jueves, 27 de abril de 2017

Con el ciclo cambiado

De Agustín Povedano
No eran canarios los que anteayer hacían gorgoritos por detrás de la facultad de Químicas, no, sino abejarucos europeos Merops apiaster. Me costó un poco verlos, pues sus voces siempre me parece que tienen una cierta cualidad ventrílocua y parecen venir de muchas partes a la vez, pero los descubrí finalmente posados en las ramas de un árbol medio muerto, y alzando el vuelo luego. Aunque no hay taludes donde puedan criar en el campus, lo hacen ya en El Pardo, justo a las puertas de la ciudad; y sobre el campus se dejan caer de vez en cuando, sobre todo en primavera y en otoño, después de llegar y antes de volver a irse a África. En Sudáfrica puede que me los encuentre también, pues junto con varias especies de abejarucos sedentarios, todas bellísimas, los europeos también se dejan ver por allí en invierno. O, mejor dicho, en verano: en nuestro verano austral, que será cuando me los cruce por allí. Aunque los abejarucos europeos, junto con otras poquísimas especies (la cigüeña blanca, me viene ahora a la cabeza), han sido capaces en algún momento de "darse la vuelta": de pasar de criar en el norte e invernar en el sur, a invernar en el sur y criar... más al sur; en la zona del Cabo, en el extremo sur de África, en concreto, donde el clima es mucho más similar al que tenemos en la región mediterránea. La verdad es que, a mayores de todas las especies nuevas que vea, me haría bastante gracia encontrarme con estos "invertidos", como pronto lo estaré yo. Ya veremos...

lunes, 24 de abril de 2017

"Escoja imitaciones"

Al volver esta mañana de la Embajada a casa, tras entregar los papeles del visado, cantaba un canario en un balcón de la esquina de Vallehermoso con Donoso Cortés... 

...aunque de pequeño soñaba con tener en casa todo bicho viviente, cada vez soy más contrario a la idea de tener animales en casa. Dicho lo cual, me temo que me gusta el aire de "barrio", familiar, acogedor; que le da a una calle que se escuche en ella el canto de un canario...

... y, cuando el semáforo de peatones se puso en verde, y comenzó a sonar el soniquete de los ciegos, el canario se puso a imitarlo (aunque la estructura del canto de las aves viene determinada mucho por la genética, no son pocas las especies con una cierta flexibilidad en esto y que añaden a su repertorio otros sonidos. Véanse los loros y la voz humana, sin ir más lejos...). Me hizo gracia esto, y me hizo pensar en unos pájaros que espero ver en cuanto ponga un pie en Sudáfrica: las viudas.

Vidua paradisaea y Ptylia melba
 La viuda del paraíso, a la izquierda, se parece bien poco al otro pájaro, una estrilda aliverde, y sin embargo los machos de ambas cantan igual.

Lo mismo que en la foto de arriba, aunque cueste creerlo
 Pero no solo se parecen en el canto, sino que sus pollos son también clavaditos. Con un buen motivo, que es que todas las son parásitos de cría, que dejan sus huevos y las cuitas de cuidar de los pollos en nido ajeno. Todas las especies de viuda (menos una) parasitan diversas especies de la familia de los estríldidos, que son además su parientes más cercanos. Los estríldidos construyen nidos muy cerrados (o anidan directamente en agujeros), y las marcas de la boca de los pollos ayudan a los padres a saber dónde tienen que meter la comida; no es sorprendente pues que los pollos parásitos mejoren sus perspectivas de salir adelante copiando en diseño de sus hermanastros.
Las distintas especies de viuda suelen especializarse en una única especie y como decía arriba, los machos además imitan el canto de la especie hospedadora. Pero no todos: una especie, la viuda colicinta, parasita muchas especies distintas de estríldido, y su canto no se parece al de ninguna de ellas, sino que es por completo creación propia. Tan ecléctica es esta especie en su elección de especie hospedadora, que de hecho a partir de aves escapadas de cautividad está prosperando actualmente ¡en California! parasitando una especie de estríldido ¡asiático! también común en cautividad y también asilvestrado, el capuchino punteado.

Pero no es en California donde espero verlas yo, no: una ilustración de mi nuevo libro de aves favorito, del que os hablaré en alguna otra entrada, menciona bien a las claras que están allí en mi ciudad a la espera de que me las tache. Pues de mil amores...

viernes, 21 de abril de 2017

Mis proyectos sudafricanos

Recibí ayer noche correo de un amigo en respuesta a uno que le escribí hace justo un mes, en el que le decía que "calculo que dentro de un mes estaré por tierras sudafricanas"... bueno, creo que es evidente que no es así. Pero ya estoy más cerca: creo que ya tengo todos los documentos necesarios en regla, y el próximo lunes me han dado cita en la Embajada para entregarlos. Y si las instrucciones que me dieron no mienten, el visado debería estar listo en unas dos semanas (que me diréis, tanto tiempo solo para poner un sello en el pasaporte...), y en cuanto lo tenga compro el billete para irme "ya", por lo que espero poder estar allí antes del diez de mayo. Que teniendo en cuenta que mi contrato teóricamente iba a empezar en marzo, ya va siendo hora.
Por lo demás, sigo disfrutando, mucho, de Madrid. Pero no por eso dejo (mucho) el trabajo asociado a Francia o la UCM de lado, o de pensar en el que vendrá: de momento anteayer me llegaron cuatro correos de mi futuro jefe, de los que ¡tres! eran convocatorias de proyectos que estaría bien pedir... para contar con cuanto más dinero mejor para nuestra investigación por allí abajo. Así que nada, tocará rascarse la cabeza, a ver qué se me ocurre... y ¿qué? ¿El cuarto correo? Pedir mi opinión sobre el diseño de una camiseta que quiere imprimir para todos los miembros del grupo... ciencia puntera.

lunes, 17 de abril de 2017

Árboles y agua

El Miño, aguas abajo, desde la pasarela peatonal de Oira, ayer por la mañana. Mucha agua y mucho verde, lo que imagino vienen buscando, entre otras cosas, los turistas que abarrotaron la provincia esta Semana Santa. Y desandando yo el camino en tren esta mañana, pensaba que ¡je!, en todo el trayecto entre mi casa y mi casa, realmente las masas boscosas más extensas y mejor conservadas, por no decir que prácticamente las únicas, son las de la Sierra, las de Madrid: los pinares de pino albar, los melojares, el encinar de El Pardo... porque ya sabéis, y si no lo sabíais enseguida os lo explico, que en Galicia bosques apenas sí hay... entendiendo como tales masas forestales naturales, y no plantaciones, vaya. Los números del último Inventario Forestal Nacional (de 2009, se actualiza cada diez años) cantan: en Galicia había 1.400.000 Ha de "árboles" (que más otro medio millón de Ha de arbustos/bosque en regeneración, normalmente tras un incendio, suman los dos millones de superficie forestal de la Comunidad). De esos (página 5) medio millón largo son coníferas -pinos, vaya, explotación forestal-, medio millón largo son frondosas, y lo que queda mezcla de ambos. Y "frondosa+Galicia" suena a carballedas, castaños... pero ¡ay, amigo, nada más lejos!, sino que es prácticamente todo eucalipto (claro, como coníferas no son, pues "frondosas"). Tenemos así que los "bosques gallegos", que tan bien sabe vender la Xunta en las campañas de turismo, me temo que no son tales... a fin de cuentas, los avatares históricos hacen que casi el 98% de esta superficie "forestal" sea de titularidad privada (página 4; mientras que la media del conjunto del Estado es poco más de la mitad), y el paisano medio en cuanto pilla por herencia un robledal (ni loco se le ocurriría plantarlo) lo primero que hace es talarlo para leña (esa es la palabra de uso corriente, de hecho: no se dice "teño unha touza de carballos e bidos"... sino "teño unha touza de leña"; utilitarismo puro), y luego plantar eucaliptos o pinos... ¿Dónde puede uno ver "bosque", entonces? Pues salvo en las escasas fincas en las que acaban volviendo los robles, por muerte del dueño y milagrosa ausencia de incendios; solo hay bosques en los terrenos públicos: básicamente en los cauces de los ríos, como en la foto de arriba...

... y con esa imagen creo que me quedaré como, intuyo, última estampa ya de Orense antes de volar al sur. Con esos bonitos chopos, fresnos y sauces. Y mejor no girar la cámara, que enseguida salen los pinos y las mimosas...

sábado, 15 de abril de 2017

Estampas leoninas

 Mis últimas horas en Francia tuvieron un añadido turístico con el que en principio no contaba: como el avión que nos llevaría a Barcelona a Marta y a mí salía de Lyon a última hora, dejamos nosotros Dijon a primera, para así tener todo el día disponible para visitar la villa de Saint-Exupéry.

 La fisionomía de la tercera ciudad francesa por población, tras París y Marsella, viene determinada en gran medida por dos grandes ríos, que dentro de ella se funden en uno: el receptor, el Ródano, al este, proveniente de los Alpes...

 ... y el afluente, el Saona, al oeste, que desciende hacia Lyon prácticamente desde tierras dijonesas. La margen derecha del Saona, donde se eleva la colina de La Fourvière, acoge los restos romanos de Lugdunum, y la ciudad vieja...

 ... mientras que el espacio entre ambos ríos, la "península" (presqu'île, aquí vista desde el aire), largamente reformado en la Edad Moderna, viene a representar el auténtico "centro" de la ciudad, con edificios oficiales como el ayuntamiento (Hôtel de Ville)...

 ... algunas iglesias monumentales, como la de san Niceto de Lyon, de estilo gótico flamígero...

 ... los "traboules", pasajes entre edificios reutilizados en buena medida como galerías comerciales...

 ... y la gran plaza (vacía, desaprovechada, innecesariamente grande... desde mi punto de vista) que no falta en cualquier ciudad francesa que se precie; aquí, la plaza Bellecour.

Del lado del viejo Lyon, el edificio más notable "a ras de río" es la Catedral de San Juan Bautista, sede de gran importancia en la historia de la Iglesia y la política en Francia.

Pero decía "a ras de río" porque los monumentos más conocidos de esta parte de la ciudad están Fourvière arriba, encaramados a la colina, a la que se accede o bien cómodamente en funicular, o bien haciendo piernas por carreteras y calles que remontan en zigzag o por empinadas series de escaleras, que aunque sin serpientes recuerdan a las del juego de tablero.

Entre tales monumentos, destaca principalmente la Basílica de Notre-Dame, que (aunque sean bastante distinta) se da un gran aire a la del Sacre-Coeur de París: ambas son coetáneas, construidas como reparación espiritual tras la guerra franco-prusiana; la piedra blanca de ambas destaca sobre lo alto de un monte en sus respectivas ciudades, y ambas mezclan elementos bizantinos y góticos en su estructura arquitectónica.

La Basílica se ve desde toda la ciudad, e igualmente toda la ciudad se ve desde ella: la ciudad vieja primero, la presqu'île luego y finalmente la parte más moderna de la ciudad.

Vistas de las que disfrutan a diario las lagartijas roqueras Podarcis muralis del monumento, como esta que veis asomada al pretil del muro de arriba.

Y, aunque nos quedaron muchas cosas por ver, nos despedimos del turisteo lionés en la parte más antigua que se conserva de la ciudad: el Anfiteatro de Las Galias, teatro romano del S. II, todavía en uso hoy en día cuando se celebran festivales musicales o dramáticos en la ciudad.

Día agradablemente soleado, como veis, el que nos tocó hace un mes al decir "adiós" a Francia. Poco que ver con la Semana Santa dijonesa del año pasado, al poco de llegar yo a tierras mostaceras: semana en que a Álex y a Andrea les tocó aguantar cielos grises y días fríos, como mi humor de aquellas... pero bueno, con sol o sin él, lo que está claro es que estas aventuras lejos de casa se disfrutan mucho más acompañado. En Sudáfrica os espero pues...

viernes, 14 de abril de 2017

De vuelta a la República

 ... a la República Francesa (de momento). Aprovecho estos días de vacaciones* para dar salida a unas pocas fotos que me quedan de mis últimos días por Francia, hace (¿solo? Se me hace ya tan lejano...) un mes, cuando vino a verme Marta antes de que volviésemos juntos a España.

 Días en que revisitamos muchos lugares que ya han salido por las páginas del blog (ver enlaces), por lo que no os cansaré repitiendo fotos antiguas. Hicimos entero, aunque a toda prisa, el recorrido de la chouette, por todo el centro de Dijon...

 ... volvimos a recorrer los montes y viñedos de Beaune, todavía desnudos de hoja, como hiciera con Cefe primero y con Miguel...

... y empleamos la última tarde, ya con miedo de saber si acabaríamos o no el recorrido con luz diurna, en dar la vuelta entera al estrecho valle de la Combe Lavaux, solana y umbría, como ya hiciera con Vero y Raquel en los largos y lejanos días de inicio de verano.

 ¡Flores! Flores de una primavera apenas incoada en Borgoña, cuando ya en la Península iba lanzada en pleno galope. Praderas tachonadas de mil violetas, violetas y blancas. Y pensar que, sobre el papel, las violetas se consideran "malas hierbas" a combatir en las praderas de césped...

 Las violetas me gustan mucho, aunque de todos modos estoy acostumbrado a verlas en España también (cierto es que no me puse a identificar especies, pero...). Lo que sí me hizo mucha más ilusión fue toparme con dos flores típicas del final del invierno que, aunque sabía que eran de origen europeo, no había visto yo sino en jardines: dos parientes cercanos de los narcisos conocidas popularmente como "campanillas de invierno", la Galanthus nivalis...

 ... y la Leucojum vernum. Las dos abundaban mucho en el sotobosque de la umbría de la Combe...

 ... casi tanto como las llamativas pulsátilas Pulsatilla vulgare en la ladera soleada, mucho más seca.

 Una zurita Columba oenas, una paloma que siempre que veo me hace sonreír, pues recuerdo que fue uno de los bimbos urbanos que más ilusión me hizo, al desplazarme a vivir a Madrid. Las he visto desde entonces con relativa regularidad, mas desde que me di cuenta de que incluso criaban en el edificio de la Facultad (también en la de Dijon, por cierto), pero no por eso se me pasa el entusiasmo que me despiertan. Bien está, que sean los únicos bichos que salgan en esta (supongo) última entrada dijonesa del blog...

 ... ellos y la lechucita símbolo de la ciudad, claro. Muchas gracias, Marta, por "obligarme" a guardar un último recuerdo agradable de una ciudad y una región que no siempre vi con buenos ojos...

... y muchas gracias a vosotros también por haber sido los verdaderos causantes de mi cambio de actitud, y por haber estado acompañándome también hasta el último momento. Espero que no tardemos en volver a vernos.

*¿Estoy de vacaciones? Bueno, estoy en paro, básicamente. Y con todo y con eso, yendo cada día a trabajar a la facultad. De la que descanso ahora en Orense. Pero tampoco se puede decir que, de hecho, me esté deslomando en Madrid estos días... a fin de cuentas, este año llego a Sudáfrica en otoño y no voy a tener las vacaciones de verano cuando me tocarían, por lo que tal vez debería descansar aún más. Aunque como cientéfico tampoco me lo puedo permitir, porque la cencia no se ace sola hai que acerla.....

jueves, 13 de abril de 2017

Agua dulce, agua salada

 Buscando ver a los amigos antes de partir a Sudáfrica, y buscando también disfrutar del mar y de un pequeño anticipo del verano antes de plantarme de vuelta al otoño en el centro de ese país austral; fui ayer a pasar el día con Raúl.

 Empezamos sin embargo visitando una pequeña charca de agua dulce en el lugar de Os Leiros, apenas a unos metros del CiUG, pero con un ambiente radicalmente distinto del de la gran llanura mareal (donde no vi que quedasen ya apenas limícolas). Buscábamos (buscaba yo; Raúl me lleva, y me aguanta) una polluela chica Zapornia pusilla (en concreto esta misma de esta foto) que se llevaba citando desde unos días atrás, y hasta la tarde del martes, en la zona, y que sería un primer bimbo de 2017 la mar de agradable.

Pero la buscamos, nosotros y dos observadores mas, sin éxito; mientras que un paisano acompañado de su can de palleiro (como "concepto", no como raza), que estercaba un pequeño viñedo allí al lado con un remolque de algas, nos echaba miradas de reojo sin llegar a preguntar nada. A falta de polluela, os dejo con una rana Pelophylax perezi de los millones que sí se veían y escuchaban dentro de la charca. Que además, a fin de cuentas, el canto de la polluela se parece mucho al de estos anfibios...

 Se escuchaban ranas, y se escuchaban muchos pajaretes saludando alegremente a la primavera, en un ambiente que alegraba el alma de puro verdor. Los más abundantes, los cistícolas buitrón, aves típicas de estos prados de vegetación alta... aquí y resulta que en Sudáfrica también. Solo que allí además comparten país con ¡dieciocho! especies de cistícola más, buena parte de las cuales muy similares entre sí. Mejor voy aguzando el oído...

 Y los segundos en abundancia, los pardillos Linaria cannabina. Este es el macho de una parejita aquerenciada en un tojo, con su pechera recién pintada de rosado...

 ... y esta su señora, acarreando material para forrar el interior del nido. La verdad es que se mostraron con nosotros de lo más confiados, de modo que no me extraña que lo de "pardillo", aunque claramente les venga por el color, adquiriese a partir de estos bichos la connotación negativa que tiene.

 Algo más allá, y mostrándose mucho más al descubierto de lo que suelen estos bichos, para gran alegría nuestra, descubrimos este precioso alcotán europeo Falco subbuteo, seguramente llegado hace poco de África (últimamente veo "África" escrito allá donde mire...), y atento al vuelo de aves y libélulas.

Pero bueno, pasar la mañana de pajareo nos dio ganas de pasar al picoteo, y ya después, con la tripa llenas, las ganas fueron de vaguear un poco al sol en el Patarroxa al socaire de Tambo, y de bañarnos un rato en las aguas heladoras simplemente por poder decir que lo habíamos hecho. Lo que viene siendo "sufrir", vaya, en la cara se nos ve...

lunes, 10 de abril de 2017

Poesía serrana

 Poco sol me dio esta mañana en la Sierra, pues la atravesé a la vez aún de noche y en tren, por el túnel, camino de Orense, desde donde os escribo esta noche y os escribiré el resto de Semana Santa...

Poco sol, evidentemente; pero se compensa con todo el que nos dio el sábado mientras subíamos a pie por el valle de la Fuenfría; sol que me dejó los brazos más rojos que morenos.

 Una ruta a pie atravesando mayormente bosques de pino albar Pinus sylvestris, y escuchando, más que viendo, multitud de avecillas. Este arrendajo Garrulus glandarius sí tuvo a bien posarse cerca y quieto, y si no fuese porque sistemáticamente enfoco el fondo en vez del objeto (algún día me leeré las instrucciones de la cámara...) creo que le hubiese podido sacar alguna foto bonita...

 Este pequeñajo en cambio se movía tanto que con esta foto me quedo más que satisfecho: carboneros garrapinos Periparus ater como este, junto con trepadores azules y herrerillos capuchinos, parecían ser los pájaros más frecuentes del valle.

 Sobran en la zona opciones de rutas que recorrer, senderos por los que intentar no perderse... nosotros coronamos y comimos antes de descender en el plano donde se encuentran los "Miradores de los Poetas", con Siete Picos y otros montes del centro de Guadarrama detrás...

 ... y el valle descendiendo hacia Cercedilla, Guadarrama y otros pueblos míticos del verano madrileño delante.

 Y vamos con algún detalle más a ras de suelo: había por ejemplo mucho narciso de roca Narcissus rupicola; y yo tan contento, porque es además una especie de la que solo tenía un par de fotos horribles.

 Y como estaba todo lleno de peñascos, había también mucha lagartija Podarcis guadarramae. Que la verdad pensaba yo que estaríamos lo suficientemente altos como para que apareciese ya alguna lagartija roquera P. muralis mezclada con ellas, pero no...

 Os dejo este par de machos, muy bonitos ellos, con el diseño brillante ahora en primavera.

 Bajamos por la tarde a Las Dehesas, a la zona donde arranca la calzada "romana" (todo lo romanas que puedan ser las piedras de ahora. y no creáis: costó lo suyo no sacar más madrileños que pinos en la foto...

 Como lo que os pudiese yo contar de dicha calzada iba a ser un plagio descarado de lo que encontrase en Internet, pues para eso ya lo leéis vosotros. Os muestro en cambio esta aceitera ibérica Physomeloe corallifer, sospechosamente cerca de un agujero en la madera muerta, de donde muy bien pudo haber salido: pues los meloidos pasan sus etapas larvarias como parásitos de abejas solitarias, alimentándose en los túneles excavados por las pobres incautas de sus larvas y de la miel que a ellas estaba destinada.

 Y os enseño por fin esta larva de salamandra Salamandra salamandra a la que nos encontramos de casualidad, no solo por el hecho en sí de verla en el pequeño arroyuelo que desbordaba de una fuente, sino porque ya se ve, en lo pigmentado y en lo reducido de las branquias, que apenas se le notan ya; ya se ve digo que le faltaba el canto de un duro para dejar el agua atrás para siempre.
Y con la poquita cosa que la podáis ver, a la pobre salamandrita, fue sin duda la observación del viaje, pues era una de las bestias negras de Álex: el bicho que le había dado esquinazo tantas veces que a desesperaba el pobre de verla alguna vez.

Ya le veis la cara de resignación que aún tenía el hombre por la mañana, sin saber que se subiría al coche por la tarde de vuelta a Madrid con una salamandra en las retinas... Disculpas a los tres por la foto robada, y muchas gracias como siempre por sacarme al campo.