domingo, 24 de junio de 2018

"Unobtrusive, nondescript..."

 Volví ayer sábado por cuarta, e imagino última vez, al Botánico de Pretoria, a que me diese el sol, que lo echo de menos bastante a lo largo de la semana; a ver cómo iba avanzando la floración de las distintas especies de áloe, y a marcarme cómo no un pavís pavós.

 Pero antes ¡mirad! Una cardera Vanessa cardui. Tras dedicarles la entrada anterior, me hizo bastante ilusión encontrarme varias mariposas de esta especie libando entre las flores de las crasuláceas (Crassula ovata, la de la foto), plantas carnosas a las que se ve que también les da por florecer en invierno.

 Un grupo de capuchinos broncíneos Spermestes cucullata, una de las especies agrupadas como "bimbos del Kruger", que no tenemos en Bloemfontein y con los que me he estado reencontrando a lo largo de este mes. Me los encontré bebiendo de una charca, pero además según parece también se alimentan de vez en cuando de esas algas que veis, de cianobacterias. A los que estéis metidos en la moda de los superalimentos seguramente os suene la espirulina, un suplemento fabricado a partir de cianobacterias. A los tarados como yo nos sonaba de antes, pues esas pastillas son el alimento ideal (por ser su alimento real en la naturaleza, vaya) para los cíclidos vegetarianos de los lagos africanos; para los Tropheus en concreto, que son peces de estómago muy delicado. Lo de "broncíneo" le viene por lo demás a los pajarillos estos porque, si os fijáis, cuando les da el sol en cabeza y hombros aparecen reflejos verdosos.

Pero vamos ya con lo que nos interesa, las dos especies nuevas, que intuyo que vais a odiar tanto como me gustaron a mí, porque no son precisamente de las más vistosas de la guía... más bien todo lo contrario. Pero entendedme: el día que vi, qué sé yo, mi primer secretario, me encantó, me preció un bicho espectacular. Pero ¿qué mérito tiene identificar un secretario? La gracia está en identificar, sin ningún género de dudas, las especies pequeñitas, marrones y huidizas; ahí está la divisoria entre aquel al que "le gustan los bichos" y el pro (y perdonad si quedo de sobradete).

 Y como pequeñito y marrón, el primeo de los bimbos, del tamaño de un mosquitero, se llevaba la palma. Para más inri, en la guía no solo destacan lo poca cosa que es, sino que le ponen el bendito adjetivo de unobtrusive, discreto; no solo es que sea imposible de ver, sino que como ni canta (bueno, en época de cría sí) ni se mueve mucho, tampoco hay forma de detectarlo, y toda posibilidad de tachárselo queda a la buen de Dios. Dice el libro, literalmente, que "puede ser común en una zona, y pasar años hasta que alguien lo detecta...". Ea, ¿y cómo no voy a disfrutar yo de tacharme un bicho así? Bicho que además, cuando lo detecté, se quedó bastante tranquilo; si la foto es mala es por culpa de la luz y de las ramas intermedias, no suya. ¿Os habéis fijado aun así en que solo se le ven dos dedos, porque los otros dos están hacia atrás? Es que pese a las pintas no es un paseriforme, sino un indicador (que son Piciformes): un indicador dorsipardo Prodotiscus regulus. Pero este no es de los que buscan la cera de las abejas, sino la de otros insectos: aunque come también otras cosas, se ha especializado, con su pico fino y ligeramente curvo, en consumir cochinillas, y sacarlas de entre las grietas de la corteza.

 Al otro bimbo del día, también nondescript (otro de los adjetivos temidos/estimulantes de las guías), me lo encontré picoteando flores de áloe, cosa que según la guía le gusta hacer. Pero también dice que el serín gris Crithagra gularis es un ave de jardín bastante frecuente allá donde vive, y tras llevar por lo tanto todo el mes intentando verla, y conseguirlo ayer de hecho justo antes de salir del Botánico, la sensación fue más de enfado, de "a buenas horas", que otra cosa.

 Los áloes... ¿quién no se dejará caer por los áloes en invierno en este país, me pregunto? Sigo enseñándoos más especies que disfrutan del néctar de estas plantas generosas: hoy es un bulbul naranjero Pycnonotus barbatus.

E incluso los que no se alimentan de las flores disfrutan tomando el sol encaramados a ellos. En un áloe especialmente cubierto de hojas secas me encontré una colonia floreciente de escincos Trachylepis punctatissima, como veis con pocas intenciones de interrumpir su siesta pese a que estuviese yo sacándoles fotos.

Y con herpetos acabé el día, por lo demás. O mejor dicho, con herpetólogos. Resulta que Gary, al que no contaba yo con volver a ver más, estaba de paso por Pretoria, y un amigo y él me invitaron a acompañarles a buscar Bitis caudalis (horned adder, una de las varias especies de víbora pigmea de este país) en un sitio al norte de la ciudad. Pero íbamos a quedar "por la tarde", y terminó siendo al final tan tarde que no daba tiempo de ir hasta el sitio aquel. Así que a cambio hicimos una cosa que los herpetólogos hacen mucho, y que me gusta mencionar cuando nos acusan a los pajareros de "ser raros": fuimos a un descampado a levantar basura y piedras. Literalmente. Pero oye, es una técnica que a veces da resultados espectaculares, pues muchos herpetos solo necesitan áreas abiertas en las que solearse, cosas bajo las que refugiarse, y comida; y en los vertederos sobran ratas, cucarachas y moscas. No se nos dio bien ayer, de todas maneras, y únicamente encontraron un bicho: una especie de escinco de ojos de serpiente (esto es, sin párpados), el Afroablepharus (o Panaspis) wahlbergi. Pero como para mí era nuevo, pues tan contento. Y como además en un arroyo que atravesaba el descampado levantamos un ánade negro Anas sparsa, también nuevo para mí, décimo pájaro nuevo en este mes pretoriano, pues ¿para qué quiero más? Hay sábados que se disfrutan de lo lindo...

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