viernes, 7 de diciembre de 2018

Diez fotos de concurso

Un poco raro, hablar de fotos en una entrada sin mostrar ninguna... pero ya sería una pena que, con la poca actividad que tiene este blog, encima lo cerrasen por temas de derechos de autor. En fin, al lío: fui el martes al Colegio de Arquitectos de Madrid a ver las imágenes más destacadas de la edición de 2018 del concurso de Wildlife Photographer of the Year, y me apunté diez que me gustaron, ya por la imagen en sí, ya por la imagen que contaban, o insinuaban. Aún está abierta este fin de semana, así que siempre podéis pasaros y decirme luego que "menuda selección más pobre; había otras mucho mejores..." Aquí van, sin seguir ningún orden especial:
- Night Snack. Audun Rikardsen. Una orca cenando arenques, apenas iluminada por los focos de una barca de pesca. Me gustó por la textura, casi de acuarela o de poster de hippy...
- Small World. Carlos Pérez Narval. Una mariquita en un "bosque" de piedra. Muy simple, muy bonita, y humillantemente perspicaz dada la juventud del autor.
- The catch. Robert Irwin. Otra gran foto de un joven fotógrafo. Me gustó porque trasmite muy bien la idea de que, en Australia, todo es peligroso, todo está deseando matar(te).
- Ghost colony. Jayesh Joshi. Una panorámica nocturna de una colonia de flamencos abandonada; el brillo de los huevos me hizo pensar en iglús con la luz encendida...
- The ice pool. Cristóbal Serrano. Uno tarda en darse cuenta de qué es cada cosa en la foto; me gustó mucho ese efecto de "ilusión óptica".
- Ahead in the game. Nicholas Dyer. Al verla pensé en lo mismo que, instantes después, pude leer que comentaba el fotógrafo respecto de su imagen: una mezcla de "eso no se hace con los muertos" y de alegría contagiosa de los cachorretes.
- Blood thirsty. Thomas P. Peschak. Me gustó porque ilustraba tanto la adaptabilidad de los animales insulares (en este caso un pinzón de Darwin) a cualquier fuente de alimento que se ponga a tiro, como la impasibilidad de las aves marinas en tierra, que tantos problemas les ha acarreado cuando colonias antes seguras se ven invadidas por depredadores.
- Hellbent. David Herasimtschuk. Ver la salamandra gigante tragarse una culebra de agua como si fuese una lombricilla cualquiera me descolocó completamente; parecía una escena traída directamente desde el Pérmico...
- Eye to eye. Emanuele Biggi. "En tiempo de guerra, cualquier agujero es trinchera".
- The Sad Clown. Joan de la Malla. Y termino con un poco de fotodenuncia: si ya los payasos por necesidad son tristes de por sí, ¡cuánto más uno que ni sabe por qué sufre!

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Un ave al día, camino de Belén

Día 5. El Avestruz
A través de Ángel, me entero de la existencia de un calendario de Adviento muy particular: el de una artista que, cada día, añade (y añadirá) a su web una acuarela y un texto (mitad vivencia, mitad reflexión) sobre un ave. Aprovechad a engancharos ahora que aún estamos al comienzo...

martes, 4 de diciembre de 2018

Río arriba

 Qué color más extraño el de las fotos, ¿no? Es que he cambiado de móvil, a uno peor, pero al que espero que le dure bastante más la batería... en fin, al lío: están las mañanas cubiertas y frías (aunque después al sol templa bastante), invernales, y apetece bajarse hasta el agua, a ver qué movimiento hay de gaviotas y demás palmípedas.

 En vez de seguir el recorrido habitual, entre Matadero y Príncipe Pío, fui esta vez río arriba desde allí, en una zona que también está siendo sujeto del plan de renaturalización del Manzanares, pero donde ni el paseo peatonal ni el río en sí lucen tanto como en el tramo inmediatamente posterior. El río no va aquí canalizado, sino que las orillas son un poco más naturales: solo un poco, de todas maneras, pues el borde está fijado y reforzado con escombros. Lo que han hecho aquí (además de suprimir las presas, y deshacer una especie de balconcitos de madera para los pescadores y unas casetas para los patos; ambos ya my maltratados por los años) ha sido simplemente recubrir las escolleras de tierra para que la vegetación ribereña tenga algún sitio donde arraigar.

 Y va arraigando, poco a poco, y se ven renuevos de sauce y chopo que van poco a poco cogiendo altura. Sobre sus progenitores, en algunos árboles más antiguos situados a lo largo de las márgenes del Manzanares, cormoranes grandes y cotorras argentinas comparten posaderos; extraños compañeros de rama. De todas maneras, el ambiente algo más natural que tienen aquí las orillas contrasta con el cauce en sí, que desde Príncipe Pío y hasta el Puente de los Franceses (en la imagen, donde ya deja uno de poder pasear junto al Manzanares) es una extensión ininterrumpida de arena, sin rastro de las isletas con eneas y otras plantas que tanta gracia le dan al río aguas abajo. Ni idea de por qué es así, la verdad...

El río pues lucía bastante vacío; también de aves: solo en la base de este pequeño azud, donde el agua cubría algo más e imagino que habría peces retenidos en sus desplazamientos aguas arriba, se concentraban unos cuantos cormoranes y garzas. Aquí volveré en primavera, a ver agruparse los grandes barbos que migran río arriba para frezar; a verlos saltar la pequeña presa en cuanto lleve algo más de agua, con las lluvias y el deshielo. En unos meses: cuando vuelva el calor y le vuelvan al mundo las ganas de vivir...

PD. Hablando de frezas y remontes de ríos, está disponible de forma gratuita un corto documental muy chulo sobre los últimos salmones cantábricos; me ha gustado bastante.

domingo, 2 de diciembre de 2018

"Merci por venir"

Tiene gracia: hace ya bastantes años escribí que "¡Estamos de enhorabuena! A Delafé y Las Flores Azules le ha pasado lo mejor que podría ocurrirle: se están volviendo comerciales. Se empieza grabando un anuncio de cerveza, y con suerte se acabarán transformando pronto en un grupo de canciones del verano de segunda fila; y nos libraremos de ellos..."; y hoy, mientras cocinaba, no sé por qué me pidió el cuerpo una ración de hipsterismo preprocès. Y fueron cayendo una canción detrás de otra, que preparar las verduras del puré lleva su tiempo, y esta especie de mezcla de Los Planetas y Mecano me hizo sonreír más de una vez... Para lo que hemos quedado.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Trabajos forzosos

Entronco con la entrada de ayer. Escuchando el miércoles a los alumnos hablar de sus tesis, y al pensar en que algunos de los temas me parecían soberanamente aburridos (aunque me sorprendió para bien ver que no había proyectos chapuceros, que todos parecían muy bien planteados), se me fue un poco la olla y empecé a reflexionar sobre el libre albedrío y la dependencia que tiene el mundo para funcionar de que haya diversidad de gustos... es decir: a día de hoy, al menos en Occidente, deben de ser ya pocas las personas que trabajen en lo mismo que sus padres, que continúen el negocio familiar porque no les quede otra, aunque ellos quisiesen ser otra cosa (me viene a la cabeza el Preparado, y alguno más habrá...). Lo que es a mí, se me ocurren muchas profesiones que me parecen tan aburridas que no las haría ni a punta de pistola, pero el caso es que siempre hay gente que se dedica a ellas, sin necesidad de que incentivos tales como un buen horario o un buen sueldo tengan necesariamente que estar presentes: me refiero a que alguien puede dedicarse a cuidar ancianos, por ejemplo, por necesidad, porque no encuentre otra cosa y tenga que comer; pero nadie se mete a médico "por necesidad". Y sin embargo seguimos teniendo médicos. E ingenieros industriales, filólogos griegos y humoristas. Sin que el Estado obligue a nadie, digo. Pero me quedé pensando, medio preocupado, en si llegaría un día en que no fuese así: en que, por ejemplo, a nadie en el mundo le diese la soberana gana de dedicarse a alicatar baños. Tal vez, siendo todos los que somos, por pura probabilidad siempre haya tarados a los que les guste escribir poemas, pero de no ser así supongo que tendríamos que acostumbrarnos a vivir sin ellos. Porque otra cosa es la de la pérdida de experiencia: ¿podría un humano del futuro aprender de nuevo a hacer quesos, o muebles, solo leyendo las crónicas y manuales llegados desde nuestra época? Es algo que me pregunto a veces al escuchar instrumentos medievales (+1 al primer comentario), si realmente sonarían así... pero luego me centro en la música, y se me pasa.

Menuda reflexión me he marcado...

viernes, 30 de noviembre de 2018

Una dualidad que no es tal

El miércoles pasé casi todo el día en la facultad: al igual que en muchas otras de toda Europa por estas fechas, se celebraba el PhDay: una especie de congresillo donde los doctorandos de esa facultad expusieron al común de los mortales* a qué se dedican, para que se vea sobre qué está investigando en cada centro. Introdujo las jornadas mi exjefe, con una charla muy interesante enfocada a recordar que los PDI (básicamente, los profesores de universidad) son Personal Docente e Investigador (no, "o"); y mostró cómo, al menos en el sistema español, donde la asignación docente de un profesor normal es fija (240 horas anuales; aquí no hay contratos más orientados hacia docencia y otros más hacia investigación que hagan un reparto desigual de horas); la pretendida justificación de "yo no investigo tanto porque dedico mi tiempo a preparar mejor las clases" no es válida: demostró con modelos matemáticos y datos reales que, con esas horas fijas de docencia, los profesores que más investigan son también los que significativamente tienen mejores notas de evaluación de su docencia por parte de los alumnos. Algo para pensar...

* Esto es, si acuden: ayer, salvo en casos muy puntuales en que algunos estudiantes se traían su corrillo de palmeros, en el público apenas sí estaban los participantes, y ni siquiera todos, todo el tiempo... una pena.

lunes, 26 de noviembre de 2018

Días de nube gorda

Subí a Orense el viernes por la mañana, y he vuelto esta misma de hoy. Hay poco que reseñar: allá al noroeste, bajo la nube, el fin de semana se ha prestado bastante poco a hacer gran cosa, y en casa obramos todos en consecuencia. Solo me queda pues recurrir como de costumbre a pintar un poco el paisaje con palabras: salen pronto los trenes, de ida y de regreso, y el amanecer llega ya atravesando Castilla, lejos de todo monte. Los milanos reales venidos desde Centroeuropa (siluetas negras con las primeras luces, deslumbrantes luego con el sol ya alto) patrullan lentamente el terrero, solos o en grupo, con la intención de hacer que las bandadas de pardillos y gorriones pierdan los nervios y se arranquen en un vuelo atropellado; aceleran entonces y, con eficiencia germánica, entrelazan las garras en torno al desayuno, mientras las avefrías alzan también el vuelo y aplauden el lance con sus alas anchas, como de mariposa. Y de fondo el telón siempre cambiante y siempre sobrecogedor de las nubes de otoño; que no es que sean "bajas" (por contraposición con las nubes altas de verano, hilillos traslúcidos de algodón), sino que son gordas, y ese espesor es el que les permite definir mil texturas y matices de gris y dorado. Animado por el agua de esas mismas nubes, el cereal de invierno empieza a asomar en manchas irregulares sobre el labrado, como la barba en la cara de un chaval... y cuando me quiero dar cuenta llegan ya los primeros túneles, a un lado y otro del recorrido, y ora vez se me ha quedado el libro sin leer...

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Fauna escurialense, y algo de etimología

No estaba el día muy católico, pero como somos previsores, cuando la lluvia se decidió a descargar sobre San Lorenzo de El Escorial nos pilló paraguas en mano... Pero ¿qué se nos había perdido allí esta mañana a Jasper y a mí?

 Pues resulta que, a falta de unos días escasos de que el chaval finalice sus ocho años de tesis y posttesis en Madrid, voy y me entero ahora de que tiene como afición visitar y evaluar zoos, acuarios y demás lugares similares. En estos ocho años me contaba que había visitado ¡51! dentro de España, y que esperaba sumar aún dos más. Uno de ellos, Insectpark, un sitio del que yo no había oído hablar nunca... y al que no pudimos acceder, porque estaba cerrado por obras durante dos semanas. En fin, de haber sido un poco más previsores, aparte de llevar paraguas habríamos echado un ojo al Facebook del sitio, para ver si todo estaba en orden...

De lo perdido, saca lo que puedas: ya que habíamos salido de Madrid, y que estábamos en una carreterilla que va bordeando toda la ladera del Abantos, por encima del pueblo, pues nos dimos un paseo muy agradable, disfrutando de las vistas sobre las fresnedas, melojares y encinares del pie de sierra, y viendo al fondo los edificios más altos de la capital, y relumbrar el embalse de Valmayor, cada vez que se abría algún claro entre las espesas nubes. Nubes que hacían que los buitres (leonados y negros) que dan nombre al monte volasen especialmente bajos y como con las alas muy cargadas, como a punto de perder sujeción y caer a plomo.

Buitres y monte que me hicieron entrar en un dilema etimológico: yo estaba seguro de haber leído en algún lado que albatros (el ave marina) venia de abanto (genérico castellano para aves grandes, generalmente buitres); me parecía muy lógico que los primeros marinos en aventurarse por los mares australes y dejar constancia de ello bautizasen esas aves grandes, y que por lo demás consumen de buen grado la basura de los barcos, con el mismo nombre con que llamaban a los buitres de vuelta en la Península. No en vano, el nombre oficial en castellano de los petreles gigantes del género Macronectes, carroñeros de caras peladas, es el de "abanto marino"... ¿Y no resulta que va ahora la RAE y me dice que albatros viene ¡de alcatraz!?¿Perdone? A mí que me lo expliquen mejor, que me parece un salto de fe demasiado grande...

domingo, 18 de noviembre de 2018

Un africano en Madrid

 He pasado un fin de semana la más de entretenido haciendo de anfitrión y cicerone: Adriaan, un sudafricano de sangre y marfil (que no de ébano), uno de los del grupo de Joaquín, ha venido a Europa por vez primera, a empezar esta semana que entra un curso de una semana en Barcelona; y ya que volaba a Madrid, pudo adelantar el viaje y pasar aquí el fin de semana, haciendo algo de turismo.

 La ciudad le gustó mucho, y prácticamente todo le sorprendió mucho más; gastamos mucha suela yendo de un lado a otro y a todas horas del día, para que entendiese bien lo mucho que eché de menos yo allí el poder pasear con tranquilidad a cualquier hora (y el tener una ciudad pensada realmente para poder pasear). Como al chico le tiraba más el monte que entrar en cualquier museo, subimos además ayer sábado a patear la sierra de Hoyo: un lugar con muchas rutas al que se puede llegar fácilmente en autobús además.

 El relieve característico del paisaje granítico no solo me recuerda a mí mucho a Galicia, como ya he dicho a menudo, sino que le recordaba a él poderosamente también su Nelspruit natal, bien cerquita del Kruger (del que hace ahora un año que me despedí ¿para siempre?), y echamos un día muy entretenido saltando entre las piedras, siempre cerca del agua que ahora en otoño ya vuelve a correr, visitando sitios donde yo ya había estado, y también otros nuevos.

 Una zanja profunda en el granito, llena de agua: una mina de wolframio abandonada. Nos dedicamos con especial ahínco a examinar las zonas acuáticas porque lo que al chaval le pirran son los herpetos, y tenía en especial ganas de ver urodelos, que no tienen en África subsahariana; pero nos comimos bastante los mocos me temo. A ver si se le da mejor esta semana en el pueblecito de Barcelona donde tienen las clases...

 En cualquier caso, el monte le gustó también mucho, tanto como la ciudad. La veíamos allá a lo lejos, al otro lado del embalse y monte de El Pardo. Pena que el día no estuviese más claro, que podríamos haber mucho más allá...

 No se nos dio bien con los anfibios, y la falta de sol hizo que tampoco se le diese a las lagartijas por salir a broncearse por última vez este año, así que de reptiles también nos quedamos muy escasitos, aunque al menos no nos volvimos de vacío: a base de perseverar, encontró Adriaan varias salamanquesas husmeando en las grietas de las rocas...

... y esta culebrilla ciega Blanus cinereus bajo la última de varios cientos de piedras levantadas. Bueno: no es ni de lejos la especie más fácil de ver, así que ya le queda tachada para cuando vuelva a Europa...

martes, 13 de noviembre de 2018

"Polo Douro abaixo vai..."

No sé si las truchas del Duero tienen la misma propensión al bipedalismo que las gallegas, pero bien podría ser... Estos días en que ando a vueltas con que si peces, que si no peces, me resultó curioso encontrarme con que se había estrenado* este año un documental bastante fuera de lo común: Durienses, que trata sobre los peces endémicos de la cuenca del Duero (que, de los autóctonos, son casi todos; en todas las cuencas ibéricas abundan las especies exclusivas). Lejos de los animales grandes o de colores espectaculares de los documentales de arrecifes, todas las especies que salen aquí son medianejas y grises, pero el resultado, bien rodado, y sobre todo bien montado y contado, no deja de ser digno de admirar; y ver por ejemplo con todo lujo de detalles las migraciones reproductoras de los barbos demuestra que no tienen nada que envidiar a las de los salmones de latitudes boreales. Os dejo abajo con el tráiler, y espero por mi parte poder verlo pronto...

*No ha salido en cines como tal; se puede solicitar y organizar un visionado, como este viernes en Rábade (Lugo), si os pilla a mano).

trailer DURIENSES: los endemismos del Duero from BICHO Prods on Vimeo.

sábado, 10 de noviembre de 2018

"¿A fotos o a setas?"

 En un intermedio entre frente y frente de esos que están empapando Galicia estos días, y que nos llegan al centro bastante más atenuados, aprovechamos ayer el festivo de la Almudena para salir al monte a por setas; a algún punto de la carretera que une Miraflores de la Sierra con el puerto de Canencia, por ser más precisos (pero no demasiado, que los seteros son como los pescadores, y se me enfadarán si doy más detalles).

 Un gustazo, salir a pasear al sol, y por un bosque rozagante, de mil colores, húmedo y fragante; en el límite mismo entre melojar y pinar. Como al principio hacía algo de aire y no se notaba mucho movimiento pajaril, me entretuve intentando buscar composiciones fotográficas apañadas (que como no controlo el claroscuro del bosque salieron rematadamente mal). Pero, remedando el chiste aquel, mis compañeros no tardaron en darme un toque y una cesta, para que me quedara claro a qué habíamos venido.

 Así que nada, a setas estuve el resto del día, con poca fortuna en lo que a encontrar con qué quitar el hambre se refiere, y alguna más en lo tocante a la cámara... os enseño ahora un par de hongos un tanto curiosos, y ya tal vez la próxima salida al campo tenga algo más de bicherío:

 Un Coprinus sp., un matacandil: una seta de un grupo de hongos delicuescentes, que en cuanto maduran se disuelven en un jugo como tinta. Hay un sinnúmero de especies; algunas se comen cuando jóvenes. Por el color este tenía pinta de C. atramentarius: una especie comestible... pero tóxica si se mezcla con alcohol,causando entonces malestares estomacales varios que, por una vez, eximen al exceso de vino de la culpa.

 Y esta cosa amarilla "seta" no es, pero hongo sí: una Tremella aurantia. Las Tremella resulta que son hongos parásitos, cuyas hifas se entrelazan con las de otras especies que crecen en la madera en descomposición (los pequeños Stereum sp. pardos de la foto, en este caso), aprovechándose de los nutrientes que liberan.

#otoño, #Canencia, #Guadarrama, #setas, #campito, #Almudena, #notengoInstagram, #tampocoloquiero

jueves, 8 de noviembre de 2018

Con los pies y la cabeza en el agua

¿Queréis quedar conmigo, ahora que estoy por Madrid? Invitadme a un café los lunes o jueves, de nueve a once: es cuando viene la señora a casa, y así no estoy yo estorbando por el medio. Si no, como esta semana, saldré a pasear: al monte, a algún parque, o a la calle sin más: a ver cómo discurre el fluir de peatones por las calles y de gaviotas por los cielos, luchando unos y otras con el viento racheado y cargado de agua...
Si no, seguramente me encontréis en casa, pensando en qué quiero hacer para no estar tanto en ella: trascurrido algo más de un mes tras mi regreso de Israel, no podría estar más satisfecho y relajado con la decisión tomada; ahora mismo no querría estar ni allí ni en ningún otro sitio fuera de Madrid. Pero estoy si cabe aún algo más perdido con respecto a qué quiero hacer de ahora en adelante... Los primeros días estaba bastante convencido de que, seguramente, tras un par de meses de descansar y aburrirme estaría echando solicitudes de postdoc de nuevo; ahora no lo tengo ni remotamente tan claro: no sé si es alguna fase del duelo o qué, pero la sola idea de ponerme a leer algún artículo o a analizar datos me produce ahora urticaria. Empiezo al mismo tiempo a ver con ojos menos malos la perspectiva de, finalmente, ceder a las presiones familiares y acabar haciendo el máster de profesorado (el antiguo CAP) para probar fortuna en el campo de la educación secundaria. A Dios gracias tengo tiempo aún antes de tener que tomar esa decisión: dado que el curso ya ha empezado, para hacer ese master tendría que esperar hasta el próximo septiembre. Me queda tiempo pues entremedias para ir pensando en otras opciones más satisfactorias. Y también para ir pensando en cómo llenar la barriga, cuestión esta un tanto más perentoria; a poder ser haciendo algo más satisfactorio que la última vez que me vi en estas. Estos días, tras hacer caso a YouTube, ver el vídeo que me sugería y acabar recayendo en una crisis aguda de "acuanostalgia", estoy dándole vueltas a que trabajar en una tienda de animales podría ser una opción bastante satisfactoria, no solo para unos meses, sino tal vez incluso para unos años; los que me queden de aquí a la jubilación... ya os iré contando cosas.

martes, 6 de noviembre de 2018

Camino

Cuando uno busca rutas para salir a caminar al monte, las hay que llevan a alguna parte. Y luego, las hay circulares...

viernes, 2 de noviembre de 2018

... y el vivo al bollo

La visita a la aldea no buscaba un fin meramente espiritual, claro, sino también nutricional. A los restos veraniegos (tomates, berenjenas, dos sandías) y a las patatas, que deberán durar hasta la cosecha siguiente, se unen ahora los frutos propios del otoño: muchas manzanas este año, de esas manzanas de huerta que, picadas por los bichos y maltratadas por el tiempo cambiante, no lucen ni por asomo tan perfectas como las de las tiendas, pero que saben mucho mejor... salvo que las nuestras, ni eso: no saben a nada, y si por mí fuese esos manzanos ya no estarían ahí. Como contraposición, solo cuatro membrillos, pero que, aun estando medio verdes, ya saben y huelen bastante mejor. calabazas butternut también, de varias razas: veis una mínima parte de las que son. Una saqueta de nueces colgando de la bicicleta, que más estática no puede estar y que solo se usa de perchero; y un cesto con solo una pequeña parte de las castañas que llevamos cogidas este año y que son, como de costumbre, más de las que nos llegaremos a comer. Cosas de la mentalidad: estuvimos recogiéndolas, espalda arqueada, hasta que ya literalmente no se veía nada; pero no por el gusto de darles salida, sino "para que no vengan a cogerlas otros"... 

jueves, 1 de noviembre de 2018

El muerto al hoyo...

Días de no-puente sin noticias especialmente relevantes: los telediarios incluyen piezas sobre los cementerios, pero los de la Televisión de Galicia las incluyen, varias, en todos, y las primeras. Podría querer decir algo, o no; no sé, no soy etnógrafo, solo soy de Orense. Salen la señoras a las que entrevistan con el cubo y la bolsa con el cristasol y los trapos en una mano y la escalera en la otra, diciendo que para ellas eso no es cuestión de un día particular, sino hábito rutinario. Sale una señora diciendo que viene de visitar a su hermano, y otro que "a un familiar. Porque chegamos a una idá (sic) que xa tes máis familia e amistades alí que aquí". Esa es también, en cierto modo, la idea de la comunión de los santos.. o eso creo, que tampoco soy teólogo.
Y murió ayer de madrugada, casualidades de la vida, una amiga de mi madre, así que además de cementerios tuvimos tanatorio. Ambiente de llantos y risas, como de costumbre; bueno es, eso de recordar los momentos en que alguien te hace reír. Comentarios velados sobre qué ramo o corona luce más (el precio, y lo que no es el precio, van implícitos). Y me da por pensar en si estaré o no en muchos velatorios de amigos, y en que me gustaría que mis hijos (...) viniesen no por compromiso, sino también por amistad. Y en que me gustaría que nos riésemos también.


Dejamos nosotros también ayer la "segunda residencia" arreglada (tampoco, en este caso, es cosa de una vez al año), y mi sobrina, que ya pasó (bastante jovencita) la fase infantil de miedo a la muerte, se pasea por la trasera de la tapia haciendo un ramo horroroso de restos de flores de plástico de los chinos, maltratadas por el viento y la lluvia, con el color comido por el sol y cubiertas de verdín, que insiste en dejar también frente a la tumba. Una señora del asilo de la aldea le comenta a la cuidadora que la ha subido hasta el cementerio que ella le paga más al seguro "porque o básico solo cubre dúas coronas de flores, e eu quero moitas...". Prol, Cid, Conde, Folgoso, Blanco... el pequeño puñado de apellidos característicos de la zona se reparte entre tumbas y nichos, contando mudos historias que tal vez en su mayor parte ya nadie recuerde... aquí abajo, digo. Ya las recordaremos todos juntos, que prisa no hay, pero pausa tampoco.

martes, 30 de octubre de 2018

"Cinco derechos fundamentales..."

 En apenas un par de semanas, por diversos motivos he tenido que desplazarme un par de veces hasta un lugar que para mí se había vuelto prácticamente mítico: Pitis. El lugar popularizado por Ramón (aka el Vanidoso), donde los metros no solían atreverse a llegar y donde tampoco paraban los Cercanías, si hacemos caso a la canción de UPEMA:

 Pero ¡oh, Fortuna!, ¡qué decepción! Pues de poblado chabolista, Pitis ha pasado a ser un barrio gentrificado más: todo edificios de novísima planta donde, según se comenta, los pisos se venden por cifras bastante abultadas.

Y los pocos descampados que quedan, momentáneamente en manos de las olivardas, pronto pasarán a manos de felices parejas con la parejita, labrador y SUV. Ea, un mito más que se me cae...

Por lo demás, mañana UPEMA toca en la sala Galileo. E iría encantado, para aprovechar las ventajas que tiene estar de vuelta en Madrid, si no fuese porque estaré de vuelta en Orense, cerca de los cementerios y no lo suficientemente lejos de los halloweenes. Nos vemos pues por el norte.

domingo, 28 de octubre de 2018

Junto al río de áureas arenas

 No pintaba muy bien la previsión meteorológica ayer, ni en el entorno de Madrid ni en general en la Península. Pero tras pasar una semana en la ciudad, apetece siempre el fin de semana salir algo al campo, y fui ayer con Raquel y dos amigos suyos a explorar la zona en torno a La Puebla de Montalbán, a orillas del Tajo toledano.

 "Explorar" es decir tal vez demasiado, pues empezamos la jornada en un lugar que, al menos yo, tengo ya bastante visto: "Las Barrancas", en el embalse de Castrejón. Pero "bastante visto" no quiere decir que me aburra ni mucho menos, pues los días de tormentas y claros como el de ayer hacen que los juegos de luces sobre los cortados arcillosos resulten muy atractivos.

 El objetivo real del viaje, en todo caso, era más cultural que naturalístico: teníamos reservada una visita guiada a las ruinas de la fortaleza de Montalbán, que finalmente tuvo lugar a pesar de cancelaciones y bailes de hora de ultimísima hora debidos a las tormentas. Ya metidos en harina con el guía, reventó un aguacero que no me dejó hacer apenas fotografías de la visita hasta que ya a última hora se despejaron las nubes. No pasa nada: para ver muchas más imágenes de la fortaleza y conocer más sobre su historia, podéis ver por ejemplo esta bien documentada página. Un único comentario, concertar visitas guiadas (7€/persona, whatsapp al 627562921) es ahora obligatorio, pues toda la finca donde se encuentran las ruinas está ahora vallada.

 Nos acercamos también a la cercana ermita de Santa María de Melque (ver también en el enlace anterior), visigótica en origen y anterior a la propia fortaleza, aunque sus historias posteriores se entrelazan a lo largo de los siglos. Recorrimos la zona (visita libre) ya a última hora, y cuando al emprender el camino de vuelta quisimos para de nuevo en Las Barrancas a ver búhos reales ya la luz no se prestaba a ver nada, aunque sí los escuchamos cantar.

Colchicum montanum. Más, hace un año
 Pero aunque no viésemos búhos, el día estuvo muy bien en lo que a campo se refiere también. Al igual que el sábado anterior, escuchábamos de vez en cuando los trompeteos de las grullas, viniendo no se sabe muy bien de dónde en el cielo opaco. Las vimos también, comiendo en los sembrados, junto a avefrías, densas bandadas de estorninos y un inesperado grupo de combatientes, en medio del campo en vez de en el agua.

¿La mejor observación? Ver lejos del abrigo de la vegetación (que es lo raro) un par de rascones europeos Rallus aquaticus, justo aguas abajo del embalse, en un tramo del Tajo de aguas someras, lleno de espadañas, donde se podían ver además a la vez gallinetas, fochas y calamones: toda una introducción a los rállidos ibéricos de un solo vistazo. A ver qué nos espera ahí fuera la próxima vez que salgamos...

viernes, 26 de octubre de 2018

Sauquillos de Velilla

Así como las lagunas de Rivas-Vaciamadrid las he recorrido con frecuencia, a las de Velilla de San Antonio, algo más al norte y situadas también bajo los mismos cortados de El Piul, tallados por el cambiante curso del Jarama, creo que solo había venido un par de veces; supongo que porque son menos accesibles desde la A-3 o en transporte público. Y volví ayer, a darme una vuelta con Sofía y con Éider, la culpable de que mi antigua compañera de tesis esté de gozosa baja por maternidad por segunda vez.

 El sendero "oficial" que va recorriendo las lagunas en realidad se acerca más bien poco a las mismas, y ver la lámina de agua resulta todavía más complicado debido al desarrollo de la vegetación de ribera. Así que la senda, donde de hecho se ve con más frecuencia el río (en la foto) que las lagunas, más que para ver aves acuáticas, está bastante bien para ver la fauna y flora de los sotos, y nos entretuvimos viendo pequeñas aves de todo pelo, que ahora en invierno tienden a mezclarse en bandos mixtos, de granívoras que comen en los baldíos por un lado, y de insectívoras que se mueven a lo largo del follaje buscando bichillos por otro.

Pareja de porrón europeo Aythya ferina
 Acuáticas también vimos, aunque pocas, y mayormente en el Jarama. No estoy muy puesto en la ecología de este sitio y en cómo pueda estar variando, pero creo recordar que en mis primeros años en Madrid había en las lagunas grandes, como por otra parte sigue habiendo en por ejemplo la del Soto de Las Juntas, más aves, más variadas y a lo largo de todo el año; no solo grupos de gaviotas que vienen a dormir en invierno. No sé si es que están más contaminadas, o si las carpas al remover el fondo las han dejado sin vegetación, o qué...

Pero bueno, en cualquier caso, como os digo la parte de naturaleza "terrestre" resultó de lo mas entretenida, a pesar de las muchas plantas exóticas que medran por aquí. Y nos hizo bastante ilusión ver, en un recodo del camino, una mata de plantas con la que tuvimos una cierta vinculación emocional: se cumplieron este mes ¡diez años, ya! desde que, al principio de nuestras respectivas tesis, hicimos un pequeño proyecto que implicó capturar currucas en las masas de yezgos, o sauquillos Sambucus ebulus de este Parque. Hay que ver, "¡cómo se pasa la vida...!"

domingo, 21 de octubre de 2018

"Por sus frutos... etc"

Si bien las grullas fueron las aves migratorias que ayer más se hicieron notar, no fueron ni mucho menos las únicas. Pasaban de vez en cuando bandadas de zorzales charlos, y entre los arbustos rebullían muchas currucas, mezclándose las (seguramente) foráneas capirotadas con las (seguramente) residentes cabecinegras. El monte mediterráneo se llena en otoño de aves frugívoras que, como ya he comentado otras veces, encuentran un menú donde saciarse de lo más variado:

 Una sabina mora Juniperus phoenicea, de hojas transformadas en minúsculas escamitas,"a lo ciprés", y arcéstidas color ocre vivo...

 Similar color tienen las arcéstidas de otro junípero, el enebro de la miera J. oxycedrus, pero sus hojas alargadas y puntigudas no dan pie a confusión posible. Recordaréis que los juníperos fueron protagonistas de un artículo de EMNMM...

 ... y similar honor compartieron en fechas más recientes los rosales silvestres (aquí sus frutos, los escaramujos) con el espino albar.

 Esta otra especie ya la habréis visto menos por aquí: es una mata, cargada de bayas, de jazmín silvestre Jasminum fruticans, la única especie nativa de nuestro país; un arbusto no trepador y de flores amarillas, bastante distinto del jazmín de jardín más conocido, trepador y de flores blancas y fragantes.

 Las madreselvas (Lonicera spp.) son otro género de plantas que agrupa especies trepadoras y especies arbustivas, y varias de ambos grupos aparecen repartidas por el territorio peninsular. Estos frutitos corresponden a una L. implexa.

 Dejando por un momento los frutos carnosos, vuelvo a reafirmarme en lo que dije en la entrada de El Pardo: me da la impresión de que este año todos los robles están muy cargados de bellotas, como ejemplificaban a la perfección las abundantes matas de coscoja Quercus coccifera de la zona. Contentas estarán las grullas, que son precisamente bellotas lo que vienen a buscar aquí.

 Y este otro fruto tan raro ya sabéis que no lo es: son las agallas alargadas (causadas por un pulgón, no por una mosca o avispa; hasta hoy no me había dado por mirar de dónde salían) que dan nombre a la cornicabra Pistacia terebinthus.

 Estos son sus frutos de verdad. más bayas de estas que encantan a las avecillas. El terebinto, del que se extraía en tiempos trementina, al igual que de los pinos, es una de las varias especies usadas tradicionalmente en curtidurías.

 Y el zumaque Rhus coriaria, otra anacardiácea como la cornicabra, y que como ella se enciende en bermellón en otoño, fue introducida en nuestro país desde el este del Mediterráneo en épocas pretéritas con el mismo fin. Había muchos zumaques ayer, destacando sobremanera entre los otros arbustos cargados de frutos de esta porcioncilla del sistema Ibérico.

Y destacando entre los zumaques estaba Raquel, a la que debo agradecer que propusiese el destino de ayer, que me hiciese de chófer y, sobre todo, que me aguante, que bastante condena es...

sábado, 20 de octubre de 2018

Como la cosa estaba mal...

Y no me refiero a que la cosa estuviese mal en lo que a mí respecta, no: simplemente a que la predicción meteorológica para este sábado pintaba bastante mal en el entorno de Madrid. Pero como Raquel y yo teníamos bastantes ganas de salir al campo, fuimos buscando posibles destinos hasta dar con aquel que nos pareció menos malo; y haciendo buena la antigua cancioncilla, este resultó ser Sacedón.

 En realidad en el pueblo en sí no echamos más tiempo del que nos llevó comer bastante bien; pasamos la mayor parte del día dando vueltas por distintos miradores y senderos cercanos al embalse de Entrepeñas, que junto con el cercano de Buendía y otros embalses menores le han valido a esta zona de La Alcarria Baja el nada pretencioso nombre de "Mar de Castilla".

 Echamos el rato visitando los distintos lugares indicados en esta página que había encontrado Raquel, donde un lugareño tan atinado como llorón iba recomendando las mejores vistas, y quejándose de que nada estaba ya como cuando él era pequeño. La zona de la "boca del infierno" (otro nombre en absoluto exagerado) es de las que más nos gustó: eran dos escarpes rocosos que flanqueaban el antiguo camino y arroyo que, antes de que el embalse anegase todo, bajaban de Sacedón al Tajo.

 Indicando que vigilar aquel paso debió merecer la pena, estaba este pequeño puesto de sacos terreros de cuando la guerra, que resistió en situación incluso estando sumergido, y que queda de nuevo ahora a la vista al estar algo bajo el nivel del embalse. El "bajo" nivel del embale (a mí la verdad no me lo pareció tanto) es motivo de fuertes críticas en esta zona, y estaba Sacedón lleno de carteles (¡incluso en inglés!) oponiéndose al trasvase Tajo-Segura.

 Desviándonos un poco de la orilla de Entrepeñas, visitamos antes de comer los restos, en ruinas, pero tampoco tanto, del la antigua abadía cisterciense de Monsalud, en Córcoles, recientemente restaurado.

 Por suerte,del supuesto "museo sobre la brujería" de que habla la entrada de la Wikipedia no había ni rastro; el monasterio se las bastaba muy bien él solito para hacer que visitarlo mereciese mucho la pena. Muy importante el detalle de colocar extintores en un edificio todo de piedra, ojo...

 Ya por la tarde, visitamos un par de miradores en la margen derecha del embalse. Desde el situado sobre el pueblo de Alocén, los cambios repentinos de luz según pasasen nubes más o menos tormentosas hacían que el paisaje cambiase casi a cada rato. Como si de los focos de un escenario se tratasen, los claros entre las nubes y los arcoíris fugaces iban iluminando distintos elementos del paisaje: ya las horrorosas urbanizaciones y clubes de vela de la orilla opuesta, ya el viaducto de Entrepeñas, las torres de la central de Trillo o las "Tetas de Viana"...

 Y una última parada en la ermita del Madroñar, donde se establecieran los monjes recién llegados de Francia antes de mudarse a Monsalud, antes de volver a Madrid. No pudimos verla por dentro, que estaba cerrada, y solo pudimos seguir disfrutando de los cambios constantes de luz, que no fue cosa menor.

Y en la quietud de una tarde en la que casi no nos cruzamos con nadie, el viento nos traía con frecuencia, nítidos, los trompeteos de las grullas comunes Grus grus, recién llegadas del norte y muy cerca ya de su destino. Ganas tengo ya de verlas en tierra...