miércoles, 20 de junio de 2018

TUT

Este bonito patio tipo corrala no es de una cárcel, no: es la Facultad de Ciencias de la Salud de la TUT. Os diría que está siendo mi segunda casa en las dos semanas largas que llevo en Pretoria, pero sabéis que sería mentira: que debido al postoperatorio de Maliki estoy pasando en realidad más tiempo en casa que fuera de ella. Pero ya esta semana parece que el hombre se encuentra lo suficientemente bien como para que echemos aquí la jornada completa.

 Llegar a un laboratorio nuevo me causa siempre algo de aprensión: es el hábitat idóneo para que, con la razón que les da (supongo...) el tener que evitar peligros derivados de reactivos peligrosos, o que las muestras de unos se mezclen con los de otros; aparezcan talibanes de todo pelo, a los que hay que procurar tener a la vez lejos y contentos. Igual que hay que tener vigilados a los que roan material, o a los que no limpian/reponen su parte después de trabajar... una fauna curiosa. Pero aquí no me he encontrado ese problema: no había laboratorio, sin más. Bueno, sí los hay, muchos, y algunos con una pinta horrible; pero a Maliki le han dejado instalarse de cero en unos almacenes medio vacíos, y allí hemos estado montando nuestra esquinita (no muy distinto de los inicios de nuestro laboratorio en la planta 9, vaya).

Y nos ha costado, vamos lentos,  no sé qué nos dará tiempo de hacer en los días que me quedan. Pero la cara de felicidad de Maliki al ver sus primeras bandas en un gel, tras hacer su primera PCR, es una visión bastante reconfortante. Sumado en mi caso al alivio de ver que sí, que pese a que algunas cosas las he organizado de forma un tanto precaria, con todo y con eso funcionan. Hoy nos hemos vuelto a casa bastante contentos, la verdad. Y que dure...

martes, 19 de junio de 2018

Tres perchas con tres perchados

Un área bastante abierta de la ladera norte del Botánico de Pretoria, donde moviéndose de áloe en áloe me encontré al tejedor de la entrada anterior. y donde a nada que uno se descuide asusta las pintadas (¿las veis, en la foto?), que salen volando y gritando, y espantando las aves en que uno está interesado. Y la arquitectura del Herbario Nacional (el edificio de la imagen) no es que sea tan entretenida... Pero si se quedan calladas puede uno acercarse con cautela a las otras aves lo suficiente como para sacarles fotografías medio decentes.

 Un alcaudón fiscal Lanius collaris. Me resulta extraño mezclar esta especie con lo de "con cautela" que he escrito arriba, pues en Bloemfontein estos alcaudones son de las aves de jardín menos temerosas. Pero encuentro los pajarillos comunes aquí en Pretoria mucho más huidizos que allá en el Free State, no sé por qué...

 El drongo ahorquillado Dicrurus adsimilis este no me dejó acercarme apenas, pero no sé si en Bloemfontein son menos miedosos... porque allí no los hay. O no los he visto, mejor dicho, que la guía sí lo menciona en casi toda Sudáfrica. Aunque sí es verdad que cuando los vemos en el Kruger suelen dejarse acercar bastante más... Hasta anillamos uno en noviembre y todo; me sorprendió que era la mar de ligero, todo pluma (muchos pájaros en mano resultan ser así, pero este especialmente), y que las patas vistas de cerca me parecieron palillitos enclenques.

Este en cambio no tenía nada de desconfiado, y le saqué varias fotos a nada y menos de distancia. Es un papamoscas fiscal Melaenornis silens, así llamado porque como veis (aunque los veis de frente a los dos, y no se aprecia demasiado bien) su plumaje es idéntico al del alcaudón. Supongo que debe de ser algún tipo de mimetismo batesiano; imagino que los alcaudones deben de ser agresivos si te acercas a su nido o intentas capturarlos, mientras que estos papamoscas son unos cachos de pan. Pero el colorido pío en realidad se lleva mucho entre las aves africanas, incluyendo, curiosamente, la especie de críalo que suele parasitar esta especie (y al alcaudón, de hecho): el críalo blanquinegro Clamator jacobinus. Uno que aún tengo pendiente, por cierto... vi "uno" en el Kruger en noviembre, pero no pude verlo lo suficientemente bien como para saber si era ese o su primo el críalo listado C. levaillantii... y los dos no volverán por aquí hasta el verano que viene. Vaya, me da que me pillará algo lejos...

lunes, 18 de junio de 2018

"Pavís, pavós..."

 Una Cussonia, Ramón, que sé que te gustan. Pero C. spicata, no paniculata como las que tenemos en el Free State; esta es incluso mayor, ya veis qué arbol m´s garboso llega a ser. Me hacen bastante gracia las cussonias a mí también porque son araliáceas, plantas de la misma familia que la hiedra. Y como en Europa las hiedras son las únicas araliáceas pues claro, yo pensaba que era una familia de plantas trepadoras, cuando eso resulta ser más la excepción que la regla, y repartidas por el mundo hay otras tantas araliáceas que son árboles o arbustos. Varias de las cuales se usan también como plantas de jardín o de interior, como las fatsias o las scheffleras...

 Ya os dije ayer que había vuelto al Botánico el sábado... y el día empezó con cabreo, la verdad: ¿veis las casetas, asomando la nariz entre el ramaje? Llegué al jardín y me encontré con la desagradable sorpresa de que se iba a celebrar durante todo el día la "Feria de la Cerveza": miles de personas, música a todo volumen y olor a cerveza y barbacoa ya desde las nueve de la mañana. No tengo nada contra el evento en sí, pero no entiendo por qué en este país (pues en Bloemfontein sucede lo mismo) utilizan los jardines botánicos, que deberían ser entiendo yo zonas protegidas y tranquilas, para estos saraos; como si no sobrasen plazas, parques o polideportivos en la ciudad...

 En fin. Como por suerte el jardín está organizado en una colina y la feria esta estaba en la ladera sur, pues pasé el día en la norte, la de vegetación más natural, a resguardo de la música y disfrutando del sol.

 Y viendo pájaros, claro. Estoy disfrutando bastante aquí en Pretoria viendo varias especies subtropicales que, aunque ya me las hubiese tachado en el Kruger, como no las tenemos en Bloemfontein pues siempre hace ilusión volverlas a ver. Aunque este de la foto sí lo tenemos, pero no había conseguido antes hacerle una foto decente. Es un barbudo crestado Trachyponus vaillantii, o como lo llamamos Joaquín y yo puka-puka, pues según la guía ese es el ruido que supuestamente hacen las hembras (mentira). Hay varias familias de barbudos por el mundo adelante, parte del orden de los Piciformes, diversificado sobre todo en Sudamérica, y cuyos miembros más conocidos son los pícidos, los pájaros carpinteros.

 Y un pájaro carpintero, el pito colidorado Campethera abingoni, fue precisamente el primero de mis bimbos del día. Uno que me hizo especial ilusión, pues mi lista sudafricana cojea mucho en esta parte de la guía, aunque no haya tampoco muchas especies de carpintero en el país...

Sí estoy más orgulloso de mi lista de tejedores, que suma ya a lo tonto trece especies, una más de la mitad de todas las que hay en el país. Ese de "la mitad más uno" fue precisamente el pajarete amarillo que veis ahí pequeño en la foto (aunque en realidad es un tejedor bastante robusto): un macho de tejedor de El Cabo Ploceus capensis, que estaba, cómo no, disfrutando de lo lindo del néctar de los áloes.

Y eso, "cada día dos"; cada vez que me acerco a este Botánico vuelvo con dos bimbos, no está mal... por cierto que el título de la entrada viene de una versión del cuento de "La princesa y la sal" que me contaba mi tía y que no encuentro por internet, que sumaba a la base del cuento (lo que os enlazo) una escena en la que la muchachuela tenía que cuidar de unos pavos que se le escapaban siempre, por lo que, enojada, les daba matarile, a un par cada día, recitando que "pavís, pavós/la hija de un rey/¿cuidando de vos?/¡Eso sí que no!/Cada día, ¡dos!"... tendré que buscar mejor, que la historia merecía la pena.

domingo, 17 de junio de 2018

Domingo botánico

Ez XVII, 22-24. "Arrancaré una rama del alto cedro y la plantaré (...); la plantare en la montaña más alta de Israel, para que eche brotes y dé fruto, y se haga un cedro noble. Anidarán en él aves de toda pluma, anidarán al abrigo de sus ramas..."

Venían hoy las lecturas de Misa cargadas de referencias a plantas y aves, desde la que encabeza esta entrada hasta la famosa planta de mostaza donde se cobijan las aves...; y me hizo pensar, claro, en que ayer, a falta de algún sitio mejor, volví al Botánico de Pretoria, con la buena fortuna de volver a tacharme dos pajaretes. Pero dejo eso para otro día, así como el sitio nuevo y el bimbo de hoy domingo; lo dejo para otro día porque me hizo gracia recibir esta foto en el móvil:

Un áloe florecido, como esos con los que os doy la turra en casi todas las entradas de este mes. Pero uno "nuestro", ni más ni menos: un Aloe vera que tenemos en la aldea, del que mi madre envió foto al grupo de wasap familiar porque le gustó verlo florido. Y me gustó verlo a mí, porque me dije "míralo qué majo, que aunque está en el hemisferio equivocado florece al mismo tiempo que sus parientes...".Y os iba a contar esto mismo, hoy y ahora, y al ir a enlazar la información que justificase mis palabras, me las he tenido que comer con patatas cual Presupuestos heredados del gobierno anterior: resulta que el Aloe vera no viene de aquí del sur de África sino del hemisferio norte. Del suroeste de la península Arábiga, según parece. Lógico, por otra parte, teniendo en cuenta que es una planta conocida desde antiguo. Y nada: se ve que casi todos los áloes sudafricanos florecen en invierno (y digo ya "casi" porque no quiero pillarme más los dedos), y al menos el A. vera en verano; pero unos y otros en las mismas fechas, a fin de cuentas. Ea, sabido os queda, igual que a mí.

viernes, 15 de junio de 2018

Durmiérdose por las ramas (del árbol filogenético)


 Ayer por la tarde fui a una charla en el museo de ciencias naturales de Pretoria; una de creo una serie de conferencias anuales en memoria de Austin Roberts, eminente zoólogo sudafricano de la primera mitad del S. XX. A las horas en que la charla tuvo lugar el museo ya estaba cerrado al público, de modo que no pude ver gran cosa de las colecciones. Pero lo poco que vi, me pareció que podría merecer la pena... si en lo que me queda aquí saco algún tiempo libre que no pueda dedicar a ver bichos en vivo y en directo, seguramente vuelva.

La charla: una científica local, directora del Centro de Zoonosis Víricas de la Universidad de Pretoria, nos habló de las investigaciones de su grupo en torno a las interacciones entre murciélagos y enfermedades trasmisibles al hombre. La charla estuvo muy bien, muy interesante; pero realmente lo que más me llamó la atención fue un detalle que ella mencionó de pasada: resulta que mi información sobre las relaciones de parentesco entre murciélagos estaba totalmente desfasada.


Fotos libres uno, dos y tres
Tradicionalmente, los murciélagos se han dividido en dos grandes grupos: microquirópteros (especies de medianas a muy pequeñas, generalmente insectívoras y con ecolocalización, como las de las dos primeras fotos) y macroquirópteros (los "zorros voladores, de medianos a muy grandes, frugívoros y sin ecolocalización; un grupo por lo demás de aspecto bastante homogéneo). Pero resulta... ¡que no! Al igual que cuando gracias a análisis filogenéticos exhaustivos descubrimos, entre otras cosas, que los halcones estaban mucho más cerca de los loros que de las otras rapaces diurnas, resulta que buena parte de los "murciélagos pequeños" están en realidad más cerca de los zorros voladores que de los otros microquirópteros. Especies por ejemplo como los murciélagos de herradura (en el centro), de las que tenemos unas cuantas en España), y que comparten por ejemplo con sus redescubiertos familiares la costumbre de descansar colgados cabeza abajo envolviéndose en las alas, en vez de usar posturas más cuadrúpedas, como los otros microquirópteros. Tantos años viéndolos colgar y sin darle la mayor importancia para que al final, mira, resulta que sí había ahí algo detrás. Algo más que sus divertidas cabezas, digo.

miércoles, 13 de junio de 2018

Verano festivo

Miércoles 13 de junio. Me di cuenta desde pequeño de que cada año una serie de eventos festivos que son o eran relevantes en mi familia tenían lugar en verano el mismo día de la semana: empezaban hoy, San Antonio de Padua, patrón menor de mi aldea, pero muy celebrado por ser el santo de mi abuelo y el del que esto escribe. Saltando cinco semanas, el mayor de los mencionados celebraba su cumpleaños el 18 de julio (y tocó omenajearlo por muchos años). Una semana más tarde, el 25, fiesta grande de Galicia y de mi barrio en Orense. Una más y el 1 de agosto era San Fiz, la fiesta grande de la aldea. Dos más y la Asunción, fiesta grande, a secas. Y dos semanas más tarde me tocaba a mí soplar velas, dando con eso conclusión un verano de celebraciones domésticas. Un verano saludado, como todos los veranos, por el canto repetitivo de las abubillas. Espero que os guste mi artículo y en general el número de junio de EMNMM...


martes, 12 de junio de 2018

Smog, y una mochila rota

Maliki iba hoy al hospital a hacerse curas de la operación de la semana pasada, de modo que me he quedado en casa, haciendo uso de la fantástica WiFi que hay aquí. Mirando por la ventana, me he dado cuenta de que en Pretoria hay una cosa que hacía mucho que no veía, pues no parece que la tengamos en Bloemfontein: contaminación. O por ser más precisos, una boina de humo de coches y calderas como la que es desgraciadamente famosa en Madrid. Bloem es pequeño, plano y muy ventoso; y como Pretoria viene siendo lo opuesto, pues ahí veis el humo amontonado en el fondo del valle, sobre el centro de la ciudad...

Más desgracias. Ayer cascó una de mis posesiones más preciadas: a mi mochila se le rompió, por puro desgaste, una de las asas. A la otra poco le falta también, la verdad es que la única duda estaba en saber si se rasgaría antes el lado derecho o el izquierdo, pues estaban los dos en las últimas. Me da pena, pues por lo demás esta mochila, que creo tengo desde 2009, pues me suena que la compré para llevar en ella el portátil a mi primera estancia en Sueca, estaba muy desgastada en el exterior, pero seguía aguantándome el trote de un lado a otro por la ciudad y el campo, pues raro es que vaya yo sin mochila. Os alegrará saber que ya no me quedan más excusas para usar en el campo la mochila que me regalasteis por la tesis, que no es que no me guste, que me gusta mucho, pero... es que esta me gustaba más.

domingo, 10 de junio de 2018

Y más Botánico aún...

 ... por si os habíais quedado con ganas. Ya sé que llevo tres entradas seguidas para describir una única visita al botánico de Pretoria el miércoles pasado, pero es que ayer se me cayeron algunos planes de pajareo más ambiciosos que tenía entre manos, y terminé por volver a darme una vuelta por el mismo sitio. Caminando mucho mas despacio y parándome en casi cualquier esquina, ahora que ya lo había visto y sabía a qué atenerme. Y tal vez por eso, y a pesar de, al ser sábado, haber mucha más gente, no solo vi de nuevo las dos especies que sumé el miércoles, sino que añadí a mayores dos más. Si es que en esto del campo la paciencia es la clave...

 Ea, vamos con algunos pajarillos, que de lo no emplumado no vi nada destacable. Os pongo esta foto de un bulbul naranjero Pycnonotus (barbatus) tricolor para tener en el blog fotos decentes de los tres miembros sudafricanos del género, y que veáis cómo cambia el color de los ojos (y un poco el del plumaje también).

 Sirva lo mismo para este zorzal de Kurrichane Turdus libonyanus, aunque en la provincia de Gauteng coinciden este y el del Karoo, del que se diferencia, si os fijáis en la foto de hace unas entradas, por tener vientre y pico más naranjas, y además un pequeño babero blanco y negro.

 Un alcaraván de El Cabo Burhinus capensis, al que su nombre inglés de "alcaraván punteado" (spotted thick-knee) le viene la mar de bien. Ya sé que lo he sacado más veces en el blog, pero es que ¡es un bicho que me gusta mucho! Por ser el primero, para empezar, y porque como en España veo alcaravanes de Pascuas en Ramos, se me hace muy raro (y como que haya que "estarles agradecido") verlos aquí como aves casi urbanas.

 Os dije arriba que me había bimbado dos especies, y esta es una de ellas: un ave-ratón común Colius striatus, con la que completo las tres especies de la guía del sur de África (esto del coleccionismo, ¡cómo es!). No la he pillado nada bien, ahí solo de medio cuerpo y entre el ramaje, pero aun gracias, porque del otro bicho nuevo solo tengo una foto horrorosa. Y me fastidia, porque era un bicho de lo más chulo: un busardo gavilán Kaupifalco monogrammicus, una rapaz a medio camino entre busardo y gavilán (je) que caza sobre todo lagartos. Lo pillé de casualidad al escuchar unos bulbules armando un escándalo considerable (como de costumbre) y ver que no se gritaban entre ellos, sino a algo: desde mi punto de vista su objetivo estaba posado justo al otro lado de una maraña inmensa de ramas, y me costó Dios y ayuda conseguir enfocarlo mínimamente como para saber qué era. Y encima al querer acercarme se echó a volar y desapareció...


 Bueno, me consolé con los áloes, en los que había más actividad que en días pasados. A mayores de las aves especializadas en alimentarse de néctar, visitan estas flores muchas otras aves que, poseyendo también un pico lo suficientemente largo y fino, pueden también llegar a rebañar algo. Aves como los anteojitos de El Cabo Zosterops virens, que no se dejaron fotografiar bien, o este estornino de El Cabo Lamprotornis nitens, con el que sí anduve más acertado. Y qué cansinas las guías, que solucionan el nombre de la mitad de los bichos metiéndole un "del Cabo" detrás...


 A quien sí pude pillar bien esta vez fue a la otra suimanga del parque, la pechiblanca Cinnyris talatala: una hembra en un áloe de flores rojas....

 ... y un macho en uno de flores amarillas.

Y un Antón, en un banco de madera. Sigo vivo, y espero que no muy cambiado...

sábado, 9 de junio de 2018

Botánico de Pretoria: por el suelo

 Hacer fotos de los bichos cuando están encaramados entre las ramas de un árbol es de lo más complicado, y ya ni hablemos de intentar sacarlos en vuelo... menos mal que voy siempre con la vista dislocada, como un camaleón, un ojo arriba y otro abajo, y que encuentro así sujetos que retratar que me dan menos quebraderos de cabeza. Las pintadas comunes Numida meleagris, que en Bloemfontein en el campus se muestran un tanto esquivas y salen corriendo en cuanto te paras a mirarlas, se pasean tranquilamente por todo el botánico de Pretoria, sin hacer mucho caso de la gente, mientras picotean aquí y allá bichejos o migas de bocadillos.

 Pero ¡ea!, descansemos por un momento de tanto pájaro (por un momento... mañana seguimos). Estaba el jardín lleno de mariposas de estas: pensamiento amarillo Junonia hierta, que lucían bastante más sanas que la que os enseñé en febrero. No sé ahora si son bichos con varias generaciones anuales, y/o si estarían migrando desde algún otro sitio. Con el invierno ya a las puertas no creo que les quede mucho, en todo caso...

 Se esconderán también los lagartos, supongo, aunque de momento en las horas centrales del día estos escincos que ya conocéis del Kruger, los Trachylepis varia, se movían por todos los sitios donde hubiese algo de roca.

 Bastante menos abundantes eran en cambio los T. punctatissima, la misma especie que tenemos en Bloemfontein.

 Pero vamos ya a lo jugoso: un nuevo mamífero, y uno que ya me estaba llevando demasiado tiempo tacharme: ¡un dassie! Que es como llaman en este país a los damanes de roca Procavia capensis. De "roca", y de árbol también, como veis (aunque hay otras especies de damán propiamente arborícolas). No voy a extenderme aquí contándoos vida y milagros de este animal que, pese a su pinta de cobaya, es junto con los manatíes el primo más cercano que les queda a los elefantes; ya mucho se ha escrito sobre ellos.

Los dassies son bastante populares en este país porque en parques de zonas urbanas se vuelven bastante mansos y se dejan ver muy bien, que no tocar (tampoco lo intenté, que tienen unos colmillos que no invitan a ello). y siendo como son algunos como un conejo grande, me pregunto si se dejarán también comer...

viernes, 8 de junio de 2018

Botánico de Pretoria: suculento néctar suculento

 Visitando la sección de plantas suculentas del botánico, me gustó bastante encontrarme en vivo y en directo con unas cuantas Alluaudia: esos chorizos espinosos gigantes por los que trepan los sifakas en los documentales de Sir David. Para que veáis que algo de caso a las plantas sí les hice...

 Pero es verdad que la sección de plantas suculentas me interesaba especialmente porque es ahora en invierno cuando florecen los áloes, y esperaba ponerme las botas viendo y fotografiando suimangas. Pero ¡gran decepción! La mayor parte de las especies estaba, sí, a punto de florecer, pero con las flores aún cerradas. Me salvó un poco la jugada un áloe arbóreo que allí había, que sí se había adelantado a las demás especies...

 ... y enseñoreándose entre sus espigas estaba este bonito macho de suimanga amatista Chalcomitra amethystina. Ya me lo había tachado en el Cabo oriental, pero no amarga verlo otra vez.

 Aquí de nuevo, un poco más desenfocado, pero con las iridescencias verde y violeta de la cabeza brillando al sol. Tenía bastante mala leche este personaje, y entre sorbo y sorbo de néctar se dedicaba a cantar en vuelo y desde los árboles adyacentes al áloe para dejar bien clarito a todo el mundo que aquella planta era suya. Apareció de hecho en un momento dado un bonito macho de suimanga pechiblanca (la única otra especie que vi en el jardín) y el muy desgraciado lo expulsó antes de que pudiese sacarle una foto.

Otro ejemplar de suimanga amatista, un joven ahora, alimentándose ahora en una cola de león, otro arbusto sudafricano de flores tubulares, bien adaptado para que lo polinicen estos pajaretes. Entre unas plantas y otras se las van apañando para que no les falte de ná a lo largo del año...

jueves, 7 de junio de 2018

Botánico de Pretoria: aves

Empiezo esta entrada donde dejé la anterior: al borde del agua. Al borde del agua, donde crecen los carrizos. Carrizos donde no hago más que buscar, allá donde me acerco al agua, carriceros picofinos, que la guía pone que les gustan los estanques pequeños. Pero no hay manera: o me aparece la subespecie africana del carricero común, o prinias como esta prinia modesta Prinia subflava, que ayer la liaban a grito pelado en una de las charcas del jardín.

La relativa seguridad que ofrecen los carrizales, al estar dentro del agua, hace que los carrizos sean por lo demás uno de los tipos de vegetación preferidos por muchas especies de tejedores para anidar. Ayer me encontré con este obispo rojo Euplectes orix, tan hinchado, pasando frío como yo a primera hora de la mañana; nada que ver con cómo lucían hace medio año.

Donde anidan los tejedores no es difícil por lo demás encontrar las aves que no hacen ascos a ocupar sus nidos vacíos. Os hablé de que la estrilda cabecirroja suele hacer esto en mi última entrada sobre Mokala, y hoy os enseño un macho de la otra especie del género Amadina, de idéniticas costumbres: la estrilda degollada A. fasciata, que hasta no hace mucho era bien frecuente en las pajarerías españolas; primera especie nueva de la jornada además.

Entre los nidos de tejedor de varias especies que había en el jardín, localicé unos que no había visto antes, muy fáciles de identificar por lo distintos que son de todos los demás: de forma ovoide, con una abertura lateral grande sin túnel de entrada, y trenzados primorosamente con material muy fino...

... finura que casa mal con la herramienta descomunal de sus arquitectos, los tejedores picogordos Amblyospiza albifrons. En la foto veis una hembra (el macho es de color chocolate, con la frente blanca) de estos tejedores muy grandes, que partía huesos como de aceituna con una facilidad tal que miedo me daría tener que manipularlos para anillarlos. Me encontré con estos tejedores (segundo y último bimbo con alas del día) no junto a sus nidos, sino revolviendo entre la hojarasca junto a un grupo muy diverso de aves de aspecto y tamaño mirlescos.

Las más numerosas eran los tordinos de Jardine Turdoides jardineii. Los tordinos son aves muy sociables, que cuando no están buscando comida pasan el día haciéndose arrumacos o peleando unos con otros, según el humor del que estén.

En pandilla con los tejedores y los tordinos, pero como único miembro de su especie, estaba este bubú ferrugíneo Laniarius ferrugineus (el nombre es medio onomatopéyico); me lo había tachado ya en el viaje al Cabo Oriental, pero muy de refilón, así que tan contento. Se da un aire bastante a alcaudón; pertenece a una familia (los malaconótidos) propia del África tropical y hermana de los verdaderos alcaudones, pero de aves que en vez de posarse en perchas al descubierto a la espera de que pase alguna presa, las buscan hormigueando por entre la vegetación.

Y entre tanta ave "mirliforme", vamos con un mirlo de verdad: un zorzal del Karoo Turdus smithi, la misma especie que tenemos en Bloemfontein, que no todo iban a ser especialidades del norte del país. Aunque mañana aún caerá alguna que otra más...

miércoles, 6 de junio de 2018

Biólogo de bata, de bota y de nico

 Ya sabéis que he venido a Pretoria este mes básicamente para trabajar en el laboratorio... pero las cosas no salen siempre como uno las planea, y menos aquí en Sudáfrica. Resulta que, de un día para otro, le dijeron a Maliki (recordad, el hombre al que le he venido a enseñar) que una operación que tenía "para cuando se pudiese" iba a ser hoy mismo. Nada grave, vaya, pero se nos terminó la semana laboral. La del pipeteo, al menos, que yo en casa seguiré dándole a la tecla... Pero como quiera que estaba en una región distinta, y que había ganas de salir al campo, he terminado por ir hoy a dar una vuelta por el jardín botánico de Pretoria.

 Al botánico, no tanto por mi interés en la diversísima flora sudafricana (que un poco también) como por poder pajarear tranquilo, en un lugar vallado de acceso restringido. Sudáfrica no ha sido tan mala en términos de seguridad como me temía antes de venir, pero a uno acaban metiéndole el miedo en el cuerpo...

 Empiezo a ver patrones en los botánicos que visito en este país, distintos a los europeos: la parte de jardín-jardín (aunque sea con plantas más variadas de las de un jardín habitual) suele ser bastante reducida, y el protagonismo mayor se lo lleva la flora local. En el de Pretoria hay una sección con muchas especies de cicadas (estas plantas que, aunque recuerden a palmeras, son en realidad parientes de pinos y araucarias) que incluye sobre todo especies del género Encephalartos, muy diversificado en el país.

 Tenía también, que no falte, una buena colección de plantas suculentas, otro de los grupos estrella de la vegetación del África austral.

 Pero buena parte de la colinita que recorre el jardín de este a oeste estaba, básicamente, "a monte": los botánicos aquí son sobre todo islas de vegetación natural, aunque esta no sea especialmente llamativa. En este sentido, un botánico de Sudáfrica se parecería más al monte de El Pardo que al jardín anejo al Prado.

 Y cierro despidiéndome con el ambiente con el que abriré la siguiente entrada: el agua. Hay apenas unos estanquitos pequeños en el jardín, y una cascada artificial, pero es suficiente como para que aparezcan también bichos de estos ambientes, ya sean gallinetas (iguales que las españolas), gansos del Nilo...

Una hembra, los machos tienen la mitad superior de cabeza y cuello negra
... o una anhinga africana Anhinga rufa, especie que me taché al poco de venir al país pero que no había salido aún en el blog. Las cuatro especies de anhinga, o "patos aguja", son el grupo hermano de los cormoranes: se les parecen en casi todo, hábitos incluidos, pero su pico largo, en vez de terminar en gancho para sujetar los peces, se agudiza para servir como arpón. Ea, ya va el primer pájaro; en la próxima, más.