sábado, 25 de febrero de 2017

Besanzoo: al otro lado del vidrio

 ¡Perdón, perdón! ¿Sirve de algo que me disculpe con lo de que estas últimas semanas estoy hasta arriba de curro y con otras mil cosas que acabar de papeles antes de irme? ¿Que duermo poco, me levanto muy pronto y acabo el día derrengado? Pues si sirve, bien; y si no, pues qué le vamos a hacer... Os dejé el domingo pasado a las puertas del zoo de Besanzón, planeado aprovechando las formas de los fosos defensivos, muros y construcciones de la Ciudadela; y hoy vamos a empezar a recorrerlo:

 Vistos desde arriba y al otro lado del vidrio, como si fuesen ellos los ejemplares expuestos (o mejor, como si fuesen filetes en el expositor del mercado), está el público que contemplaba los tigres de Siberia. Tigres a los que no saqué fotos, ni a ellos ni a los leones y a otros tantos (pocos) animales "grandes de zoo", que de una todos habéis visto, y de otra dan siempre bastante pena. Os voy a enseñar mejor toda una serie de pequeños bichos que (consideraciones sobre tener o no animales en cautividad aparte) de una hacían de este zoo algo bastante distinto a otros que conozco, y de otra son mucho más sencillos de mantener en ambientes que en poco se distinguen de los silvestres:

 Y comienzo por lo que fue sin duda lo que más me gustó: el "Noctario". Instalado dentro del antiguo polvorín de la Ciudadela, el Noctario exponía pequeños animales nocturnos europeos, básicamente roedores y anfibios terrestres, que se mantienen con un ritmo circadiano invertido, de forma que durante la noche les encienden la luz, y de día se mantienen casi a oscuras, con una "luz de Luna" muy tenue que permite verlos comportarse en su periodo preferido de actividad.

 Y os parecerá raro eso de enseñar ratas y ratones en un zoo, pero os prometo que eran animales de lo más entretenido, y que les dedicaría una entrada a ellos solos si no fuese porque no fui capaz de sacar fotos decentes con mi cámara con la iluminación bizarra del interior (la de arriba, de unos topillos rojos Myodes glareolus, es de Miguel). Me dio mucha pena no poder ver los lirones ni los hámsters europeos, que estaban hibernando, pero lo compensó sobradamente poder ver uno de mis animales preferidos: una colonia de diminutos ratones espigueros Micromys minutus adorablemente hiperactivos, que trepaban por todas partes como monos liliputienses.

 Otra instalación que me gustó mucho fue el acuario, dedicado por entero a especies de los ríos franceses, y organizado en tanques según secciones del recorrido de un río típico, desde su nacimiento hasta su desembocadura en el mar.

 Un lucio Esox lucius (¿os acordáis de que me lo taché hace poco?). La inmensa mayoría de los peces europeos carecen del colorido que los haría atractivos para un acuario doméstico, y además casi todos son demasiado grandes; pero no por ello dejan de ser interesantes, y viéndolos así "cara a cara" a la gente le sorprende descubrir una diversidad de peces (no todo son o troita o peixe) que de otra manera pasan totalmente inadvertidas salvo para los pescadores.

 El acuario poseía además sendos programas de reproducción en cautividad de dos especies muy amenazadas: el cangrejo de río centroeuropeo Astacus astacus y este pececillo de la foto, el Zingel asper, un pércido endémico de las cabeceras de los ríos de la cuenca del Ródano (como el Doubs, el de Besanzón).

 Más maravillas acuáticas: unos pequeños acuarios la mar de bonitos donde había... bichos, literalmente: chinches barquero, zapateros, caracoles... una delicia para un niño "de charca" como el que fui (ejem, y ejem), poder verlos así a su altura (y no desde fuera del agua) y a pocos centímetros.

 También había bastantes criaturillas exóticas, como estas ranitas de flecha envenenada Dendrobates tinctorius var. "azureus", pero la verdad llamaba la atención (a mí, al menos) cómo con un montón de bichos cogidos a las afueras de la ciudad, como quien dice, podía montarse un zoológico de lo más interesante; seguramente más formativo que si sólo tuviese leones y otros animales exóticos.

 E incluso entre los animales exóticos se notaba que los gestores habían decidido que no había por qué irse a por la especie más rara, sino que muchos de los bichos en exposición eran de las especies de terrario más comunes y fáciles de reproducir, sin que por ello dejasen de se criaturas extrañas y dignas de verse. Había una colección grande de especies de cetoninos (escarabajos de las flores), por ejemplo, y otra de fásmidos, los "insectos palo", como este insecto hoja filipino.

Y termino por hoy con otros de los bichos que más me fascinaron: las hormigas cortahojas Atta sp., cuya instalación estaba formada por tubos que iban de una parte a otra de las salas de terrarios, conectando las zonas donde estaba la vegetación que cortaban con las cámaras donde usan esa vegetación para cultivar los hongos de los que en realidad se alimentan... ¡Pobres Cefe y Miguel, que los tuve un montón de tiempo mirando bichos...!

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