domingo, 18 de noviembre de 2018

Un africano en Madrid

 He pasado un fin de semana la más de entretenido haciendo de anfitrión y cicerone: Adriaan, un sudafricano de sangre y marfil (que no de ébano), uno de los del grupo de Joaquín, ha venido a Europa por vez primera, a empezar esta semana que entra un curso de una semana en Barcelona; y ya que volaba a Madrid, pudo adelantar el viaje y pasar aquí el fin de semana, haciendo algo de turismo.

 La ciudad le gustó mucho, y prácticamente todo le sorprendió mucho más; gastamos mucha suela yendo de un lado a otro y a todas horas del día, para que entendiese bien lo mucho que eché de menos yo allí el poder pasear con tranquilidad a cualquier hora (y el tener una ciudad pensada realmente para poder pasear). Como al chico le tiraba más el monte que entrar en cualquier museo, subimos además ayer sábado a patear la sierra de Hoyo: un lugar con muchas rutas al que se puede llegar fácilmente en autobús además.

 El relieve característico del paisaje granítico no solo me recuerda a mí mucho a Galicia, como ya he dicho a menudo, sino que le recordaba a él poderosamente también su Nelspruit natal, bien cerquita del Kruger (del que hace ahora un año que me despedí ¿para siempre?), y echamos un día muy entretenido saltando entre las piedras, siempre cerca del agua que ahora en otoño ya vuelve a correr, visitando sitios donde yo ya había estado, y también otros nuevos.

 Una zanja profunda en el granito, llena de agua: una mina de wolframio abandonada. Nos dedicamos con especial ahínco a examinar las zonas acuáticas porque lo que al chaval le pirran son los herpetos, y tenía en especial ganas de ver urodelos, que no tienen en África subsahariana; pero nos comimos bastante los mocos me temo. A ver si se le da mejor esta semana en el pueblecito de Barcelona donde tienen las clases...

 En cualquier caso, el monte le gustó también mucho, tanto como la ciudad. La veíamos allá a lo lejos, al otro lado del embalse y monte de El Pardo. Pena que el día no estuviese más claro, que podríamos haber mucho más allá...

 No se nos dio bien con los anfibios, y la falta de sol hizo que tampoco se le diese a las lagartijas por salir a broncearse por última vez este año, así que de reptiles también nos quedamos muy escasitos, aunque al menos no nos volvimos de vacío: a base de perseverar, encontró Adriaan varias salamanquesas husmeando en las grietas de las rocas...

... y esta culebrilla ciega Blanus cinereus bajo la última de varios cientos de piedras levantadas. Bueno: no es ni de lejos la especie más fácil de ver, así que ya le queda tachada para cuando vuelva a Europa...

martes, 13 de noviembre de 2018

"Polo Douro abaixo vai..."

No sé si las truchas del Duero tienen la misma propensión al bipedalismo que las gallegas, pero bien podría ser... Estos días en que ando a vueltas con que si peces, que si no peces, me resultó curioso encontrarme con que se había estrenado* este año un documental bastante fuera de lo común: Durienses, que trata sobre los peces endémicos de la cuenca del Duero (que, de los autóctonos, son casi todos; en todas las cuencas ibéricas abundan las especies exclusivas). Lejos de los animales grandes o de colores espectaculares de los documentales de arrecifes, todas las especies que salen aquí son medianejas y grises, pero el resultado, bien rodado, y sobre todo bien montado y contado, no deja de ser digno de admirar; y ver por ejemplo con todo lujo de detalles las migraciones reproductoras de los barbos demuestra que no tienen nada que envidiar a las de los salmones de latitudes boreales. Os dejo abajo con el tráiler, y espero por mi parte poder verlo pronto...

*No ha salido en cines como tal; se puede solicitar y organizar un visionado, como este viernes en Rábade (Lugo), si os pilla a mano).

trailer DURIENSES: los endemismos del Duero from BICHO Prods on Vimeo.

sábado, 10 de noviembre de 2018

"¿A fotos o a setas?"

 En un intermedio entre frente y frente de esos que están empapando Galicia estos días, y que nos llegan al centro bastante más atenuados, aprovechamos ayer el festivo de la Almudena para salir al monte a por setas; a algún punto de la carretera que une Miraflores de la Sierra con el puerto de Canencia, por ser más precisos (pero no demasiado, que los seteros son como los pescadores, y se me enfadarán si doy más detalles).

 Un gustazo, salir a pasear al sol, y por un bosque rozagante, de mil colores, húmedo y fragante; en el límite mismo entre melojar y pinar. Como al principio hacía algo de aire y no se notaba mucho movimiento pajaril, me entretuve intentando buscar composiciones fotográficas apañadas (que como no controlo el claroscuro del bosque salieron rematadamente mal). Pero, remedando el chiste aquel, mis compañeros no tardaron en darme un toque y una cesta, para que me quedara claro a qué habíamos venido.

 Así que nada, a setas estuve el resto del día, con poca fortuna en lo que a encontrar con qué quitar el hambre se refiere, y alguna más en lo tocante a la cámara... os enseño ahora un par de hongos un tanto curiosos, y ya tal vez la próxima salida al campo tenga algo más de bicherío:

 Un Coprinus sp., un matacandil: una seta de un grupo de hongos delicuescentes, que en cuanto maduran se disuelven en un jugo como tinta. Hay un sinnúmero de especies; algunas se comen cuando jóvenes. Por el color este tenía pinta de C. atramentarius: una especie comestible... pero tóxica si se mezcla con alcohol,causando entonces malestares estomacales varios que, por una vez, eximen al exceso de vino de la culpa.

 Y esta cosa amarilla "seta" no es, pero hongo sí: una Tremella aurantia. Las Tremella resulta que son hongos parásitos, cuyas hifas se entrelazan con las de otras especies que crecen en la madera en descomposición (los pequeños Stereum sp. pardos de la foto, en este caso), aprovechándose de los nutrientes que liberan.

#otoño, #Canencia, #Guadarrama, #setas, #campito, #Almudena, #notengoInstagram, #tampocoloquiero

jueves, 8 de noviembre de 2018

Con los pies y la cabeza en el agua

¿Queréis quedar conmigo, ahora que estoy por Madrid? Invitadme a un café los lunes o jueves, de nueve a once: es cuando viene la señora a casa, y así no estoy yo estorbando por el medio. Si no, como esta semana, saldré a pasear: al monte, a algún parque, o a la calle sin más: a ver cómo discurre el fluir de peatones por las calles y de gaviotas por los cielos, luchando unos y otras con el viento racheado y cargado de agua...
Si no, seguramente me encontréis en casa, pensando en qué quiero hacer para no estar tanto en ella: trascurrido algo más de un mes tras mi regreso de Israel, no podría estar más satisfecho y relajado con la decisión tomada; ahora mismo no querría estar ni allí ni en ningún otro sitio fuera de Madrid. Pero estoy si cabe aún algo más perdido con respecto a qué quiero hacer de ahora en adelante... Los primeros días estaba bastante convencido de que, seguramente, tras un par de meses de descansar y aburrirme estaría echando solicitudes de postdoc de nuevo; ahora no lo tengo ni remotamente tan claro: no sé si es alguna fase del duelo o qué, pero la sola idea de ponerme a leer algún artículo o a analizar datos me produce ahora urticaria. Empiezo al mismo tiempo a ver con ojos menos malos la perspectiva de, finalmente, ceder a las presiones familiares y acabar haciendo el máster de profesorado (el antiguo CAP) para probar fortuna en el campo de la educación secundaria. A Dios gracias tengo tiempo aún antes de tener que tomar esa decisión: dado que el curso ya ha empezado, para hacer ese master tendría que esperar hasta el próximo septiembre. Me queda tiempo pues entremedias para ir pensando en otras opciones más satisfactorias. Y también para ir pensando en cómo llenar la barriga, cuestión esta un tanto más perentoria; a poder ser haciendo algo más satisfactorio que la última vez que me vi en estas. Estos días, tras hacer caso a YouTube, ver el vídeo que me sugería y acabar recayendo en una crisis aguda de "acuanostalgia", estoy dándole vueltas a que trabajar en una tienda de animales podría ser una opción bastante satisfactoria, no solo para unos meses, sino tal vez incluso para unos años; los que me queden de aquí a la jubilación... ya os iré contando cosas.

martes, 6 de noviembre de 2018

Camino

Cuando uno busca rutas para salir a caminar al monte, las hay que llevan a alguna parte. Y luego, las hay circulares...

viernes, 2 de noviembre de 2018

... y el vivo al bollo

La visita a la aldea no buscaba un fin meramente espiritual, claro, sino también nutricional. A los restos veraniegos (tomates, berenjenas, dos sandías) y a las patatas, que deberán durar hasta la cosecha siguiente, se unen ahora los frutos propios del otoño: muchas manzanas este año, de esas manzanas de huerta que, picadas por los bichos y maltratadas por el tiempo cambiante, no lucen ni por asomo tan perfectas como las de las tiendas, pero que saben mucho mejor... salvo que las nuestras, ni eso: no saben a nada, y si por mí fuese esos manzanos ya no estarían ahí. Como contraposición, solo cuatro membrillos, pero que, aun estando medio verdes, ya saben y huelen bastante mejor. calabazas butternut también, de varias razas: veis una mínima parte de las que son. Una saqueta de nueces colgando de la bicicleta, que más estática no puede estar y que solo se usa de perchero; y un cesto con solo una pequeña parte de las castañas que llevamos cogidas este año y que son, como de costumbre, más de las que nos llegaremos a comer. Cosas de la mentalidad: estuvimos recogiéndolas, espalda arqueada, hasta que ya literalmente no se veía nada; pero no por el gusto de darles salida, sino "para que no vengan a cogerlas otros"... 

jueves, 1 de noviembre de 2018

El muerto al hoyo...

Días de no-puente sin noticias especialmente relevantes: los telediarios incluyen piezas sobre los cementerios, pero los de la Televisión de Galicia las incluyen, varias, en todos, y las primeras. Podría querer decir algo, o no; no sé, no soy etnógrafo, solo soy de Orense. Salen la señoras a las que entrevistan con el cubo y la bolsa con el cristasol y los trapos en una mano y la escalera en la otra, diciendo que para ellas eso no es cuestión de un día particular, sino hábito rutinario. Sale una señora diciendo que viene de visitar a su hermano, y otro que "a un familiar. Porque chegamos a una idá (sic) que xa tes máis familia e amistades alí que aquí". Esa es también, en cierto modo, la idea de la comunión de los santos.. o eso creo, que tampoco soy teólogo.
Y murió ayer de madrugada, casualidades de la vida, una amiga de mi madre, así que además de cementerios tuvimos tanatorio. Ambiente de llantos y risas, como de costumbre; bueno es, eso de recordar los momentos en que alguien te hace reír. Comentarios velados sobre qué ramo o corona luce más (el precio, y lo que no es el precio, van implícitos). Y me da por pensar en si estaré o no en muchos velatorios de amigos, y en que me gustaría que mis hijos (...) viniesen no por compromiso, sino también por amistad. Y en que me gustaría que nos riésemos también.


Dejamos nosotros también ayer la "segunda residencia" arreglada (tampoco, en este caso, es cosa de una vez al año), y mi sobrina, que ya pasó (bastante jovencita) la fase infantil de miedo a la muerte, se pasea por la trasera de la tapia haciendo un ramo horroroso de restos de flores de plástico de los chinos, maltratadas por el viento y la lluvia, con el color comido por el sol y cubiertas de verdín, que insiste en dejar también frente a la tumba. Una señora del asilo de la aldea le comenta a la cuidadora que la ha subido hasta el cementerio que ella le paga más al seguro "porque o básico solo cubre dúas coronas de flores, e eu quero moitas...". Prol, Cid, Conde, Folgoso, Blanco... el pequeño puñado de apellidos característicos de la zona se reparte entre tumbas y nichos, contando mudos historias que tal vez en su mayor parte ya nadie recuerde... aquí abajo, digo. Ya las recordaremos todos juntos, que prisa no hay, pero pausa tampoco.