viernes, 7 de diciembre de 2018

Diez fotos de concurso

Un poco raro, hablar de fotos en una entrada sin mostrar ninguna... pero ya sería una pena que, con la poca actividad que tiene este blog, encima lo cerrasen por temas de derechos de autor. En fin, al lío: fui el martes al Colegio de Arquitectos de Madrid a ver las imágenes más destacadas de la edición de 2018 del concurso de Wildlife Photographer of the Year, y me apunté diez que me gustaron, ya por la imagen en sí, ya por la imagen que contaban, o insinuaban. Aún está abierta este fin de semana, así que siempre podéis pasaros y decirme luego que "menuda selección más pobre; había otras mucho mejores..." Aquí van, sin seguir ningún orden especial:
- Night Snack. Audun Rikardsen. Una orca cenando arenques, apenas iluminada por los focos de una barca de pesca. Me gustó por la textura, casi de acuarela o de poster de hippy...
- Small World. Carlos Pérez Narval. Una mariquita en un "bosque" de piedra. Muy simple, muy bonita, y humillantemente perspicaz dada la juventud del autor.
- The catch. Robert Irwin. Otra gran foto de un joven fotógrafo. Me gustó porque trasmite muy bien la idea de que, en Australia, todo es peligroso, todo está deseando matar(te).
- Ghost colony. Jayesh Joshi. Una panorámica nocturna de una colonia de flamencos abandonada; el brillo de los huevos me hizo pensar en iglús con la luz encendida...
- The ice pool. Cristóbal Serrano. Uno tarda en darse cuenta de qué es cada cosa en la foto; me gustó mucho ese efecto de "ilusión óptica".
- Ahead in the game. Nicholas Dyer. Al verla pensé en lo mismo que, instantes después, pude leer que comentaba el fotógrafo respecto de su imagen: una mezcla de "eso no se hace con los muertos" y de alegría contagiosa de los cachorretes.
- Blood thirsty. Thomas P. Peschak. Me gustó porque ilustraba tanto la adaptabilidad de los animales insulares (en este caso un pinzón de Darwin) a cualquier fuente de alimento que se ponga a tiro, como la impasibilidad de las aves marinas en tierra, que tantos problemas les ha acarreado cuando colonias antes seguras se ven invadidas por depredadores.
- Hellbent. David Herasimtschuk. Ver la salamandra gigante tragarse una culebra de agua como si fuese una lombricilla cualquiera me descolocó completamente; parecía una escena traída directamente desde el Pérmico...
- Eye to eye. Emanuele Biggi. "En tiempo de guerra, cualquier agujero es trinchera".
- The Sad Clown. Joan de la Malla. Y termino con un poco de fotodenuncia: si ya los payasos por necesidad son tristes de por sí, ¡cuánto más uno que ni sabe por qué sufre!

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Un ave al día, camino de Belén

Día 5. El Avestruz
A través de Ángel, me entero de la existencia de un calendario de Adviento muy particular: el de una artista que, cada día, añade (y añadirá) a su web una acuarela y un texto (mitad vivencia, mitad reflexión) sobre un ave. Aprovechad a engancharos ahora que aún estamos al comienzo...

martes, 4 de diciembre de 2018

Río arriba

 Qué color más extraño el de las fotos, ¿no? Es que he cambiado de móvil, a uno peor, pero al que espero que le dure bastante más la batería... en fin, al lío: están las mañanas cubiertas y frías (aunque después al sol templa bastante), invernales, y apetece bajarse hasta el agua, a ver qué movimiento hay de gaviotas y demás palmípedas.

 En vez de seguir el recorrido habitual, entre Matadero y Príncipe Pío, fui esta vez río arriba desde allí, en una zona que también está siendo sujeto del plan de renaturalización del Manzanares, pero donde ni el paseo peatonal ni el río en sí lucen tanto como en el tramo inmediatamente posterior. El río no va aquí canalizado, sino que las orillas son un poco más naturales: solo un poco, de todas maneras, pues el borde está fijado y reforzado con escombros. Lo que han hecho aquí (además de suprimir las presas, y deshacer una especie de balconcitos de madera para los pescadores y unas casetas para los patos; ambos ya my maltratados por los años) ha sido simplemente recubrir las escolleras de tierra para que la vegetación ribereña tenga algún sitio donde arraigar.

 Y va arraigando, poco a poco, y se ven renuevos de sauce y chopo que van poco a poco cogiendo altura. Sobre sus progenitores, en algunos árboles más antiguos situados a lo largo de las márgenes del Manzanares, cormoranes grandes y cotorras argentinas comparten posaderos; extraños compañeros de rama. De todas maneras, el ambiente algo más natural que tienen aquí las orillas contrasta con el cauce en sí, que desde Príncipe Pío y hasta el Puente de los Franceses (en la imagen, donde ya deja uno de poder pasear junto al Manzanares) es una extensión ininterrumpida de arena, sin rastro de las isletas con eneas y otras plantas que tanta gracia le dan al río aguas abajo. Ni idea de por qué es así, la verdad...

El río pues lucía bastante vacío; también de aves: solo en la base de este pequeño azud, donde el agua cubría algo más e imagino que habría peces retenidos en sus desplazamientos aguas arriba, se concentraban unos cuantos cormoranes y garzas. Aquí volveré en primavera, a ver agruparse los grandes barbos que migran río arriba para frezar; a verlos saltar la pequeña presa en cuanto lleve algo más de agua, con las lluvias y el deshielo. En unos meses: cuando vuelva el calor y le vuelvan al mundo las ganas de vivir...

PD. Hablando de frezas y remontes de ríos, está disponible de forma gratuita un corto documental muy chulo sobre los últimos salmones cantábricos; me ha gustado bastante.

domingo, 2 de diciembre de 2018

"Merci por venir"

Tiene gracia: hace ya bastantes años escribí que "¡Estamos de enhorabuena! A Delafé y Las Flores Azules le ha pasado lo mejor que podría ocurrirle: se están volviendo comerciales. Se empieza grabando un anuncio de cerveza, y con suerte se acabarán transformando pronto en un grupo de canciones del verano de segunda fila; y nos libraremos de ellos..."; y hoy, mientras cocinaba, no sé por qué me pidió el cuerpo una ración de hipsterismo preprocès. Y fueron cayendo una canción detrás de otra, que preparar las verduras del puré lleva su tiempo, y esta especie de mezcla de Los Planetas y Mecano me hizo sonreír más de una vez... Para lo que hemos quedado.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Trabajos forzosos

Entronco con la entrada de ayer. Escuchando el miércoles a los alumnos hablar de sus tesis, y al pensar en que algunos de los temas me parecían soberanamente aburridos (aunque me sorprendió para bien ver que no había proyectos chapuceros, que todos parecían muy bien planteados), se me fue un poco la olla y empecé a reflexionar sobre el libre albedrío y la dependencia que tiene el mundo para funcionar de que haya diversidad de gustos... es decir: a día de hoy, al menos en Occidente, deben de ser ya pocas las personas que trabajen en lo mismo que sus padres, que continúen el negocio familiar porque no les quede otra, aunque ellos quisiesen ser otra cosa (me viene a la cabeza el Preparado, y alguno más habrá...). Lo que es a mí, se me ocurren muchas profesiones que me parecen tan aburridas que no las haría ni a punta de pistola, pero el caso es que siempre hay gente que se dedica a ellas, sin necesidad de que incentivos tales como un buen horario o un buen sueldo tengan necesariamente que estar presentes: me refiero a que alguien puede dedicarse a cuidar ancianos, por ejemplo, por necesidad, porque no encuentre otra cosa y tenga que comer; pero nadie se mete a médico "por necesidad". Y sin embargo seguimos teniendo médicos. E ingenieros industriales, filólogos griegos y humoristas. Sin que el Estado obligue a nadie, digo. Pero me quedé pensando, medio preocupado, en si llegaría un día en que no fuese así: en que, por ejemplo, a nadie en el mundo le diese la soberana gana de dedicarse a alicatar baños. Tal vez, siendo todos los que somos, por pura probabilidad siempre haya tarados a los que les guste escribir poemas, pero de no ser así supongo que tendríamos que acostumbrarnos a vivir sin ellos. Porque otra cosa es la de la pérdida de experiencia: ¿podría un humano del futuro aprender de nuevo a hacer quesos, o muebles, solo leyendo las crónicas y manuales llegados desde nuestra época? Es algo que me pregunto a veces al escuchar instrumentos medievales (+1 al primer comentario), si realmente sonarían así... pero luego me centro en la música, y se me pasa.

Menuda reflexión me he marcado...

viernes, 30 de noviembre de 2018

Una dualidad que no es tal

El miércoles pasé casi todo el día en la facultad: al igual que en muchas otras de toda Europa por estas fechas, se celebraba el PhDay: una especie de congresillo donde los doctorandos de esa facultad expusieron al común de los mortales* a qué se dedican, para que se vea sobre qué está investigando en cada centro. Introdujo las jornadas mi exjefe, con una charla muy interesante enfocada a recordar que los PDI (básicamente, los profesores de universidad) son Personal Docente e Investigador (no, "o"); y mostró cómo, al menos en el sistema español, donde la asignación docente de un profesor normal es fija (240 horas anuales; aquí no hay contratos más orientados hacia docencia y otros más hacia investigación que hagan un reparto desigual de horas); la pretendida justificación de "yo no investigo tanto porque dedico mi tiempo a preparar mejor las clases" no es válida: demostró con modelos matemáticos y datos reales que, con esas horas fijas de docencia, los profesores que más investigan son también los que significativamente tienen mejores notas de evaluación de su docencia por parte de los alumnos. Algo para pensar...

* Esto es, si acuden: ayer, salvo en casos muy puntuales en que algunos estudiantes se traían su corrillo de palmeros, en el público apenas sí estaban los participantes, y ni siquiera todos, todo el tiempo... una pena.