viernes, 17 de agosto de 2018

Ahora, a la Occitania

 Estoy un poco ya hasta el gorro de hacer y deshacer maletas, pero ¡qué se le va a hacer! Me toca ponerme en marcha otra vez: no sé si lo recordáis, pero hace unos meses comenté de pasada que iría en agosto a un congreso a Montpellier... pues eso, que me voy. Evolution 2018 va a ser un evento masivo, la verdad, con más de 2.300 participantes, y yo que todavía no he mirado la interminable lista de charlas para pensarme a cuáles ir. Subo hoy allí en coche con Álex (y Andrea, y Brego), que está el pobre nerviosillo por tener que dar una charla del tema complejo del que va su tesis; yo con mi póster (de un artículo de la tesis de Sofi, además) voy mucho más tranquilo, pues no creo ni que nadie llegue a fijarse en él. Pero si alguien llega a hacerlo espero al menos que le guste, pues creo que me ha quedado mejor que el único otro póster que he presentado en un congreso (y aquel no era feo tampoco, aunque esté mal que yo lo diga)...

El 22 acaba el congreso, descansaremos un par de días por el sur de Francia, y a la vuelta atajo directamente de Barcelona a Galicia, para pasar unos días más en casa. Y de allí de vuelta a Madrid el 28... posiblemente con novedades. Para entonces os emplazo, ¡quedad con Dios!

jueves, 16 de agosto de 2018

En la Sierra, moreno

 Aunque tampoco tan moreno, porque estos días de tanto calor busco más la sombra. Y a Dios gracias, al subir ayer a la Sierra con Raquel el cielo se cubrió pronto de "nubes de evolución" (que dicen los del Tiempo) y no nos pegó tanto el sol...

 Empezamos el día en una zona de la Comunidad a la que tenía bastantes ganas de volver: el entorno del embalse de Pinilla, una de las zonas más frescas de Madrid, y además con unas rocas calizas que, rodeadas por todas partes de materiales ácidos, surgen allí como una isla de vegetación muy particular y de cuevas habitadas antaño; todo eso os lo conté ya hace seis años (madre mía...). Volvimos ayer y la vegetación, como corresponde al mes, estaba muy agostada. Y las excavaciones de los yacimientos de neandertales están ahora mucho más desarrolladas y "museizadas", si queréis visitarlas podéis pedir vez.

 A falta de plantas rupícolas curiosas que enseñaros, os tendréis que contentar con esta lagartija íberooccidental Podarcis guadarramae guadarramae, que presenta el colorido a franjas y sin nada de jaspeado tan característico de las hembras de esta subespecie.

 Buscando el fresco (y los espacios abiertos en que hacerme una nueva foto de perfil de wasap), subimos después de comer en una terraza de Rascafría al lo alto de La Morcuera. Muy calmado todo, con apenas unos buitres negros pasándonos sobre la cabeza a media altura, y varios grupos de pinzones que, como nosotros, habían subido a respirar un poco desde los pinares del fondo de valle.

 También las mariposas acuden en tropel en estas épocas a lo alto de las montañas, y allá donde quedaban algunas flores, como en unas matas de hierba de Santiago que crecían a la vera de la carretera en lo alto del puerto, se arremolinaban buscando un trago de néctar.

 Y al acercarme para intentar (sin éxito) sacarles una foto mejor para intentar luego identificarlas sin éxito (de eso que me he librado), descubrí que las matas estaban además llenas de esas chicharras ápteras que tanto abundan en verano en lo alto de la Sierra. Muchos otros saltamontes había por el camino, por entre los olorosos (a pesar de no tener ya flores) piornos, por entre las rocas y los arroyuelos secos... estaba todo lleno de bichos.

Y este gorrión chillón Petronia petronia, aprovechando la bonanza, acudía de continuo a su nido con el pico lleno de los susodichos bichos. Me hizo gracia verlo: es un pajarete con el que no me cruzo muy a menudo, y que de hecho me tachara aquí ya ni recuerdo cuándo... pero seguro que bien acompañando, como siempre que subo al monte en Madrid. ¡Qué pocas ganas de echarlo otra vez de menos...!

lunes, 13 de agosto de 2018

De museos va la cosa

 Domingo, y como otras tantas veces, la meteorología (ya sea porque llueve y hace frío, ya porque, como ayer, hace mucho calor) ayuda a que mi hermano y yo acabemos visitando algún museo, y ayer le toco el turno al Museo Nacional de Antropología, un pequeño recinto muy bien apañado situado junto a la estación de Atocha, y de visita gratuita los domingos.

 El museo arrancó siendo la colección personal de curiosidades del doctor González Velasco, médico del XIX muy interesado en la anatomía. Una pequeña sala recuerda esos inicios, y alberga por ejemplo los restos mortales del Gigante Extremeño...

¿A qué me recordará esto...?
 ... o una serie de máscaras mortuorias, otros esqueletos y reproducciones de escayola a tamaño natural de personas de distintas razas.
 Esta sección histórica del museo es realmente la única dedicada a la Antropología Física, pues el resto se ocupa solo de Etnología: tres plantas, cada una dedicada a los tres continentes de interés para el europeo curioso: Asia abajo, África en el primer piso, y América en el segundo. Pero en concreto, la inmensa mayoría de los fondos provienen de las colonias españolas...

... por lo que, por ejemplo, la sección asiática (con diferencia la mayor) contiene casi en exclusiva objetos filipinos...

 ... o la africana, de Guinea Ecuatorial. Esto por ejemplo es un amuleto elaborado a partir de la calavera de un damán, recubierta de cuentas de vidrio.

 Si bien las secciones asiática y africana contenían varios expositores con objetos de uso doméstico, agrícola, armas..., la americana estaba dedicada casi en exclusiva al folklore, e incluía por ejemplo esta reproducción de un altarcillo mejicano a los ancestros; tema muy popular gracias a cierta película que según parece contribuyó en buena medida a paliar la sequía del invierno pasado...

 Me gustaron, e hicieron pensar, estas máscaras de carnaval de la cultura chané, a caballo entre Argentina y Bolivia; ¿no parecen acaso cigarrones? Habría que darle una vuelta al asunto, a ver si va a ser otro caso como el del tradicional bombín andino... ya me haría gracia, que estas mascaritas fuesen apropiación cultural.

 Despacho este museo con un belén andino bien pintón, del que me gustaron sobre todo las reproducciones de ¡un perezoso gateando! y ¡una rana, con su "hijo" encima!

De este museo, no sé muy bien por qué, fuimos a otro: a la casa-museo de Lope de Vega, de visita gratuita guiada (hay que apuntarse), cuya antigua huerta, en un patio interior muy cuco, puede sin embargo visitarse de forma libre; y me pareció un lugar muy majo en el que sentarse a leer, al estilo del jardincillo del Príncipe de Anglona.

... Y todavía terminé el día en otro museo, ya yo solo, y de nuevo en Las Vistillas:

en el museo de historia natural, en concreto. Un concierto que se me hizo muy corto, y donde no se escuchaba demasiado bien, por si os importa mi opinión de mierda. Pero como Los Punsetes son la caña, aquí y en la China popular, todo lo demás da igual. Esto es lo que pienso de este puto-grupo.

jueves, 9 de agosto de 2018

En flor

 Ha salido ya el número de verano de EMNMM, lo que para mí es motivo de alegría, pues no solo es tan bueno como suele, sino que yendo a lo concreto me evito tener que pensar una entrada hoy. Hablo en mi artículo de achicorias y salsifíes, dos compuestas que son de las pocas plantas que aún se ven en flor entre la hierba agostada, las dos además con uso culinario. Espero que os guste.


miércoles, 8 de agosto de 2018

A una hora de Zamora

Aunque en principio las obras iban a terminar ayer, un aviso de RENFE de hace un par de días me comunicaba que, por obras de mantenimiento de las vías, esta mañana me iba a tocar hacer por carretera el trayecto entre Orense y Zamora; ¡y yo que precisamente cojo el tren para no tener que ir en autocar, y poder levantarme, ir al baño o leer sin marearme cuando me apetezca! (aunque al final no haga nada de eso, y pase las horas pegado al cristal, pensando en qué escribiros). El viaje empezaba pronto de todas maneras, pues salimos a las seis, y siendo aún de noche y estando yo medio dormido lo que menos me preocupaba era leer o ir al baño. Amaneció saliendo ya de A Gudiña, mientras subíamos y bajábamos (menos, gracias a los túneles) las cuestas del Padornelo, donde aunque ya en Zamora, los nombres de los pueblos y las colinas redondeadas, cubiertas de una masa homogénea de uces y xestas, seguían gritando "¡Galicia!". Aquello ya era bonito, y además desde el autocar (más bajo, más pegado al arcén, más lento) se ven las cosas mejor que desde el tren; pero la diversión de verdad empezó más adelante, en la salida que nos llevó de la A-52 a la N-631 pasado Mombuey: pasamos en curva cerrada entre las nieblas del embalse de Nª Sª del Agavanzal, y dejando atrás el Tera empezó la fiesta: entre esa zona y la capital provincial, La Carballeda no podía estar más bonita: cada ladera, cada localidad, hablando de transición entre Galicia y Castilla: aquí crecían los robles bien espesos, y diez metros más allá las encinas; aquí retamas y acullá jaras;  un pueblo se llamaba Val de Santa María, y el siguiente Villanueva de Valrojo... y saltándose todas estas fronteras, un buen montón de corzos y de ciervos que apenas sí se espantaron del autocar donde todos dormían menos yo y (espero) el conductor... Me quedé, claro, con ganas de más. A ver cuándo convenzo a alguien...

martes, 7 de agosto de 2018

Crónica de una semana

 De vuelta de Vilar de Barrio, y breve parada en Orense antes de tomar de madrugada el tren para bajar de nuevo a Madrid. Al sur, como los vencejos, que desaparecieron todos entre el dos y el tres de agosto; de manera brutal, como suelen, dejando de la noche a la mañana los cielos huérfanos de gritos y carruseles. Una semana pasada por agua sudor que se me ha pasado bastante deprisa...

Un robado de la procesión
 Semana que para mí empezaba con las fiestas de San Fiz, mucho más concurridas de lo habitual, aunque típicamente la aldea se llena de gente en agosto, sobre todo de visitantes de la "diáspora" de Vascongadas; como varios primos nuestros, sin ir más lejos. Días de tener gente a comer en casa y de invitar a gente en las terrazas. Días de no poder disfrutar de las verbenas porque las orquestas tocan ahora a unas horas la mar de raras (o seré yo el que tiene unos horarios muy rígidos)...

... días que, cuando acabaron, dejaron paso a unas temperaturas que no hacían nada agradable el salir a la calle; no os descubro nada nuevo. Sería un poco por estar en casa buena parte del día con las persianas bajadas, pero no he tenido allá grandes observaciones naturalísticas estos días en la aldea: en comparación con años anteriores, remontándonos hasta la infancia si queréis, mucha golondrina común y muy poco de todo lo demás: ningún zarcero, y tarabillas comunes y escribanos soteños que apunté aún hoy, antes de volvernos. Con todo y con eso, me alegré mucho con cada canto que iba recordando. Toca ya ir haciendo la oreja de nuevo al Paleártico...

Mi mayor aportación como biólogo esta semana no fue en Vilar de Barrio, sino en Ourense el día en que llegué, al ir a escoger las gafas nuevas que estreno hoy: puse en conocimiento del Concello la que creo es la primera cita de picudo rojo Rhynchophorus ferrugineum de todo el municipio...

El interfecto
... aunque en la provincia ya había citas recientes en otros cuatro de este destructor de palmeras, así que bueno, era cuestión de tiempo.

Así que ¿qué hice? Descansar y comer mucho, leer, y moverme poco. Y engordar. Y echar de menos ver más gente que mi madre. Espero pues moverme y socializar tanto a partir de mañana que no me dé tiempo ni de comer... aunque quede para comer. A ver cómo lo hago.