domingo, 5 de marzo de 2017

De cómo rechacé un trabajo...

Puesto ya el pie en el estribo, a apenas una semana de dejar atrás las tierras mostaceras, no sois pocos los que me planteáis con regularidad la natural, a la par que incómoda pregunta de: "Y ahora, ¿qué?" ¿Y ahora qué, señor mercenario...? Bueno, de momento puedo contaros lo que no voy a hacer; os voy a relatar por qué rechacé un trabajo de ¡dos años! ¡En Madrid!, para que podáis echármelo en cara si de aquí en adelante me quejo...: esto sucedió poco antes de Navidad, pero en realidad comenzó hace tres años, cuando al poco de terminar la tesis solicité unas becas de formación (es decir, para trabajar como lo que la mayoría de la gente entiende como "becario": fotocopias, gestionar datos...)  de hasta cuatro años de duración ofertadas en un departamento de sanidad animal del MAPAMA (MAGRAMA, de aquellas). Conseguí pasar por CV a la fase de entrevista, tuvo esta lugar en la sede del departamento (bastante cerca de mi casa, de hecho), salió publicada la resolución de concesión, estaba yo bastante abajo, y me olvidé del asunto... hasta que tres años de penurias económicas primero y contratos postdoctorales después, el pasado diciembre un correo del Ministerio me comunicaba que, por renuncia sucesiva de tooodos los anteriores, me tocaba a mí si quería disfrutar de los dos años que restaban de la ayuda, a contar desde primeros de enero. Toma ya: un trabajo de dos años a unas manzanas de casa. Pero a costa de probablemente sacrificar durante ese periodo la posibilidad de seguir avanzando en mi CV científico; de seguir sacando adelante los artículos pendientes, centrarme en escribir proyectos de postdocs y movidas así. A mayores de renunciar a los dos últimos meses de contrato en Dijon, arriesgándome a quedar a malas con mi jefe de aquí y futuro proporcionador de cartas de referencia. Pero claro, también con el recuerdo todavía muy fresco de lo mal que se pasa trabajando en ciencia... de gratis, viendo cómo menguan los ahorros cada mes y cómo las respuestas negativas a las sucesivas solicitudes de postdoc se van acumulando hasta superar las tres cifras. Tras darle vueltas un par de días (me dejaban una semana para contestar, antes de pasar al siguiente), decidí al final que me convenía más centrarme en darle un empujón gordo a los artículos, a la investigación... al "ahora o nunca", en definitiva. Ahora, a ver si no soy vago y realmente le doy ese empujón...

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