jueves, 29 de marzo de 2018

Jueves Santo sin pelícanos

Jueves Santo en la catedral. Visto el llenazo del Domingo de Ramos (y ya suele estar llena normalmente), supuse que esta tarde estaría la cosa imposible; pero no, se ve que este pequeño puente* muchos bloemfontenianos se han ido de vacaciones...

Monseñor Jabulani**, el arzobispo, predicó sobre un tema que me gusta mucho: el Dios palpable, y palpador. Jesús no es una columna de fuego, un vendaval u otro ente tan magnífico como ajeno a la naturaleza humana, sino un Dios que toca: que toca el pan y el vino, Y la lengua y los oídos del sordomudo, y los pies de los discípulos. Un Dios al que Tomás mete la mano en el costado, y que aunque lo agobie la multitud siente cómo la hemorroísa lo toca. Y el tacto, la caricia, en la base del amor.

Adoro te devote, en inglés. Cantando como suelen cantar aquí himnos ingleses decimonónicos, tan solemnes y bonitos como desconocidos para mí, me dio mucha alegría escuchar una música conocida. La letra muy bien traducida, pero se saltaron la estrofa del pelícano, mi favorita. Cantaron también el Tantum ergo en alguna lengua bantú que no entendía... hasta que me di cuenta de que era latín.

* Aquí son festivos nacionales el viernes y el lunes, y toda la semana que viene es no lectiva.

** Sí, como el balón.

miércoles, 28 de marzo de 2018

Indicaciones a la costa (CO VII)

 Tras tres días de búsqueda intensiva de tortugas, amaneció finalmente el día en que debíamos dejar Grahamstown. Un día lluvioso, como bien veis, en que no daban muchas ganas de salir fuera a hacer compañía a las palomas de Guinea Columba guinea. Pero tras reparar en un taller el neumático pinchado con que nos habíamos desayunado nada más llegar cuatro días antes, partimos rumbo al sur... 
No sé si habéis jugado alguna vez a GeoGuessr. Básicamente, es una web en la que apareces en alguna carretera del mundo (ya en medio de un desierto, ya medio de una megalópolis) tal cual se ve en el StreetView de GoogleMaps, y tienes que adivinar en dónde estás. Pues bien: si la aplicación me hubiese mostrado la pequeña carretera por la que cubrimos el breve trayecto entre Grahamstown y Port Alfred, y más en un día de niebla como el que nos tocó, creo que sin dudarlo mucho hubiese dicho que estábamos en Galicia: un día de perros y una carretera maluja con un muro de eucaliptos y mimosas a cada lado, y de arbustos de flores amarillas que, mal vistos a través de las ventanas mojadas, parecían talmente tojos. Y asomando a intervalos al final del camino, el mar:

 Aunque no cualquier mar. Pues aunque ni el día ni la forma de la costa se prestaban a contemplas vastos horizontes, acababa de subir a mi lista de "cosas" el Índico. Y mirando desde la playa hacia el sur en línea recta, sin nada que estorbe de por medio, la Antártida. Suficiente como para pasar un rato contemplando el mar.

 Pero tampoco demasiado, pues como nuestro asiático capataz nos recordaba de continuo, allí habíamos ido a trabajar. Buscando tortugas le habíamos dado buen uso a las piernas, pateando las granjas de arriba a abajo, y ahora tocaba entrenar un poco el tren superior: lo que íbamos buscando vive enterrado entre la hojarasca y en los primeros centímetros de sustrato de las zonas cercanas al mar de esta región de Sudáfrica, y tuvimos que darle duro a los rastrillos para irlos haciendo asomar.

 Se trataba en concreto de dos tipos de lagartos ápodos, dos especies (o tal vez más, esa es la historia) de eslizones anguiliformes con las que en el grupo de Joaquín quieren hacer estudios genéticos: el diminuto Scelotes anguineus, apenas mayor que un dedo y fino como un fideo...

... y el no mucho más grande Acontias lineicauda/meleagris/orientalis (un caos, esta "especie"), de bonito colorido a rayas negras y amarillas que no sé para qué le sirve, pasando la vida enterrado. Muestreamos a intervalos regulares toda la costa de las bahías de Algoa y Jeffreys, y se nos dio más o menos bien según las localidades; bastante hicimos, teniendo en cuenta que íbamos un poco a ciegas. A ciegas y a la par con la vista fija en el suelo y en los rastrillos, porque los desgraciados estos se enterraban de nuevo y desaparecían a la velocidad del rayo. Así que, si ya pocas aves y otros bichos nuevos vi mientras buscábamos tortugas, menos aún en estos días sucesivos. Pero para alguna entrada que otra ya me dará...

lunes, 26 de marzo de 2018

Como ovejas sin pastor... (CO VI)

De muestreo en praderas de hierba verde caméfitos suculentos
El arranque de Semana Santa se me antoja un buen momento para contaros el momento más místico de nuestro muestreo de tortugas, allá por las granjas de Grahamstown... Aunque el muestreo iba más o menos planeado desde casa, con una serie de sitios donde pararnos a buscar, a la hora de la verdad siempre hay que tener algo de cintura: un sitio que antaño parecía bueno ya no lo es tanto, el camino por el que había que meterse aquí ahora resulta que está cerrado... cosas así. De modo que pasamos buena parte del primer día de muestreo visitando sitios un poco a salto de mata, y hablando con granjeros para que nos dejasen ver qué pinta tenían sus propiedades y evaluar si merecía la pena echar el rato buscando allí o no.
Socializar de este modo y en este entorno da para cruzarse con más de un tipo curioso... recuerdo ahora a un hombre que de tan gordo que estaba parecía una pera con patas, que apenas podía hablar por lo abotargado y que compartía un antro rezumante de mierda de vaca con no menos de quince perros... Pero la guinda de lo bizarro nos la encontramos al llegar a una granja en la que, bajo una gran carpa en el jardín como para celebrar una boda, unas cuantas mujeres estaban colocando sillas, micrófonos y demás. La lideresa se acercó a interesarse por nosotros, nuestro asiático líder le contó lo que buscábamos, apareció la verdadera dueña de la granja, repetimos de nuevo nuestras explicaciones tortugueras, y nos dimos de bruces con la amarga realidad de que, aunque "granjeras", aquellas mujeres eran más de ciudad que otra cosa (no es muy raro por aquí que gente de ciudad se compre, no ya una casa con jardín, sino directamente una granja a la que retirarse) y no tenían mucha idea de si había o no tortugas por allí. A todo esto, por las ventanas de la carpa, y las de la propia vivienda, no dejaban de asomar cabezas que nos miraban con curiosidad, todas femeninas, la mayoría de muy buen ver... Nos sacó de dudas nuestra primera interlocutora al explicarnos que eran parte de "una congregación" que se habían juntado allí el fin de semana para profundizar en su fe, y entenderla desde el punto de vista femenino (sic), y siguió con que "¿no es una extraordinaria casualidad que estén aquí estos chicos, Maripili*? ¿No recuerdas cómo en nuestra reunión en Randomburgh* estaba aquella mujer a la que le fascinaban las tortugas...? No creo que estos chicos estén aquí por casualidad... si nos lo permitís, nos gustaría rezar por vosotros y por vuestro trabajo." Tras preguntarnos nuestros nombres, la pastora (ojos cerrados, una mano en el pecho y la otra dirigida hacia cada uno de nosotros) inició una oración, secundada por las presentes con amenes regulares, en la que ex abundantia cordis iba dando gracias al Señor y pidiendo bendiciones para nosotros: "gracias Señor porque he conocido hoy a este chico de nombre tan raro. Tú hablas todas las lenguas y nos hablas directo al corazón..." "... porque desde que era pequeñito, allí en España, te fijaste en él, y lo fuiste guiando hasta que acabó aquí en la otra punta del mundo, con nosotras, y eso no es casualidad..." "... estos chicos, que pasan las horas contemplando Tu creación, y que deben de ver Tu belleza de maneras que nosotras ni imaginamos..."... así. Así un buen rato con cada uno. De las cosas más raras que me han pasado muestreando, pero ni mucho menos de las más desagradables; antes bien, se agradece que piensen en uno y en cómo ayudar. Lástima que de tortugas allí no pareciese haber ni rastro; hubiéramos sido una adición la mar de interesante a su fin de semana...

PS. Por lo demás, me dio mucha alegría ayer comprobar cómo, como en Francia, como en España, las carreras por coger sitio y los golpes a traición con los ramos en la cabeza del vecino parecen ser patrimonio de la Iglesia universal. Pocas formas mejores de entender la catolicidad que a través del desenfado...

* Nombre ficticio

sábado, 24 de marzo de 2018

Pa que te lo planteas siquiera...

 2.374 horas... pongamos que caminar ocho horas por día es algo asumible. Salen 297 días. Casi diez meses a pata...

... Sí, supongo que a mis queridos y añorados compañeros mostaceros les ha salido más a cuenta enviar mi inesperado regalo de cumpleaños por correo que habérmelo traído andando. A fin de cuentas, solo ha tardado siete meses en llegar...

... pero la alegría compensa sin duda el que casi todos los elementos comestibles hayan llegado tiempo ha caducados. Pecaría de humildad en todo caso si dijese que "no me lo merezco", que bastante tuve que aguantarlos a lo largo del interminable invierno borgoñón. Y con todo y con eso... ¡anda que no os echo de menos! Mil gracias :'-)

miércoles, 21 de marzo de 2018

Alas sobre el karoo (CO V)

 Una cabra de angora. O por ser más exacto, lo que queda de ella... El ambiente árido de la granja en que echamos la mayor parte del tiempo de muestreo no favorecía grandes despliegues faunísticos, y casi todo lo que vimos era pequeño, marrón y huidizo; o estaba muerto. Pero todo se recicla, claro: ¿veis que de lo que queda de las vainas de queratina de los cuernos de la cabra salen multitud de tubitos? Son los capullos de las polillas que se la van comiendo, igual que se comían antaño la queratina del pelo de las mantas de lana.


 Polillas, mariposas... nunca he pretendido ser un experto en lepidópteros (lo digo tanto reconociendo el pasado, como previendo el futuro), pero gracias a la cámara, sí puedo ir poniendo nombre a las especies más características. Esta es una hembra de pensamiento amarillo Junonia hierta, bastante maltrecha. Una mariposa con una distribución muy amplia, que ocupa las regiones tropicales de toda África y Asia; casi como el torillo de la entrada anterior.


 ¡La cámara! ¡Bendita cámara! ¡Lo útiles que me resultan las fotos, aunque sean malas, para poner nombre a posteriori a los bichos marrones que veo por el campo! Y marrones eran casi todos los pájaros con que nos cruzamos... Tras una revisión cuidadosa de ftos, vídeos y reclamos, estos dos se suben a mi lista sudafricana como cistícola dorsigrís Cisticola subruficapilla y bisbita africano Anthus cinnamomeus. Estoy muy orgulloso de mi lista de cistícolas y especies afines, pues aunque no llevaré ni un tercio de las locales, son bichos que me parecen tan complicados que cada uno nuevo que identifico me resulta de lo más satisfactorio. Y lo mismo podría decir de los bisbitas, pero es que apenas me los cruzo por en campo en condiciones...

Por suerte, no todos los LBJ eran tan difíciles de identificar que tuviese que esperarme a estar de vuelta en casa para consultar todas las guías, escuchar reclamos y demás; algunos ya me dieron la satisfacción de llevármelos tachados del campo, como este serín gorgiblanco Crithagra albogularis, una especie de canario bastante gorda y cantarina.

Y otros no eran nuevos, pero gusta verlos de nuevo, y que además posen confiados para uno. Este jovenzuelo de collalba familiar Oenanthe familiaris me recuerda además mucho de cara a Üzüm, que está más o menos ahora en el mismo estadio vital, con restos de boqueras y el pecho punteado típico de los mirlos y papamoscas recién emancipados (je, aunque el nuestro no parece querer irse de casa aún...).

 Los bordes de la granja venían definidos, a mayores de por la verja, por un seto de pitas más o menos continuo. Me hizo gracia ver cómo, a falta de árboles en buena parte de la zona, las aves más pequeñas de las que nidifican en cavidades de la madera muerta utilizaban los tallos secos de las flores de estos agaves para nidificar. Claro que dichos tallos muy anchos no son, por lo que los nidos que encontré, que no fueron pocos, estaban todos a apenas un metro sobre el suelo, donde había el espesor justo para que aves como el carpintero cardenal o el barbudo pío Tricholaema leucomelas pudiesen excavar su nido. Estos barbudos tienen un reclamo muy gracioso, como de trompetilla, que poco a poco voy aprendiendo a reconocer.

Y termino ya con la rapaz no migratoria que más me estoy encontrando por estos lares: el azor lagartijero claro Melierax canorus (lo de "canorus", por esto); un bicho que más que a azor a mí me recuerda a un aguilucho, con esos zancos largos y desnudos que se gasta para sacar a sus presas de entre las matas espinosas y las macollas de hierba donde puedan intentar esconderse. Pobre bicho, ¡qué calor se le veía que estaba pasando, el único día en que sí nos hizo sol durante el muestreo! Y no era el único...

domingo, 18 de marzo de 2018

Medio pie

 Ayer sábado volví a Soetdoring: la reserva cerca de Bloemfontein donde ya estuve hace algo más de un mes con los postdocs. Día de clima similar, alternando momentos de cielos despejados con otros de nubes densas amenazando tormenta, pero con temperaturas en descenso ya, que enseguida se nos echa encima el otoño. Y además con el campo menos verde, pues todas las herbáceas empiezan ya a madurar y a secarse. Momento ese del año que siempre temo en España, pues las espiguillas secas se le meten a uno por todos los resquicios de calcetines y calzado y tornan cualquier caminata por el campo en un martirio... Curiosamente no es así aquí, cosa que me ha sorprendido gratamente: casi todas las gramíneas parecen tener espigas muy suaves y plumosas, y no se enganchan en la ropa (al contrario que otras plantitas que también están empezando a fructificar por el Campus y a dar la lata).

 Si caminamos ayer, en vez de ir viendo bichos desde el coche, es porque fue una visita "académica": parte de las prácticas de campo de la asignatura de Conservation Ecology, de la que di también esas clases de hace dos semanas. Hacer la verdad no hicimos mucho, y lo que hicimos tuvo más de 'ecología' que de 'conservación', pero creo que los alumnos lo pasaron bien. Y yo encantado de salir al campo con ellos, vaya, que siempre me lo paso bien viendo cómo les cambia la cara con cada pequeño descubrimiento.

 Bichos por lo demás vimos algunos más que en mi visita anterior, aunque no nos fuimos parando a hacerles fotos, que no era lo que tocaba. Sí pude hacerle alguna a este mono vervet Chlorocebus pygerythrus que esperaba junto a la puerta de acceso a la reserva a que le cayese algo desde las ventanillas de los coches.

 Y en un momento en que los alumnos estaban ocupados midiendo espinas de acacias, también pude escaparme yo a ver qué caía. Este macho de alcaudón dorsirrojo Lanius collurio, que no sé qué hace que no está ya camino de Europa, estaba también atento a lo que se pudiera mover entre la hierba, que como el día estaba fresco y ventoso no era mucho. Pero aún soy lo suficientemente neófito en este país como para seguir sumando especies cada vez que salgo de la ciudad: en este caso una nueva para el país (pero común en Europa, el andarríos chico) y una nueva para la categoría "absoluta" (la terrera capirotada Calandrella cinerea, una alondra muy apañada y, cosa rara, fácil de identificar)...

... y una más. Una de las pocas para las que habría que establecer categoría nueva de "no me creo la suerte que he tenido" o algo así, seguramente con algún taco intercalado. Caminando por la zona de la imagen, de manchas de arbustos y hierba más o menos crecida, alternando con los senderos abiertos por los antílopes, salió de repente casi de mis pies una "codorniz". Pero que no gritó al levantarse como suelen hacer, y que voló apenas una decena de metros antes de dejarse caer, en vez de volar bastante más lejos, como suelen. Y con las cobertoras apreciablemente más pálidas que el resto de las plumas del ala... en fin. Sabía lo que era casi desde el principio, pero "no podía ser". Y tuve que levantar otro más antes de convencerme a mi pesar de que, sin planteármelo ni remotamente, acababa de tacharme el torillo Turnix sylvaticus, el que debe de ser el pájaro más enigmático del Paleártico occidental. Los torillos son limícolas con pinta de codorniz, que viven en regiones abiertas de los trópicos del Viejo Mundo. Cosa rara (pero como en otros grupos de limícolas) tienen dimorfismo sexual invertido: las hembras son el sexo más ornamentado, el que emite de noche el canto retumbante que les ha valido su nombre común para atraer a los machos (aunque más que a toro, suenan a alguien soplando en una botella). Más curiosidades: sus patas parecen las de pequeñas avutardas porque no tienen dedo posterior, lo que les valió el nombre inglés de hemipodes. Y no excretan urea (blanca) junto con las heces como casi todas las aves, sino urato (azul).

Solo una especie aparece/ía también en Europa: el torillo andaluz, que vive además en toda África subsahariana (incluido Soetdoring, por lo que se ve), la India, Filipinas y el Sureste asiático. Los torillos vivían en el Paleártico en torno al Mediterráneo en un hábitat muy concreto: zonas de vegetación muy abierta cerca de la costa, normalmente palmitares. Y como estas zonas han dado paso en su mayor parte a urbanizaciones, pues allá fueron los torillos. O no, no se sabe: salvo en época de cría es una especie muy difícil de detectar, que se sabe que queda en un par de sitios contados de Marruecos y que probablemente ha desaparecido ya de la Península. O a saber... Vaya, que con tanta suposición en torno a la especie, os podéis imaginar lo poco que contaba yo con verlos... un reto vital menos.

viernes, 16 de marzo de 2018

(Herpetos) Medianos

Como no me da la vida (para variar) para sentarme con las fotos del viaje al Cabo Oriental y seguir organizándolas, vamos a meter una entrada algo diferente, aunque no muy desligada del tema de los herpetos. Ya sabéis que Bloemfontein es famosa (es un decir) entre otras cosas por ser el lugar de nacimiento del amigo Tolkien. Y aunque el escritor dejó el hemisferio sur con solo tres años, la ciudad y el país se enorgullecen de haberle visto dar sus primeros pasos: su casa natal se la llevó por delante una riada, pero sus restos se conservan en un hostal no lejos de la universidad. Y son tres (que yo sepa) las especies de herpetos locales bautizadas en honor a sus personajes más queridos: los hobbits.

Wikifoto
 Empezando por la rana de tormenta de Bilbo Breviceps bagginsi. Las ranas de tormenta son anfibios muy pequeños y propios de zonas arenosas que pasan casi toda su existencia enterrados (por lo que son muy difíciles de detectar; esta especie en concreto se describió aún en 2003), a la espera de que caiga alguna tormenta excepcionalmente intensa. Entonces salen en tropel de sus refugios, se reproducen, y desaparecen de nuevo. No sin antes dejar tras de sí un reguero de renacuajos y de fotos curiosas.

CC - SAIAB
 También muy pequeña, difícil de detectar y descrita hace nada (en 2014) es esta otra rana, el caco de Thorin Cacosternum thorini, rey de los enanos. Los cacos son unas ranas, ejem, enanas, que salen de la nada en cuanto llueve y forman coros ensordecedores en las charcas donde crían... coros tan ensordecedores como exasperantes, pues incluso teniendo la nariz pegada al agua son casi imposibles de ver, pues cantan camufladas entre la vegetación flotante sin apenas asomar a la superficie.

Wikifoto
 Acabamos la entrada con una bestia parda, el lagarto armadillo gigante Smaug giganteus, de notable parecido con un dragón. A pesar de su tamaño, es también tristemente muy difícil de ver, pues sus poblaciones se han visto muy diezmadas por el mercado de mascotas. Viven en grupos familiares en madrigueras, en zonas de praderas de montaña, y por la mañana salen a solearse a la entrada de las mismas, estirados hacia arriba en una postura característica que les ha valido su nombre inglés: sungazers, "los que miran fijamente al sol". Un nombre que bien podría firmar el que ha inspirado esta entrada...

Y cierro ya la entrada con una foto de Radagast el Pardo, cuidando de una de sus criaturas, cagona y casi tan apestosa como él...