martes, 31 de julio de 2018

Plutón

Granito en Madrid, y granito en la Sierra: entremedias la Castilla arcillosa y ocre, y las pizarras y cuarcitas de su límite noroeste; un bocadillo de sedimentos y rocas metamórficas entre rocas plutónicas. Muchos amigos míos han hecho este año, el primero en bastante tiempo con profusión de plazas, las oposiciones de secundaria (de "medias", como dice mi madre) de las que de momento me voy librando. La parte de biología la tenemos todos más o menos dominada, la de geología en cambio... Qué ganas de coger el tren, por lo demás.

Galicia ya, en todo caso. Hoy en Orense, y esta tarde ya a la aldea, que mañana, miércoles, es la fiesta. Una semana larga para ponerme al día de lo que se cuece en la naturaleza patria leyendo las ocho Quercus y las revistas de la SEO que me han ido llegando desde Navidad. Una semana larga sin Internet y sin daros la vara; sedme fieles, y nos vemos a la vuelta. Que alguna novedad digo yo que habrá...

lunes, 30 de julio de 2018

¡Gente!

... el señor cruzó en rojo el semáforo prestando poca atención, y un motorista que venía a más velocidad de lo aconsejable casi se lo lleva por delante. "¡Subnormal!", gritó uno, "¡Gilipollas!", contestó el otro; y yo sonreí: ¡qué bien sienta estar en casa!

Dice mi hermano que Madrid en agosto se vacía y solo quedan los viejos y los locos. Una vieja loca (combo) iba hoy gritando por la calle en la misma cara de los transeúntes con los que se cruzaba: "¡Vago, que no trabajas nada!", me espetó. Y viendo que lo había clavado, me quedé pensando en el "¡pedazo de maricón!" que le había soltado al hombre que caminaba delante de mí...

¡Gente! Madrid está bastante vacía; con adverbio modificador, no como valor absoluto. Pues sigue habiendo mucha gente, ¡gente por las calles! ¡Gente paseando! Echaba mucho, muchísimo de menos pasear, ver mucha gente, relajada, por las calles; a sus quehaceres diarios. Llevo dos días obligándome a no coger el metro para hartarme de pasear, así el sol me achicharre, para ver gente, y cuanta más gente veo más sonrío.

Y sonrío aún más cuando un reclamo, tan conocido como anhelado, me hace levantar la vista al cielo: creía que, como mucho, vería algún pálido; pero Madrid está llena aún de vencejos comunes también, que otros años para el Santiago suelen haberse ido ya. Bendito regalo: me habré perdido una primavera lluviosa y espectacular como no se recordaba, pero al menos esa humedad ha retrasado la fenología de los vencejos hasta hacer que se crucen conmigo. Ellos y unas cerezas que, a precio de oro, compré y comí esta mañana, con lágrimas en los ojos, pues pensaba que por segundo año consecutivo no las iba ni a oler.

Y sonrío, sobre todo, cuando me cruzo con la gente que más estaba deseando volver a ver, que invariablemente (no sabía yo que abundaba tanto fan tapado de Waugh) citan punto por punto al verme el final de Retorno a Brideshead: "Hoy pareces mucho más contento que de costumbre".

¡Como para no estarlo!

domingo, 29 de julio de 2018

Urracas

Ya en Madrid; y más de un día tras salir de Barajas, de hecho. Viaje que tuvo un principio en Bloemfontein el viernes a la una de la tarde, en el pequeño Citybug que me levó hasta el aeropuerto de Johannesburgo. Mis ganas de añadir algo a la lista en este último trayecto quedaron truncadas por el sol del atardecer, que cayendo sobre mi ventanilla no me dejaba ver con claridad lo que se movía fuera. Tampoco pude luego tacharme la famosa "luna de sangre", pues me tocó en uno de los asientos interiores del avión a El Cairo. De las tres compañías con las que he realizado vuelos de largo recorrido: Turquish Airlines, British Airways y Egyptair, esta última ha sido la más básica de las tres, aunque no por eso dejaron de darnos de cenar (a las diez) y de desayunar (a las cuatro de la mañana...), o dejó de haber películas a bordo; aunque eran pocas y rematadamente aleatorias y malas. Aterrizamos sin mayores sobresaltos en El Cairo a las cinco y media de la mañana, en medio del, vaya, desierto; realmente la zona era bien arenosa. Conseguí conectarme a la wifi y escribiros a algunos desde allí a pesar de (que no gracias a) la ayuda no solicitada de un par de limpiadores del aeropuerto, que me pidieron luego dinero por entorpecer y se enfadaron cuando intenté colocarles la última moneda de cinco rands que me quedaba; en fin. No vi las pirámides ni al aterrizar ni al despegar, y tampoco ninguna ave nueva; apenas se veía jardín desde los ventanales de la zona de tránsito, y solo pude apuntar tres especies para el país: palomas domésticas, tórtolas senegalesas y cornejas cenicientas. Por fin, cuatro horas y pico más tarde, tras más de 24 h congelándome sometido a los más diversos aires acondicionados, pude por fir quitarme mil y un pesos de encima y empezar a absorber el sol de la capital, mientras unas cuantas urracas medio peladas vinieron a darme la bienvenida... ¡qué bien se vive en el Paleártico occidental!

viernes, 27 de julio de 2018

Aviones

Wikipedia
No contaba ayer con volver a pasarme hoy por la Facultad, pero como al final hubo mucha gente a la que no vi, pues llegué hace un rato del Departamento, todavía con muchas ausencias en la lista, pero menos que ayer. De vuelta en la residencia para empaquetar, y como queriendo recordarme que a la misma hora en que hoy la luna se tiña de rojo me tocará subir a uno, estaban los aviones isabelinos Ptyonoprogne fuligula especialmente activos, dando pasadas una y otra vez pegados a la fachada. Contentos tal vez porque ya casi hemos llegado a la "Candelaria austral", a la mitad del invierno. Pensando sin duda en que toca ponerse a reparar el nido, como los tejedores que, ya pintados de nuevo de amarillo y negro, cantan ufanos ya por todo el Campus. Y anteojitos y bulbules, hadadas y avefrías... últimas despedidas de las aves, todas ellas nuevas en su día (¡qué tontería!, como todas...), que me han acompañado cada jornada en Bloemfontein. Igual todavía me tacho algo desde el autobús a Johannesburgo. O tal vez, por darle mayor exotismo, en la escala de cuatro horas que hago mañana en El Cairo... cuando aterrice en España os lo cuento =)

miércoles, 25 de julio de 2018

En medio, como los miércoles

Miércoles otra vez, de estos que son festivos este año: debe de oler a aligustre mi barrio, y a incienso y sudor de peregrino la ciudad del Santo Adalid. Miércoles que, como suele suceder, pilla en medio de la semana; de una semana de despedidas: pasado mañana si Dios quiere volaré al norte, llevando la contraria a abejarucos y y cigüeñas, y están siendo éstos días de estar muy distraído en el trabajo porque no pasan las horas, como eran los últimos días de clase en junio en el colegio, ya con las notas puestas; y muy distraído también a las horas de comidas, cenas y cafés, entretenido despidiéndome de unos y de otros. No habrá sido tal vez este año el más provechoso del mundo en cuanto a ciencia, pero con todo y con eso he ido conociendo un buen montón de gente a la que, al ir viendo ahora por ¿última? vez, me doy cuenta de que voy a echar mucho de menos. Pues el mercenario no solo va cambiando de pagador según toque, sino también dejando un reguero de víctimas por el camino: de gente de la que duele separarse, por mucho que la estancia tuviese una fecha de caducidad más o menos definida. Voy a suponer que algo de culpa la tiene el que soy yo un tanto majo, pero por no echarme muchas flores, y por lo demás por ser justo, al Señor hay que agradecerle ante todo que esta vida dura venga sembrada de buena gente. Señores: no creo que me leáis, ni muchos, ni pronto, pero muchas gracias por todo.

domingo, 22 de julio de 2018

¿Por qué ya no disfruto viendo aves?

 ¿Os sorprende el título de la entrada? Más me sorprendió a mí cuando me lo dijo Joaquín ayer porque me di cuenta de que tenía razón. Si releéis la entrada de ayer, traspira más angustia que otra cosa: la pesadumbre por no ver lo que iba buscando (y más aún, la decepción de que la rapaz resultase ser un bicho ya visto) supera a la alegría de ver lo que sí vimos. El viaje por la zona de Ciudad del Cabo del fin de semana pasado, que empezaré a relataros en cuanto ponga algo de orden en las fotos, fue tres cuartos de lo mismo: mucho bicho nuevo, y mucho enfado por no ver otros que contaba fuesen "fáciles". Supongo que tengo cierta disculpa: Sudáfrica queda lo suficientemente lejos como para que no volver nunca sea una posibilidad bastante real, y como el tiempo que queda, o el que pasé en las áreas naturales, es limitado, pues me pueden las ganas de querer ver cuantas más cosas nuevas mejor, tanto más las endémicas, a costa de sacrificar la calidad o el placer de las observaciones. Hace mucho, la verdad, que no me paro (ese es el verbo, pararse, en vez de ir de un lado a otro) a ver un bicho más de un minuto. Mucho tiempo que no disfruto viendo simplemente cómo las aves más comunes comen, se bañan o descansan, sin más...

... y tiene que ser mi madre la que lo haga:

Esta foto me mandó hace un rato, de unas golondrinas tomando el sol en la repisa de una ventana de la casa de la aldea. Retorcidas como no las he visto nunca, que parece que están muertas, que alguien las ha estrujado y dejado ahí. A saber qué bicho les ha picado... imagino que solo se colocan de forma que el sol les dé de pleno donde más gusto les da el calorcito, como hago yo en estos mis últimos días en el invierno austral, soleados pero fríos. A ver si cuando vuelva, ya sin ansias que matar (que no aparezca una rareza cerca, vaya), vuelvo yo también a tomármelo con tanta calma como ellas, a disfrutar un poco...

sábado, 21 de julio de 2018

Despedida del Botánico

 Último fin de semana en Sudáfrica. Remedando los paseos sabatinos por el Botánico de Pretoria del mes pasado, me vine hoy con Joaquín al de aquí, por donde no me pasaba desde hace meses. Contaba con añadir alguna especie a última hora a mi lista, pero no pudo ser: creo de hecho que es la primera vez en todo este tiempo en que salgo al campo a ver bichos y no me tacho nada. Sí vi por primera vez, sin embargo, varias especies que me había tachado en otras partes del país, que siempre hace gracia...

 ... amén de otras que son de las comunes, como la cosifa cafre Dessonornis caffer, de las que me cruzo con frecuencia por el campus.

La pobre cosifa de arriba debía de tener los pies congelados, pues como veis en la foto la hierba aún blanqueaba por la helada nocturna. Pero aquí en invierno el sol calienta deprisa, y arriba en la ladera, donde buscábamos el bimbo que no llegó entre la vegetación arbustiva propia de la zona, enseguida sobraba la ropa de abrigo.

 Buscaba dos pájaros en concreto: la eremomela ventrigualda y la curruca de Layard (imagino que ninguno de ellos os despierta grandes pasiones, ya...), pero una cosa es ir al hábitat adecuado, y otra que los mil pajaretes pequeños y tímidos (y más ahora en invierno, cuando ni se mueven ni cantan mucho) se dejen ver en campo abierto. Solo pude sacar fotos decentes de este diminuto buitrón coronirrufo Cisticola fulvicapilla.

 ¿Echáis de menos fotos de suimangas? No os preocupéis, que alguna hay: aunque me costó, porque no me había fijado hasta hoy al buscarlos en los pocos áloes que hay en este jardín. Menos mal que estos bichos no dependen solo de los áloes (pobres, si no), y pude fotografiar esta hembra de suimanga malaquita Nectarinia famosa alimentándome en una oreja de cerdo Cotyledon orbicularis, una crasulácea.

 El pequeño embalse del jardín, que estaba de agua hasta los topes, como no lo había visto nunca, cuenta en sus orillas con masas de carrizos y espadañas donde tejedores enmascarados y obispos rojos arman escándalo a lo largo de todo el año. Y sorprendimos además esta polluela negra Zapornia flavirostris (que se había quedado sin foto en Pretoria) buscando comida entre las cañas... hasta que de repente se asustó y saltó dentro de un arbusto, al tiempo que los bulliciosos obispos enmudecían y también se hundían en lo más espeso del carrizo.

¡Había llegado volando una rapaz!, que se posó en un árbol seco a la vera del agua. El efecto de que toda la vida alada enmudeciese de pronto fue bastante notable, la verdad. No supe en el momento lo que era (las rapaces juveniles difieren muchas veces bastante de los adultos), y coqueteé con la idea de que fuese un tachable azor blanquinegro, pero tras sentarme en casa con guías e Internet me temo que es un juvenil de azor lagartijero claro Melierax canorus. Que ya lo habéis visto bastantes más veces en este blog, pero bueno, al menos no con este plumaje...

Algo nuevo y completamente inesperado sí nos tachamos Joaquín y yo: al levantar piedras buscando algún herpeto (y encontrar solo una cría de geco pigmeo del Cabo, y gracias), descubrimos bajo una unos cuantos escarabajos de élitros negro-azulados y tórax y cabeza anaranjados. Quiso la suerte que, por querer tocar algo con pinta de oruga peluda que tenían al lado con un palito, no les acercase directamente los dedos, pues resultaron ser ni más ni menos que escarabajos bombarderos (del género Brachinus), que reaccionaron ante el "ataque" del palitroque como solo ellos saben hacer: rociándolo con una solución cáustica a más de 100 ºC. Si es que en esta tierra no puede uno confiarse...

viernes, 20 de julio de 2018

"¿De qué va esta entrada?" "Manzanas traigo"

A medida que se acerca el octavo mes del año, empiezo a pensar en qué me merezco por haber sido un postdoc muy bueno, y como viene siendo habitual termino echando más tiempo del que debería curioseando los títulos de la NHBS. Y sí, tengo en mente una buena lista de títulos que, tarde o temprano, acabarán complicándome alguna mudanza; pero este año hay uno que se lleva la palma: tras ¡18! años on the making, acaban de ver la luz los dos tomos dedicados a Passeriformes del Handbook of the Western Palearctic Birds. Un libro que, más allá de ser completo o útil, es rematadamente bonito. No creo que llegue a gastarme nunca un peso en un obra de arte "de verdad", pero entiendo el sentimiento de tener la belleza delante de uno, de poderla tocar, a la perfección.

 Pero curioseando la página, como decía, descubrí además la existencia de una ciencia applesionante: la pomología, el estudio de las manzanas. Si os sobran 500 €, podéis adornar vuestra estantería con los siete -7- tomos de la Historia Ilustrada de las Manzanas en EE. UU. y Canadá, con más de 1.400 acuarelas de otras tantas variedades de este fruto del que a veces tengo mucho antojo (como ahora, mira), pero que tan rápidamente me aburre...

Qué duda cabe de que el libro debe de ser bonito... aunque ya hay que ser friki. Y que lo diga yo...


PD. Un breve apunte sobre otros libros de pájaros, o mejor dico otros pájaros en libros: cacatúas, el Vaticano y las rutas comerciales del Medioevo.

jueves, 19 de julio de 2018

La presa cede a las presiones

Imágenes del twitter de @Santi_MBarajas
No entiendo que, a la vista de las dos fotos de arriba (ambas de hace unos días, la de la izquierda en la zona del Puente de Segovia, la de la derecha en Arganzuela, donde el remo, días después del cierre de las presa 9), haya gente que prefiera la de la derecha y así lo manifieste en las redes sociales, porque en la de la izquierda solo ven "mosquitos, ratas y maleza". Lo comento no con odio ni mucho menos, sino con pena; pena de que haya gente con miedo a la naturaleza, que entienda que todo tenga que ser lineal y estar cementado... Pero, aunque los hay, la presión vecinal a favor de reabrir la compuerta y dejar que el río revierta al estado de hace un par de semanas ha sido mucho mayor, y parece que fructífera (a ver en los próximos días, a ver...). Según la noticia que enlazo, el Ayuntamiento y el Canal están además en negociaciones para que se pueda trasladar además la práctica de remo al embalse de Valmayor. Y entiendo que los remeros no estén contentos de tener que irse bastante más lejos de casa para remar, pero tiene más sentido hacerlo allí, un lugar represado sí o sí, y por lo demás amplio, que represar dos kilómetros del tramo urbano del río, que no dan para remar tanto, pero sí para dejar a muchos vecinos sin el disfrute de la naturaleza fluvial. Entiendo que se quejen, claro, pero resulta tristemente revelador de lo "desnaturalizado" del río represado que las imágenes con las que algunos remeros defienden la compatibilidad de presa y biodiversidad (ver) muestren precisamente tres especies exóticas: gansos del Nilo, tortugas de Florida y carpas... A ver, como digo, en qué queda el anuncio del Ayuntamiento... y a ver si lo veo yo en breve con mis propios ojos.

miércoles, 18 de julio de 2018

Hacia el norte, de a pocos

 Vinieron dos, y se van tres: no soy capaz de aguantarme sin comprar libros. Año y pico más tarde, el mercenario acaba misión y vuelve a hacer el petate. Llegué ayer del extremo suroccidental del continente, con treinta aves nuevas en la butxaca y fotos e historias con las que aburriros durante varias entradas; pero ahora, tras recorred los primeros mil de los muchos miles de kilómetros que me separan de casa, toca primero ir cerrando temas y despidiéndose de la gente, aunque con la vista puesta ya también en el futuro... de eso, mas noticias en breve.

jueves, 12 de julio de 2018

The Mother Town

Último (supongo) y breve viaje intrasudafricano antes de volver a España dentro de quince días: bajo desde hoy y hasta el martes a la zona de Ciudad del Cabo (o como la llaman también aquí, la "ciudad madre", donde se asentaron los primeros colonos europeos). Bajo a darme una vuelta eminentemente naturalista con Mario Mairal, que lleva unos meses de postdoc en la cercana Stellenbosch (centro neurálgico de los viñedos de esta región): a visitar la costa al norte y al sur de la ciudad para llevarme un breve recuerdo del Reino Capense antes de marcharme, y si el tiempo lo permite, a embarcarnos el lunes para ver albatros y otras aves marinas propias de esta región. El plan promete tanto que, aunque nos quedemos a la mitad, ya será excepcional. A la vuelta nos vemos...

miércoles, 11 de julio de 2018

¿Para qué sirve mi ciencia?

- Y tú entonces, ¿qué haces?
- Yo estudio los parásitos DE LA MALARIA en aves.
- Hmm.... ah.
- No, pero es interesante, verás: cuando estudias malaria en humanos, puedes tener dos áreas con distinta incidencia de la enfermedad, y no saber si eso se debe a que en una zona hace más calor o llueve más, o simplemente la atención sanitaria en ambas zonas difiere; o una combinación de las dos. En cambio, cuando estudias estos parásitos en animales silvestres, a los que nadie medica, pues sí puedes sabes hasta dónde llega el efecto del clima y todo eso...
- Ah, claro, claro, tiene sentido; ¡qué interesante!

Qué interesante... y qué falso (o no). Cuando leo en el periódico la reseña de alguna investigación en ciencia básica con resultados interesantes, pero a priori poco "útiles" de forma inmediata, y leo que "los investigadores señalan que su descubrimiento podría ayudar a curar la enfermedad X/conservar la especie Y/mitigar los efectos del cambio climático..." siempre tiendo a pensar (cree el ladrón etc.) que hacen lo mismo que yo arriba: intentar justificarse con mentirijillas. Pedir perdón al mundo por "malgastar" el dinero en algo que no parece útil. Porque los parásitos que estudio en aves están relacionados con la malaria en humanos, sí, pero hasta cierto punto. No todos mis resultados son aplicables de forma directa al estudio de la malaria en humanos, y de hecho yo mismo no sabría decir qué es útil para eso de lo que he ido descubriendo yo y qué no. No es mi campo de trabajo, sin más. Y puede que nunca nadie llegue a inspirarse en lo que yo he hecho con vistas a salvar vidas humanas o algo que sí parezca relevante.

Tras la entrada del domingo, me dio por mirar quién realmente cita mis artículos; los de la tesis, al menos, que son los que entran en la narrativa de arriba. Y vaya, de forma poco sorprendente, solo uno de ellos ha sido citado por artículos que estudian enfermedades humanas (y para el caso, virus, por lo que supongo que la información que sacan de mi trabajo es bastante tangencial). La mayor parte de mis citas proviene de trabajos que ¡oh sorpresa! estudian parásitos sanguíneos de aves... A estas alturas del partido no debería hacer falta justificar que la ciencia aplicada crece a partir del la básica, aunque mucha ciencia básica no lleva a parte ninguna más allá de a "aumentar el conocimiento", o aunque sea casi imposible llegar a saber si la investigación básica de hoy podrá tal vez abrir los ojos al que dentro de cuarenta años solucione un problema muy importante para la humanidad... no debería hacer falta, pero sí lo hace. O al menos nosotros sí lo notamos así. La conversación con que empieza esta entrada se reprodujo varias veces en Pretoria a lo largo de junio, de forma casi calcada; y tantas otras veces antes. Una chica hasta me presentó a otra diciendo "sí, cuando dijo que estudiaba malaria en aves yo también pensé que qué tontería, que para qué, pero luego ya me lo explicó y tiene mucho sentido...". Cuando uno oye eso, pues vaya, se cohíbe, e intenta justificarse. Espero no hacerlo mucho más. Espero que sepáis disculpármelo. Peor es drogarse...

lunes, 9 de julio de 2018

Avistamientos

 Este fin de semana me he tachado dos cosas; no aves, pero también me llamaron mucho la atención...

- El domingo, uno de los sacerdotes de la catedral iba con birreta (que no birrete).

- Y el día anterior, levantando piedras con Joaquín cerca de la charca ya casi seca, además de unos cuantos cacos, nos encontramos un japígido:

Foto de aquí
No me hizo tanta ilusión como aquel embióptero, pero casi. Siempre ilusiona ver bichos nuevos; cerciorarse de que no estaban engañándolo a uno en segundo en Zoología General, inventándose nombres solo para mantenerte ocupado... Los japígidos son una familia de dipluros, un grupo de "casi insectos"; que en vez de tener un par de cercos en el último segmento, los tienen transformados en forceps, con lo que el animal parece una especie de larva de tijereta.

Ea. Que quede constancia...

domingo, 8 de julio de 2018

Ciencia de impacto

Noticia de @ArdeolaJournal
Hace unos días me gustó enterarme de que el índice de impacto de Ardeola, la revista científica de SEO BirdLife, había superado la barrera psicológica del "uno" (bastante bajo, pero es que las revistas solo de Ornitología no suelen tener tampoco mucho éxito). Un gusto, tras llevar tanto tiempo suscrito y no haber mirado siempre con los mejores ojos lo que se publicaba en esa revista. creo que ya he explicado otras veces qué es el índice de impacto de una revista, pero en resumen, el índice de impacto en un año dado es la media de citas por artículo de los artículos publicados en esa revista durante los dos años anteriores. Aunque han corrido ríos de tinta informática acerca de sus bondades y (muchas) maldades como forma de evaluar la calidad de la investigación publicada en esas revistas (y por ende la de los investigadores que allí publican), de momento la verdad es que está sólidamente asentado en el sistema, y no parece que esto vaya a cambiar pronto.

El IF de Ardeola en 2017 es de 1,2, pero no todos los artículos de 2015 y 2016 tienen 1,2 citas, claro: es una media. Los habrá con más citas, y los habrá sin ninguna. Esto hace que por una cuestión más de pundonor que de otra cosa, tenga de vez en cuando la preocupación de no empeorar una revista: de que mis artículos consigan más citas que el IF de una revista, para que nadie me pueda acusar (nadie lo hace, vaya) de afectar a la valoración de esa revista. No sé si lo he conseguido con todos, pero al menos sí con los que he firmado de primer autor; algo es algo (de nuevo, esto no le importa a nadie, solo a mi mente aburrida). Tengo solo uno en Ardeola, que salió el año pasado: un trabajo de Iván sobre petirrojos en el que me encargué de la pequeña parte molecular allí incluida. Tiene de momento una cita (autocita, ejem), así que va por el buen camino para no afectar negativamente a Ardeola cuando se calcule el IF de 2018. A ver...

jueves, 5 de julio de 2018

Un río preso de la presa

Una pena.

Un tema recurrente en las series americanas "familiares" de cuando era chico, también de las de dibujos, era el de la movilización vecinal para salvar "su" pedazo de naturaleza local: su bosquecito o su parque sobre el que se iba a construir una carretera, o algo así. Algo que se me antojaba ajeno, y casi cómico: de pequeño porque no veía yo nada de lo que estar orgulloso a mi alrededor, y ahora que ya peino canas (en plural, sí) porque las cosas que me gustan (los solares "abandonados", la "maleza"...) me gustan solo a mí, y da apuro defender eso y quedar como un loco... Pero por fin el proceso de renaturalización del Manzanares me llenó de un gran orgullo local: de repente una medida de lo más simple llenaba de vida un espacio bastante perdido de la ciudad, y aunque los de las ranas croasen comidos por la inquina, buena parte de los madrileños se asomaron a su río y vieron, aliviados, que en realidad sí pintaba bastante bien...

... Y de repente, ¿eh? ¿Con qué me desayuno? Con que la corporación pretende remar y guardar la ropa: cuando la regeneración del río iba viento en popa, van y cierran una de las presas para reembalsar un kilómetro y pico de río, para que practiquen los ¡110! alumnos de la escuela de remo. Que no tengo nada en contra, y me alegra que disfruten con el deporte. Pero igual que no hay dónde instalar una escuela madrileña de windsurf, pues si el menguado río de la ciudad no permite el remo, ¡qué le vamos a hacer! Lo que no me parece de recibo es machacar así uno de los proyectos en pro de la diversidad urbana más amables y exitosos del país. Represar el río no afecta solo al tramo que ahora se inunde y quede sin vegetación y circulación natural, sino que corta de nuevo el movimiento de especies a lo largo del cauce. Y volverán a prosperar carpas y peces gato en detrimento de los peces locales, y a criar los mosquitos en el agua retenida... y a haber en resumen solo un canal de agua verdosa donde antes crecía el verde variado de la vegetación ribereña. Y ya, ya sé que el mundo,  si me apuráis el medio ambiente, tiene problemas objetivamente mucho mayores, y que esto, a fin de cuentas, no es "nada". No será nada, pero por una vez, sí es muy personal. Y eso duele. Así que si estáis empadronados en Madriz y queréis firmar... van mil apoyos en dos días, pero hay que seguir hasta los casi veintiochomil para que se pueda votar.

miércoles, 4 de julio de 2018

La ciencia del YouTube

La canción horrorosa de ayer tenía su porqué: introducir la de hoy. Y no es que vaya a hablar de la buena divulgación que puede uno encontrar cada vez con mayor facilidad de la mano de youtubers científicos y canales especializados, sino del uso de esta y otras plataformas como fuente de datos científicos... Hace poco salió un articulo de opinión que se lamentaba de que cada vez los científicos salían menos al campo, y de que muchas decisiones de gestión y conservación se tomaban a partir de datos tomados hace tiempo y/o en otros lugares. Pero es que salir al campo lleva tiempo y cuesta dinero, y por diversos motivos los investigadores no suelen ir sobrados de ninguno de los dos. Menos mal que de lo que sí suelen ir sobrados es de ingenio, y de eso quería hablar: de gente que ha descubierto cómo aprovecharse de la información gratuita de Internet. Uno de los primeros casos que me llamó la atención fue el de los científicos que descubrieron, gracias a Google Earth, un bosque "perdido" en Mozambique con una biodiversidad impresionante, en una zona aislada y que se creía arrasada, tras décadas de guerra. Me gustó mucho ver cómo otro equipo se valía de Google Street View para localizar cortados con buitreras y tomar datos de hábitat de los mismos. Encontré esta semana otro que estudiaba cómo de bien reflejaban los vídeos de YouTube sobre alcaudones la complejidad de comportamientos de estas aves recogidos en la bibliografía, y del mismo autor me estoy leyendo ahora uno en el que utilizan fotos de Google Images para estudiar el patrón de asociaciones comensalistas entre aves y mamíferos africanos. El mismo buscador de imágenes les sirvió a su vez a otros para estudiar la distribución geográfica de morfos de color de varias especies... En fin, en resumen: está muy bien salir al campo, y es por eso que muchos nos metemos en esto; pero cuando no se puede, parece que el límite lo pone solo el ingenio de cada uno...

martes, 3 de julio de 2018

"Pitas, pitas, palomitas pitas..."

Aunque para mí desde siempre las "pitas" sean las gallinas, no las palomas... anyway, vamos con un poco de trap.

lunes, 2 de julio de 2018

Fuxan os ventos...

Vientos. Vientos del sur, tenemos estos días. Vientos que, como ahí arriba en invierno los del norte, vienen cargaditos con el frío del Polo. Bloemfontein se congela azotada por el viento, y como por lo demás estamos en plenas vacaciones de invierno, el campus y la facultad lucen vacíos y desangelados a más no poder...
Intuyendo que las cosas que fui echando a estas alturas del año pasado deberían volver a abrirse pronto, me dio por hacer una ronda de reconocimiento, y ¡en mala hora! Me enteré, sin comerlo ni beberlo, de que estoy en la peor edad: soy un año demasiado viejo como doctor para pedir las ayudas de la Comunidad de Madrid a "Jóvenes Doctores", y por el contrario me quedo a dos meses de experiencia en el extranjero para poder pedir la de "Doctores con Experiencia". Llevo por lo demás demasiado tiempo fuera como para pedir las Retaining de La Caixa cuando salgan, pero luego resulta que las Incoming solo puedo pedirlas para ir a Centros de Excelencia "Severo Ochoa", y no hay ninguno ahora mismo de mi área de investigación... ¡benditas vísperas de los 35! A ver si las de los 36 vienen mejor dadas...