domingo, 21 de octubre de 2018

"Por sus frutos... etc"

Si bien las grullas fueron las aves migratorias que ayer más se hicieron notar, no fueron ni mucho menos las únicas. Pasaban de vez en cuando bandadas de zorzales charlos, y entre los arbustos rebullían muchas currucas, mezclándose las (seguramente) foráneas capirotadas con las (seguramente) residentes cabecinegras. El monte mediterráneo se llena en otoño de aves frugívoras que, como ya he comentado otras veces, encuentran un menú donde saciarse de lo más variado:

 Una sabina mora Juniperus phoenicea, de hojas transformadas en minúsculas escamitas,"a lo ciprés", y arcéstidas color ocre vivo...

 Similar color tienen las arcéstidas de otro junípero, el enebro de la miera J. oxycedrus, pero sus hojas alargadas y puntigudas no dan pie a confusión posible. Recordaréis que los juníperos fueron protagonistas de un artículo de EMNMM...

 ... y similar honor compartieron en fechas más recientes los rosales silvestres (aquí sus frutos, los escaramujos) con el espino albar.

 Esta otra especie ya la habréis visto menos por aquí: es una mata, cargada de bayas, de jazmín silvestre Jasminum fruticans, la única especie nativa de nuestro país; un arbusto no trepador y de flores amarillas, bastante distinto del jazmín de jardín más conocido, trepador y de flores blancas y fragantes.

 Las madreselvas (Lonicera spp.) son otro género de plantas que agrupa especies trepadoras y especies arbustivas, y varias de ambos grupos aparecen repartidas por el territorio peninsular. Estos frutitos corresponden a una L. implexa.

 Dejando por un momento los frutos carnosos, vuelvo a reafirmarme en lo que dije en la entrada de El Pardo: me da la impresión de que este año todos los robles están muy cargados de bellotas, como ejemplificaban a la perfección las abundantes matas de coscoja Quercus coccifera de la zona. Contentas estarán las grullas, que son precisamente bellotas lo que vienen a buscar aquí.

 Y este otro fruto tan raro ya sabéis que no lo es: son las agallas alargadas (causadas por un pulgón, no por una mosca o avispa; hasta hoy no me había dado por mirar de dónde salían) que dan nombre a la cornicabra Pistacia terebinthus.

 Estos son sus frutos de verdad. más bayas de estas que encantan a las avecillas. El terebinto, del que se extraía en tiempos trementina, al igual que de los pinos, es una de las varias especies usadas tradicionalmente en curtidurías.

 Y el zumaque Rhus coriaria, otra anacardiácea como la cornicabra, y que como ella se enciende en bermellón en otoño, fue introducida en nuestro país desde el este del Mediterráneo en épocas pretéritas con el mismo fin. Había muchos zumaques ayer, destacando sobremanera entre los otros arbustos cargados de frutos de esta porcioncilla del sistema Ibérico.

Y destacando entre los zumaques estaba Raquel, a la que debo agradecer que propusiese el destino de ayer, que me hiciese de chófer y, sobre todo, que me aguante, que bastante condena es...

sábado, 20 de octubre de 2018

Como la cosa estaba mal...

Y no me refiero a que la cosa estuviese mal en lo que a mí respecta, no: simplemente a que la predicción meteorológica para este sábado pintaba bastante mal en el entorno de Madrid. Pero como Raquel y yo teníamos bastantes ganas de salir al campo, fuimos buscando posibles destinos hasta dar con aquel que nos pareció menos malo; y haciendo buena la antigua cancioncilla, este resultó ser Sacedón.

 En realidad en el pueblo en sí no echamos más tiempo del que nos llevó comer bastante bien; pasamos la mayor parte del día dando vueltas por distintos miradores y senderos cercanos al embalse de Entrepeñas, que junto con el cercano de Buendía y otros embalses menores le han valido a esta zona de La Alcarria Baja el nada pretencioso nombre de "Mar de Castilla".

 Echamos el rato visitando los distintos lugares indicados en esta página que había encontrado Raquel, donde un lugareño tan atinado como llorón iba recomendando las mejores vistas, y quejándose de que nada estaba ya como cuando él era pequeño. La zona de la "boca del infierno" (otro nombre en absoluto exagerado) es de las que más nos gustó: eran dos escarpes rocosos que flanqueaban el antiguo camino y arroyo que, antes de que el embalse anegase todo, bajaban de Sacedón al Tajo.

 Indicando que vigilar aquel paso debió merecer la pena, estaba este pequeño puesto de sacos terreros de cuando la guerra, que resistió en situación incluso estando sumergido, y que queda de nuevo ahora a la vista al estar algo bajo el nivel del embalse. El "bajo" nivel del embale (a mí la verdad no me lo pareció tanto) es motivo de fuertes críticas en esta zona, y estaba Sacedón lleno de carteles (¡incluso en inglés!) oponiéndose al trasvase Tajo-Segura.

 Desviándonos un poco de la orilla de Entrepeñas, visitamos antes de comer los restos, en ruinas, pero tampoco tanto, del la antigua abadía cisterciense de Monsalud, en Córcoles, recientemente restaurado.

 Por suerte,del supuesto "museo sobre la brujería" de que habla la entrada de la Wikipedia no había ni rastro; el monasterio se las bastaba muy bien él solito para hacer que visitarlo mereciese mucho la pena. Muy importante el detalle de colocar extintores en un edificio todo de piedra, ojo...

 Ya por la tarde, visitamos un par de miradores en la margen derecha del embalse. Desde el situado sobre el pueblo de Alocén, los cambios repentinos de luz según pasasen nubes más o menos tormentosas hacían que el paisaje cambiase casi a cada rato. Como si de los focos de un escenario se tratasen, los claros entre las nubes y los arcoíris fugaces iban iluminando distintos elementos del paisaje: ya las horrorosas urbanizaciones y clubes de vela de la orilla opuesta, ya el viaducto de Entrepeñas, las torres de la central de Trillo o las "Tetas de Viana"...

 Y una última parada en la ermita del Madroñar, donde se establecieran los monjes recién llegados de Francia antes de mudarse a Monsalud, antes de volver a Madrid. No pudimos verla por dentro, que estaba cerrada, y solo pudimos seguir disfrutando de los cambios constantes de luz, que no fue cosa menor.

Y en la quietud de una tarde en la que casi no nos cruzamos con nadie, el viento nos traía con frecuencia, nítidos, los trompeteos de las grullas comunes Grus grus, recién llegadas del norte y muy cerca ya de su destino. Ganas tengo ya de verlas en tierra...

viernes, 19 de octubre de 2018

Reclinatorios

 Fui hoy hasta la facultad, de frente. Es ya mi tercera visita en estas dos semanas, pero las veces anteriores había ido de tapadillo, a ver a gente concreta, y hoy me armé de valor y subí a la planta 9 a saludar a todos. Decir lo de "armarse de valor" suena un poco ridículo; y además es mentira, pues miedo no tenía, pero sí una sensación rara e incómoda, un "¿y qué me va a decir la gente? ¿Y qué les voy a contar?" Una tontería, vaya, pues me recibieron muy bien. Y comprobé además con agrado y alivio que habían cambiado las destartaladas ventanas por otras que, pasmaos, cerraban; eso que me ahorro cuando me toque la lotería... Me di una vuelta muy agradable y muy pausada por el Botánico, comprobando con agrado que de los frutos del membrillero apenas sí quedaba el corazón, todo roído; y que los picogordos, siempre preciosos, siguen bajando en invierno del arboreto de Montes a comer al jardín. Cavilando, cavilando, me di cuenta de que los de A están este año en su último curso (ojalá que todos), y me sentí un poquito viejo...

Fui a la facultad de todas maneras "de rebote", porque lo que en realidad me llevó hasta Ciudad Universitaria fue recoger en Investigación unos certificados que había solicitado, que tenían que estar la semana pasada y que no estaban aún. Investigación ya no está en el Rectorado, sino en un pasillo lúgubre de la trasera de la Facultad de Medicina (aunque las oficinas en sí sí están renovadas).


Un pasillo cuyos bancos de madera para sentarse me llamaron un poco la atención por lo familiar, y cuya identidad quedó meridianamente clara cuando, a mayores de los bancos, vi ¡un reclinatorio! a juego... ahí, ahí podrían arrodillarse a hacer examen de conciencia más de uno y de dos de nuestros responsables de investigación, presentes y pasados.

jueves, 18 de octubre de 2018

Sin red

 Y no es que no esté actualizando esto mucho por no tener conexión, no; es más bien porque no tengo gran cosa que contar, en estos días de verme desde fuera, intentando ver a dónde quiero ir. Ojo: estoy muy contento de estar aquí, trascurridas ya dos semanas tras coger el avión de vuelta, y en absoluto arrepentido de la decisión. Pero eso es distinto de no saber ahora hacia dónde tirar... Este fin de semana pasado en Orense me encontré, para enorme sorpresa mía, con una cría de salamanquesa en el pasillo de casa; en el suelo, intentando correr sin conseguirlo porque le resbalaban los dedos en el parquet. La cogí y la dejé en el alféizar de la ventana abierta por la que supuse que habría entrado; y entonces sí, se echó a correr la muy tonta en vez de irse pared arriba, y en cuanto se le terminaron los 20 cm de alféizar bajó planeando en espiral los seis pisos hasta la calle, donde ya no me dieron los ojos para ver qué fue de ella. Pues sin red o sin paracaídas, así me siento un poco yo: como una cría de salamanquesa...

Y todo esto para introducir que sobre salamanquesas trata mi artículo en el número de octubre-noviembre (ahora será bimensual, que Ramón tiene muchas cosas de las que ocuparse el pobre) de EMNMM. Número que me ha parecido de lo más interesante; espero que a vosotros también.


lunes, 15 de octubre de 2018

Puente otoñal

 Ya de vuelta en Madrid; la verdad esperaba que estos días por Orense fuesen mucho más incómodos, cruzándome todo el rato con gente a la que dar razón de qué hago de vuelta aquí. Pero la verdad es que ha sido un puente de lo más relajado, y ni siquiera en casa me han atosigado (mucho). He echado el rato comiendo, cómo no, que siempre llego "muy delgado", y paseando junto al río, que estaba (y parece que ya será habitual todos los otoños) forrado de flores exóticas. Vi a JaviP, que no habíamos coincidido desde Navidad, y gracias a él me di cuenta de que la sequía de comentarios en el blog de estos últimos meses no era tal, sino que se estaban metiendo en una carpeta que no conocía; disculpas pues, si nunca visteis el vuestro publicado...

 El momento cumbre de todos estos días (por omisión más que por acción; por lo anodinos que fueron en general los anteriores) fue que nos acercásemos ayer a la aldea, a recoger lo poco que queda por recoger de las cosechas veraniegas. Y a darnos un inesperado atracón de higos:

 La higuera "nueva", cuyas ramas bajan convenientemente hasta el suelo, estaba cargada de ellos, muchos maduros ya, y otros esperemos que en breve, si o llega demasiado frío demasiado rápido. Los mejores, claro, estaban ya todos comidos por las avispas (las normalinas, no las velutinas); que como además los muerden y excavan por la parte que da al interior del árbol, se lleva uno el chasco de ir a echarle la mano a un sicono espectacular y no coger sino una cáscara vacía. Alguna curruca capirotada había también, picando la fruta casi casi entre mis dedos; pero a ellas se lo permito, que hay confianza.

 Y quiso la casualidad que coincidiese justo nuestra visita con la celebración de la Fiesta de la Patata, un evento que, guste o no, sé que a ninguno de vosotros lectores deja indiferente. Veo en las fotos del año pasado que iba mi madre de manga corta, y este en cambio íbamos todos bien abrigados; bien está, supongo, que venga un otoño de meteorología "normal", sea lo que sea eso ya.

El muestrario de patatas "más raras" a concurso, muchas más que el año pasado. La patata premiada más grande se quedó sin embargo a casi un kilo del récord absoluto de 1996 de 2,680 Kg. Que ya es decir. A ver el año que viene...

jueves, 11 de octubre de 2018

Restos desérticos

Me encontré al descargar las fotos de El Pardo con un puñado de fotos de Israel, que cuelgo hoy, a una semana de haber dejado el país, porque es tan buen momento como cualquier otro. Abro con una perspectiva del barranco de Zin, pero tomada desde un saliente distinto del de las que ya he subido: se ve al fondo el pequeño parquecillo donde están las tumbas de David Ben-Gurion y su esposa; donde las cabras montesas se retiran cuando aprieta el sol y donde las avecillas migrantes se amontonan antes de cruzar el valle, o justo después de hacerlo, según la estación.

 Otras sin embargo, ni migran ni se lo plantean, pues están my contentas pasando su vida entera en este barranco, y se las apañan para encontrar comida y agua allá donde otros solo vemos piedras. Esta es una pareja de terreras saharianas Ammomanes deserti (mala foto; estaban muy lejos), que compartían ladera con parejas de perdices desérticas y de prinias desérticas. Muy originales los nombres, ya veis...

Y nada, cierro con otra alondra, otra que también tenemos aquí: una cogujada común Galerida cristata; anillada además. El día en que cogimos el alcaudón isabelino capturamos también un par de estas, y así como muchas aves me parecen en mano sorprendentemente pequeñas, mucho más que libres, estas me parecieron en cambio enormes. Cosas.

Cosas que recordaré de Israel, esas y muchas otras, aunque no pasase allí apenas tiempo. Pero no toca ahora mirar atrás, sino adelante. O en concreto, hoy, al lado: por la ventana del tren. Subo a Orense hasta el lunes; a ver qué tal se por ta Castilla hoy...

miércoles, 10 de octubre de 2018

De picos Pardo

Llueve fuera con ganas, desde ayer por la tarde; las primeras lluvias "de otoño" del año en Madrid (pues lo poco que cayó en septiembre fueron más bien tormentas de verano). Llueve, y además ha refrescado notablemente; con lo poco que me gusta este tiempo casi casi me dan ganas de volver al desierto... Por suerte estuve espabilado y pude aún el lunes por la mañana disfrutar de una mañana de sol dando una vuelta por El Pardo.

 Fue, por fin, una mañana de "pararse": tardé unas tres horas en hacer apenas 5 Km de paseo junto al Manzanares, desde el parking del puente del ferrocarril hasta Mingorrubio; y la verdad es que me lo pasé muy bien, echando tiempo con los pájaros cuyos reclamos había ya olvidado e intentando sacarles malas fotos que borrar luego al llegar a casa. Iba además con la ligera esperanza de escuchar los bramidos de los cérvidos (berreas y roncas, según sus especies), pues estamos en la época, pero lo que escuché en cambio fueron las excavadoras y motosierras de los operarios del programa de "restauración fluvial" del Manzanares. Lo entrecomillo por principio de precaución: a mi yo ecologista y pasional le duele ver una excavadora metida en el río, pero mi yo biólogo y técnico sabe que no me he leído aún el proyecto y que no puedo juzgar lo adecuado o no de lo que se está haciendo...

 Vi animales grandes, en todo caso, en este nuestro Kruger castizo: los más frecuentes fueron los gamos Dama dama, que mataban el rato cerca de la verja del monte, poniéndose medio nerviosos si me paraba a prestarles atención en vez de seguir paseando de largo.

 Vi un único jabalí Sus scrofa, pero que valía por muchos: un verraco compacto y formidable que buscaba las primeras bellotas del año bajo las encinas, y del que me da pena haber sacado tan mala foto, por la luz y la verja.

 Ciervos Cervus elaphus solo vi esta, y para eso muy lejos. No hubiera ni puesto la foto de no ser porque se colaron por delante esas pocas palomas torcaces Columba palumbus, llegadas ellas también del norte en pos de la bellota, que este año, a la vista de cómo estaban las encimas, parece que será de buena cosecha.

De los demás pajarillos del monte y la dehesa, y de las aves acuáticas, solo pude sacar una foto decente de este escribano triguero Emberiza calandra, que no me quitaba ojo desde lo alto de un fresno. La verdad es que, en comparación con las "tontas" aves sudafricanas, encuentro que las locales son mucho más esquivas para el mal fotógrafo...

 No se me dio mucho mejor con las aves del bosque de ribera, pero como excepción sí que capté bien las dos especies de "picos" madrileñas; y además los pillé haciendo cosas, como si fuesen catalanes...

 Al contrario que los otros dos pájaros carpinteros madrileños, los pitos reales y los torcecuellos, que se alimentan básicamente de hormigas, en el suelo, los picos consumen sobre todo invertebrados que capturan entre la corteza y la madera muerta. Pero este macho de pico picapinos Dendrocopos major está haciendo otra cosa que se les da bastante bien, que es "sangrar" los chopos (fijaos en las filas de agujeros en el tronco) y lamer la savia de estos árboles, que es particularmente dulce. Hay de hecho un género de picos norteamericano (Sphyrapicus), conocidos como "chupasavias", que basan en esto su alimentación.

Pero me gustó sobre todo captar así de bien este macho de pico menor Dryobates minor, pues es una especie que, sin ser escasa, es bastante discreta; y no siendo en mano al anillarlos no lo había visto nunca tan a gusto. Y aunque no le pega nada a la estación, diría que este estaba excavando un nido, pues cincelaba con gran dedicación un hueco en la cara inferior de una rama gruesa de chopo, que es donde suelen construirlos...

Y así pasé la mañana, entretenido. Entretenido cual jubilado, vaya; que me crucé con bastantes paseantes, y casi todos de edad avanzada. Y no es mi objetivo, ni mucho menos, cortarme la coleta a los 35 años, pero la verdad no me sentó nada mal una mañana de coger aire y fuerzas.

domingo, 7 de octubre de 2018

Reflexión dominical religioso-musical

Mt XXV, 37-40. "... Entonces los justos le responderán diciendo: 'Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te acogimos, o desnudo, y te vestimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a visitarte?' Y respondiendo el Rey, les dirá: 'En verdad os digo que cuanto hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis'..."

viernes, 5 de octubre de 2018

Y un viejo anochecer

Tras un día de viaje sin nada reseñable ayer noche, cenando con Andrea y Álex en su casa, que fue el último lugar donde comí antes de subirme al avión a Israel el 2 de septiembre; no es que me resultase difícil de creer el estar de nuevo allí, sino que lo que resultaba increíble era de hecho todo el mes anterior, como si hubiese sido solo un sueño bastante raro... en fin, ya lo digeriré mejor. Por de pronto, y tras deshacer la maleta y dejar mi habitación en un estado similar al que tenía hace tres años, me fui a decir "hola" a la facultad. Con algo de aprensión, la verdad, por ver cómo me miraría la gente; pero no tenía por qué preocuparme, pues es precisamente la gente que también está en esto la que mejor me puede comprender (como resulta evidente, por otra parte). Y nada, tras "reconciliarme con mi pasado", tocó darse un largo paseo junto al río, para reencontrarme con una de las vistas que más me gustan de esta ciudad. Y ea, a coger fuerzas para volver a subir de Madrid al Cielo...


miércoles, 3 de octubre de 2018

Un nuevo amanecer

Uno de los últimos en este país, vaya. Pues mañana vuelvo a España.

Suena raro, claro, que llevo aquí apenas un mes justo; pero no es una decisión basada en mi breve experiencia en Israel, sino en todos los años anteriores. Esta carrera de fondo de conseguir un puesto algo más permanente en la universidad me está gastando bastante. Es una carrera donde hay muchos factores que uno no puede controlar y que se cruzan de por medio, y donde por lo demás la competencia es muy dura y "acumulativa": uno no puede "aprender", y así subir peldaños más deprisa; si no se es de los mejores en términos de producción científica desde el principio, uno queda tocado, y remontar un CV de "normal" a "excelente", o tener mejor o peor fortuna en las evaluaciones subjetivas de becas y proyectos, no es tanto cuestión de trabajar más como de tener suerte. 
Como el proyecto que tenía que hacer aquí, aunque muy interesante en términos generales, a mí no acababa de convencerme mucho, y por lo demás una vez empezados los experimentos iban a llevar cerca de un año en concluir; tras pensarlo durante bastante tiempo, y tras hablar ayer largo y tendido con mi jefa, hemos decidido que era mejor parar ahora, antes de haber empezado con los jerbillos, que que dentro de unos meses me fuese estando por un lado yo mucho más quemado, y por otro dejando además las cosas a medio hacer.
En otro orden de cosas, en lo personal estar estoy perfectamente, no os preocupéis: con dudas con respecto al futuro, pero contento y relajado tras tomar esta decisión. Puede que solo necesite algo de tiempo; el que no tuve entre Sudáfrica y esto. Tal vez dentro de un par de meses esté otra vez echando postdocs... o haciendo algo completamente distinto, ya Dios dirá.
Como no me quedaban por lo demás otros temas pendientes aquí (no siendo tacharme la cantidad de bichos que no he visto en este país), y encontré un vuelo barato, pues aterrizo en Madrid ya mañana por la tarde. Por allí nos veremos, o por aquí, ya con algo más de calma. Y ya que cerré la primera entrada de esta breve singladura con un hit de la canción peruana, justo es que la termine ahora con otro que también viene al pelo. Que ya mañana amanecerá Dios, y medraremos...

martes, 2 de octubre de 2018

Tres vecinos

 Como por estar nublado todavía no apretaba el calor cuando volví a casa ayer tras la breve visita a la granja, resultó que había bastante movimiento de pajarillos por fuera del patio de mi casa, y mientras atendía al relato de la visita a Madrid de mi madre este fin de semana con el teléfono sujeto con el hombro (¿auriculares? De cobardes), me dediqué a sacar algunas fotos de mis vecinos, que se portaron razonablemente bien.

 Le hice varias a este papamoscas gris Muscicapa striata, especie que está resultando ser de las más abundantes en migración por esta zona (o al menos a lo largo de septiembre). Por España al contrario me da la impresión de que, sin ser escaso, los papamoscas cerrojillos se dejan ver mucho más que este... Al gris de todas maneras le tengo un cariño especial desde el año pasado, porque fue de las especies norteñas que vinieron a ponerme una sonrisa en la cara al "visitarme" en Sudáfrica; de hecho llegamos a anillas uno en el Kruger el pasado noviembre.

 Un colirrojo real Pheonicurus phoenicurus; un macho recién mudado y con el plumaje aún muy nuevo, de modo que luce mucho menos de lo que lo hará en primavera. Os decía ayer que parte de la gracia de la migración está en que cada día es distinto, en que las especies que ve uno un día pueden tener poco que ver con las de la jornada anterior; justo eso pasó ayer con esta especie, que vi por primera vez en Israel, pero que llegó a lo grande, porque estaba por todas partes...

Y acabo con un machito de suimanga palestino Cinnyris osea, la especie con la que me detuve la semana pasada. Ya veis que no luce mucho, así a parches, mudando en el dorso del irisado nupcial al pardo tipo hembra del invierno; pero aún así luce bastante. O será que me hace especial gracia, más bien... Ea, por hoy vais servidos. Otro día, otros tantos.

lunes, 1 de octubre de 2018

De vuelta a Nafha

 Hoy es Simjat Torá, el último día festivo de toda la larga serie de celebraciones de primeros de otoño. Puntualísimamente, y tal cual me habían dicho ("las lluvias empiezan al acabar Sukot"), esta noche cayó una ligera llovizna, y amanecimos hoy nublados y con un ambiente muy cargado de humedad.

 El amanecer hoy me ha pillado en concreto de vuelta en la granja de Nafha, donde la semana pasada echamos un buen rato viendo polluelas. Volvimos a ver dos polluelas pintojas, rematadamente majas, y sin querer (pero me alegro) levanté de entre los viñedos, al casi mearle encima, mi segundo guion de codornices (y ya llovió desde el primero...), que también cuenta un poco como polluela, pues no deja de ser otro rállido de espesura... Estaba la migración bastante distinta de la del otro día, con mucho menos movimiento de pequeñas aves y bastante recambio de especies; pero esa es la gracia, que todos los días sean distintos del anterior.

 Y aunque no me taché nada nuevo n la categoría "absoluta", sí sumé varias nuevas para el país; que no es tan complicado a estas tiernas alturas, por otra parte. El guion estuvo bien como especie esquiva, pero como specie escasa la palma se la llevó esta águila real Aquila chrysaetos que vimos nada más llegar en una torreta eléctrica, pues aparentemente se cuentan con los dedos de una mano las parejas de esta especie que quedan en Israel.

 Los gorriones morunos Passer hispaniolensis no son muy raros, pero al contrario que en España, donde en invierno solo se mueven de forma errática por el centro del país, aquí son una especie bastante más migradora, y muchos (también provenientes del interior de Asia) abandonan estas tierras tras criar camino de África.

Y otro que no se había ido aún a África era este juvenil de cuco Cuculus canorus. Al contrario que sus padres (que por lo demás se vuelven antes a África, ya que otros se encargan de criarles los hijos), los cucos jóvenes suelen posarse bastante en zonas abiertas como este, en postes y cables y así. Buena ocasión y época para verlos, pues. Pero habrá que ir pensando en dejarse de tanto festivo y migrar de vuelta al curro...

sábado, 29 de septiembre de 2018

El lobo zorruno

 Como adición a los campamentos surgidos al rebufo del Sukot, se ha añadido al paisaje sensorial del pueblo un elemento que me trae muchos recuerdos de Sudáfrica: un omnipresente olor a barbacoas. Y al pensar en la carne, pensé en los carnívoros, y me di cuenta de que ahí había otro nexo con mi anterior destino: en comparación con casi cualquier país europeo, Israel tiene una fauna de carnívoros mucho más variada, y de reminiscencias más africanas. La presencia humana en Oriente Medio ha sido anterior y más intensa que en Europa durante mucho tiempo, pero no así la transformación del ambiente: aquí pocas tierras se pueden cultivar, y el monte ha quedado mucho más "a monte" que en otras regiones. Faltan casi todos los grandes herbívoros que en su día hubo (avestruces, onagros, diversos tipos de antílope...), claro, porque esos sí se comen; pero los carnívoros en cambio no, y cuando no molestan mucho, pues ahí se quedan. Resulta paradójico pensar en que los carnívoros puedan prosperar cuando faltan los herbívoros, pero es un signo de su capacidad de adaptarse: las especies grandes pasan a alimentarse de ganado y basuras, y las medianas y pequeñas de las ratas y ratones cuya abundancia se dispara en torno a los núcleos humanos. De este modo, y aunque en Israel ya no hay leones desde hace mucho, y los leopardos posiblemente se hayan extinguido hace nada, sí sigue habiendo hienas rayadas, lobos, chacales dorados o caracales, amén de otros carnívoros medianos como tres especies de zorro o dos de gato montés...

Wikipedia
... Y todo este rollo para comentar que he visto mi primer chacal dorado Canis aureus, y que me ha hecho mucha ilusión. Oculto en la espesura cercana al parking del parque nacional, atento a las basuras de los excursionistas; haciendo gala a la vez del aprovechamiento y discreción con respecto al hombre que le permiten sobrevivir donde no se le quiere. Er un bicho que tenía ganas de ver, y me preguntaba si sería fácil de distinguir de un lobo, un perro o un zorro. Y sí me lo pareció en directo, pequeñajo y con una especie de "cabeza de lobezno", como muy redondeada; bastante distinto en jizz de los chacales de lomo negro que había visto en Sudáfrica, con los que, a pesar del nombre, está menos emparentado que con los lobos. Ea, a ver quién es el siguiente en subirse a mi lista...

jueves, 27 de septiembre de 2018

Un pequeño diablillo irisado

Esta mañana llegó al wasap de los pajareros locales un mensaje avisando de la presencia en el campus de un carbonero común... "pues vaya", pensaréis tal vez; pero pensadlo dos veces y decidme si tenéis o no claro si hay de forma natural carboneros en Israel... Ya os lo respondo yo: sí los hay. Pero tampoco muchos, la verdad; el mensaje estaba justificado. Hay carboneros comunes en Israel en la mitad norte del país, la que de forma natural está arbolada (y además carboneros lúgubres, una de las especies que espero tacharme aquí); y a medida que el sur del país fue siendo colonizado desde un punto de vista agrícola, el carbonero común es una de las especies que se ha ido expandiendo con el hombre, aunque de forma bastante irregular.

El carbonero me da pie a hablar de otra ave, de la que debe de ser la más abundante de Midreshet BG (entre las sedentarias, pues esto sigue lleno de migrantes), o al menos de las que más se hacen notar: el suimanga palestino Cinnyris oseus:

Click en la foto, para verla en grande en la web original. Cuando desterré mis guías de aves de Europa en favor de mi primera guía de aves de Europa, Norte de África y Próximo Oriente, descubrí que existían los suimangas (este y el del Nilo) y se contaron casi inmediatamente entre mis aves favoritas: una especie de equivalente de los americanos colibríes, también nectarívoros y de brillantes colores metálicos. Tenía muchas ganas de ver suimangas en directo, y en Sudáfrica fueron de las aves que más disfruté; y que más se hacían notar allá donde estaban, por cierto. Y aquí viene el tema del carbonero: a pesar de las diferencias de dieta, los suimangas me hacen pensar todo el rato en los páridos europeos: bonitos, no paran quietos un segundo, todo el rato buscando comida entre las ramas; y son también muy ruidosos y pendencieros. A pesar de haberme tachado ya la familia en Sudáfrica, ver el primer día que llegué aquí suimangas palestinos en directo me hizo especial ilusión, por aquello del encuentro con mi recuerdo de juventud. Y no serán tan bonitos como otras especies de suimanga, pero tener uno cerca y ver cómo el sol descubre los distintos colores de un pajarillo diminuto que a simple vista se ve todo negro es una gozada, y me puedo quedar embobado con facilidad. A falta de salir al campo de forma "seria", tampoco es mal consuelo...

miércoles, 26 de septiembre de 2018

Una semana de tiendas

De tiendas se ha ido medio pueblo, o eso es lo que parece al salir a la calle... aclaro: de tiendas... de campaña. En la semana de la fiesta de los Tabernáculos los judíos piadosos montan en sus jardines tenderetes donde comer y dormir; y en general parece que el país considera esta como una buena semana para irse de camping, ahora que ya el verano no aprieta tanto. Para variar, como a lo largo de casi todo este mes, el contingente israelí ha desertado el campus, y nos quedamos trabajando mayormente los extranjeros. Pero no he estado solo en el despacho, la verdad: el estudiante de doctorando trajo a su familia de visita (su hermana y él no pueden ser más iguales; mi jefa me dijo una palabra en yiddish que significa lo mismo que el cuspidiños gallego) y estuvieron un buen rato charlando a voces en la sala del café, junto a mi puerta abierta. Después fue mi jefa la que apareció con unos cuantos críos de escuela, enseñándoles los jerbillos y de paso al nuevo español... Pero la visita reseñable tuvo lugar a primera hora: recorriendo el brevísimo camino entre mi casa y los despachos, me abordó en hebreo un hombre con cara de preocupación. Al decirle que "ani lo... ivrit, only English" puso gesto contrariado y empezó a decirme que "mail, mail, gmail, office, gmail..."; y entendí a medias que quería que le dejase usar un ordenador. Como llevaba pistola al cinto tampoco me costó mucho invitarle a que me acompañase (me di cuenta luego de que era el vigilante de la garita de la entrada al campus), y al llegar a la oficina lo senté a trastear en el ordenador dela técnico, que el mío no tiene teclado en hebreo. Mientras el hombre se desenvolvía con bastante torpeza (tuve que enseñarle cómo poner la @, dónde estaba la techa del punto...), le ofrecí hacerle una taza de café, a lo que no puso reparos (a mí en hospitalidad oriental no me gana nadie). Al rato consiguió el pobre abrir su correo, abrir un correo, y señalarme un pdf que tenía adjunto... "paper, paper". ¡Sí hombre, con lo que cuestan los tóners! Pero bueno, descubrí cómo usar la impresora por primera vez, y allá que se fue el hombre tan contento con sus papeles... no sin antes pedirme también por señas unos cuantos folios en blanco (?), y pedirme que le echase el café que le había preparado en un vaso para llevar (!), que de casualidad encontré también... en fin, más que dignificado por ayudar al prójimo me sentí toreado por él, pero al salir del campus esta tarde al supermercado y saludar con la mano a la garita, otra fue la que me devolvió el saludo (no las tenía todas conmigo, la verdad). Ea, un amigo más...

lunes, 24 de septiembre de 2018

Viendo pasar polluelas

 Poco después de la seis de la mañana, nos encontró el amanecer viendo pájaros no muy lejos del campus, en una finca de viñedo y olivar al pie de la colina donde está la carcel de Nafha.

 Me llevaron amablemente hasta allí Yael y Ron: dos estudiantes del departamento y consumados pajareros que conocía al poco de llegar. Resultó que habían viajado bastante, viendo bichos y participando en voluntariados de anillamiento y conteo de aves migratorias, y en una de estas habían coincidido en Salburúa con mi querido Ivancito, a resultas de lo cual cada vez que veían una curruca capirotada me decían "look, a cugguca" en perfecto español...
Como llegamos algo pronto, los pájaros estaban despiertos ya,pero aún perezosos, saltando entre las ramas de los olivos sin moverse mucho. De modo que echamos algunos minutos viendo huellas de mamíferos que espero no tardar mucho en ver en vivo y en directo: chacales dorados, gacelas dorcas o puercoespines asiáticos, a los que correspondían además estas cagaditas como de rata gigante.

 Pero no tardó en empezar a caldearse el día, y acto seguido empezaron a zumbar las moscas y a revolotear de un lado para otro los mil y un pajarillos que habían hecho un alto en la zona en su ruta hacia África. Un aguilucho papialbo Circus macrourus macho (menos mal, que son los fáciles de distinguir) que pasó volando decidido hacia el sur fue mi primer bimbo del día,aunque no pude disfrutarlo mucho rato...

 ... mucha más suerte tuve en cambio con las polluelas que se movían en el borde de una charquita mínima, ajenas por suerte al texto de las guías que las describe como tremendamente esquivas y huidizas. Y no deja de ser verdad, ojo, pero es que en plena migración el hambre y las prisas hacen que ser precavido quede en un segundo plano. Vimos una hembra de polluela bastarda Zapornia parva, especie que, con ser la más rara en España de las tres polluelas comunes en Europa, era la única que había visto yo ya...

...y un juvenil de polluela pintoja Porzana porzana, segundo bimbo en apenas una hora de pajareo matutino que difícilmente pude haber disfrutado más... 

... bueno, sí, si el sol saliese un par de horas más tarde. ¡Ay, qué dura vida...!