viernes, 13 de octubre de 2017

La Fiesta de la Patata

 Aunque imagino que conmocionados por los eventos sucedidos en el resto del país... o quizá no tanto, los paisanos de mi aldea celebraron como de costumbre a comienzos de octubre (a pesar de que desavenencias con la Corporación* amenazasen su continuidad) la Fiesta de la Patata, uno de los eventos que más gracia me hacía de pequeño. Y como mi madre se acercó allí el domingo a pasar el día, y nos estuvo inundando el wasap con fotos de la misma, pues rescato algunas para teneros entretenidos, antes de que caduquen...

La fiesta es de la patata como podría haber sido de cualquiera de las otras (pocas) cosas que se cultivan por allá, pero la variabilidad fenotípica de la homenajeada permite celebrar un concurso que difícilmente se puede realizar con los productos de otras fiestas gastronómicas, de platos de carne, mariscos o empanadas: escoger la patata más rara. Cada año, cuando tocaba deslomarse al final del verano, mis abuelos iban escogiendo las patatas más deformes que salían: "estas para os nenos, para a festa...", aunque no creo que ganásemos nunca nada, pues siempre competían auténticas aberraciones; a saber qué salidas de purines tóxicos tenía esa gente encharcándole las huertas...

La otra competición importante era a ver quién conseguía la patata más grande... Un año uno de los curas de Salesianos, que nos daba Sociales, que imagino que moriría ya, y que era de la aldea, cogió la patata ganadora para llevarla a clase, y explicar que al precio que estaba el mercado por esa patata tan grande al agricultor le pagaban diez pesetas, y que a nosotros por una bolsa pequeña de patatas fritas nos cobraban en la cafetería ¿cincuenta?, no me acuerdo; y que echásemos cálculos, y que "eso, niños, son los intermediarios; y por eso deja mucha más riqueza el tener toda la industria transformadora, en vez de mandar fuera la materia prima".

Un concurso que no había en mis tiempos era el de los "dioramas patatiles", elaborados por los niños del colegio, los pocos que quedarán. O seguramente más bien por sus padres, porque alguna de las fotos de mi madre mostraba construcciones que no se correspondían mucho con el nombre y edad escritos al pie... eso, o justo somos nosotros los que salimos tontos en un pueblo de superdotados para las artes plásticas.

Os pongo aquí al auténtico "Señor Patata" recogiendo patatas, un ejercicio de metaloquesea que es el que más éxito ha tenido entre aquellos a los que ya os he enseñado estas fotos antes...

Y otro elemento novedoso, las cestas de "productos de temporada". Más de una de las verduras que pude ver en las fotos de dichas cestas no sé yo si no estarían de temporada en el supermercado, más que en las huertas, porque asomaba por ahí alguna que muy local, muy local, no parecía... bueno, pero dejémosles el beneficio de la duda, que no tengo yo por qué dudar de la honestidad de mis parroquianos.

Cierro ya con una foto de la fotógrafa, a la que agradezco y reprocho a la vez que enviase todo este material. Que Sudáfrica queda más lejos de lo que parece por wasap...

* Qué sonoridad, lo de "la Corporación"; como de Marvel...

4 comentarios:

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    1. Me gusta que te guste, y que te guste ¿más? que mis entradas sobre Sudáfrica; yo también, valorándolas todas como lo buenas que son, disfruto casi más con tus entradas del CGAC que con las de los museos impresionantes que visitas...

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  2. Me parto, Antón, qué alegría más grande me está dando ponerme al día contigo...

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    1. Iba siendo hora :-p Y a ver si en Navidad me pones tú al día de Galápagos...

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