jardín era otra especie, pequeña también, pero porque así es su naturaleza: un camaleón enano Bradypodion ventrale; una de las varias especies de este género endémicas de Sudáfrica, la mayoría con distribuciones tremendamente reducidas. No es que sean bichos nocturnos, pero de noche se vuelven blanquecinos y resultan mucho más fáciles de divisar entre la hierba alta y los arbustos que de día. Y además, que se va uno a la cama mucho más contento tras sumar a la lista un bicho tan carismático como un cama-león...

viernes, 9 de marzo de 2018

Pollo con espinas

Foto de su orgullosa madre adoptiva
 Üzüm, "uva" en turco, es la adición más reciente a nuestro heterogéneo círculo social de postdocs y similares. La secretaria del departamento vino hace un par de días al despacho con una caja de folios vacía; bueno, no vacía, con Üzüm dentro, y nos lo dejó para que nos ocupásemos de él. Tras cebarlo un poco con los tenebrios que tenemos para los reptiles, y ver que las tragaderas del bicho no parecían tener fin, decidí que sería más juicioso encalomárselo cedérselo a alguien con sobrada experiencia en sacar pollos adelante y un amor por los animales mucho más sentimental que el mío (pues yo habría dejado a Üzüm a merced de los depredadores, que también tienen derecho a comer, los pobres): Duygu.

Así le abre la boca el malcriado, pidiendo comida. Üzüm es un zorzal del karoo Turdus smithi, y como muchas otras aves que se alimentan de presas escurridizas (como los pingüinos, por ejemplo) tiene el paladar forrado de espinas que apuntan hacia abajo y que ayudan a que la lombriz sepa por dónde tiene que bajar, haciendo un poco las veces de dientes.

Üzum debe de ser ya de las últimas hornadas de pollos de esta temporada por aquí abajo. Pero como ahí arriba estáis a punto de empezarla, nunca está de más recordar qué hacer cuando uno se cruza con un pollito desvalido (spoiler: la respuesta no es "traérmelo"). Echadle un ojo.

jueves, 8 de marzo de 2018

Revistas borrascosas

 Hoy ha sucedido lo que muy pocas veces desde que estoy en Bloemfontein: ha amanecido nublado. Y no solo nublado, sino lloviendo incluso. Me he acordado de todas las tormentas y temporales que habéis pasado este invierno por ahí arriba; y me he acordado también de Ramón, el editor de Es Madrid no Madriz. Puede que hayáis echado en falta el número de febrero; es que no llegó a salir. Pero tras haber tenido que luchar contra los elementos, Ramón ha sacado adelante el número de marzo, y seguro que después de leerlo estaréis ya esperando el de abril. Este que toca ahora va sin colaboración mía, pero eso es lo de menos, que el resto del contenido es tan interesante como siempre. Que lo disfrutéis.


martes, 6 de marzo de 2018

A paso de tortuga (CO III)

Me estoy dando cuenta de que todavía no os he dicho qué fuimos a buscar entre las matas de plantas suculentas de la costa sur de Sudáfrica... la respuesta es "tortugas". Pero no cualquier tortuga, sino tortugas onduladas Psammobates tentorius: unas criaturas preciosas, no más grandes de adultas que una mano, con un dibujo radial en amarillo y negro en cada una de las escamas abultadas de su caparazón. Zhao, el estudiante de doctorado del grupo de Joaquín, realiza su tesis sobre las relaciones de parentesco entre las tortugas de este género; y esta especie en concreto se describió a partir de ejemplares capturados en las granjas del valle del Great Fish al norte de Grahamstown, por lo que Zhao quería muestras de tortugas de esta zona para asegurarse de estar asignando el perfil genético correcto a los ejemplares de esta especie.

Y paseamos granjas de arriba a abajo y de lado a lado, soportando sol, niebla y tormentas; y que nuestro jefe oriental no conociese el dicho de mi antiguo jefe ibérico (al grito de "al campo venimos a currar, no a sufrir" solíamos trabajar mucho, sí, pero recuperar fuerzas luego a mantel puesto). Y encima, para no encontrar ninguna tortuga... bueno, ninguna de las que nos interesaban, pues sí nos encontramos muchas tortugas anguladas Chersina angulata, especie endémica del fynbos sudafricano.

Una pareja. Al contrario que en casi todas las tortugas terrestres, en la angulada los machos son mayores que las hembras, y tienen además ese llamativo espolón en la parte frontal del peto, como el de una galera, que utilizan para intentar voltear a sus rivales en la liza por las hembras (hacia la mitad del vídeo).

Estas tortugas resultaron ser relativamente frecuentes, ya veis, y además presentaban un colorido algo variable. También les cogimos muestra de ADN, para otro proyecto del grupo de Joaquín.

Aunque en número menor, también nos encontramos varias tortugas leopardo Stigmochelys pardalis, muchas de ellas de tamaño gigantesco. Al igual que con tantos otros animales,sorprende lo cerca que puede tener uno un bicho así de masivo sin enterarse de que está ahí.

Sorprendimos incluso a un par de grandes hembras de esta especie en pleno proceso de prepararles la cuna a las futuras generaciones. Nos quedamos bastante rato mirando, pero no llegamos a ver la puesta en sí; parecía que no se quedaban nunca satisfechas de seguir excavando y profundizando el hoyo, aunque apenas ya si llegasen a alcazar el fondo con las patas...

Nos cruzamos incluso con más de un galápago Pelomedusa subrufa de excursión temeraria a través de las carreteras de grava. Podéis ver en la foto lo que os comenté en su día de la diferencia entre pleurodiros como este y criptodiros.

Finalmente, al atardecer del último día de muestreo, cuando ya dábamos todo por perdido, Zhao localizó los restos de una tortuga ondulada, muerta tiempo ha, pero mostrando aún su coloración característica. Y nos los trajimos para ver si aún había algo de ADN que rascar, que menos da una piedra... igual hasta dan para una sopa.

domingo, 4 de marzo de 2018

Inculturización

Fotografía de aquí
 No soy yo mucho de practicar deportes; mucho menos de verlos, ya me conocéis. Pero como la presión social pega fuerte, me dejé liar ayer para ir a ver un partido de rugby; igual que en Dijon fui aquella vez a ver uno de hockey sobre hielo.

En todo caso, el rugby tiene por estas tierras un arraigo mucho mayor (entre los afrikaner, cierto es) que el que tiene el hockey en Borgoña, aunque las gradas del Toyota Stadium estaban tan vacías que no daba la impresión de que los Cheetahs levanten grandes pasiones... Tal vez sea porque el equipo visitante era irlandés (los Connacht, de Galway); por algún motivo que desconozco (me lo explicaron y lo olvidé...) este año los Cheetahs juegan contra equipos europeos. El equipo local empezó ganando, pero los irlandeses remontaron y mantuvieron una ventaja cada vez más exigua a lo largo de todo el partido, hasta que en la última jugada cometieron una falta, y al tirarla los Cheetahs marcaron, se adelantaron en el marcador y sonó la campana.

 De la calidad del partido en sí no puedo decir mucho, claro, pues no sé prácticamente nada de las normas de este deporte. Me lo esperaba más "movido", no sé; daba la impresión de que a cada rato se estaba deteniendo el juego por una falta, un fuera, una asistencia médica o similar. Y en cada una de estas ocasiones el campo se llenaba de utilleros y otro personal técnico, dándole un aire un tanto informal al encuentro.

 De hecho la división entre las gradas y el campo era nula: cosa que agradecimos al estar sentados casi en primera fila, pues era una primera fila real; aunque cuando volaban balones del campo a los espectadores no pareciese tan buena idea... Al acabar el partido, el público saltó al campo con total tranquilidad para felicitar a los jugadores y hacerse selfies con ellos, y los padres para jugar con sus hijos con los balones que se habían traído de casa y así; todo como muy de pueblo en el buen sentido, muy relajado. Y no es que pierda el culo por repetir, pero al igual que con el hockey, tampoco me importaría. Además que lo mejor del evento para mí estaba fuera del campo: me duele el cuello hoy de mirar hacia arriba a cada rato, contemplando  embelesado cómo sobre el terreno de juego varios cernícalos del Amur* hacían cabriolas para capturar al vuelo los insectos atraídos por los focos... Dad gracias a Duygu por las imágenes de esta entrada, que yo me quedé sin batería intentando grabar los halconcitos.

*Para variar... una especie tan icónica que, vista la primera vez, parece volverse de lo más común y vulgar...

viernes, 2 de marzo de 2018

Los mil colores del mapa (CO II)

Junto a la puerta del despacho del que apenas salgo estos días (de ahí el poco caso que os hago) hay colgado un mapa similar a este con los tipos de vegetación de Sudáfrica; si me apuráis aún con más colores. A simple vista ya se ve que, si bien la zona centro del país, donde vivo, se ve bastante homogénea (en el mapa, y sacando la cabeza por la ventana), a medida que uno se va acercando a la costa sur el mapa se llena de parches. Y esos parches teóricos os aseguro que se corresponden con lo que uno ve en la realidad.

 El "Great Escarpment" (Gran Risco), del que la cordillera de los Drakensberg al este es la sección más conocida, limita la meseta central sudafricana. Hacia el sur va perdiendo altura a base de pliegues y más pliegues paralelos, casi como un cartón ondulado, el "Cape Fold Belt" (el Cinturón de Pliegues del Cabo). Y en esa zona, que merced a tanto capricho geográfico y al clima alberga una diversidad de vegetación excepcional, pasamos los tres primeros días de nuestro muestreo.

 Si bien la vegetación propia del entorno de Grahamstown, ciudad universitaria donde dormíamos, muy agradable y animada (tanto que hasta burros y vacas había por las aceras, comiendo directamente de las papeleras), es el "Albany thicket"; las granjas cercanas al río Great Fish, que cruzábamos constantemente a lo largo del día, presentaban una vegetación de aspecto mucho más desértico. Pasamos literalmente kilómetros y kilómetros de masas de "cactus"...

... que resultaban luego no ser tales sino masas de euforbias que, enfrentadas a las mismas presiones ambientales, evolucionaron hasta adaptar morfologías muy similares a las de sus lejanísimos parientes americanos.

Y la verdad es que en algunas especies el parecido resultaba realmente notable. Son muchas las euforbias (género que incluye otras especies tan distintas como la flor de Pascua, o las humildes lechetreznas europeas) que en África (incluidas las islas Canarias) han adoptado esta peculiar y espinosa morfología, llegando algunas a crecer como arbolillos de varios metros de alto.

En realidad también hay cactus de verdad en Sudáfrica, pero como especies invasoras. A lo largo del muestreo nosotros nos las vimos y nos las deseamos sobre todo con una especie de chumbera de tallos cilíndricos en vez de aplanados, Opuntia aurantiaca, que a la que uno se descuidaba se llevaba una desagradable caricia en las piernas.

En otras zonas (sería por el suelo, por la cantidad de agua... no sé), la degradación del matorral de Albany no devenía en matorrales de euforbias, sino en masas más o menos cerradas de aloes arborescentes de varias especies, que imagino deben de formar todo un espectáculo cuando florezcan a la vez en pleno invierno austral.


 Por tener teníamos hasta bosques "de verdad" a orillas del Great Fish: el bosque subtropical de las costas sudafricanas del Índico, que alberga muchas especies de aves y otros animales exclusivas, comienza a crecer aquí y se va volviendo cada vez más dominante cuanto más al este y al norte.

A propósito de este río, y de los verdes paisajes de la entrada anterior, me gustaría comentar una curiosidad: el Great Fish es un río grande, permanente; pero muchos de los ríos del interior del país son de cauce más bien efímero, y es ahora en verano, en la estación lluviosa, cuando deberían bajar con agua. Pero estaban todos secos, a pesar de las tormentas que se suceden con regularidad cada tarde. Aparentemente antes llovía más "a la gallega", de forma continua, con los cielos cubiertos; pero cada vez las lluvias llegan más en forma de tormenta. Tormentas que empapan la tierra y riegan las plantas, y por eso uno ve todo verde en derredor, pero cuya humedad seca luego rápido el sol que brilla de continuo, por lo que el agua no llega a los ríos. Aquí en Bloemfontein vamos camino de la estación seca, y a tenor de los avisos municipales no parece que las reservas de agua se hayan enterado de que hemos pasado la húmeda... a ver qué tal pinta este invierno.

En cualquier caso, lo que nosotros íbamos buscando era las zonas más secas de entre las secas, allí donde la vegetación aparecía dominada por pequeñas matas de plantas de hojas carnosas: los primers trazos de karoo suculento, el bioma dominante de la costa oeste sudafricana.

 Y buscábamos este ambiente porque las masas de mesembriantemo, con su aspecto a medio camino entre mata de tomillo y uña de gato, y flores de margarita (lo del centro de la foto no; eso con forma de anémona o de estrella de mar es otro tipo de euforbia, otra más...), que dominan en ese ambiente, son el alimento favorito del bicho que pretendíamos muestrear. Que ya quedará para la siguiente entrada...