domingo, 14 de enero de 2018

Verde primaveral (Back to Kruger, II)

El campamento: nuestros bungalows y nuestros dos coches
Han pasado ya dos meses desde que volví del segundo muestreo en el Kruger, y desde que empecé la que sería la primera entrada de esta nueva serie, ¡anda que no me he liado con otras cosas entremedias!

 Como os decía en aquella entrada, como estuvimos casi todo el tiempo anillando, pues apenas nos movimos por el Parque, de modo que la cantidad de bichos observados fue mucho menor que en julio. Por eso y porque, siendo ya primavera, la vegetación recupera sus hojas y se vuelve mucho más densa, y a nada que los bichos estén algo separados de la carretera pues resulta imposible verlos.

 Llamaba la atención,la verdad, la (solo en apariencia) baja densidad de bichos. Y de gente también, lejos de las aglutinaciones del invierno/vuestro verano, en que todo el hemisferio norte viene aquí de vacaciones; esa tranquilidad en las carreteras y en los sitios de picnic, sí era muy de agradecer. Y verlo todo tan verde, tras el agostamiento invernal (recordad que aquí la estación de lluvias es el verano).

 En la hierba verde de un campamento triscaba esta abubilla Upupa (epops) africana; pero no os preocupéis que no voy a empezar a torturaros con pájaros ya desde el principio. La pongo, antes de que se me olvide, para que la comparéis con la que os puse a primeros de mes fotografiada en Madrid, para que veáis que el color de las abubillas africanas es mucho más saturado que el de las europeas.

 Pero ea, ya os pongo algo de pelo, para que no desesperéis: empiezo con un(a) kudu Tragelaphus strepsiceros, el antílope grande mas común del Kruger, que no solo forma parte del menú de los grandes depredadores locales, sino también del de muchos de los restaurantes, igual que la carne de ciervo empieza a abundar en las cartas cuanto más se desplaza uno hacia el sur de España...

 Pero me pareció que, más que una foto del menú, os gustaría ver una foto del comensal: en realidad este leopardo Panthera pardus fue el único depredador que vimos en toda la semana (junto con un par de hienas manchadas), pero vaya, no me quejo: mucho más vistoso que los aburridos leones. Además que en ese momento íbamos en el coche solo Elise y yo, y a la chica le hizo una ilusión enorme verlo: es de familia afrikáner típica, de las que adoran la naturaleza y visitan con frecuencia este y otras muchas de las reservas del país; pero nunca habían tenido la suerte de cruzarse en directo con este bicho.

 Más pienso para leones: un par de cebras comunes Equus quagga, que siempre lucen mucho...

 ... y un par de rinocerontes blancos Ceratotherium simum, que salían de entre los arbustos a pastar un día en que la caída del sol nos pilló aún dando vueltas con el coche, acelerando para llegar antes de que nos cerrasen las puertas. Los rinocerontes no tienen mucho que temer de los leones, la verdad, pero sí de los humanos: acaba de aparecer un estudio sobre el estado de conservación de las dos especies de rinoceronte africano en Sudáfrica que, entre otras cosas, muestra cómo entro del Parque el nivel de furtivismo iguala al de nacimientos, por lo que el crecimiento poblacional se mantiene estancado.

Y cierro ya esta entrada con el "regalo" que, en el trascurso del mismo recorrido, me hizo Elise por haber descubierto yo el leopardo: fue ella la que me señaló esta maravilla, el antílope africano que me parece más bonito y más ganas tenía de ver: un tremendo antílope sable Hippotragus niger. Otro animal que hace que los leones se lo piensen dos veces antes de atacar, pues aparentemente es de los antílopes más echados p'alante y que mejor saben usar sus cuernos como cimitarras, no solo en ataques frontales, sino también para ensartar al que lo ataque desde atrás, dando un cabezazo contra el lomo. Pero es en todo caso otro bicho que anda de capa caída, no por el furtivismo esta vez, sino porque aparentemente el hábitat del Parque se ha vuelto peor para ellos tras varias décadas de sequías recurrentes. Tanto más motivo para alegrarme de haberlo visto, vaya... aunque no tenga plumas.

jueves, 11 de enero de 2018

Pescadores de la pradera

 Los quehaceres navideños han echo que se retrase un poco la salida del número de enero de EMNMM, pero ya lo tenéis colgado; espero que os guste, en general y mi artículo de dentro. Trata sobre uno de los pescadores más conspicuos del periodo invernal, y me gustó ver que la portada del número traía ilustrado otro pescador, uno de esos rapes abisales que parecen venidos de otro planeta. El pescado de la portada, en todo caso, tiene algo de elaboración a cuestas: es como tantas otras veces una ilustración de Jaime de la Torre, un chaval pacense la mar de majo que tuve el gusto de conocer hace nada, al quedar con Ramón (el ideólogo de todo esto) para tomar algo ahora en Navidad. Lo menciono porque me gustaría enlazaros su galería, ya que siempre me quedo pasmado ante la habilidad del chico con las técnicas más diversas; incluso dibujando a bolígrafo, donde yo no consigo más que mancharme las manos, él va y se saca de la chistera cosas alucinantes. Echadle un ojo, que no tiene desperdicio...


miércoles, 10 de enero de 2018

Bailar con la más fea

Pretendía hacerme eco el lunes aquí de cierto aniversario, pero problemas tanto técnicos como administrativos me dejaron sin Internet en casa y en la facultad… menos mal que tenía varias cosas descargadas para no aburrirme. Bueno, y algo de curro, también. El caso es que, a lo tonto a lo tonto, se cumplieron diez años desde que, un martes de 2008, empecé oficialmente la tesis, volviendo a la Facultad a comenzar los cursos de doctorado tras mi paréntesis en Mallorca. De aquellas no comenté mucho más de ese día en esta web; me pillaba muy verde, supongo, con la idea de que “a ver qué tal se nos dan estos cuatro -je- añitos…”. Diez años más tarde, me pilla esta fecha un tanto de vuelta de todo. Un tanto desanimado, un tanto escéptico ante la perspectiva de llegar a conseguir alguna vez un puesto de profesor de vuelta en España, un tanto quemado de tanto hacer papeles y más papeles, de ir mendigando dinero de puerta en puerta, de intentar hacer ojos sordos a las caras de “este chico, con lo listo que era y cómo se está echando a perder…” que me llegan más de una vez de donde menos querría… pero, con todo y con eso, contento y no de esperanza falto. Contento de estar mucho, muchísimo mejor de lo que me las prometía hace apenas un par de años. Contento porque, a fin de cuentas y pese a todo lo malo que he ido descubriendo con el tiempo, estoy pudiendo vivir la vida que he escogido, que ya es mucho. Contento de tener aún el ánimo suficiente para seguir en la lucha…

domingo, 7 de enero de 2018

Piet my vrou!

Fin de semana en Bloemfontein, tranquilo, que no aburrido (aunque poco le falte...): la ciudad se nota aún muy vacía, y el campus todavía más; a ver si mañana ya empieza a haber más movimiento...

Me recuerda en todo caso un pajarillo fuera de la ventana que aunque no me pase nada reseñable estos días, no me faltan cosas que contaros, pues estoy pendiente de contaros prácticamente todo acerca de la última vez que fuimos al Kruger. Se me hace bastante apetecible ahora mismo estar de vuelta allí... El pajarete en cuestión es uno de los bulbules encapuchados que tanto abundan por aquí, pero si me ha hecho acordarme del Kruger es porque está haciendo una imitación bastante buena del canto del cuco solitario Cuculus solitarius...

(Que no es que los demás cucos sean especialmente sociables y gregarios, pero bueno). Me taché este bicho con todas las de la ley (ya veis la foto, y los cucos no suelen dejarse ver muy bien) en nuestra última visita al Parque; pero lo que es más importante, aprendí a identificarlo de oídas, que con muchas aves (y aquí, más) es la mejor forma de hacerlo. Como tantos otros cucos, tiene un canto repetitivo y contundente, fácil de memorizar (para mí, y aparentemente también para los bulbules encapuchados). El canto se transcribe, en las guías de aves y en los parvularios locales, con la frase en afrikáans que da título a esta entrada, que significa una cosa tan tonta como "¡Pedro mi marido!". A lo mejor mi vecino bulbul no es que esté imitando al cuco, sino que sabe hablar afrikáans y tiene ganas de decir justamente eso... se lo preguntaré si alguna vez me entero de que también habla español.

viernes, 5 de enero de 2018

Reencuentro con Bloemfontein

En Madrid el 23 de diciembre temía que llegase este día, el de volver a Sudáfrica: me lo estaba pasando demasiado bien, y tenía miedo de que por comparación esto se me hiciese demasiado cuesta arriba... menos mal que entremedias pasé una semana en Orense y enfermo, y en comparación pues oye, en Bloemfontein, sano y en verano tampoco se está tan mal... Como quiera que alguna escala entre aviones fue un poco justa, temí que mi maleta se quedase otra vez por el camino, pero esta tarde, 22 horas más tarde de haber salido, entraba por la puerta de casa sin mayor novedad. De vuelta a un Bloemfontein  sorprendentemente vacío. Una ciudad de mediodías abrasadores y noches frescas, de zapatos permanentemente sucios de polvo rojizo, de tejedores, hadadas y avefrías que se escuchan por todas las esquinas y a través de las ventanas cerradas... De vuelta a una ciudad donde habrá que trabajar con más ahínco que antes de las vacaciones, si quiero poder decirme que, al menos yo, he puesto toda la carne en el asador: como les gusta aquí, barbacoa tras barbacoa. A ver si me suben los papers tanto como el colesterol...

jueves, 4 de enero de 2018

Despedida de Madrid

Amanece ya el día en que me toca hacer la maleta (cosa que debería estar haciendo ahora mismo) e iniciar mi viaje de regreso al verano austral (pensarlo así, en términos de "¡sol, yuju!", lo hace más fácil...). Estos dos últimos días en Madrid he parado bastante poco, yendo de un lado a otro para ver agente y acumular también estampas mentales de la ciudad.

De la misma manera que hiciera el año pasado con Raquel, bajé ayer a darme un largo paseo junto al Manzanares con Al, venido él también por Navidad desde el sur, desde Bolivia, donde lleva ya casi cuatro años. Por el césped nos acompañaban las avecillas venidas ellas del norte, como este petirrojo Erithacus rubecula.

Esta abubilla Upupa epops no sé si vendría de más al norte o no: aunque muchas pasan a África en Invierno, son también legión las que se quedan en la Península. Y además son cada vez más frecuentes en zonas urbanas, o al menos dentro de Madrid ciudad. También en Bloemfontein, aunque las avefrías africanas (separadas a veces como especie distinta) tienen un tono de naranja mucho más intenso que las de aquí, como de ladrillo...

... más como el de la espalda de este macho de cernícalo vulgar Falco tinnunculus que nos vigilaba desde lo alto de un árbol. También los cernícalos vulgares subsaharianos se separan a veces como especie distinta: son de tonos más herrumbrosos, y el plumaje de las hembras se asemeja mucho al de los machos, pues tienen también la cabeza azulada y no rojiza.

Baja ya desde hace cerca de dos años el río con la poca profundidad de agua que le corresponde, desde que comenzó el proceso de renaturalización del mismo  tras abrirse de forma permanente las compuertas que antes lo represaban en una sucesión de pozas estancadas. La propia dinámica de arrastre de sedimentos va dejando a lo largo del cauce canales más abiertos y bancos emergidos donde se asienta la vegetación ya de forma decidida. En las masas más grandes como la de la imagen ha comenzado además la plantación de sauces y chopos, que empiecen a darle más volumen a la vegetación.

En uno de los bancos de arena reposaba esta garceta común Egretta garzetta, una de las dos que vimos. No estaba el río demasiado rebosante de actividad, pero es lo que tiene el campo (incluso el campo urbano), que cada día es diferente...

El único "perjuicio" derivado del proceso de renaturalización, para mí, ha sido que hemos pasado de contar las gaviotas por centenares a contarlas por decenas, pero creo que eso es algo con lo que puedo vivir...

Dominaban ayer en proporción las reidoras sobre las sombrías Larus fuscus, como esta, que se desayunaba con los restos de un pescado. No tuvimos la suerte de ver ninguna anillada...

... pero sí de sorprender entre las demás (no era tan difícil, visto que no eran tantas) a este primer invierno de gaviota cana Larus canus que aparentemente lleva aquí toda la temporada. Una especie de gaviota no muy frecuente en España, pero que los últimos inviernos se deja ver puntualmente por las aguas capitalinas.

... Y ya para recordarme que va siendo hora de seguir con la maleta, os pongo un par de gansos del Nilo Alopochen aegyptiacus, especie africana que cada vez está más asentada en el centro peninsular, contándose ya por centenares las parejas que anidan en embalses extremeños. Una pareja sacó adelante (creo que) siete pollos el año pasado aquí en Madrid-Río, y ayer Al y yo contamos doce ejemplares. Si Dios quiere, en breve estaré también viéndolos pastar en el campo de deporte de frente a mi residencia... que me sea leve el avión.

lunes, 1 de enero de 2018

Balance listero de 2017

¡Feliz 2018, compañeros de la Red! El primer pajarillo del año, que tardó en salir, fue una lavandera blanca que saltaba de charco en charco por el aparcamiento de la estación de ferrocarril, una escena muy propia de estos días plomizos y húmedos...

... y vayamos de una lavandera blanca a otra:

Una lavandera africana Motacilla aguimp, que triscaba hace menos de un par de meses por los bancos de arena del Sabie, frente al amplio mirador del campamento de Skukuza. Su apellido de "africana" ya lo dice todo con respecto a este año... Cuando hace 365 días, tras ver una paloma, os decía que "a partir de aquí, solo se puede mejorar", mal sabía yo hasta qué punto era eso cierto, pues de hecho aún me faltaban cinco para enviar la oferta de posdoc que eché para irme a Bloemfontein... Desembarcar prácticamente en la otra punta del globo en mayo lógicamente ha acarreado una cascada de especies nuevas que, de tan grande y abrumadora que ha sido, a pesar de que he podido procesarla a lo largo de meses, ni siquiera sé cómo de grande es, pues no llevo una lista real de las cosas nuevas que veo; me limito a marcarlas en las guías. Inútil pues intentar mencionarlas todas, y sería además muy tedioso, así que me quedo con impresiones generales: con las primeras especies que vi, el primer día, los primeros días, con las que el subidón todavía fue fuerte (los hadadas, las palomas de Guinea, los gorriones del Cabo, el barbudo crestado, el alcaudón fiscal...); con las primeras observaciones de grupos que para mí eran especialmente emblemáticos: tejedores, anteojitos, aves ratón, abubillas arbóreas, cálaos o turacos...; con el placer que me produce conseguir identificar con plena certeza alguna de las múltiples especies de aves pequeñas, marrones y huidizas; con lo bonitas que han sido todas las nuevas especies de herpeto que he visto, en especial las agamas... Con algunos mamíferos también, supongo: las mangostas amarillas que veo casi cada día por el campus, que me parecen unos bichos adorables. Y con haber visto tanto, casi me agobia más la lista de asignaturas pendientes, a la que intentar dar salida este año: visitar alguna zona húmeda grande e hincharme de verdad a ver patos, garzas y cosas así. Intentar todo lo contrario: ir al desierto-desierto. Y sobre todo acercarme de una vez al mar, que hay ahí abajo mucha, mucha tela que cortar...

Y si Dios quiere, tacharme alguna de las pocas especies que me quedan por ver en España. Para lo que digo yo que tendré que volver...