miércoles, 18 de octubre de 2017

Y más pelo aún (PNM, III)

Perdón por el abandono de estos días, que han sido unas tardes un tanto liosas... Tras despachar ya los diversos antílopes que vimos en Mokala, vamos con otros bichos con pelo del parque, que no fueron pocos. Y empiezo con una cebra de llanura Equus quagga, que igual os parece algo extraña, tan marrón, y de rayas difuminadas hacia la grupa... tiene su explicación: hasta que cazaron los últimos en la segunda mitad del S. XIX, estas zonas herbosas del sur de África contaban con su cebra propia, el quagga, de cuerpo mayormente pardo y rayas solo en la porción anterior del cuerpo, que compartía espacio con el ligeramente más afortunado ñu de cola blanca. Trascurrido un siglo tras la desaparición de los quaggas, y a rebufo de proyectos similares que intentan recrear los antepasados silvestres de vacas y caballos en Europa, surgió el "Proyecto Quagga", una iniciativa para, a base de realizar cruces selectivos de cebras con más pardo de lo habitual, buscar obtener ejemplares que recordasen a los desaparecidos quaggas, con los que repoblar de una forma más "natural" las reservas del sur de este país. El proyecto sigue su curso y se van obteniendo ejemplares de aspecto variable, aunque incluso los que tienen menos rayas presentan un tono leonado claro bastante distinto para mí del pardo más oscuro de las pieles de quagga que se conservan.

Varias de las cebras de Mokala proceden de ejemplares de dicho proyecto, pero uno se pregunta si el esfuerzo merece la pena, visto que en este parque hay también cebras "normales" que se cruzan con las otras, de modo que se ve toda una mezcolanza en lo que al pardo y la cantidad de rayas se refiere. Por no hablar de que un quagga no es (solo) "una cebra marrón": el resto de adaptaciones que tuviesen esos animales (por ejemplo mudar el pelo por una capa más densa en invierno, que no poseen las otras cebras, de ambientes más templados) se perdieron para siempre.

Bueno, vamos con otro animal, o mejor dicho con nuestros intentos no muy fructíferos por verlo: el rinoceronte. Cualquiera de los dos, vaya, blancos o negros, que aparentemente de los dos hay en este parque. A Joaquín y a mí el tema de los Big Five nos da bastante igual, pero por buscar que nuestros dos compañeros de viaje se llevasen algún bicho mítico a la boca, echamos bastante tiempo buscando por el parque algún rinoceronte o búfalo, los dos integrantes de la boy band presentes en Mokala. Y encontramos bastantes excrementos, y rastros en el barro de los caminos, como estos de tres dedos, casi dinosauriformes, de los rinocerontes; pero búfalos no vimos ni el primero...

... y rinocerontes a punto estuvimos de no verlos tampoco (ni jirafas), hasta que el último día decidimos sacrificar el ir a ver la cercana Kimberley por echar el rato en las carreteras del parque que nos quedaban más lejos del campamento. Y allí nos encontramos a este grandullón, rebozado en polvo rojizo y escapando del sol de mediodía a la sombra de unas acacias, y como veis enormemente preocupado ante nuestra presencia.

Es una gozada, esto de que los animales no se alarmen al detenerse los coches de los visitantes. Aunque la verdad con los facóqueros Phacochoerus africanus, aunque abundantes, no tuvimos tanta suerte, pues volvían grupas y salían por patas, con la cola ridículamente tiesa en vertical, si les prestabas demasiada atención. Solo este nos dejó sacarle fotos de cerca.

Los que no se alarmaban mucho eran los componentes de este grupo de monos verdes, Chlorocebus pygerythrus, que descansaban el doming en el mismo lugar donde el sábado bebían los nialas de la entrada anterior. Y es una pena que no tuviesen mucho de qué asustarse, porque estos monos han adquirido cierta fama en los documentales (aparte de por cierto detalle anatómico lleno de color) por su especie de lenguaje primitivo: el uso de diferentes tipos de vocalizaciones para codificar diferentes tipos de amenazas por parte de depredadores, y escapar hacia los árboles o no en consonancia.

Pasamos de un grupo de monos, a uno de animales muy monos: unas ardillas de tierra sudafricanas Xerus inauris, bastante parecidas a las ardillas morunas asilvestradas por toda Fuerteventura. No son el único roedor bípedo del parque, pues nos apuntamos también a hacer desde el campamento una salida nocturna en un coche con focos para intentar ver cerdos hormigueros o algún felino; y con eso no tuvimos suerte, pero sí me sirvió para tacharme el chotacabras carirrojo Caprimulgus rufigena y un bicho la mar de raro y molón, la liebre saltadora Pedetes capensis. Que no es una liebre, sino un roedor de un grupo africano la mar de raro, del que casi todas las especies que se conocen son fósiles, salvo este bichejo y un grupo de ardillas voladoras de lo más feas.

Otra ardilla aquí, dando buena cuenta de los restos de alguna barbacoa. No hay muchas especies de depredadores en Mokala, la verdad, y ninguna grande, como ya os dije; pero sí hay uno, del tamaño de estas ardillas y que de hecho suele compartir madriguera con ellas...

... y que goza además de amplio favor popular: el suricato Suricata suricatta. Solo vimos un grupo de ellos, aunque bastante numeroso: cruzaron corriendo la carretera todos a una, delante de nosotros, y después se pararon, miraron hacia atrás, se dieron la vuelta y volvieron todos a la carrera por donde habían venido; como si los veinte se hubiesen dejado el gas abierto en casa. La verdad es que muy listos no nos parecieron...

Un bicho encantador: el zorro orejudo Otocyon megalotis, del tamaño de un zorro europeo, máscara como de mapache y esas grandes orejas que les sirven para localizar por el oído los pequeños animales de que se alimentan, sobre todo termitas. Suponemos que estos dos, que vimos muy bien (aunque poco tiempo), a pesar de la foto, eran Sr. y Sra., pues estos bichos se emparejan de por vida.

Y acabo ya con el que, codo con codo con el caracal, es el mayor depredador de Mokala: el chacal de lomo negro Canis mesomelas, del tamaño de un perro mediano; de Brego, mismamente. Según nos contaron al principio había también hienas pardas, pero los dueños de los cotos de caza aledaños al parque se quejaron y las sacaron del mismo. Curiosa gestión la de los espacios naturales de este país, ya os digo... Vimos solo un par de chacales, que se mostraron bastante confiados, cosa rara en un bicho en general considerado alimaña y al que se persigue mucho. Pero se le ve en la cara a este, que sabe que es allí el que corta el bacalao. Ya veremos cuando, como nos dijeron, se decidan a soltar guepardos en el parque...

domingo, 15 de octubre de 2017

Antílopes de todo pelo (PNM, II)

Trascurrida una semana de aburrida y atareada facultad, voy ya sacando ratos para poner algo de orden en las fotos del fin de semana pasado, así que vamos sin más dilación con algunas de ellas. Empezando por los antílopes, cuya diversidad y abundancia da justa fama al parque de Mokala. Ya os había enseñado en una entrada anterior al ñu de cola blanca Connochaetes gnou, especie propia del sur de África y salvada de la extinción in extremis a comienzos del S. XX, que es uno de los iconos del Parque...

... pero sin duda la especie más abundante, en Mokala y en general en las zonas abiertas de casi toda Sudáfrica, incluso fuera de las reservas, es el springbok o gacela saltarina Antidorcas marsupialis. Y sí que saltan, sí: en Mokala no hay depredadores mayores que un chacal, no hay leopardos, guepardos, leones o hienas; y los herbívoros llevan así una vida bastante relajada. Pero de vez en cuando a las gacelas les daba la venada y escapaban cuando parabas el coche a su lado, dando los saltos que las han hecho famosas en los documentales.

Imagino que la ausencia de depredadores tendrá algo que ver en la relativa frecuencia con que se veían gacelas melánicas en el Parque: desde las que solo parecían ligeramente "ahumadas" hasta las que eran casi por completo color chocolate, como la de la foto. La verdad es que es un concepto que se me hace raro, este de los parques nacionales sudafricanos, de vallar una zona "pelada", soltar bichos chulos y entonces proteger la reserva; en vez de proteger solo zonas que conservasen su riqueza de forma natural (que también lo hacen, vaya). Te encuentras así con sitios como este, donde hace diez años no había nada y ahora hay un montón de herbívoros bastante escasos en otras reservas, pero que no son controlados por nadie que se los coma, de modo que imagino que, o sueltan en algún momento carnívoros también, o tendrán que acabar controlándolos de forma manual.

Desde un punto de vista más "listero", te da algo de escrúpulo tacharte bichos así, pues no dejas de tener la impresión de que estás en una especie de zoo-safari... pero también es verdad que muchos de estos bichos ya solo persisten en sitios así; bichos como el antílope ruano Hippotragus equinus, una especie muy grande y bonita que tenía muchas ganas de ver. Me lo taché en el parque... y justo al salir del mismo vimos a su especie hermana, el más bonito aún antílope sable (que habíamos buscado sin éxito de verjas para adentro), pastando pegado a la carretera, tras la verja de uno de los enormes cotos de caza de este país, anejo al parque y que seguramente fuese casi tan grande como el mismo. ¿Y por qué me tacho uno en tierras públicas y al otro en tierras privadas no? ¿Solo porque supongo  -pues saber no lo sé- que uno estará menos manejado que el otro? Será...

En fin, disquisiciones acerca de si el ambiente que visitábamos era más o menos natural aparte, sí disfrutamos mucho con los distintos animales. A medida que uno dejaba atrás las zonas de pradera donde estaba nuestro campamento, también iba cambiando la composición de especies. Cuando empezaba a haber más arbustos y árboles, en vez de ñus de cola blanca se veían ñus azules Connochaetes taurinus, que aquí en el sur (en el Kruger también) son animales que forman grupos pocos numerosos que se mueven en zonas resguardadas, no esos rebaños de miles de ñus que se ven en el este de África en los documentales, en zonas abiertas.

Sustituyendo al antílope ruano, en las zonas más arbustivas veía uno bastantes ejemplares de su pariente el órix del Cabo, o gemsbok Oryx gazella, una especie preciosa; y que de nuevo aunque aquí buscaban la vegetación desarrollada, más al oeste, en el Kalahari y el Namib, se los encuentra uno pastando entre las dunas, donde casi no crece nada.

Una especie grande y bastante elegante, que se encontraba uno por todas partes durmiendo bajo los arbustos a mediodía, era el alcélafo o hartebeest Alcelaphus caama (son muy divertidos, por lo sonoros, los nombres afrikáner de estos antílopes, que son los que se usan de forma habitual en inglés también). Al contrario que los cuernos de otros alcélafos de más al norte de África, los del de aquí se alzan en forma de lira, en vez se abrirse en semicírculo a los lados...

...lo que permite distinguirlo del tsetsebe Damaliscus lunatus, una especie por lo demás muy parecida y uno de los antílopes más veloces; y que aunque está en general bastante amenazado, en el parque no era raro.

Ramoneando en las zonas arbustivas aparecían por aquí y por allá unos cuantos elands comunes Taurotragus oryx. Los elands son los antílopes más grandes de África, igualando en tamaño a varias de las razas pequeñas de vacas. Al igual que las vacas (no todas...), son de temperamento tranquilo y se les puede domesticar y ordeñar. Hubo en tiempos en Sudáfrica granjas de elands, y aparentemente aún las hay en regiones esteparias del sur de Rusia. Dentro de la familia de los bóvidos, los elands y sus parientes del género Tragelaphus, como los kudús (que también había en el parque)...

... los nialas T. angasii como estas bellezas que bajaron a beber a una charca, un macho y dos hembras; y otros, son el grupo hermano de vacas, bisontes y búfalos, mientras que el resto de los "antílopes" se desperdiga en diversas tribus a lo largo del resto de la familia, incluyendo por el medio a cabras y ovejas. A lo que voy: que "antílope"es solo un nombre, pero no una categoría taxonómica natural.

Y tras sacaros antes al grandullón del eland, cierro ahora con uno de los más pequeños, un steenbok Raphicerus campestris, que sé que os gusta, con sus orejotas de burro. También me gusta a mí, para qué lo vamos a negar...

viernes, 13 de octubre de 2017

La Fiesta de la Patata

 Aunque imagino que conmocionados por los eventos sucedidos en el resto del país... o quizá no tanto, los paisanos de mi aldea celebraron como de costumbre a comienzos de octubre (a pesar de que desavenencias con la Corporación* amenazasen su continuidad) la Fiesta de la Patata, uno de los eventos que más gracia me hacía de pequeño. Y como mi madre se acercó allí el domingo a pasar el día, y nos estuvo inundando el wasap con fotos de la misma, pues rescato algunas para teneros entretenidos, antes de que caduquen...

La fiesta es de la patata como podría haber sido de cualquiera de las otras (pocas) cosas que se cultivan por allá, pero la variabilidad fenotípica de la homenajeada permite celebrar un concurso que difícilmente se puede realizar con los productos de otras fiestas gastronómicas, de platos de carne, mariscos o empanadas: escoger la patata más rara. Cada año, cuando tocaba deslomarse al final del verano, mis abuelos iban escogiendo las patatas más deformes que salían: "estas para os nenos, para a festa...", aunque no creo que ganásemos nunca nada, pues siempre competían auténticas aberraciones; a saber qué salidas de purines tóxicos tenía esa gente encharcándole las huertas...

La otra competición importante era a ver quién conseguía la patata más grande... Un año uno de los curas de Salesianos, que nos daba Sociales, que imagino que moriría ya, y que era de la aldea, cogió la patata ganadora para llevarla a clase, y explicar que al precio que estaba el mercado por esa patata tan grande al agricultor le pagaban diez pesetas, y que a nosotros por una bolsa pequeña de patatas fritas nos cobraban en la cafetería ¿cincuenta?, no me acuerdo; y que echásemos cálculos, y que "eso, niños, son los intermediarios; y por eso deja mucha más riqueza el tener toda la industria transformadora, en vez de mandar fuera la materia prima".

Un concurso que no había en mis tiempos era el de los "dioramas patatiles", elaborados por los niños del colegio, los pocos que quedarán. O seguramente más bien por sus padres, porque alguna de las fotos de mi madre mostraba construcciones que no se correspondían mucho con el nombre y edad escritos al pie... eso, o justo somos nosotros los que salimos tontos en un pueblo de superdotados para las artes plásticas.

Os pongo aquí al auténtico "Señor Patata" recogiendo patatas, un ejercicio de metaloquesea que es el que más éxito ha tenido entre aquellos a los que ya os he enseñado estas fotos antes...

Y otro elemento novedoso, las cestas de "productos de temporada". Más de una de las verduras que pude ver en las fotos de dichas cestas no sé yo si no estarían de temporada en el supermercado, más que en las huertas, porque asomaba por ahí alguna que muy local, muy local, no parecía... bueno, pero dejémosles el beneficio de la duda, que no tengo yo por qué dudar de la honestidad de mis parroquianos.

Cierro ya con una foto de la fotógrafa, a la que agradezco y reprocho a la vez que enviase todo este material. Que Sudáfrica queda más lejos de lo que parece por wasap...

* Qué sonoridad, lo de "la Corporación"; como de Marvel...

jueves, 12 de octubre de 2017

"¿Y el refrigerio?"

Recibí el correo la semana pasada: que esta semana vendrían "unos evaluadores a evaluar el Departamento", que querían hablar conmigo si era tan amable, y que se serviría un pequeño refrigerio... bueno, pues todo sea por el refrigerio departamento, claro. Las dichosas entrevistan han tenido al Departamento revolucionado toda la semana; y de una forma que me ha hecho mucha gracia, como de chavales arreglando la casa antes de que vuelvan sus padres de pasar el finde fuera: el lunes le dieron al pasillo y los despachos una limpieza que no habían visto en años, y escondieron (?) en el nuestro los contenedores de papel y pilas para reciclar que nadie vacía nunca; como si fuesen algo vergonzoso. El resto de esta semana, ya con los evaluadores en activo, ha resultado curioso ver cómo toda la gente que nunca aparece antes de las nueve estaba ya por la facultad una hora antes, tratando de parecer ocupados, como si fuese su rutina más habitual; y además todos bien vestiditos, ya os digo que ha sido de lo más curioso... Como las entrevistas las han estado haciendo en la sala donde comemos, a Joaquín y a mí nos han alegrado la semana y fastidiado a la vez: "obligándonos" a dejarnos el dinero en los restaurantes del campus, en comida mucho mejor que la que pueda preparar yo... Y por fin llegó ayer el momento de la entrevista. No me pillaron en mi mejor día, porque Internet y mi ordenador llevaban horas dando problemas y estaba yo de un humor que no me habría importado que cerrasen todo y echasen luego el edificio abajo. Tampoco ayudó que la entrevista, que se supone nos tenía que tocar a las tres, fuese pasadas las cinco; pero los pobres entrevistadores parecían tan cansados que nos dieron pena a Joaquín y a mí, de modo que contestamos al par de chorradas que nos preguntaron con desgana ("ah, ya, que lleváis solo unos meses por aquí, ¿eh? Y... bien, ¿no?") y les dejamos que se fueran... y nos dimos cuenta luego de que ni refrigerio ni leches, de que allí nadie nos había ofrecido nada. La próxima vez que me alimenten antes de empezar a contestar.

martes, 10 de octubre de 2017

Entre la pradera y el Karoo (Parque Nacional de Mokala, I)

Una hembra de steenbok Raphicerus campestris, una de las muchas que vimos el fin de semana, mira al coche entre curiosa y alarmada. El raficero común es solo uno de los muchos y muy variados antílopes que vimos a lo largo del fin de semana, pues Mokala hizo honor a su fama de ser un lugar con gran diversidad de estos animales. Pero antes de meterme a saco con fotos de vacas y ovejas de estas, voy a enseñaros algunas panorámicas del aspecto general del parque:

Buena parte de la región noreste del mismo, la que nos quedaba más cerca del campamento, lucía tal que así, llana y herbosa: es el Highveld, el mismo tipo de hábitat que tenemos en Bloemfontein. A pesar de que ya os he hablado algunas veces en el blog de las tormentas con que empieza aquí la primavera, lo cierto es que el campo lucía aún mayormente seco, aunque a ras de suelo sí se notaba que la hierba empezaba a reverdecer.

Grupa con grupa, seguimos a estas tres cebras (algo... raras, tan marrones y tan poco rayadas, ya; ya os hablaré de ellas más adelante) hacia el este, donde como veis el hábitat cambia de forma radical. Mokala es un parque nacional muy reciente, instaurado hace apenas diez años, y que (aunque no lo parece) resulta ser de lo más artificial: resulta que antes había otras zonas protegidas cerca de Kimberley, pero cuando se descubrieron en ellas unas vetas diamantíferas muy apetitosas, el estado decidió desprotegerlas (.....), permutándolas por lo que ahora es Mokala. El ahora parque no tenía ninguna de las grandes especies que ahora se ven en él, que proceden todas de sueltas realizadas a lo largo de estos últimos años de animales procedentes de la antigua y otras reservas; pero sí resultó ser en cambio una zona de lo más atractiva en cuanto a conservación de hábitats, pues se juntan en él tres ambientes: la pradera ya mencionada...

... el Nama Karoo, un terreno arbustivo que se extiende desde aquí hacia el este y hacia el sur, volviéndose cada vez más abierto y desértico...

... y la sabana xérica del Kalahari, donde el suelo está más libre de arbustos y dominan varias especies de acacia de copa aparasolada; incluyendo la Vachellia erioloba, o "camelthorn", cuyo nombre en tswana sirvió para bautizar el parque. Según la zona en que uno se encuentre, el suelo cambia además entre arenoso o de arcillas muy, muy rojizas.

Salpicadas aquí y allá a lo largo del parque hay una serie de colinas, de vegetación escasa y cubiertas de bloques redondeados de lavas andesíticas y doleritas, rocas muy oscuras que les dan un aspecto característico.

Y bordeando el parque por el noreste pasa además el río Riet, al que se asomaban los bungalows de nuestro campamento, todos ellos mucho más lujosos que la mayoría de sitios en que nos alojamos al salir al campo en España. Pero no me voy a quejar precisamente de eso, que ya voy yendo viejo... aunque sí podrían por ejemplo ponerle silenciador a los babuinos que nos despertaban rayando el sol con sus melodiosos berridos.

Y con esta jirafa tan maja y tan típica* cierro ya esta entrada; la siguiente ya tendrá algo más de pelo, que estando el campo tan secote no saqué precisamente muchas más fotos de plantas...

* Digo lo de "típica" por la postura esa de alargar el cuello para comer de la acacia y tal, que haría que a Lamarck se le saltasen las lágrimas del gusto. Pero en realidad nos costó encontrar alguna jirafa así, pues la mayor parte de las acacias de Mokala son más bajas que las jirafas, y estas tenían que agachar el cuello, más que estirarlo, para poder comer. Acabará por salirles joroba y todo.

lunes, 9 de octubre de 2017

Ñu me da la vida...

 ¡Buf! Me pone muy contento salir al campo, salir de viaje, porque a medida que voy sacando fotos pienso en las historias que podré contaros, voy pergeñando entradas mentalmente y me alegra pensar en que tendré material para el blog durante varios días. Pero claro, es un problema también, porque como soy de gatillo fácil me encuentro ahora con que en un solo fin de semana he sacado más de mil fotografías; y a la hora de actualizar el blog, me puede la pereza de rebuscar entre ellas las que valgan y editarlas un poco, máxime si además claro, no es que esté aún de fin de semana, sino que hay otras mil cosas que hacer... Os dejo pues con una primera imagen de un paisaje, justo antes de dejar el Parque ayer por la tarde, cuando empezaba a fraguarse la tormenta que nos acompañó luego hasta Bloemfontein...

... y con una última imagen de un ñu de cola blanca Connochaetes gnu, o "antílope perchero", como le llamamos nosotros; una especie endémica del África austral que estuvo a punto de desaparecer a principios del S. XX, y que es uno de los emblemas de Mokala.

Y ya mañana, si Dios quiere y el tiempo no lo impide, más.

viernes, 6 de octubre de 2017

¡Campor fin!

Una entrada breve, pero llena de expectativas: por fin, tras dos meses y pico de sequía, toca salir al campo de verdad. Nos vamos un grupo bastante heterogéneo de tres españoles y una turca a pasar el fin de semana al Parque Nacional de Mokala, el más reciente de Sudáfrica, con apenas diez añitos a sus espaldas; que nos queda apenas a dos horas de casa. Es una reserva sin muchos de los grandes animales, pero que lo compensa a cambio con albergar muchos tipos de antílopes que no hay en otras, así como otros animales "de segunda" (de segunda para otros) que se deberían ver aquí con mayor facilidad, como el cerdo hormiguero o el zorro orejudo. A ver, a ver... a la vuelta hablamos.

jueves, 5 de octubre de 2017

Transición florida

 Creí que se me iba a hacer más duro continuar escribiendo en EMNMM aquí desde Sudáfrica; que, desconectado de la realidad natural peninsular, me iba a costar más escoger temas adecuados a la estación sobre los que escribir... pero de momento no ha sido así. Hemos pasado ya el invierno que, aunque fresco, ha sido igual de seco que un verano peninsular, con todo el paisaje amarilleando en torno a Bloemfontein. Y ahora nos llega una primavera la mar de otoñal: llueve y reverdece la tierra, y no siendo porque a los árboles les salen ahora hojas y flores, el aspecto del campo ahí fuera no es muy distinto del del madrileño en octubre. En un octubre en que os lloviese lo que debería llover, quiero decir. Así que ha sido más sencillo de lo esperado escribiros un artículo sobre flores otoñales. Espero que os guste.


miércoles, 4 de octubre de 2017

Tormentas y cigüeñas

Tuvimos a primeros de septiembre un par de semanas de "ola de calor" (que no parece tal si en la prensa no la llaman así), trascurridas las cuales las temperaturas máximas y mínimas descendieron diez grados, hasta los valores medios de la estación. Paralelamente, el cielo ha estado nublado cada vez con más frecuencia, y hemos tenido algunos rayos y algunas lloviznas. Pero no fue hasta ayer por la tarde y esta noche en que nos han caído tormentas "de verdad", de las de volver el día en noche y llover a mares. Una cosa que me resultaba atractiva de las latitudes tropicales es la de que las tormentas suelan descargar al caer el día: te pasas el día al sol tan tranquilo, llueve mientras cenas y te despiertas luego para disfrutar de otro día de sol; no ves llover y los embalses están llenos, para alegría de los viejos y mía, la situación ideal. Pero todo esto falla cuando la tormenta llega de madrugada y tus ventanas no tienen persianas, sino solo cortinas casi de papel (como el vidrio de las mismas, por otra parte), de modo que te despiertas a media noche con una mascletá dentro de la habitación... y hasta que pare.
Desvelado andaba yo en esas cuando me acordé de una foto impresionante que había visto ayer, de un jabirú africano Ephippiorynchus senegalensis ensartando una mangosta. Una foto muy atractiva, y además... ¿que disgusta, podríamos decir? Que (me) disgusta porque no "parece correcto": que una cigüeña se coma a un depredador, por mucho que la mangosta en cuestión no sea muy distinta en forma y tamaño de cualquier pescado que hubiese podido capturar el jabirú. Y al acordarme de la foto me vino a la cabeza una isla de bonito nombre, donde hasta hace nada (como en otras islas de todo el mundo) había ratas y lagartos gigantes y elefantes enanos...
Instalación del Museo de Ciencia y Naturaleza de Tokio. Foto de aquí
... una isla donde una especie de marabú gigante compartió espacio con unas personitas a las que doblaba en tamaño, y que me pregunto yo si acabarían alguna vez como la mangosta de la foto de antes. Me dio qué pensar, igual que hace unos años... menos mal que me acabé durmiendo luego sin  pesadillas que lamentar.

domingo, 1 de octubre de 2017

Un día para olvidar, ¿un día para recordar?

 ¿Qué? ¿Valía la pena llegar a lo de hoy, a un día en que nadie está contento? ¿Os han merecido la pena, tantos wasaps, tanto azuzar? ¿Sois hoy más felices que ayer? Y justo hoy acabo de echar una postdoc de La Caixa... gracia tendría que me la diesen. En fin. Os dejo con una foto de servidor, de uno de los muchos días en que ha sido feliz en Cataluña...

... y con una canción. Sin relación con el día, pero que me gusta, y con eso llega.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Yo también me lo sabía...

¡Hasta Sudáfrica!, llegan hora sí, hora también, noticias, vídeos, cadenas de mensajes y memes sobre el tema estrella: Cataluña. Todos muy tristes, incluso los graciosos. Tristes, pues maldita la necesidad que hay de hacer que la gente se pelee. Tristes porque, teniendo la clase política que tenemos, lo único que estamos viendo es pelearse a garrotazos a dos pastores a propósito de la porción del rebaño que seguir ordeñando. Y las ovejas, en vez de aprovechar el despiste para mandarlos a paseo, les ayudan mordiéndose entre ellas. Mordiendo cada vez con más saña; pero claro, los que podían apaciguar los ánimos llevan años apagando fuego con gasolina, y veremos dónde acaba ahora todo...
Soy un orensano. Criado allí, y rematado luego en Madrid; y en el campo de buena parte de la Península, que con el tiempo he ido aprendiendo a leer, y cuyo conocimiento cada vez más detallado ha abierto la puerta al amor. Soy... "así": 35 años de lo que os acabo de describir me han ido cincelando, y ni puedo ni quiero negarlo, y ni puedo ni quiero cambiarlo. Pero entre eso, y abrazarme con pasión a una bandera, sea gallega o española, hay un abismo muy grande (e invisible para algunos, pero eso es otro cantar) que no tengo el menos interés en cruzar. Mi mentalidad, la mentalidad del que entiende que proteger en el país A al ave migratoria que se caza en el país B es una idiotez (por llevar el agua a mi molino), es profundamente antinacionalista internacionalista. Nos sobran los "antis", y andamos en cambio faltos de gente que sepa entender al de enfrente y explicarle por qué se equivoca (invisible para algunos también: las opiniones pueden ser todas respetables, pero ni de lejos son todas válidas). Nos ha faltado quien supiese y quisiese reconducir el embrollo catalán desde el principio, pero estando ahora como estamos, yo soy partidario de que se vote. De que se vote con todas las garantías, no como mañana; al menos para dejar a la gente que hable por sí misma, y no a través de la boca de sus representantes (je). Y de seguir trabajando codo con codo desde el día siguiente, con los catalanes independizados o no (que poco debería importar), porque los problemas que de verdad debieran preocuparnos son comunes y se extienden mucho más allá del Ebro y los Pirineos.
Partidario de dejarnos de tonterías y de atender a lo que de verdad importa, en vez de a pelearnos. Considero mi postura mucho más válida que la de los acosan a la Guardia Civil en Cataluña, y que la de los pobres diablos que esta tarde cantaban el Cara al Sol en Cibeles. Pues eso... me ha helado la sangre. Porque me hizo recordar que hubo un tiempo en que yo andaba desnortado, y confundiendo el tocino con la velocidad, también lo veía todo como una lucha de azules contra rojos. Hubo un tiempo en que yo también me sabía el Cara al Sol, y en que escribía cosas que prefiero no recordar en el capítulo de Lorca de mi libro de Literatura Española. Hubo un tiempo en que, como por otra parte es habitual en este país, confundía religión y política, y evidentemente si yo era católico tenía que estar de parte de quien tenía que estar. Qué idiota fui, qué equivocado estaba, y qué suerte tuve de darme cuenta pronto de que todas esas ideologías de adoración al partido y a la bandera son esencialmente anticristianas, por mucho que los que las defiendan puedan ser de Misa diaria. Qué suerte tuve de aprender pronto que al cristiano lo que le toca es "no juzgar a los demás, no ofender ni siquiera con la duda, y ahogar el mal en abundancia de bien". Qué ansia, de que se les caiga la venda de los ojos a esos de Cibeles. Y a los de Diagonal, y a los del ISIS...

Con Dios y República.

jueves, 28 de septiembre de 2017

Será por opciones...

Hace pocos días, un sonido familiar me hizo mirar al cielo. Y, como no vi nada, supe que estaba en lo cierto: eran abejarucos europeos, las Doña Rogelia del aire. Me hicieron pensar los abejarucos en lo lejos que me pilla ahora todo, y eso me hizo vencer la pereza de entrar en la web que tenemos en la universidad para registrar los contactos para casos de emergencia. Entré, y al tener que escoger la relación que me une a mi posible contacto, me encontré con esta lista más larga que un día sin pan:

 Ex-compañero de piso, todo tipo de hijos legítimos e ilegítimos, bisabuelos/bisnietos... y, sin embargo, ninguna opción de "compañero de trabajo". Con lo fácil que hubiese sido poner sin más un espacio a rellenar...

miércoles, 27 de septiembre de 2017

No es ninguna payasada...

Fuimos el lunes, festivo, ya os dije, a ver el remake de It. Hmmmmm...meh, los sustos me parecieron todos bastante previsibles, de modo que casi ninguno fue tal. Por suerte el cine, como casi todo, aquí es mucho más barato que en España, de modo que casi parece, no que dé menos rabia, sino que se disfruta más, incluso. Me lo decía mi tía: que cuando de pequeños les dejaban ir al cine gratis, por amistad entre el dueño del cine de Ribadavia y mi abuelo, no había película que no le gustase; pero que cuando de mayor volvió una vez por compromiso no le gustó nada...

... pero no era de mi familia de lo que quería hablar, sino del acoso escolar. De un anuncio que nos pusieron antes de la película, que me pareció de lo más ingenioso. Con él os dejo:

martes, 26 de septiembre de 2017

Las gracietas de Gmail...

 Más de uno y de dos os habréis dado cuenta ya de que últimamente, cuando lees un correo en el móvil, algún algoritmo raro de Google te sugiere, en función del texto, una serie de respuestas tipo. Más o menos adecuadas o graciosas, según el contexto... y algunas veces tremendamente erróneas y enfadosas, como estas para un correo de rejection de un artículo:

Encima de perro, apaleado. Lo que hay que aguantar...

lunes, 25 de septiembre de 2017

De aquellos polvos...

Tras un par de semanas de calor por encima de lo habitual, han vuelto hoy a primera hora las nubes y un viento constante y fuerte del oeste, que al caer la tarde se ha llevado el sol por delante, y ha cambiado las nubes de vapor de agua por otras de polvo del Karoo que hacen picar los ojos y que vuelven los mocos negros... bastante poco festivo, el ambiente de este festivo: no hemos tenido trabajo hoy, pues se trasladó el Heritage Day celebrado ayer. Y de hecho, celebrado ayer, pues hoy no queda ni rastro por la calle del colorido de hace unas horas. Esta fiesta conmemoraba originalmente la muerte de Shaka Zulu, el principal caudillo de los zulúes, forjador de un imperio unificado al este del país al mismo tiempo que holandeses e ingleses iban ocupando el oeste. En la Sudáfrica buenrollista post-apartheid, la fiesta se reenfocó como una "celebración de la diversidad de pueblos" del país arcoíris, y ayer en verdad el campus era un caleidoscopio de camisas y túnicas de lo más abigarradas, de mantas sotho plegadas sobre los hombros a pesar del calor, de cabezas con pañuelos, cintas de cuentas y umgheles... ¿y los afrikáner? Pues conmemorando a su manera, con barbacoas. Que parecen ser la tradición menos molesta del 15% del país, aunque no por ello deje de debatirse si las tradiciones blancas tienen más o menos encaje... como dejaba bastante claro un artículo que me pasó hace poco Carmen, décadas de polvo dejan ahora lodos bastante engorrosos de limpiar.

viernes, 22 de septiembre de 2017

El patio de mi facultad...

 Mi facultad tiene un pequeño patio ajardinado particular, que cuando llueve, como ayer (apenas cuatro gotas, de verdad, contadas; a ver si llegan ya las lluvias), se moja como los demás. Es un lugar bastante agradable, donde salir a comerlos días que hace bueno, lejos del bullicio de los alumnos pequeños... aunque algún fin de semana me he encontrado a los de máster tomando el sol en él, tumbados en bañador sobre la toalla.

 De todas maneras, sí dejamos que entren los pequeños en él de forma excepcional; como este martes, en que después del espectáculo culebril de la entrada anterior tuvimos sesión de anillamiento, para enseñarles el trabajo que hacemos con las aves. La red de la foto, una de las más inútiles y que peor he colocado en toda mi vida, no cogió nada a lo largo de todo el día, pero por suerte tuvimos un poco más de tino con un par de cepos malla, y los alumnos no se fueron sin ver pluma de cerca.

 Pillamos en concreto un zorzal del Karoo Turdus smithi, la especie de "mirlo" urbano habitual por esta zona del país...

 ... y una cosifa cafre Dessonornis caffer, especie de la que ya os había hablado en el blog. Ahora que la estación de cría ya ha pegado el pistoletazo de salida, me sorprendió bastante escuchar en el campus un montón de "mirlos", que resultaron ser al final estos pequeñajos, que tienen un canto muy similar.

 Y pensaba yo que cogeríamos bastantes bulbules enmascarados Pycnonotus nigricans también, por ser bastante más abundantes que los anteriores, pero estos resultaron ser más espabilados, y no tuvimos el gusto de echarles el guante. Las infracobertoras caudales amarillas (aquí, mejor) le han valido a los tres bulbules sudafricanos más urbanitas (este, y el tricolor y el del Cabo; los tres estrechamente emparentados) el nombre afrikáner de "culo de mantequilla".

 Dejemos el suelo, que más arriba en los árboles también había bastante movimiento. Sobre todo el proveniente de una pequeña colonia de tejedores enmascarados Ploceus velatus, funcionando ya a pleno rendimiento, con nidos aún en construcción y otros ya con pollos.

 Los Ploceus coloniales crían todos más o menos de la misma manera: el macho arranca fibras vegetales frescas y fuertes (como las de las sufridas hojas del ave del paraíso blanca que asoma en la foto de arriba) y las va trenzando con notable habilidad en torno a la horquilla de una ramita, hasta formar la estructura básica del nido. Entonces, ya posado en una rama aneja, ya colgado directamente del mismo cabeza abajo, canta sin descanso para que las hembras se fijen en la casa tan bonita que les ha preparado. Si a la vista de la (mala) calidad del nido ninguna parece interesada, hasta el punto de que con el paso de los días las fibras del nido se secan, el macho lo deshace y empieza a construir otro...

 ... pero si sí consigue conquistar a alguna... tras la cópula, igualmente, se pone a construir el siguiente, desentendiéndose de las labores parentales. Y la madre soltera acabará de construir el nido (comparad la densidad del trenzado entre el nido de esta foto y el anterior), aportando sobre todo el recubrimiento interno; e incubará los huevos y sacará adelante la pollada lo mejor que sepa. Veis la de la foto, por ejemplo, que llega al nido con ceba en el pico.

A esta paloma de Guinea Columba guinea (la más frecuente aquí en la ciudad, más que las domésticas) en cambio aún le quedaba tiempo antes de preocuparse por sus pollos, y entretenía las largas horas de incubación mirando nuestras idas y venidas en torno a la red y los cepos.

 A su vez, una pareja de gorriones comunes habían establecido su hogar en este nido desocupado de golondrina, que os recordará por su forma al de las dáuricas, pero que debía de ser de sus hermanas la cabecirrufa (Cecropis daurica) o la pechirrufa (C. semirufa). Pena que no fuese ninguna de las dos la que ahora lo ocupaba, ¡ay!

 Y termino ya con un par de fotos de la atracción estrella del jardín estos días, un árbol del coral Erythrina caffra florido, cuyas inflorescencias atraen estos días a multitud de aves sedientas de un trago de néctar. No suimangas, que no he visto aún en esta ciudad, pero sí bulbules, varios estorninos distintos, anteojitos...

... y las abubillas-arbóreas verdes Phoeniculus purpureus, que se pasan el día en estas poco ortodoxas posturas y riñendo entre ellas. Y qué mal me viene, tanto entretenimiento justo al otro lado de la ventana del despacho...