martes, 19 de junio de 2018

Tres perchas con tres perchados

Un área bastante abierta de la ladera norte del Botánico de Pretoria, donde moviéndose de áloe en áloe me encontré al tejedor de la entrada anterior. y donde a nada que uno se descuide asusta las pintadas (¿las veis, en la foto?), que salen volando y gritando, y espantando las aves en que uno está interesado. Y la arquitectura del Herbario Nacional (el edificio de la imagen) no es que sea tan entretenida... Pero si se quedan calladas puede uno acercarse con cautela a las otras aves lo suficiente como para sacarles fotografías medio decentes.

 Un alcaudón fiscal Lanius collaris. Me resulta extraño mezclar esta especie con lo de "con cautela" que he escrito arriba, pues en Bloemfontein estos alcaudones son de las aves de jardín menos temerosas. Pero encuentro los pajarillos comunes aquí en Pretoria mucho más huidizos que allá en el Free State, no sé por qué...

 El drongo ahorquillado Dicrurus adsimilis este no me dejó acercarme apenas, pero no sé si en Bloemfontein son menos miedosos... porque allí no los hay. O no los he visto, mejor dicho, que la guía sí lo menciona en casi toda Sudáfrica. Aunque sí es verdad que cuando los vemos en el Kruger suelen dejarse acercar bastante más... Hasta anillamos uno en noviembre y todo; me sorprendió que era la mar de ligero, todo pluma (muchos pájaros en mano resultan ser así, pero este especialmente), y que las patas vistas de cerca me parecieron palillitos enclenques.

Este en cambio no tenía nada de desconfiado, y le saqué varias fotos a nada y menos de distancia. Es un papamoscas fiscal Melaenornis silens, así llamado porque como veis (aunque los veis de frente a los dos, y no se aprecia demasiado bien) su plumaje es idéntico al del alcaudón. Supongo que debe de ser algún tipo de mimetismo batesiano; imagino que los alcaudones deben de ser agresivos si te acercas a su nido o intentas capturarlos, mientras que estos papamoscas son unos cachos de pan. Pero el colorido pío en realidad se lleva mucho entre las aves africanas, incluyendo, curiosamente, la especie de críalo que suele parasitar esta especie (y al alcaudón, de hecho): el críalo blanquinegro Clamator jacobinus. Uno que aún tengo pendiente, por cierto... vi "uno" en el Kruger en noviembre, pero no pude verlo lo suficientemente bien como para saber si era ese o su primo el críalo listado C. levaillantii... y los dos no volverán por aquí hasta el verano que viene. Vaya, me da que me pillará algo lejos...

lunes, 18 de junio de 2018

"Pavís, pavós..."

 Una Cussonia, Ramón, que sé que te gustan. Pero C. spicata, no paniculata como las que tenemos en el Free State; esta es incluso mayor, ya veis qué arbol m´s garboso llega a ser. Me hacen bastante gracia las cussonias a mí también porque son araliáceas, plantas de la misma familia que la hiedra. Y como en Europa las hiedras son las únicas araliáceas pues claro, yo pensaba que era una familia de plantas trepadoras, cuando eso resulta ser más la excepción que la regla, y repartidas por el mundo hay otras tantas araliáceas que son árboles o arbustos. Varias de las cuales se usan también como plantas de jardín o de interior, como las fatsias o las scheffleras...

 Ya os dije ayer que había vuelto al Botánico el sábado... y el día empezó con cabreo, la verdad: ¿veis las casetas, asomando la nariz entre el ramaje? Llegué al jardín y me encontré con la desagradable sorpresa de que se iba a celebrar durante todo el día la "Feria de la Cerveza": miles de personas, música a todo volumen y olor a cerveza y barbacoa ya desde las nueve de la mañana. No tengo nada contra el evento en sí, pero no entiendo por qué en este país (pues en Bloemfontein sucede lo mismo) utilizan los jardines botánicos, que deberían ser entiendo yo zonas protegidas y tranquilas, para estos saraos; como si no sobrasen plazas, parques o polideportivos en la ciudad...

 En fin. Como por suerte el jardín está organizado en una colina y la feria esta estaba en la ladera sur, pues pasé el día en la norte, la de vegetación más natural, a resguardo de la música y disfrutando del sol.

 Y viendo pájaros, claro. Estoy disfrutando bastante aquí en Pretoria viendo varias especies subtropicales que, aunque ya me las hubiese tachado en el Kruger, como no las tenemos en Bloemfontein pues siempre hace ilusión volverlas a ver. Aunque este de la foto sí lo tenemos, pero no había conseguido antes hacerle una foto decente. Es un barbudo crestado Trachyponus vaillantii, o como lo llamamos Joaquín y yo puka-puka, pues según la guía ese es el ruido que supuestamente hacen las hembras (mentira). Hay varias familias de barbudos por el mundo adelante, parte del orden de los Piciformes, diversificado sobre todo en Sudamérica, y cuyos miembros más conocidos son los pícidos, los pájaros carpinteros.

 Y un pájaro carpintero, el pito colidorado Campethera abingoni, fue precisamente el primero de mis bimbos del día. Uno que me hizo especial ilusión, pues mi lista sudafricana cojea mucho en esta parte de la guía, aunque no haya tampoco muchas especies de carpintero en el país...

Sí estoy más orgulloso de mi lista de tejedores, que suma ya a lo tonto trece especies, una más de la mitad de todas las que hay en el país. Ese de "la mitad más uno" fue precisamente el pajarete amarillo que veis ahí pequeño en la foto (aunque en realidad es un tejedor bastante robusto): un macho de tejedor de El Cabo Ploceus capensis, que estaba, cómo no, disfrutando de lo lindo del néctar de los áloes.

Y eso, "cada día dos"; cada vez que me acerco a este Botánico vuelvo con dos bimbos, no está mal... por cierto que el título de la entrada viene de una versión del cuento de "La princesa y la sal" que me contaba mi tía y que no encuentro por internet, que sumaba a la base del cuento (lo que os enlazo) una escena en la que la muchachuela tenía que cuidar de unos pavos que se le escapaban siempre, por lo que, enojada, les daba matarile, a un par cada día, recitando que "pavís, pavós/la hija de un rey/¿cuidando de vos?/¡Eso sí que no!/Cada día, ¡dos!"... tendré que buscar mejor, que la historia merecía la pena.

domingo, 17 de junio de 2018

Domingo botánico

Ez XVII, 22-24. "Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré (...); la plantare en la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto, y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas..."

Venían hoy las lecturas de Misa cargadas de referencias a plantas y aves, desde la que encabeza esta entrada hasta la famosa planta de mostaza donde se cobijan las aves...; y me hizo pensar, claro, en que ayer, a falta de algún sitio mejor, volví al Botánico de Pretoria, con la buena fortuna de volver a tacharme dos pajaretes. Pero dejo eso para otro día, así como el sitio nuevo y el bimbo de hoy domingo; lo dejo para otro día porque me hizo gracia recibir esta foto en el móvil:

Un áloe florecido, como esos con los que os doy la turra en casi todas las entradas de este mes. Pero uno "nuestro", ni más ni menos: un Aloe vera que tenemos en la aldea, del que mi madre envió foto al grupo de wasap familiar porque le gustó verlo florido. Y me gustó verlo a mí, porque me dije "míralo qué majo, que aunque está en el hemisferio equivocado florece al mismo tiempo que sus parientes...".Y os iba a contar esto mismo, hoy y ahora, y al ir a enlazar la información que justificase mis palabras, me las he tenido que comer con patatas cual Presupuestos heredados del gobierno anterior: resulta que el Aloe vera no viene de aquí del sur de África sino del hemisferio norte. Del suroeste de la península Arábiga, según parece. Lógico, por otra parte, teniendo en cuenta que es una planta conocida desde antiguo. Y nada: se ve que casi todos los áloes sudafricanos florecen en invierno (y digo ya "casi" porque no quiero pillarme más los dedos), y al menos el A. vera en verano; pero unos y otros en las mismas fechas, a fin de cuentas. Ea, sabido os queda, igual que a mí.

viernes, 15 de junio de 2018

Durmiérdose por las ramas (del árbol filogenético)


 Ayer por la tarde fui a una charla en el museo de ciencias naturales de Pretoria; una de creo una serie de conferencias anuales en memoria de Austin Roberts, eminente zoólogo sudafricano de la primera mitad del S. XX. A las horas en que la charla tuvo lugar el museo ya estaba cerrado al público, de modo que no pude ver gran cosa de las colecciones. Pero lo poco que vi, me pareció que podría merecer la pena... si en lo que me queda aquí saco algún tiempo libre que no pueda dedicar a ver bichos en vivo y en directo, seguramente vuelva.

La charla: una científica local, directora del Centro de Zoonosis Víricas de la Universidad de Pretoria, nos habló de las investigaciones de su grupo en torno a las interacciones entre murciélagos y enfermedades trasmisibles al hombre. La charla estuvo muy bien, muy interesante; pero realmente lo que más me llamó la atención fue un detalle que ella mencionó de pasada: resulta que mi información sobre las relaciones de parentesco entre murciélagos estaba totalmente desfasada.


Fotos libres uno, dos y tres
Tradicionalmente, los murciélagos se han dividido en dos grandes grupos: microquirópteros (especies de medianas a muy pequeñas, generalmente insectívoras y con ecolocalización, como las de las dos primeras fotos) y macroquirópteros (los "zorros voladores, de medianos a muy grandes, frugívoros y sin ecolocalización; un grupo por lo demás de aspecto bastante homogéneo). Pero resulta... ¡que no! Al igual que cuando gracias a análisis filogenéticos exhaustivos descubrimos, entre otras cosas, que los halcones estaban mucho más cerca de los loros que de las otras rapaces diurnas, resulta que buena parte de los "murciélagos pequeños" están en realidad más cerca de los zorros voladores que de los otros microquirópteros. Especies por ejemplo como los murciélagos de herradura (en el centro), de las que tenemos unas cuantas en España), y que comparten por ejemplo con sus redescubiertos familiares la costumbre de descansar colgados cabeza abajo envolviéndose en las alas, en vez de usar posturas más cuadrúpedas, como los otros microquirópteros. Tantos años viéndolos colgar y sin darle la mayor importancia para que al final, mira, resulta que sí había ahí algo detrás. Algo más que sus divertidas cabezas, digo.

miércoles, 13 de junio de 2018

Verano festivo

Miércoles 13 de junio. Me di cuenta desde pequeño de que cada año una serie de eventos festivos que son o eran relevantes en mi familia tenían lugar en verano el mismo día de la semana: empezaban hoy, San Antonio de Padua, patrón menor de mi aldea, pero muy celebrado por ser el santo de mi abuelo y el del que esto escribe. Saltando cinco semanas, el mayor de los mencionados celebraba su cumpleaños el 18 de julio (y tocó omenajearlo por muchos años). Una semana más tarde, el 25, fiesta grande de Galicia y de mi barrio en Orense. Una más y el 1 de agosto era San Fiz, la fiesta grande de la aldea. Dos más y la Asunción, fiesta grande, a secas. Y dos semanas más tarde me tocaba a mí soplar velas, dando con eso conclusión un verano de celebraciones domésticas. Un verano saludado, como todos los veranos, por el canto repetitivo de las abubillas. Espero que os guste mi artículo y en general el número de junio de EMNMM...


martes, 12 de junio de 2018

Smog, y una mochila rota

Maliki iba hoy al hospital a hacerse curas de la operación de la semana pasada, de modo que me he quedado en casa, haciendo uso de la fantástica WiFi que hay aquí. Mirando por la ventana, me he dado cuenta de que en Pretoria hay una cosa que hacía mucho que no veía, pues no parece que la tengamos en Bloemfontein: contaminación. O por ser más precisos, una boina de humo de coches y calderas como la que es desgraciadamente famosa en Madrid. Bloem es pequeño, plano y muy ventoso; y como Pretoria viene siendo lo opuesto, pues ahí veis el humo amontonado en el fondo del valle, sobre el centro de la ciudad...

Más desgracias. Ayer cascó una de mis posesiones más preciadas: a mi mochila se le rompió, por puro desgaste, una de las asas. A la otra poco le falta también, la verdad es que la única duda estaba en saber si se rasgaría antes el lado derecho o el izquierdo, pues estaban los dos en las últimas. Me da pena, pues por lo demás esta mochila, que creo tengo desde 2009, pues me suena que la compré para llevar en ella el portátil a mi primera estancia en Sueca, estaba muy desgastada en el exterior, pero seguía aguantándome el trote de un lado a otro por la ciudad y el campo, pues raro es que vaya yo sin mochila. Os alegrará saber que ya no me quedan más excusas para usar en el campo la mochila que me regalasteis por la tesis, que no es que no me guste, que me gusta mucho, pero... es que esta me gustaba más.

domingo, 10 de junio de 2018

Y más Botánico aún...

 ... por si os habíais quedado con ganas. Ya sé que llevo tres entradas seguidas para describir una única visita al botánico de Pretoria el miércoles pasado, pero es que ayer se me cayeron algunos planes de pajareo más ambiciosos que tenía entre manos, y terminé por volver a darme una vuelta por el mismo sitio. Caminando mucho mas despacio y parándome en casi cualquier esquina, ahora que ya lo había visto y sabía a qué atenerme. Y tal vez por eso, y a pesar de, al ser sábado, haber mucha más gente, no solo vi de nuevo las dos especies que sumé el miércoles, sino que añadí a mayores dos más. Si es que en esto del campo la paciencia es la clave...

 Ea, vamos con algunos pajarillos, que de lo no emplumado no vi nada destacable. Os pongo esta foto de un bulbul naranjero Pycnonotus (barbatus) tricolor para tener en el blog fotos decentes de los tres miembros sudafricanos del género, y que veáis cómo cambia el color de los ojos (y un poco el del plumaje también).

 Sirva lo mismo para este zorzal de Kurrichane Turdus libonyanus, aunque en la provincia de Gauteng coinciden este y el del Karoo, del que se diferencia, si os fijáis en la foto de hace unas entradas, por tener vientre y pico más naranjas, y además un pequeño babero blanco y negro.

 Un alcaraván de El Cabo Burhinus capensis, al que su nombre inglés de "alcaraván punteado" (spotted thick-knee) le viene la mar de bien. Ya sé que lo he sacado más veces en el blog, pero es que ¡es un bicho que me gusta mucho! Por ser el primero, para empezar, y porque como en España veo alcaravanes de Pascuas en Ramos, se me hace muy raro (y como que haya que "estarles agradecido") verlos aquí como aves casi urbanas.

 Os dije arriba que me había bimbado dos especies, y esta es una de ellas: un ave-ratón común Colius striatus, con la que completo las tres especies de la guía del sur de África (esto del coleccionismo, ¡cómo es!). No la he pillado nada bien, ahí solo de medio cuerpo y entre el ramaje, pero aun gracias, porque del otro bicho nuevo solo tengo una foto horrorosa. Y me fastidia, porque era un bicho de lo más chulo: un busardo gavilán Kaupifalco monogrammicus, una rapaz a medio camino entre busardo y gavilán (je) que caza sobre todo lagartos. Lo pillé de casualidad al escuchar unos bulbules armando un escándalo considerable (como de costumbre) y ver que no se gritaban entre ellos, sino a algo: desde mi punto de vista su objetivo estaba posado justo al otro lado de una maraña inmensa de ramas, y me costó Dios y ayuda conseguir enfocarlo mínimamente como para saber qué era. Y encima al querer acercarme se echó a volar y desapareció...


 Bueno, me consolé con los áloes, en los que había más actividad que en días pasados. A mayores de las aves especializadas en alimentarse de néctar, visitan estas flores muchas otras aves que, poseyendo también un pico lo suficientemente largo y fino, pueden también llegar a rebañar algo. Aves como los anteojitos de El Cabo Zosterops virens, que no se dejaron fotografiar bien, o este estornino de El Cabo Lamprotornis nitens, con el que sí anduve más acertado. Y qué cansinas las guías, que solucionan el nombre de la mitad de los bichos metiéndole un "del Cabo" detrás...


 A quien sí pude pillar bien esta vez fue a la otra suimanga del parque, la pechiblanca Cinnyris talatala: una hembra en un áloe de flores rojas....

 ... y un macho en uno de flores amarillas.

Y un Antón, en un banco de madera. Sigo vivo, y espero que no muy cambiado...