miércoles, 8 de noviembre de 2017

Gardar as pitas

Echaba humo a primeros de mes el grupo de whatsapp familiar con imágenes de tumbas recién adecentadas; y claro, me puse morriñento... Lo curioso es que me dio por pensar en una cosa bien concreta: en gallinas en el armario. Y no queráis leerlo con malicia, que lo digo en sentido literal: de pequeño en la aldea "gardar (y sacar) as pitas", esto es "meter las gallinas", era para mí uno de los puntos álgidos del día, el que me fastidiaba mucho que mis abuelos hiciesen sin avisarme... y así era el asunto: al lado de la casa vieja de mis abuelos, donde ahora se yergue otra de dudosos acabado y utilidad, estaba antes de la reforma la palleira. "Palleira" donde había leña, sacos con trigo y maíz y jaulas con conejos, pero que no recuerdo que tuviese nunca paja... no pasa nada; tampoco las tarteras suelen tener tartas, y supongo que por eso para evitar decepciones las llamamos tuppers. En la palleira había además un armario, construido aprovechando el hueco bajo las escaleras de la vivienda principal, y ese es el armario del que os quería hablar. Cada tarde, al caer el día, las gallinas empezaban fuera a congregarse junto la puerta del gallinero (construido también aprovechando el voladizo de una galería; me estoy dando cuenta ahora de que la casa está de lo más aprovechada), esperando a que apareciese alguien para abrirles la puerta. Y en cuanto eso sucedía, salían para, en fila, recorrer mecánicamente el camino hacia el interior de la palleira. Siempre había alguna que se detenía a picar una piedra o una hierba, y por eso había que ir detrás pastoreándolas con una escoba (eso era lo que yo estaba siempre deseando hacer, arrearle con maldad infantil a las rezagadas), pero en general se dirigían sin más dilación hacia el armarito previamente abierto. Allá entraban todas a posarse en los poleiros (los palos, esos del refrán, el de la mierda) cacareando por lo bajo, se les cerraba la puerta y hala, a dormir, en casa, como las personas. Y por la mañana lo mismo, al revés: "prepararles el desayuno" (cambiar el agua de la pota donde bebían, echar una mezcla de pienso, trigo y maíz picado en el comedero, y atarles un mañizo de berzas a la verja), abrirles luego la puerta, y allí que se iban todas sin necesidad de indicarles el camino; algunas ya casi con el huevo asomando, que se metían directas al ponedero antes incluso de comer...

Y lo que para mí era de lo más normal, lo de "guardar las gallinas en casa en un armario por la noche", claro, no me di cuenta de que igual no lo era tanto hasta que lo comenté no recuerdo con quién... Pues comentado con vosotros queda también.

2 comentarios:

  1. Aún a estas alturas cuando visito a mis abuelos en la aldea, que pasan el "verano" allí (entendiendonse que lo estiran bastante más pues a 9 noviembre allí siguen), de las cosas que más disfruto es de ver a las 4 pitas que tienen allí en el patio picoteando todo lo que se encuentran. Y ya de pqueño tb m gustaba entrar en la palleira, cambiarles el agua, mirar si había huevos, echarles d comer, alguna berza tb...

    Quién diría ahora que iba a ver gallinas y pollos por doquier. jaja

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    1. Ya ves, tú sí que te has vuelto pastor de gallinas...

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